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Dejamos Santa Marta sin prisa. Lo de madrugar ya iba en nuestro “biorritmo” que diría una amiga, pero el desayuno de los Xarm Hotels merecía la pena tomarlo con tranquilidad. Salíamos hacia Cartagena y sabíamos que tendríamos tiempo para conocerla. Así lo habíamos programado y los días de viaje se iban notando, enlenteciendo nuestro ritmo. ¿O sería también contagio del ritmo caribeño…?

Así nuestra siguiente escala, Cartagena de Indias, la que probablemente está entre las ciudades más bonitas de Sudamérica. Teníamos varios días para disfrutar de Cartagena de Indias y habíamos estudiado al detalle todo lo que ver en Cartagena y como no dejar nada, programando nuestros días en la ciudad para que así fuera. Además encontrar un buen alojamiento en Cartagena para descansar de tantos días de viaje y probar los ricos sabores de la ciudad. El plan estaba trazado y nuestro Mordisco a Sudamérica se preparaba para el siguiente bocado.

Todos los artículos y escalas que surgieron de nuestro viaje por Colombia, son los siguientes:

Nuestra ruta de viaje por Colombia. Un mes recorriendo lo mejor de Colombia

Domingo, 14 de mayo de 2017. PN Santa Marta-Cartagena.

Fuera como fuese tomaríamos nuestro transporte hacia la vieja colonia española a eso de las dos. Son en realidad vans “puerta a puerta”. Escogimos este horario porque el de las once ya se había ya reservado. Tal vez tendríamos que haberlo pensado un rato antes. Este sistema es más directo. Otra ventaja de Marsol, la omnipresente compañía que hace Santa Marta-Cartagena, es que te recogen en el hotel de donde sales y te llevan a la puerta de tu hotel de destino. Los buses que hacen el trayecto te dejarán en la estación de buses de Cartagena, unos 45 minutos del centro y 20000 COPs de más que sumar a tu pasaje. Esto tiene en contra, más tiempo para recoger y dejar turistas.

Y para hacer tiempo en Santa Marta, un buen café; el mejor en Ikaro Café (orgánico, en un local de impresión). En serio, parece que todos los describamos como fantásticos, pero es que lo son…

Una hora después de partir, cruzábamos el kilométrico delta del Magdalena en Barranquilla, aquél que vimos nacer en San Agustín a 1500 km de distancia ya. Todavía más de dos horas hasta Cartagena, y como siempre lo peor del trayecto fue la música…

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Cartagena de Indias

Construida por los españoles sobre la antigua población indígena de Calamarí, es sin lugar a dudas, uno de los centros turísticos más importantes de Colombia y de América Latina. El encargo de la reina Isabel de construir un puerto en la zona, a través del cual extraer el oro y las riquezas de Sudamérica, le llegó a Pedro de Heredia, que terminó por fundar la población en esta localización en 1533.

Las expediciones salían a explorar la región y volvían cargados de objetos en oro que hicieron prosperar la ciudad rápidamente. El hallazgo de los cementerios de Zenú, supuso la extracción de tal avalancha de tesoros en sus enterramientos, que un dicho de la época rezaba: “el oro del Perú no es nada comparado con el de Zenú“. Atravesando el istmo de Panamá, las riquezas de Ecuador o Perú llegaban a Cartagena donde se embarcaban rumbo a España tras una pequeña escala en Cuba o Puerto Rico.

Por otra parte, la concesión por parte del rey de España del monopolio de la trata de esclavos, igualmente hizo que la ciudad creciera en estos años. La prohibición de la esclavitud de los indígenas americanos convirtió la venta de los africanos en un lucrativo negocio que repercutió igualmente en el desarrollo de la próspera Cartagena.

Tal fue el crecimiento, que pronto fue objeto de deseo para corsarios y piratas que lanzaron sus ataques sobre la población y las grandes fortunas que allí se amasaban. Los asaltos se sucedían, lo que hizo que la Corona española fortificara el puesto, hasta convertirlo en la ciudad más defendida de América. La construcción de murallas y castillos de defensa empleó a numerosos esclavos y dilapidó la fortuna de muchos adinerados de la ciudad. Valga como ejemplo los cuarenta años que llevaron la construcción de la fortaleza de San Felipe de Bajaras. Además, un incendio que arrasó la ciudad en 1552, hizo que el núcleo urbano se reconstruyera por entero en hierro.

Aún así, y al amparo de los gobiernos franceses e ingleses, los ataques continuaron. Ambos imperios querían su parte del botín, y no dudaron en financiar piratas y utilizar cualquier arte de guerra para conseguirlo. En 1767 Francia envió al Barón de Pointis, que consiguió un enorme trofeo de oro y plata para el rey Luis XIV. Por su parte, los ingleses sitiaron la ciudad en 1741 con 186 barcos, la mayor flota conocida hasta la fecha en Sudamérica. A pesar de la evidente superioridad, la conocida como batalla de Vernon, precisó de muchos días hasta su resolución con la conquista de parte de la ciudad por los ingleses y sus tropas indígenas. Pero los puestos españoles que resistieron, junto con las enfermedades que atacaron a las tropas invasoras, forzaron su retirada no sin antes provocar la destrucción de parte de la ciudad, entre otros edificios, la fortaleza de San Felipe. Conocer la historia de la heroica batalla se hace imprescindible para acercarse a conocer la importancia de tal enclave.

La nueva reconstrucción de la fortificación convirtió la misma en uno de los más valiosos ejemplos de arquitectura militar que han llegado a nuestros días. Se construyó también una muralla submarina, “el Dique”, entre Bocagrande y la isla de Tierra Bomba, para impedir el acceso de los navíos atacantes. La independencia llegó en 1811, autoproclamada por parte de Cartagena y perdida de nuevo a manos del general Pablo Murillo en 1815. Con el ascenso de Bolívar, la “ciudad heroica”, consiguió la independencia definitivamente en 1821, junto con gran parte del continente.

Sin lugar a dudas, un lugar fundamental en la historia de América que ha durado hasta nuestros días, y que se presentaba para nosotros como una codiciada visita.

Paseando por las murallas de la ciudad de Cartagena

Llegábamos para merendarnos todo esto a la puerta del hostal, sobre las seis de la tarde. Empleamos bastante menos de las cuatro horas y media previstas que habíamos leído. Sin ir a demasiada velocidad, creo que esos tiempos de otros blogs y guías estaban equivocados. Además y de nuevo con la suerte de cara, a pesar de subir los últimos, con la van llena, en ese momento retiraron las maletas de la primera fila y ¡nos dejaron ésta vacía para nosotros! Muy cómodos, pues, todo el viaje. El último de los trayectos largos de bus previstos de los últimos tres meses…

Y el obligatorio paseo por la zona antigua en la van, dejando al resto de compañeros de viaje, nos confirmó nuestras mejores sospechas: Cartagena es una ciudad increíblemente bella.

Habíamos elegido el barrio de Getsemaní por ser una alternativa más barata y mochilera, frente al casco antiguo y San Diego, en la zona amurallada, en el que los precios se disparaban. La opción de alojarnos en el barrio de Bocagrande, rascacielos, playas y cadenas hoteleras, quedó descartada desde el primer momento, por impersonal. Llegamos con buen tiempo al Ébano 967 Hostel, perfectamente ubicado y a buen precio.

Tiramos la mochila y nos vamos de paseo. A sólo cinco minutos entramos por la puerta de la Torre del Reloj, en la ciudad amurallada. Mañana haremos un recorrido más tranquilo, hoy sólo callejear. Poniéndose el sol, llegamos por la calle Ronda hasta un local conocido como el Baluarte de San Francisco Javier. Sobre la muralla nos tomamos dos Club Colombia doradas. Al poco, comienza un concierto en directo allí mismo. Vientos, percusión y una delicada voz de mujer. La brisa del mar atempera el calor del día, la luz va cayendo… ¡Vaya ciudad bonita y qué buen bocado le estamos dando a Colombia!

Nos quedamos a cenar en el casco antiguo.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Ikaro Café en Santa Marta. Nos tomamos dos fabulosos espresos por 6000 COPs (1 €, cada uno; de los mejores que probamos). Buenísimo y en un lugar que merece la pena visitar. Además, como casi siempre, tremenda wifi…
  • Bus Santa Marta-Cartagena con Marsol: 48000 COPs (16 €).
  • Ébano 967 Hostel. Habitación doble con baño incluido y desayuno: 36 €.
  • El Baluarte de San Francisco Javier. Tres cervezas, bueno sí, yo me tomé dos, por casi cuatro euros cada una. Habría que pagar a los músicos, digo yo…
  • Wippy, pasta fresca y ceviches. Increíblemente buenos los tagliatelle allo macho, aunque la carta es larguísima en pastas caseras y salsas. Su precio 40 € por los dos. No creo que ninguno de los restaurantes vecinos de esa calle sean más baratos, y además, mereció la pena.

Tiempos y distancias

  • Bus Santa Marta-Cartagena: 3 y media horas con transporte “puerta a puerta”. Tuvimos la suerte de que nos recogieron los últimos en Santa Marta.

Información útil

  • Para el trayecto entre Santa Marta y Cartagena lo más recomendable es tomar una van “puerta a puerta”. Además de recogerte en el alojamiento en que te encuentres en Santa Marta, ahorras el transporte desde la terminal en Cartagena que queda bastante alejada del centro histó No sabemos si hay alguna otra empresa distinta de Marsol que lo haga. A nosotros nos pareció cómoda y rápida y fue la que nos contrató el hotel de Santa Marta al preguntar en la recepción.

Booking.com

Lunes, 15 de mayo de 2017. Cartagena de Indias.

Tres fantásticos días por delante para disfrutar de la hermosa ciudad de Cartagena. Nuestro alojamiento estaba mejor que bien. Después de tres meses en habitaciones sin baño, algunas sin aire o sin ventilación, no podíamos pensar lo contrario. Pero Cartagena está plagada de hermosos lugares donde hospedarse, y un corto paseo sería suficiente para poder elegir un mejor sitio, aunque fuera por algo más de dinero, para las tres noches que pensábamos quedarnos.

Barrio de Getsemaní

Y sin duda pasear por Getsemani es una delicia. Si no visitas este barrio, no has visitado Cartagena. Calles de colores en las que los tonos se mezclan sin aparente sentido. Multitud de alojamientos, “casas” les llaman, donde dormir en las antiguas moradas de los primeros habitantes de la ciudad. Personalizados al máximo, cuidados en demasía y presentados con gusto para llevarse el gato al agua de esta competición que representa el turismo. Junto a ellos, plazoletas y pequeñas iglesias todavía sin restaurar que incluyen algunos fantásticos cafés y restaurantes en su vecindad. Difícil decidir cuál sería nuestro alojamiento, claro teníamos que sería en Getsemaní.

Getsemaní fue el antiguo barrio donde vivieron los africanos traídos como esclavos y que se ha hecho hoy día un hueco en la oferta turística cartagenera. Paseamos por la plaza de la Trinidad con la iglesia de la Santísima Trinidad de 1600, inspirada en la catedral de Cartagena. Un par de locales sirven para un café. Paramos en el Solar y nos refrescamos del calor que, a las diez de la mañana, ya comienza a apretar. Bajamos hasta la plazoleta del Pozo. En ésta y en la anterior, un grupo de mulatos y descendientes de esclavos negros jugaron un papel importante en la independencia del país hace 200 años. Más y más lugares donde comer o donde alojarse, totalmente adorables.

Volvemos a nuestro hostal. Aprovechamos la wifi para una rápida reserva en el Hotel Boutique Casa San Miguel y nos trasladamos. Buscamos algo mucho mejor si cabe, no nos importa pagar más a estas alturas de viaje y queremos un lugar especial. Aquí lo encontramos. Sólo dejar la mochila y salir. A partir de ahí, dedicarle todas las horas posibles a todos los rincones de Cartagena, patrimonio de la Unesco desde 1984. Así fue como lo hicimos el primer día…

El colorido barrio de Getsemaní, ideal para alojarse

Casco histórico y Barrio de San Diego

Comenzamos la visita del centro histórico y San Diego, la zona del interior de la muralla y por la que paseamos anoche, he de decir, boquiabiertos. Cruzamos desde Getsemaní el parque del Centenario, construido en 1911 para celebrar los 100 años de independencia.

Entramos a la vieja ciudad por la conocida Torre del Reloj. La puerta de tres arcos fue construida en el siglo XVII, en 1631, si bien la torre y el reloj de añadieron un siglo más tarde. La muralla que la sigue circunda y defiende toda la ciudad. La torre fue mandada construir para comunicar la ciudadela con el arrabal de Getsemaní a través del puente levadizo de San Francisco.

La Muralla de Cartagena de Indias, fue iniciada en 1586 bajo las órdenes del ingeniero Bautista Antonelli y la ayuda de Juan de Tejada. Llevó más de doscientos años su construcción, en la que participaron los más brillantes ingenieros y arquitectos de los siglos XVII y XVIII. A lo largo de la muralla y sobre los lugares más estratégicos se construyeron pequeños bastiones de defensa, los famosos baluartes de Cartagena, en total 23 fortificaciones de las que se mantienen en pie 16 hoy día. Las de Santa Catalina y San Lucas en la línea norte son las más interesantes.

La Torre del Reloj da acceso a la conocida como plaza de los Coches, por ser el lugar de estacionamiento de los coches de caballos, antigua plaza de los Mercaderes y mercado de los esclavos africanos en su día. Con su forma triangular, en uno de los laterales está abierta por la popular puerta de la Torre del Reloj. Al frente, el “Portal de los Dulces”, área porticada llamada así desde el XIX, pues en sus arcos se vendían y se venden algunos de los dulces típicos de la ciudad. En el centro, la escultura de Pedro Heredia, fundador de la ciudad.

Una calle nos lleva de espaldas a la catedral, a la plaza de la Proclamación, donde el pueblo respaldó la constitución. La construcción de la catedral de Santa Catalina de Alejandría se inició en 1500 pero se demoró más de 30 años tras sucesivos ataques piratas. Por orden del arzobispo de Cartagena fue recubierta de un estuco que le da aspecto de mármol. La catedral tiene el aspecto de un fuerte y la decoración de sus tres naves es más bien simple. En el lateral, la construcción se realizó en piedra de sillar, lo que le da su característica coloración blanca como la que vimos en Arequipa. Estaba en restauración y no pudimos visitarla en su interior.

Cualquier calle de Cartagena de Indias merece la pena

El camino nos lleva a la plaza Bolívar, antes plaza de la Inquisición. En el centro, la estatua ecuestre de Bolívar y su célebre frase dirigida a la heroica ciudad de Cartagena: “si Caracas me dio la vida, vosotros me disteis la gloria”.

Y en la plaza, el palacio de la Inquisición. Casa construida en 1770 para albergar la sede de la misma. Una fachada barroca labrada en piedra caliza que resulta uno de los más bellos ejemplos de arquitectura colonial de Cartagena, realizado a la imagen y semejanza de los grandes edificios de la época en España. El Tribunal de Penas del Santo Oficio ejerció en este edificio hasta 1811, no hallando inocentes en ninguno de los juicios realizados. Hoy día sede del museo Histórico de Cartagena y salas de exposiciones en el interior, que no visitamos.

Las calles que desde aquí parten, rivalizan en belleza. Suntuosos balcones cargados de flores y enrejados en madera en sus enormes ventanales. Antaño casas de ricos mercaderes y edificios religiosos en casos, y hoy lujosas tiendas de ropa y souvenirs, así como caros restaurantes internacionales. Valga como ejemplo el convento de Santa Teresa, hoy un cinco estrellas.

Entre otras pasamos por la casa del Marqués de Valdehoyos, famoso a partes iguales por su fortuna y por su crueldad en la época de la esclavitud. La casa de Rafael Núñez, nacido en Cartagena en 1825 y presidente electo de la república en cuatro ocasiones. También es el autor del himno y uno de los redactores de la constitución.

Muy cerca, el convento de San Pedro Claver. El conocido como esclavo de esclavos, que luchó por la emancipación de los negros y ampliamente venerado por este motivo. Sus restos descansan en la iglesia del recinto. El convento del siglo XVII y originariamente conocido como “de San Ignacio de Loyola”, fue renombrado años más adelante. Y junto a la misma, la iglesia de Santo Domingo, del siglo XVI, la más antigua de Cartagena. Austera en su interior salvo el retablo del altar mayor, la iglesia está plagada de tumbas de honorables en su interior. Fuera, una escultura de Botero, la gorda Gertrudis. Una animada plaza todo el día.

Subimos a la muralla y recorremos algunos de los baluartes. Y caminamos y caminamos, dudo que dejáramos alguna calle por pisar. Volvemos por el muelle de los Pegasos hacia Getsemaní. Le dimos un buen mordisco a la ciudad. Todavía pendiente visitar el castillo de San Felipe y acercarnos a Bocagrande. Tal vez mañana…

Para la noche y tras un par de horas encerrados en la habitación, salimos para tomar algo sin mucha intención. Pero… sólo con asomarnos a la plaza de la Trinidad, la cosa cambió, ¡vaya ambientazo! Locales y extranjeros, paseando, bebiendo, unos bailando, otros haciendo malabares… improvisando vida. Lo de beber es curiosamente “a escondidas” (sirve una bolsa de papel con la que cubrir la botella y por arte de magia, la policía ya no te ve). Hay puestos de perritos, sitios de helados y los bancos y aceras están llenos de gente. Un gusto de momento. Tomamos una cerveza en el Solar, asistiendo al espectáculo en primera fila. Para cenar, nos apañamos en un local con pizzas. Mañana seguiremos con esta magnífica ciudad.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Hotel Boutique Casa San Miguel. Una fabulosa habitación doble con desayuno por 50 € la noche. Decidimos darnos un homenaje en Cartagena.
  • Bar Solar Food. En la plaza de la Trinidad de Getsemaní, donde es fácil encontrar mochileros buscando wifi y sombra. Dos espresos por 8000 COPs (poco menos de tres euros). Dos cervezas artesanales BBC por 18000 COPs (unos tres euros cada una).
  • Hard Rock Café. Uno de nuestros lugares irresistibles, como dije. Llevábamos desde Santa Cruz sin pisarlo. No pudimos evitarlo… Comida para dos: 36 €, la camiseta iba aparte.
  • Mercal café, en la plaza de los Coches. Buen espreso por 6000 COPs (2 €).
  • Pizza Carbón Bar. Un sitio de los más baratos de la zona de la plaza Trinidad. Muy buenas pizzas junto con sus dos cervezas por 35000 COPs (12 €). Insisto, muy buenas pizzas.

Información útil

  • En todos los locales cargan en la cuenta un 8% de impuestos obligatorios y un 10% en concepto de propina, voluntaria por supuesto. Lo habitual es pagar el total sin revisarlo, pero sin duda aumenta la cuenta respecto a lo que marca la carta.

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte nos dan ese pequeño beneficio. ¡Gracias!

Martes, 16 de mayo de 2017. Cartagena de Indias.

El desayuno del hotel resultó decepcionante. Como siempre, aquella riña ente expectativas y realidades. Una vez “superado el disgusto”, salimos para seguir conociendo Cartagena. Para hoy tenemos prevista la visita al castillo de San Felipe. A unos 15 minutos caminando desde nuestro alojamiento cruzamos el puente que enlaza con la fortaleza.

Castillo de San Felipe de Barajas

Construido entre 1536 y 1657, constituye una de las mejores representaciones de la arquitectura militar española en América. Dotado de ingeniosos puestos de defensa e incluso pasadizos subterráneos, es, sin lugar a dudas, visita obligada en Cartagena. La enorme fortaleza, construida en la colina de San Lázaro fue ampliada tras la batalla con los ingleses de 1741. Una de las siete maravillas de Colombia, el castillo era el guardián de Cartagena por la puerta de la Media Luna, único acceso a la cuidad desde el continente.

En la explanada que le da acceso, la escultura del almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, conocido como “Patapalo” o “Mediohombre”, por quedar tuerto, manco y cojo en combate. Su triunfal batalla contra el almirante Vernon en 1741 permitió mantener Cartagena en poder de España, al tiempo que desmanteló la mayor flota inglesa jamás armada, formada por 23000 hombres y 186 barcos frente a los 2000 hombres y 6 navíos con los que contó Lezo. De haber perdido la ciudad, durante el famoso sitio de Cartagena, probablemente la historia sería muy distinta.

Subimos la rampa en la que nos damos cuenta de lo imponente de los muros de defensa. Llegamos hasta la plaza de Armas donde se reunía la tropa, y seguimos subiendo hasta el antiguo puesto. La estructura completa es en realidad un conjunto de siete fortificaciones que se fueron edificando con los años, aumentando su poder de disuasión. Se fueron añadiendo desde lo alto del cerro hacia abajo, cubriendo por completo la colina de San Lázaro. Una primera opción para evitar que el cerro cayera en manos enemigas, el único punto débil de la villa, sería eliminarlo, una evidente locura. Finalmente se optó por la fortificación, opción más lógica…

En el castillo de San Felipe de Cartagena de Indias

En tan sólo un año y utilizando miles de esclavos, se puso en pie la fortaleza más antigua. Se construyó a toda prisa ante el pacto entre el gobierno francés y los piratas y corsarios ingleses, que amenazaron todos los puertos españoles. La noticia de esta alianza corrió antes incluso de su firma, gracias a los espías españoles, y obligó a la mayor fortificación de la ciudad en breve plazo. En la antigua ciudadela, la más elevada y vieja, destacaban algunos edificios. La Espadaña, la estructura más elevada, es un campanario en lo alto del castillo, pero utilizado con fines militares. Daba campanadas en código secreto para advertir a la ciudad de los ataques corsarios o de otros acontecimientos. Otra estructura fundamental es la ventana del vigía en lo alto del fuerte, a través de la cual el comandante del mismo se comunicaba con la fortaleza del Boquerón, en la entrada al puerto.

La parte posterior el castillo se encontraba protegido por la ciénaga, un lugar donde los mejores aliados de los españoles terminaron siendo las tropas de mosquitos y las enfermedades que trasmitían a todos los que trataban de acceder por aquí.

Descendemos hacia las galerías subterráneas de defensa, que resultan impresionantes. Los túneles taladraron todo el cerro sirviendo de sistema de comunicación y defensa, en previsión de ataques utilizando el enemigo igualmente pasadizos bajo la tierra. Todo el sistema unido a las cuatro líneas de defensa sucesivas, convirtieron al castillo en una fortaleza prácticamente inexpugnable. Don Antonio de Arévalo, el ingeniero y teniente general que lo concibió, se ocupó, en los 58 años que trabajó en Cartagena, de que así fuera.

Más adelante del castillo, el convento de la Popa, convento de la Candelaria. Fue construido en una pequeña colina a 150 metros en 1608 por un monje de la orden de San Agustín. Pero a pesar de su cercanía al castillo, no nos animamos a visitarlo. Es curioso el clima caribeño, que nos recibió a la entrada al castillo con una brutal tormenta y que en este momento nos regalaba un sol de justicia.

Sí nos acercamos, de vuelta hacia San Diego, al monumento a la india Catalina, la indígena raptada en 1509 con sólo 14 años, y que tiempo más tarde acompañó a Pedro de Heredia en su viaje hasta la zona, antes de recibir el encargo de fundar Cartagena, y que le sirvió como traductora con los indígenas.

Cruzamos la amplia avenida Venezuela que lleva a la Torre del Reloj, pero seguimos recto siguiendo la muralla y los baluartes. Al fondo, los más característicos: San Lucas y Santa Catalina, enfrentados entre sí, y que dan idea del afán defensivo de la ciudad de Cartagena con sus baterías apuntando en todas las direcciones.

En la playa de las Bóvedas de Cartagena de Indias

Bajo el baluarte de Santa Catalina, y siguiendo la muralla, la conocida como playa de las Bóvedas, una sucesión de tiendas de artesanía que ocupan las bóvedas interiores de la fortificación. Nos metemos por una de las calles, de nuevo con bonitas casa restauradas y que ocupan pequeños hoteles, hasta la plaza San Diego. Al frente, el antiguo claustro, hoy Universidad de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar.

Saliendo de la plaza, la Cevichería. Qué demonios, otro capricho. Después de comer, seguimos la calle y llegamos a la iglesia de Santo Toribio de Mogrovejo, construida en 1730 y con bellas fachadas de piedra y enormes puertas de madera. Cuentan las crónicas que durante el asedio de Vernon, una bala de cañón penetró en el templo a través de una ventana, pero no provocó grandes desperfectos ni víctimas, a pesar de estar lleno de fieles. Junto a la misma, el claustro hoy día está dedicado a área comercial, ocupando un edificio de dos pisos y un patio central con jardín.

Comienza de nuevo una fina lluvia y nos refugiamos en Ábaco. Una encantadora librería con algunas mesas donde tomar café, y de paso ¡tomar cientos de fotografías! Sí; además, puedes comprar algún libro…

Salimos y con la tediosa lluvia que sigue, volvemos al hotel.

Descansamos. La verdad es que a estas alturas del viaje, “perder” algunas horas no es ya un problema. Al anochecer salimos para tomar algo en nuestro animado barrio, Getsemaní. Entramos primero en Demente, local al que no se le puede negar el gusto, aunque se ha pasado con los precios. No tienen ese momento dorado de casi todos los sitios, la happy hour, pero pedimos unas cervezas.

Hoy cenaremos en el Solar. La plaza de la Trinidad no nos deja de sorprender…

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Entrada al castillo de San Felipe de Bajaras 25000 COPs (8 €). La audioguía cuesta 15000 COPs (5 €), con un descuento de 25000 por dos.
  • Restaurante la Cevichería Un local especializado en productos del mar, langostinos, camarones, pulpo, calamar, langosta… Si vas a Cartagena, con un presupuesto medio, tienes que probarlo. El precio, 27 € por persona.
  • Librería Ábaco. Una de las que debería estar en esas listas de las más bonitas. Nos tomamos dos cafés espresos, rodeados de estanterías plagadas de libros, por 9000 COPs (3 €).
  • Restaurante Demente en plaza de la Trinidad. Muy bonito local, mucha gente en la hora de atardecer y cenar, pero la carta nos pareció cara sin ofrecer nada especial. La dorada de barril sale por 3.5 € al cambio.

Información útil

  • El castillo tiene un horario de apertura de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Nos parece imprescindible hacerse con la audioguía para la visita, la historia de la enorme edificación lo merece. Entre una y dos horas serán necesarias para recorrer las estancias, túneles y líneas de defensa de las siete fortalezas construidas.

Miércoles, 17 de mayo de 2017. Cartagena de Indias.

Salimos del hotel en dirección a Bocanegra, la moderna zona de rascacielos de Cartagena. Para llegar, cruzamos el conocido muelle turístico la Bodeguita. Aproximadamente un kilómetro, y aterrizamos. Salvando las distancias, nos recuerda a la bonita ciudad de Panamá, donde, con el mismo acierto, separaron las construcciones del siglo XX del casco histórico, que conservan con igual belleza.

Queríamos acercarnos a conocerlo, pero es muy prescindible si no dispones de tiempo. Grandes rascacielos que esconden cadenas hoteleras, un paseo que pide a gritos una restauración, y pequeñas playas que en general no invitan al baño. Todo esto se combina con insistentes caza turistas que se multiplican en este trozo. Sombreros, hamacas, gafas, mariscos, tours a las islas… todo se vende. Para terminar de empeorarlo, los comercios, bares y restaurantes se encuentran en la avenida central, rodeados de los enormes edificios y escondidos del mar. Un cúmulo de desaciertos. Por resumir, feo y descuidado. Menos mal que los que proyectaron esta zona se alejaron de opinar en la vieja Cartagena. Tan poco nos gustó, que con un jugo y sin visitar las fortalezas de San Fernando y San José, en el extremo, emprendimos la vuelta.

Volvemos en taxi al casco histórico. Y de nuevo las bellas calles y, por qué no, las mismas fotos, hoy con día despejado y bajo un sol de justicia. Mucho más calor más tarde, y llegamos a la bella plaza San Diego. Tenemos merecida una cerveza y nos la tomamos en una deliciosa terraza. Es verdad que en este barrio, algo más elevado, se nota más la brisa del mar.

Para comer y tratando de huir de los locales más enfocados para turistas, salimos de la plaza y caemos en la Casa de Dorotea. Su cartel de bienvenida dice “fritos y comidas de tradición”. Está lleno de cartageneros y fresco. No lo dudamos.

Sólo nos quedaron fuerzas para un café y volver camino del hotel. La tarde de descanso y, de nuevo, preparar la mochila para nuestro vuelo a San Andrés. El viaje iba dando sus últimos coletazos, pero todavía nos quedaban cosas que probar…

Salimos para tomar nuestra última cerveza en Cartagena y cenar, de nuevo, en Getsemaní. Por una callejuela, la de San Juan, cercana a la plaza de la Trinidad, como casi todo aquí, encontramos el delicioso Café del Mural. Sin duda más preparado para tomarse un café, pero que nos sirve para una cerveza. Al lado, el restaurante Arrabal, con un aspecto sublime. Desde luego, en Getsemaní hay que callejear y perderse.

A medio camino en una calle por la que aparentemente nunca entrarías, la Casa del Toro. Un hotelazo en el que se puede pagar para pasar el día en la piscina. En la esquina, la Trattoria Di Silvio nos sirve para cenar.

Y dado que son las ocho todavía y estamos ya cenados, cual ingleses, hacemos un ratito de tiempo con un cuba libre (2×1) en el Con-Fussion, en la esquina de Trinidad. Estamos a tan sólo 30 metros de la cama, demasiado tentador…

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi Bocagrande-casco histórico: 7000 COPs (2 € y poco).
  • Malanga en plaza San Diego. Dos cervezas por 16500 (5.5 €). Una terraza donde la carta de platos de mar, ceviches y pescados no es variada, pero tiene muy buen aspecto.
  • La Casa de Dorotea. El menú ejecutivo consistente en sopa de pescado de primero y pescado frito como segundo por 12000 COPs (4 €).
  • Café del Mural. Precioso dentro y fuera. La terraza junto a un mural del que recibe el nombre, es un lugar ideal al atardecer. Tomamos dos Club Colombia por 8000 COPs (menos de 3 €), de las más baratas del barrio. No probamos, pero el restaurante vecino, el Arrabal, tiene un aspecto mejor que bueno.
  • Trattoria di Silvio. Por más que lo contemos no parece real la calidad de los sitios de Cartagena. En este caso un bello local, antiguo como casi todo, con una restauración exquisita y tremenda pasta. Pagamos por la cena de los dos 70000 COPs (algo más de 23 €).
  • Dos cuba libres en happy hour en Con-Fussion, esquina de plaza Trinidad, por 20000 COPs (6 €). Merece la pena subir a la terraza.

Información útil

  • Aunque un par de días podrían se suficientes para visitar Cartagena, creemos que un mínimo de tres y, en realidad, todos los que “te sobren” de tu viaje a Colombia, son los deseables. Cada calle parece más bella que la anterior y lo único que tendrás que aprender es a buscar los restaurantes con cartageneros en horario de comida durante el trabajo. Los precios de los dirigidos a turistas están muy engordados.

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