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Tras recorrer Ecuador en bus a lo largo del último mes, aprovechando para disfrutar de un crucero en el archipiélago de Galápagos, nuestra penúltima escala era la capital del país: Quito. Teníamos dos días para ver Quito y disfrutar del enorme patrimonio de la misma. Además aprovecharíamos un día para embarcarnos en la subida al volcán Cotopaxi, un volcán cercano a la ciudad y donde emprender un bonito aunque exigente trekking hasta la cima nevada del mismo. La visita de Quito nos tenía en alerta después de mucho leer acerca de su inseguridad, pero tras pasar dos días en la capital ecuatoriana, solo decir que huyendo de las horas de la noche, nos pareció una de las ciudades más atractivas de Sudamérica y un perfecto colofón para nuestro viaje por Ecuador.

En este post os contamos un pequeño y breve contacto con la ciudad antes de nuestros diez días en Galápagos y la estancia a nuestro regreso, los días que le dedicamos por completo a conocer Quito. Las escalas y artículos dedicados a nuestro viaje por Ecuador con la mochila, vienen en los siguientes enlaces, cargaditos de buena info para recorrer el país por libre:

Ruta de viajefilos. Un mes recorriendo Ecuador y el archipiélago de Galápagos

Sábado, 15 de abril de 2017. Latacunga-Quito.

Hacía unos tres meses que reservamos con TAME los vuelos hacia Galápagos. Volábamos al día siguiente, en principio en un cómodo horario, sobre las 10 de la mañana. Pero hacía 48 horas que nos lo habían cambiado y saldríamos a las 6:35, lo cual suponía estar en el aeropuerto ¡sobre las tres y media de la mañana! Así, partíamos esa mañana tranquilamente hacia Quito para hacer “noche” y llegar a tiempo al vuelo. Dejábamos para la vuelta del archipiélago visitar la capital y el volcán Cotopaxi, antes de cruzar al norte, hacia Colombia, el postre de nuestro atracón sudamericano. Pero antes, 10 días para disfrutar de las islas Galápagos, sin duda, un sueño para nosotros y un perfecto broche para nuestra estancia en Ecuador.

Sin prisa ninguna salíamos del Hostal Tiana de Latacunga hacia Quito. Habíamos estado muy cómodos y la frecuencia de buses hacia la capital permitía elegir sin problemas el horario. De hecho, no habíamos puesto un pie en la terminal y ya nos habían cazado a gritos en un bus que salía en ese momento. Llegaríamos hasta la terminal de Quitumbes, una de las varias que hay en Quito, enorme y moderna aunque bastante alejados todavía del centro y de nuestro hostel, la Posada Tambuca, reservada la noche antes. Una buena oficina de información turística en la terminal nos facilitó mapas de la ciudad y nos aconsejó el taxi como el método más rápido y fiable al alojamiento. Vimos que se estaba construyendo la línea de metro, publicitada a bombo y platillo, pero todavía con aspecto de “ir para largo”.

Saliendo de la terminal, los taxis amarillos oficiales (aquéllos que llevan una etiqueta verde en la puerta). Tomamos el que correspondía y le tuvimos que insistir en la puesta en marcha del taxímetro. Quito nos saluda con un día soleado, caluroso y con un atasco monumental que hace que echemos una hora de taxi. La ciudad es enorme.

A nuestra llegada nos recibe Yolanda, la amable propietaria que sin duda es una buena anfitriona. Además de facilitarnos el transporte para esta madrugada al aeropuerto, nos pone en contacto telefónico con un señor, antiguo gobernador en Galápagos, que nos orienta con nuestros días en las islas. Vaya suerte, todo un detalle. Salimos a comer en la cercanía de la Plaza Foch. Mucha gente local y buen ambiente. Hay muchas opciones para comer, sin duda.

Dedicamos la tarde a conocer el barrio de Mariscal, muy agradable. Es sábado y bien se puede aprovechar el ambiente que se va montando, ya por la tarde, alrededor de Foch; pero nosotros, pensando en el madrugón, no apuraremos… Eso sí, le dedicaremos un buen rato al Centro Comercial El Jardín, donde nos hacemos con protector solar, champú y hasta una cámara acuática que no llevábamos, más barato de lo que lo encontraremos en Galápagos. Salimos a cenar. Es difícil calcular si hay más policía o gente en Foch. Volvemos pronto y a pesar de todo, el corto trayecto desde la plaza hasta el alojamiento no nos resultó seguro…

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TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi centro Latacunga-terminal terrestre: 1.35 $.
  • Bus Latacunga-Quito, terminal Quitumbes: 2.15 $.
  • Taxi terminal Quitumbes-la Mariscal: 9 $.
  • Posada Tambuca. Habitación doble con baño compartido: 34 $.
  • Restaurante Nosé, pizzería y bar: menú con ensalada, pasta, postre y jugo por 7.99 $. No es que no lo sepa, es que se llama así. Buena pasta.
  • Restaurante El Español, bocadillos de jamón y salmón con dos cervezas: 16 $. La “mezcla” buenísima, una pena que el pan no acompañara.

Tiempos y distancias

  • Bus Latacunga-Quito, hasta la terminal de Quitumbes: una hora y media.
  • Taxi Quitumbes-zona Mariscal: 1 hora, el tráfico en Quito es muy intenso. Nosotros llegábamos al mediodía.

Información útil

  • En Quito las dos zonas más habituales para alojarse son el centro histórico de un lado y la zona Mariscal. La primera suele ser más conflictiva de noche, y aunque cuenta con bastantes alojamientos, tal vez más económicos, puede ser menos aconsejable. En la Mariscal hay multitud de alojamientos igualmente y locales, bares y restaurantes que aglutinan gran parte del turismo extranjero. Él área, en torno a la plaza Foch cuenta con mayor vigilancia policial de noche y por tanto es más transitable.


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Domingo, 16-25 de abril de 2017

Los siguientes diez días disfrutamos de las Galápagos, un sin fin de buenas sensaciones a bordo de un crucero con el que nunca habíamos soñado. Un resumen con todas recomendaciones e información para subirse a bordo de un crucero de último minuto en Galápagos:

A punto de disfrutar una de las experiencias más fascinantes de nuestra vida

Pero a lo que íbamos: Que ver en la ciudad de Quito

Miércoles, 26 de abril de 2017. Santa Cruz-Quito.

Nuestros diez días en las islas encantadas llegaban a su fin. Ni en nuestros mejores sueños nos habría salido mejor. Y es que por mucho que tengas soñado, nada como estos días en un verdadero paraíso. Bautizadas al principio como encantadas, hace 500 años ya, ahora entendíamos qué vieron aquellos primeros hombres y por qué decidieron tan acertado nombre. Con el paso de los años y la degradación del resto del planeta, no han hecho más que acrecentar sus diferencias con el mundo conocido, y resultan tan o más encantadas de lo que seguramente fueron para aquellos marinos. Con una fauna fascinante y unos paisajes extraídos de la misma imaginación, es uno de esos lugares que seguro mantendremos todas nuestras vidas en nuestros recuerdos y en nuestras conversaciones viajeras. Ojalá se preserve con tantas maravillas como las que tuvimos la suerte de ver, y ojalá el devenir de nuestros destinos viajeros nos acerque de nuevo para disfrutarlas.

Con todo este montón de pensamientos, deseos y emociones salíamos de Puerto Ayora camino del aeropuerto de Baltra. Tras un buen desayuno y a mejor precio, con tan sólo huir un par de calles del puerto, tomamos un taxi hasta la terminal terrestre. El horario de buses es un poco galimatías y no salen más allá de las ocho u ocho y media. A partir de ahí, la única opción es el taxi.

Facturación sin problemas. Habíamos leído que era necesario presentarse hasta tres horas antes por los estrictos controles de salida. No tuvimos realmente ninguna incidencia y fue todo muy rápido. Previo al control de seguridad, es necesario tener a mano el impreso por el que pagamos 20 dólares al venir. Una de las copias es reclamada y se queda aquí. Dentro, bastantes tiendas de camisetas y una pequeña plaza donde tomar algo, nada de wifi. Sólo quedaba volar rumbo al continente…

Para las cinco y media, hora local, aterrizamos en Quito. De nuevo una hora más, la que habíamos perdido al volar a Galápagos. La noche antes habíamos buscado y reservado alojamiento, esta vez en el casco antiguo (no terminó de convencernos la zona de Mariscal la noche que dormimos hace unos 10 días). Habíamos elegido el Friends Hostel y a pesar de pretender reservar cuatro noches, el sistema de Booking solo nos dejó tres disponibles.

La idea era dedicarle dos días completos a la capital, la que dicen más bella de Latinoamérica, y un día para una excursión al Cotopaxi, volcán que no tuvimos tiempo de visitar de camino a Quito en nuestra ruta por el país. Para el domingo emprenderíamos camino a Otavalo y al norte para cruzar a Colombia, el último de nuestros mordiscos al continente.

Acomodar mochila, buscar una lavandería urgente y cenar: esas fueron nuestras escasas horas de tarde. Eran poco más de las ocho y media y estábamos de vuelta. La verdad es que en el hostal nos aconsejaron estar antes de las 9 de la noche. En la calle, ni un alma. La ciudad es preciosa y tiene buenos locales en la zona, una pena… Mañana seguiríamos mordiendo.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi centro Puerto Ayora-terminal bus: 1.5 $.
  • Bus Puerto Ayora-Aeropuerto de Baltra: 2 $.
  • Cruzar el canal de Itabaca: 1 $.
  • Taxi aeropuerto Quito-casco antiguo: 26 $. En el caso del aeropuerto es la tarifa oficial fija y no funciona el taxímetro para este trayecto.
  • Friends Hostel: 27 $ por noche en habitación doble con baño y desayuno incluido.
  • Café del Fraile. Un restaurante precioso en el Palacio Arzobispal que ha sido acondicionado para el turismo. La cena para dos: 32 $, la mejor hamburguesa que hemos probado en el viaje.

Tiempos y distancias

  • Entre la ciudad de Puerto Ayora y el muelle para cruzar el canal, el tiempo aproximado es de 40 minutos en bus. Para tomar este bus en la terminal tendrás que tomar un taxi desde el centro, unos 5 minutos. Cruzar el canal de Itabaca lleva otros cinco minutos y el bus hasta el aeropuerto sobre 10 minutos. Sumando todos los trayectos y cambios (lo tienes calculado para que los enlaces sin problemas), puedes emplear poco más de una hora.
  • Vuelo Bartra-Quito: 3 horas, hay una parada técnica en Guayaquil de aproximadamente cuarenta minutos.
  • Aeropuerto Quito-casco antiguo: Unos 50 km de recorrido y aproximadamente una hora.

Información útil

  • El bus al aeropuerto supone un considerable ahorro en Santa Cruz. El problema es lo errático de sus horarios. Pensamos que comienzan a las 7, después 7:30 y un último a las 8. Más allá de esa hora estás condenado a pagar taxi. La compañía que lo ópera es Citteg.
  • A la vuelta al continente debes poner tu reloj en hora, una hora más.

Esos enlaces azules que ves…

Jueves, 27 de abril de 2017. Quito.

Amanecer en un día soleado en el centro histórico de Quito es difícil de imaginar. Desde la tercera planta donde nos alojábamos, teníamos unas vistas preciosas de los tejados de ladrillo de las casas, iglesias y monasterios colindantes. Tras desayunar, nos preparamos para conocer una de las ciudades coloniales más bonitas de Sudamérica.

Ciudad de Quito

La expansión inca llego a su cénit con la conquista de las tierras al norte y el sometimiento, tras largos años de feroz resistencia, de la población cañari original. Tupac Yupanqui lo consiguió y terminó por tener un hijo con una princesa cañari. El joven Huayna Capac sucedió a su padre y consolidó el imperio inca como la “tierra de las cuatro regiones”. Sus dos hijos varones fueron Huascar que creció en Cusco, y el malogrado años más tarde, Atahualpa, nacido y criado en Quito. La peor de las decisiones de este vasto imperio vino con la división del mismo en dos territorios a la muerte de Huayna Capac. Ambos hermanos se enfrentaron en una cruenta guerra civil justo cuando los españoles desembarcaban en la costa. La coincidencia en el tiempo de estos acontecimientos, facilitó la victoria de las escasas tropas españolas. El tercero de los hijos de Huayna Capac, Manco Capac fue el único que trato de mantener una fuerte resistencia tras el acceso al poder de Pizarro. De lo que pasó más tarde algo ya hemos escrito…

Quito en 1526, para la llegada de los nuevos conquistadores, había sido destruida por completo por los incas, que así evitaron que cayera en manos de los españoles. Pero con el establecimiento del reciente imperio, sobre los restos incas se comenzó la construcción de la que hoy día es una de las más bellas ciudades coloniales de Sudamérica. Así, una de las más altas capitales del mundo y la primera de las declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco, en 1978, nos esperaba para las siguientes 48 horas.

En primer lugar visitamos la bonita iglesia de Santo Domingo de Guzmán, encalada en blanco y donde, curiosamente, parte de sus estancias laterales están ocupadas por comercios. Los antiguos artesonados moriscos y el altar de plata son algunos de sus máximos reclamos. Sin duda, el interior nos resultó atractivo. En la plaza del mismo nombre merece la pena entrar.

Seguimos por la calle Rocafuerte hasta la iglesia y museo de Carmen Alto. El antiguo convento carmelita sirve hoy día como lugar (o de “centro de expos…”) de exposiciones. Al frente, antes de entrar, el Arco de la Reina, construido en 1726 para proteger a los devotos que se reunían para rezar en la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles. Ésta, terminada en 1632, se realizó para albergar la imagen mural de Santa María con el niño en brazos, pintada frente a la casa familiar Santa Mariana de Jesús. Desde entonces esta imagen es venerada en Quito, sobre todo por pobres y necesitados.

Siguiendo la calle, la iglesia del monasterio de Santa Clara, donde girar a la derecha, a la calle Cuenca. En pocos metros salimos a la imponente plaza de San Francisco. La gran plaza empedrada estaba, por desgracia, ahora en obras. La primera visita, en una esquina, la capilla Cantuña del siglo XVII, famosa por una de las muchas peculiares leyendas que envuelven Quito. Y es que se cuenta que el indio llamado Cantuña, pidió al diablo tener tiempo suficiente para terminar el atrio del convento que le habían encargado los franciscanos, no importándole recibir la muerte tras terminarla. Un día antes de acabarlo retiró una de las piedras, con lo que quedó inconcluso, y así consiguió engañar al diablo. En el interior, algunas tallas de la escuela quiteña, de un realismo abrumador. El conjunto está presidido por el bello retablo barroco de pan de oro.

El indio Cantuña, arquitecto y realizador de la fabulosa capilla del mismo nombre en #Quito, engañó al diablo de un modo tan ingenioso como sencillo... #Unmordiscoasudamerica Clic para tuitear

La iglesia y monasterio de San Francisco son el edificio colonial más grande de la ciudad, cuya construcción llevó 70 años. La fachada de la entrada combina la piedra con los torreones que se mantienen en blanco. Algunas de las partes que se conservan son todavía las originales, como los azulejos de la capilla del Señor Jesús del Gran Poder, situada a la derecha del altar mayor. El interior es enorme, y en los techos de nuevo se puede ver la influencia del arte indígena, mostrando en sus trabajados artesonados elementos frutales. Gran parte de los muros están pidiendo a gritos una restauración y se encuentran con pintadas. El altar y las capillas laterales recargados de imágenes, pinturas y relieves en madera policromada, sin duda son uno de los mejores conjuntos que hemos visto en América. Un enorme órgano y coro sobre la salida, son otros de los elementos que merecen la visita. Las fotos no están permitidas.

La iglesia y monasterio de San Francisco de Quito

Entramos después al convento junto a la iglesia. Realizamos la visita por nuestra cuenta. Los dos grandes claustros se abren a las distintas salas. Muestras de arte religioso de los siglos XVII y XVIII. Como parte de la evangelización, se ordenó la puesta en marcha de escuelas de arte para indígenas y criollos del nuevo mundo. Así nació la escuela quiteña y el conocido como barroco quiteño, con su máxima expresión en el siglo XVIII. En muchos de los retratos y esculturas se muestran mejillas sonrosadas y rasgos y atuendos indígenas en sus personajes, como elementos diferenciadores de la escuela en Sudamérica.

Desde el claustro principal se accede al coro, donde sorprende de nuevo el artesonado compuesto por 4600 piezas unidas a presión, sin clavos ni colas.

Salimos y bajo la iglesia, en la misma plaza, el centro cultural Tiánguez nos sirve para un buen espresso. Desde aquí vemos el Hotel Casa Gangotena y en otra de las esquinas la iglesia de la Compañía de Jesús, nuestra siguiente parada. Damos una vuelta por la tienda del centro cultural: artesanía de todo el país, siguiendo el concepto de “comercio justo”. Merece la pena entrar: un par de largas galerías bajo la iglesia, con multitud de objetos que querrás llevarte.

Desde aquí, como digo, al templo de la Compañía, que se inició en 1605 y en la que fueron necesarios 160 años para terminarla. Para los quiteños la más hermosa del país, es sin duda una de las más ricamente decoradas; esplendor barroco puro y duro. Bajamos por la próxima calle del Algodón, al otro lado el Banco Central de Ecuador. La iglesia finalmente no podemos visitarla en su interior, pero la fachada ya da una idea de lo que puedes encontrar dentro.

Desde aquí, sólo unas cuadras más abajo, la plaza Grande, la plaza de la Independencia donde cenamos anoche en el reconvertido palacio Arzobispal. Vistamos la catedral, famosa entre otras cosas por ser el lugar donde yacen los restos del Mariscal Sucre, ese personaje que nos persigue desde que aterrizamos en Bolivia. Un mausoleo plagado de placas conmemorativas, como corresponde, de todos los países latinoamericanos. Las más, venezolanas… También, tras el altar mayor, junto al de nuestra Señora de los Dolores, la placa conmemorativa de la muerte del presidente Gabriel García Moreno en 1875, tras una puñalada en un lugar cercano. En su tumba, la inscripción “Dios no muere”. El interior decepciona un poco, pero es uno de esos sitios que hay que visitar, cargado de historia. Le damos una rápida vuelta al museo, de nuevo repleto de arte religioso y salimos a comer. A un lado, en la propia plaza, la oficina de información y turismo donde obtener mapas e info gratuitas. Y en frente, el palacio Gubernamental Carondelet, lugar visitable si el presidente está ausente.

La plaza está a reventar de quiteños, nada que ver con la noche anterior en que sobre las ocho de la tarde estaba desolada. Tomamos la calle de las Siete Cruces y paramos, atraídos por un menú barato, en la Posada Colonial. En frente, una plazoleta con un buen sitio donde probar el café del país en una terraza, el San Mateo’s.

El camino nos lleva hacia la basílica, queremos visitarla y tratar de subir a alguna de las torres. En la oficina de turismo nos dicen que permanece abierta hasta las cinco de la tarde. Por el camino, siguiendo la calle de las Siete Cruces nos tropezamos con la iglesia de Santa Bárbara, cuya construcción inicial data de 1581. Sin duda, callejear todas estas calles con antiguas casas coloniales restauradas merece mucho la pena al atardecer, cuando el color de sus fachadas mejora con la luz cayendo. El último trecho de la vía hasta la basílica se pone en cuesta de verdad.

La conocida como basílica del Voto Nacional llama la atención por su aparente reciente construcción, en un estilo neogótico puro. También conocida como de la Consagración de Jesús o basílica de San Juan, se comenzó a construir en 1892, si bien tardó 100 años en terminarse. Con sus 117 metros de altura, domina todo el casco antiguo. Un ascensor nos sube primero hasta el segundo nivel, desde donde se admiran las vidrieras y la nave principal con una perspectiva elevada. Un nivel más, y llegas hasta las escaleras que conducen a los miradores. Primero la parte delantera y después, caminando sobre una pasarela de madera, sobre el techo del templo, a la torre trasera. Se puede seguir hacia arriba, al top de la torre, pero la estrecha escalera, al descubierto, nos desanimó. Hay que estar muy seguro para seguir subiendo… Las gárgolas asomadas tienen formas de tortuga e iguana, pero se ven perfectamente desde esta altura.

En la cuarta planta, cuando ya pensábamos que empezaríamos a bajar, ¡una cafetería! Sin duda con las mejores vistas de la ciudad. Y todavía un par de niveles más y más miradores, esta vez que ascienden hasta las torres de la fachada, justo por encima de las dos enormes esferas de sus relojes. Hay que estar física y mentalmente preparado…

La Iglesia de la Consagración de Jesús o basílica de San Juan

Bajamos con las piernas todavía temblando. Accedemos a la basílica (la entrada está detrás), y paseamos su interior de dimensiones faraónicas. Puede que, una vez vista desde arriba, no merezca la pena pagar de nuevo la entrada. Enfilamos la calle de los Plateros o calle Venezuela, toda cuesta abajo y volvemos hacia el centro. En el cruce con la calle del Suspiro o calle Olmedo se encuentra la iglesia de Carmen Bajo.

La rúa continúa hasta la plaza de la Independencia, desde donde, todavía con ganas, nos acercamos a la última de las iglesias que consideramos imprescindibles, la Merced. La torre más alta del Quito colonial, y poseída por el diablo según la leyenda, es originaria de 1538, pero reconstruida sobre sus ruinas tal cual se disfruta hoy día, en 1737. Numerosas obras de arte en su interior, narrando todos los milagros de la virgen y un altar barroco, además de dos retablos laterales en pan de oro fuertemente recargados, como casi todos los vistos hasta ahora.

Vamos hacia la Ronda, esa calle peatonal que hay que visitar, y donde aprovechamos para un descanso antes de recoger la ropa y volver al hostal. Para ese rato de relax elegimos un local, Pizzamama, con una carta brutal de cervezas artesanales. Probamos la Munay, elaborada en Quito y muy buena.

Más tarde salimos a cenar. Eran sólo las ocho y media cuando tratamos de ir hacia plaza Grande, unas dos cuadras desde el hostal. Al poco volvemos. La calle es desoladora y no hay más que cuatro individuos con mal aspecto. Una auténtica pena que permitan esta imagen, y tan pronto. Volvemos hacia el hostal y cenamos en la esquina, el restaurante Dios no muere. Menos mal que tenemos algo muy cerca…

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Lavandería: 1.50 $ por kg.
  • Convento de San Francisco: 2.50 $. Abierto de 9 a 17:30 horas salvo los domingos, que cierra a las 12:30. La visita guiada lleva aproximadamente una hora.
  • Café espresso en el Centro Cultural Tianguez: 1.5 $.
  • Iglesia y museo catedral: 3 $.
  • Restaurante el Patio Plaza, en la Posada Colonial. Comimos de menú por 17 $ los dos, un repe lojano, que es una sopa con “verde” y queso de primero, y un estofado de carne de segundo. Abundante y rica comida ecuatoriana.
  • San Mateo’s, café y cortado: 3.50 $.
  • Basílica del Voto Nacional: 2 $.
  • Torres de la Basílica: 2 $.
  • Cerveza artesana en Mamamía: 4.5 $. Buen sitio donde probar alguna quiteña artesana. ¡Y con una música capaz de levantar el cuerpo!
  • Restaurante Dios no muere. Junto al hostal, lo cual lo convierte en ideal. Compartimos un sándwich y una cerveza por 10 $.

Tiempos y distancias

  • La visita del casco histórico nos llevó aproximadamente entre 7 y 8 horas. 

Viernes, 28 de abril de 2017. Quito-Volcán Cotopaxi.

Hoy hacíamos el recorrido desde Quito al Cotopaxi, el grandioso volcán que no tuvimos tiempo de visitar a la ida. El volcán activo más elevado del mundo, con sus 4897 metros, permanece con su cumbre nevada de modo permanente, y esa era la estampa que queríamos en nuestras retinas. Contratamos un tour que incluía el transporte, la comida y una caminata hasta el campamento base desde el propio hostal, la forma más fácil de hacerlo en un día. Queríamos cruzar este fin de semana hacia Colombia e íbamos descontando horas a nuestra estancia en Ecuador. Así, a las ocho, nos poníamos en marcha con el guía, Segundo, y Francisco, un muchacho chileno que venía de recorrer Colombia. El día amanecía nublado llegando a la entrada sur, por donde accedíamos, mala suerte de momento.

Si eres de los que prefiere viajar con todo atado, sin duda en la página de Get Your Guide, encontrarás la excursión al Cotopaxi y un montón más de buenas opciones para planificar tu viaje a Quito y Ecuador. Haz click en este enlace: “Excursión al Cotopaxi” y calcula el precio de tu trekking con todo incluido hasta el volcán más elevado del planeta. No te puedes perder una maravilla natural tan fácilmente accesible como es este volcán.

Volcán Cotopaxi

Aunque en 1877 fue la última erupción importante, el volcán mantiene su actividad hoy día. Con dos kilómetros de diámetro en su cráter, la zona elevada permanece cerrada al turismo por el riesgo de actividad. Desde 1970 él área está protegida como Parque Nacional con una extensión de 33000 hectáreas. La fauna que persiste son venados, zorros, conejos y caballos salvajes.

Nuestra primera parada es en la conocida como entrada del Caspi, a 3200 metros. Seguiremos al centro de interpretación a 3600 metros. Allí tomamos un mate de coca para tratar de evitar el mal de alturas. Con el coche llegaremos a 4500 metros de altura, y a partir de ahí la caminata con algo más de 300 metros de desnivel hasta el refugio a 4864 metros.

En el puesto de acceso nos registran la entrada al parque nacional. Allí mismo, varias tiendas y un bar donde tomar algo caliente. La temperatura ha bajado hasta los 10 grados y se echan en falta guantes, y gorro tal vez. Menos mal que llegamos con las térmicas puestas. Poco antes de la entrada al parque, un área de unos 7 km ascendiendo, plantado de pinos para tala. Una plantación de pino canadiense, árbol no nativo, explotado por una empresa privada, que ha permitido trabajar y mantener el parque más allá.

A medida que subimos el tiempo empeora, y nos metemos de lleno en la nube y la llovizna. El centro de interpretación da para unos 20 minutos en los que se repasa la altura de todos los volcanes de la famosa avenida ecuatoriana, y datos sobre la flora y la fauna de la zona. Nos tomamos el mate, que a pesar de no ser legal en el resto del país, en zonas como éstas se permite comercializar.

Seguimos subiendo, todavía con el coche, y llegamos a la laguna de Limpiopungo, a 3892 metros. El sol se asoma a saludarnos, pero el frío viento que ayuda a disipar las nubes, empeora mucho más nuestra sensación de frío. Algo más arriba, en los 4000 metros, la vegetación desaparece. A este nivel se sitúa la cota de nieve, me dice Segundo, si bien el cambio climático ha hecho retroceder más arriba el hielo y la nieve perpetua del glaciar del Cotopaxi, en los últimos 50 años.

Son las once y llegamos al último punto con el vehículo, 4500 metros de altitud. A partir de aquí toca caminar. La nube desaparece unos segundos y nos deja ver la cima nevada. Pero justo comenzamos a subir, y de nuevo el viento helado y las nubes. El ascenso es una pesadilla, avanzamos a muy lento paso como los escasos turistas que emprenden el camino. Paramos en varias ocasiones. Carmen con náuseas y mareo parece abandonar por momentos, pero sigue. Zigzagueando hasta el refugio que parece que no llegará nunca. Es de esos retos personales sin mucho sentido pero que te empujan hacia arriba. En una de las malditas curvas que te llevan de nuevo más alto, vemos el refugio. Ya queda poco y eso es una inyección de energía.

La subida al volcán Cotopaxi, el volcán activo más alto del planeta, exige un esfuerzo importante en su último tramo, que se realiza caminando a más de 4500 msm #Unmordiscoasudamerica Clic para tuitear

Una hora y cuarto después de comenzar a subir, llegamos al refugio José Ribas, a 4864 metros nada más y nada menos. Un mate caliente allí mismo y un descanso merecidísimo. Como a las 13 horas comenzamos el descenso. Tan sólo 20 minutos por el lado más pendiente y directo, aunque sin mucha dificultad. Ya únicamente quedó tiempo para volver a Quito. En el camino una parada para comer, incluida en el tour, por cierto buenísima, en un local de carretera; y a las cuatro de la tarde, de vuelta en el Friends.

Alcanzando la cima del volcán Cotopaxi

Una ducha y hoy saldremos algo más pronto a cenar y si hay suerte, tomar algo. Más allá de las nueve queremos estar en la habitación. De nuevo la calle nos sorprende por animada: los restaurantes abiertos le dan otro aspecto. Bajamos por el Pasaje Espejo, donde se encuentra el antiguo teatro Bolívar. Nos dirigimos hacia la plaza Grande y de ahí a Ronda. El que fuera el tradicional barrio que rodeaba la muralla en las ciudades medievas, y aunque Quito nunca tuvo muralla de defensa, terminó por adoptar este nombre. Lugar de artistas y artesanos, creció rápidamente en los primeros años de la ciudad y se estableció como un lugar donde se fueron construyendo casonas de personajes, más tarde ilustres en la historia quiteña.

Entramos en un gracioso local, Taita Pendejadas Café Bar, con música en directo. El tal Taita como viene definido en la carta, Don Elieser Sandoval, fue “alto, carilargo, de terno negro y anteojos. Era muy popular en la Ronda en los años cuarenta y cincuenta. En su tienda de la calle Rocafuerte se podía comprar desde una tuerca oxidada hasta un par de zapatos viejos; podría pensarse que todo era inservible, pero todo se vendía… de ahí su apodo“.

Y de ahí hacia abajo, un montón de locales que rivalizan por tener la música en vivo cuanto más alta, mejor. Un montón de bonitas casas antiguas, todas cargadas de historia que exhiben en sus fachadas. Muchos caza turistas y sorprendentemente, sensación de tranquilidad. Eran las siete de la tarde todavía…

Huimos una cuadra de este espectáculo y entramos en la Hueca de Cantuña, donde terminamos cenando unos platos de pasta, que no fueron lo mejor que habíamos comido. Como nos habíamos prometido, antes de las nueve estábamos en el hostal.

 

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Excursión al volcán Cotopaxi desde Quito: 45 $.
  • Mate de coca en centro de interpretación de Cotopaxi: 1.50 $.
  • Mate de coca en el refugio del Cotopaxi: 2 $.
  • Bar Taita Pendejadas. Curioso y agradable en medio de la Ronda. La cerveza a 2.50 $. La acompañamos con unas empanadas de viento, tres unidades por 3.50 $.
  • Restaurante La Hueca de Cantuña. Un bonito lugar entre la plaza de Santo Domingo y la Ronda con pasta y platos tradicionales. Cena para dos: 28 $.

Tiempos y distancias

  • Centro Quito-volcán Cotopaxi: algo más de una hora.
  • Excursión completa al Cotopaxi: 8 horas.

Información útil

  • Es importante llevar ropa de abrigo para la subida al Cotopaxi. Gorro, guantes, braga y ropa térmica.
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