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Llevábamos casi dos meses con la mochila a cuestas recorriendo Sudamérica y bien nos merecíamos algunos días de descanso en Ecuador. y ¿donde están las mejores playas de Ecuador?, pues no sé si las mejores pero al menos seguro que las más animadas, en Montañita, y hacia allí dirigíamos nuestros pasos. Serían unos días en la costa de Ecuador, en el sueño de muchos surfistas y de no menos jóvenes de todas las nacionalidades que acudían allí con distintas expectativas, pero con un objetivo común: pasarlo bien. Era la primera vez que pisábamos alguna playa del pacífico ecuatoriano y estábamos deseosos de conocer nuestro alojamiento en Montañita, donde nos habíamos “estirado” en nuestro presupuesto…

Toda la información y escalas de nuestro recorrido por Ecuador, como sigue:

Ruta de viajefilos. Un mes recorriendo Ecuador y el archipiélago de Galápagos

Miércoles, 5 de abril de 2017. Guayaquil-Montañita.

Nuestros próximos días queríamos disfrutarlos en algunas de las playas del Pacífico, en la conocida como ruta Spondylus o ruta del Sol, con varias posibilidades interesantes. Entre las más clásicas estaba Puerto López, una ciudad mayor y que no nos apetecía mucho. La cercanía del parque nacional Machalilla o la visita de la isla de la Plata, conocida como las Galápagos low cost, eran sus mayores reclamos. Como segunda alternativa estaba la playa de Olón, tranquila y paradisíaca leímos, de esas con poca gente y poca cosa que hacer, para nosotros poco atrayente. Y por último, Montañita, paraíso del perro flautismo, ocio, bares, diversión y en definitiva, lo que nos gusta, ver pasar gente… La decisión estaba tomada, y la reserva en booking para tres noches, hecha. Salíamos pues al paraíso hippie de Ecuador, Montañita.

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Para las ocho y media ya estábamos en la gran estación de buses, un enorme centro comercial con todo tipo de servicios. Sería aconsejable llegar una media hora antes, la terminal es enorme, hay muchas compañías de bus y tal vez, no sea tan fácil dar con CLP, la cooperativa que realiza el trayecto. La boletería, como se llama por aquí a la oficina de billetes, está en la segunda planta, cerca de los andenes de donde salimos. No teníamos reservado el boleto, pero no tuvimos problemas en comprarlo para el siguiente bus, a las nueve.

Doce del mediodía y llegamos a Montañitas. Pasear la tabla descalzo y sin camiseta, es cierto que aquí es religión; y ya, en la misma carretera, donde nos deja el bus, te das cuenta. No hace falta estar en la playa para que se note que surfeas… Caminamos unos 300 metros hasta nuestro hotel, el Kundalini, tratando de evitar los caza turistas que como siempre se empeñan en ofrecerte la mejor oferta de alojamiento, comida, happy hour… Es el modo de viaje y sustento de mucho personal que así consigue más días de aventura; y lejos de ayudar, suele ser un engorro, pero bueno. El hotel, situado en la misma playa, no tiene la habitación preparada y tendremos que esperar un par de horas. Mientras, un paseo para conocer la pequeña población. Y sin duda, la oferta hostelera y de restauración es exagerada, no hay hueco sin utilizar entre local y local, por y para todos los bolsillos.

El hotel Kundalini fue perfecto. En la misma playa, algo alejado de la tormentosa Montañita y con un restaurante en la arena con buena comida y mejores cocktails #Unmordiscoasudamerica Clic para tuitear

Una cervecita para aclimatarnos al terrible calor, comida y vuelta para el check in. Tal vez siesta, habrá que adaptarse al ambiente… ¡Y vaya si nos adaptamos pronto!, somos los amos en eso de mimetizarnos. Nada de perro, rastas y tabla, pero sí asumimos lo de la hamaca, jugos, perder el tiempo… ¡hasta acabamos andando descalzos!

Pasando los días frente al Pacífico, en Montañita

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi malecón-terminal terrestre: 4 $.
  • Bus Guayaquil-Montañita: 6 $.
  • Hotel Kundalini: 50 $ la habitación doble por noche, que fueron 58 $ al añadir los impuestos. Un buen lugar y con buena relación calidad-precio. Montañita es muy hippie pero con precios no tan bajos.
  • Dos cervezas de 330 ml y “piqueo” de camarones en Dharma Rte, junto a la playa: 15 $. Exagerado, pero parece el local más “fashion” del lugar. Puedes saltarlo sin mayor problema.
  • Comida para dos en Tiki Limbo Rte: 36 $. Nos gustó aunque seguía siendo caro, acorde con los precios de la población, pero tenía una carta más “occidental” que era lo que buscamos aquellos días. De hecho repetimos.
  • Dos jugos del restaurante Lido, junto al Hotel: 5 $.
  • Cuba libre, en la happy hour en la playa: 3 $.
  • Cena para dos en Lido: 23 $. Más que recomendable, el restaurante a pie de playa de nuestro hotel se convertía en una delicia por la noche para cenar. Carta, ambiente, localización… todo lo hacía muy especial.

Tiempos y distancias

  • Taxi malecón-terminal terrestre: 15 minutos, está junto al aeropuerto.
  • Bus Guayaquil-Montañita: 3 horas.

Información útil

  • Los buses directos para Montañita con la Cooperativa de Libertad Peninsular, CLP, salen desde Guayaquil a las 5, 6, 7, 9, 11, 13, 14, 15, 16:30 y 18:30 horas. La compañía está calificada como una de las mejores en Ecuador. La estación de buses, la terminal terrestre desde donde salen, se encuentra a una distancia similar al aeropuerto desde el centro. Existe otro bus que no es directo y que llega a Santa Elena. La ventaja de este último es que sale cada 20 minutos, pero es más largo (dos horas a Santa Elena y hora y media a Montañita). La diferencia de precio son escasamente 50 centavos sumando ambos billetes.



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Jueves y viernes, 6 y 7 de abril de 2017. Montañita.

Pues no sabríamos muy bien qué contaros que no imaginéis ya de cómo fueron aquel jueves y aquel viernes en la playa de Montañita. Todo contando con que el tiempo no nos acompañó especialmente y la lluvia hizo acto de presencia, muy fuerte por la noche y nublando a ratos los días. Sí que es verdad que cosas se pueden hacer por los alrededores y hasta hay algunas visitas y excursiones cercanas y catalogadas de recomendables… Pero para qué engañar a nadie, no hubo manera de moverse de aquellas hamacas. La palabra “alrededores” nos ponía los pelos de punta. Para ser más francos, el primer día todavía llegamos a recorrer los 300 metros de playa que nos separaban de las dos bulliciosas calles más céntricas (bares, bares y más bares), pero pasada esa euforia inicial, 300 metros fueron demasiados.

Así que entre playa, tumbona, hamaca, jugo, cerveza, leer, escribir, caipirinha, baño, siesta, dibujar y poco más (no sé si en ese orden), echamos a perder nuestras vidas durante 48 horas. Y ¡qué bien! Podrían haber sido más. No sé si es que le echarán algo adictivo al agua o qué. Pero conseguimos superarlo y no quedarnos enganchados como tantos otros rastafaris que por allí pululaban. ¿Será porque no bebimos tanta agua? O sólo fortaleza mental…

Las largas caminatas por las playas de Montañita

Pero el bienestar en Montañita no fue sólo el agua. El hecho de contemplar una pequeña bandada de pelícanos, sólo cuatro o cinco, perfectamente coordinados, a escasos centímetros de la ola creciente, peleando con los surfistas en la rompiente aunque con objetivos diferentes, puede hipnotizar. El tiempo empieza a descuidarse en ese momento. Con el triunfo de unos y otros, las aves en un picado demoledor hacia el banco avistado y los humanos triunfantes sobre la cresta de esa ola, el tiempo desaparece.

Mención especial tienen los atardeceres en aquella playa sobre el Pacífico. Sin ser amante, por poco paciente, de emprender grandes esfuerzos por gozar de ese momento tan especial para mucha gente, he de reconocer que allí fueron bien distintos y rozando esa magia que se le supone a cualquier atardecer. Y es que, además de que no había que hacer esfuerzo alguno para contemplarlo, la manera en que el sol se esconde en el océano abierto en estas latitudes es digna de contemplarse. Eso, sumado a la acertada política de empresa de los garitos de hacer coincidir la happy hour con el momentazo en cuestión, lo convertía en redondo, desde luego. Además y por si fuera poco, todas las tardes teníamos musicón en directo en el Lido, el local del hostel. No había ni que bajar de la hamaca para el pack: música, copa, puesta…

Sí que arriesgamos con el esfuerzo y visitamos la vecina población y playa de Olón, a tan sólo 5 km, y mucho más tranquila que Montañita. Agradable, pero ya no tan paradisíaca como la pintan; al olor del dólar, ha crecido el número de locales. Sin duda otra opción igual de válida y algo menos masificada.

Poco o nada que hacer, una suerte de frase

Con todo y con ello, llegó la fatídica noche del viernes, en la que tuvimos que dejar preparadas las mochilas para salir al día siguiente. Tocaba emprender la ruta hacia el norte, aunque primero había que llegar a Cuenca…

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Algunos cajeros, no demasiados, en los que no tuvimos problemas en sacar dólares. En concreto vimos del Banco de Guayaquil y del Banco Bolivariano.
  • Taxi hasta Olón: 1.50 $; el bus cuesta 50 centavos y pasa cada 15 minutos. En los dos casos, taxi o bus, se toman junto a la terminal.
  • Lavandería Bélgica, tras la parada de buses. Cobran dos dólares por kilogramo y entregan la ropa en doce horas.
  • Restaurante El Lido, junto a la playa y el hotel. Hamburguesas rellenas de jalapeños y cerveza para dos: 30 $. Hay que ir y repetir.
  • Restaurante Shankha, algo más alejado del centro. Una tabla con calamar, camarón y pescado en tempura para dos: 15 $. Tiene una buena carta de sushi. Se paga un 10% por el servicio. Aunque con aspecto descuidado, nos gustó el lugar y la comida. Si quieres comer en la playa, hay que probarlo.
  • Restaurante Pigro. Un italiano en una de las calles del centro con pasta fresca y una carta completa de platos muy generosos. No busques pizzas. A estas alturas encontrar un buen italiano donde rememorar sabores era religión y este sitio es bueno para volver a tu país en el paladar. Cena para dos: 40 $.
  • La happy hour en casi todos los sitios y a casi todas horas: 2 copas por 6 $. Caipirinhas, cuba libres, mojitos…

Tiempos y distancias

  • No sabemos el tiempo ni la distancia a ningún sitio… Bueno, unos 30 metros a la orilla. ¡Y es que la playa es ancha! A decir verdad, Olón está a tan sólo 5 km, unos cinco minutos en taxi.

Información útil

  • Teníamos muchas dudas con respecto a incluir playa en nuestro recorrido. No somos especialmente playeros y nos hemos llevado muchas decepciones con “esas magníficas playas” que venden en otras guías y países. Pero Montañita nos vino como anillo al dedo para retomar el viaje. Repetiríamos sin duda el Hotel Kundalini y en ningún momento nos arrepentimos de los días “perdidos” en aquella playa…

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2 Comentarios
  1. Con el ritmo de viaje que llevábamos, Montañita fue una brisa de aire fresco que nos devolvió la energía. Ni fuimos buscando la famosa fiesta, ni surfear, ni tampoco visitar los alrededores… pero encontramos lo que necesitábamos. Sería una buena visita a incluir para cuando visitemos el norte de Perú, para unos días de relax al final de viaje , ¿qué te parece?

    • Autor

      Pues que me va a parecer… Creo que ese norte de Perú se nos quedó en el tintero y entrar por carretera a Ecuador también resulta más que apetecible. El sur del país se nos resistió a nuestro mordisco…

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