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Abandonamos Pereira con una extraña sensación de prematuridad. Fue demasiada buena la estancia y los momentos compartidos con Diego y su familia, y ya los echábamos de menos. Nuestro vuelo a Medellín salía a las siete de la mañana, aunque sufrimos un retraso de más de una hora, y una vez más, Diego derrochó amabilidad y nos llevó al aeropuerto. No hubo modo de negociar con él otra opción. Nos dirigíamos hacia Medellín, la ciudad más moderna de Colombia. Aunque tan solo teníamos dos días para visitar Medellín, aprovecharíamos para emprender la tradicional excursión cercana para visitar el pueblo de Guatapé y subir hasta la piedra del Peñol, un par de lugares de los que habíamos leído maravillas. Nuestros dos días en Medellín se convertirían en unas agotadoras 48 horas en las que no dejamos ni un rincón por visitar…

Todos los artículos y escalas que surgieron de nuestro viaje por Colombia, son los siguientes:

Nuestra ruta de viaje por Colombia. Un mes recorriendo lo mejor de Colombia

Martes, 9 de mayo de 2017. Pereira-Medellín.

Ciudad de Medellín

Aunque los españoles llegaron muchos años atrás, no fue hasta 1615 que Francisco Herrera Campuzano fundó la ciudad de San Lorenzo, ubicada en el actual barrio del Poblado. En el siglo XVIII, inmigrantes vascos y judíos españoles perseguidos por la Inquisición se establecieron en la ciudad, que acabó por convertirse en la capital del departamento de Antioquía. Los paisas, los antioqueños, han destacado desde siempre por su carácter emprendedor, y fruto de este empuje gozan de una moderna ciudad. La primera con una red de metro del país, un sistema de salud envidiable y unas infraestructuras que son el anhelo de toda Colombia entre otros ejemplos, son el resultado de ese afán de modernidad y crecimiento.

Dejando al margen la trágica época de los carteles y las organizaciones mafiosas que condenaron a la ciudad y a su nombre a una triste herencia, el poder industrial de la villa desde principios del siglo XX ha llevado a Medellín a un periodo de bonanza como el que vive hoy día. La muerte de Pablo Escobar en 1993, tuvo mucho que ver.

Para nosotros la visita se limitaría a las doce horas del día de hoy. Para mañana nos esperaba, si el clima lo permitía, una excursión cercana e imprescindible: la Roca del Peñol y Guatapé.

Para las nueve tomábamos tierra en Medellín. Aterrizábamos en el aeropuerto del centro de la ciudad, el Olaya Herrera, mucho más pequeño que el internacional Rionegro de José María Córdova y que se encuentra a una hora en taxi. Nunca habíamos volado en una avioneta tan pequeña… El día tenía mala pinta y las predicciones de lluvia era lo que temíamos que se cumpliera.

Medellín cuenta, como digo, con el único metro de Colombia, además del conocido como Metrocable, tendidos de teleférico que llevan a los barrios más altos de la ciudad. De todos modos, para llegar al hostal desde el aeropuerto teníamos que tomar un taxi, y así lo hicimos. Nos alojábamos, por recomendación de Diego, en la 70, en lugar de elegir el Poblado, donde mandaban la mayoría de blogs y guías. No es necesario reclamar la puesta en marcha del taxímetro y lo agradecimos. Check in rápido y hacia la boca de metro de Estación, a cinco minutos, para acercarnos al centro. Queríamos aprovechar nuestro día en Medellín.

El metro, en contra de lo que podáis pensar, circula en alto al estilo del skytrain de Bangkok, nada de subterráneo. Y Medellín, de nuevo en contra de lo que podáis pensar, es hoy día una ciudad segura, nos insisten; aunque me temo que demasiada gente tiene problemas con las drogas y están por todos los rincones. Enfermos que por desgracia están, pero que no creo que puedan ser muy peligrosos, al menos de día. Así nos lo transmitieron y así lo sentimos desde el primer momento. Bajamos en San Antonio, donde bajó todo el mundo… (yo calculo que la mitad de la población de Medellín…).

El eficaz metro de Medellín, la mejor manera de moverse en la ciudad

En pocos minutos caminando bajo la línea de metro entre calles igual de abarrotadas, llegamos al parque Berrio y la iglesia de la Candelaria. Seguimos hasta la famosa plaza Botero junto al palacio de la Cultura Rafael Uribe de 1925. La plaza, inaugurada en 2002, es famosa, podéis imaginar, por albergar hasta 23 esculturas de maestro colombiano. Resultan curiosas y sin lugar a dudas la mejor manera de mostrar arte, en la misma calle. Y por si te quedas con ganas, el museo de Antioquía, en un lateral de la plaza, con 188 obras más del autor. Fundado en 1881, es uno de los más importantes museos del país, y cubierta con exposiciones permanentes e itinerantes de prestigio internacional.

En la plaza nos sorprende la gran cantidad de gente dedicada a vender al turista, pertinaces pero educados, y la evidente presencia policial. Tan amables, que los propios agentes se acercan y se prestan a hacernos las fotos al pie de las famosas esculturas. Junto a la entrada, aprovechamos para un café, como podéis imaginar. Wifi y a empezar a molestar en los grupos de whatsapp con aquello de ¡estamos en Medellín!

Caminamos hasta la catedral Metropolitana, inaugurada en 1931, que tiene el honor de ser la construcción de ladrillo más grande del mundo, con 1.120.000 adobes. El enorme edificio se encuentra junto al parque Bolívar, con una estatua ecuestre del libertador. Encontramos cerrado el templo y no pudimos visitarlo. Saliendo por el extremo opuesto de la plaza, encontramos un bonito mercado de artesanía cubierto y, ya se sabe, “bienvenido”, “a la orden”, “bien pueda”… Mi Viejo Pueblo, buen sitio para comprar recuerdos.

Volvemos hacia la plaza Botero, esta vez por la peatonal que sale del mercado. Repleta de comercios y restaurantes, resulta agradable. Giramos adelante por un callejón plagado de puestos callejeros de cine porno y tropezamos con la iglesia de la Candelaria. La que fue catedral de Medellín desde 1868 hasta 1931, si bien su construcción es anterior, está consagrada a la patrona de la ciudad.

De la antigua catedral salimos por el parque Berrio. Cruzamos por debajo de la línea de metro y nos dirigimos a la iglesia de la Vera Cruz, la más antigua de Medellín. De camino, un enorme edificio, un centro comercial curioso y muy vintage, el centro comercial Palacio Nacional.

Con esto, y prácticamente en tres horas, teníamos visto todo el centro histórico, y aprovechando que todavía no arrancaba la lluvia, a pesar de unos buenos nubarrones amenazantes, subimos en el metrocable hasta el parque Arví. Para ello tomamos la línea A hasta Acevedo, dirección Nikía y desde aquí enlazamos en la línea K. En la estación de Santo Domingo, nuevo cambio a la línea L y llegamos al parque.

Justo de camino, esa puñetera lluvia que hasta entonces había sido una amenaza se presenta, todavía débilmente. En el trayecto de metro, y sobre todo por encima en el metrocable, vemos los barrios más periféricos, construidos a modo de chabolas, en ladrillo sin lucir y sobre las pendientes. Las caóticas escaleras y caminos de acceso, los vertederos al río y en las laderas, la falta de ventanas, las ropas, más que tendidas, dejadas caer, los tejados de uralita mantenidos por piedras…, dan una idea del ambiente que se puede vivir “dentro”. El proyecto municipal pretende con la construcción de estos transportes, además de dotar de bibliotecas, puestos de salud, etc…, evitar el aislamiento de antaño de los barrios donde los carteles camparon a sus anchas.

A pesar de la lluvia y andando con muchos más ojos de los que tenemos, ¿sólo prejuicios?, alcanzamos el parque ecológico Arví. Reserva nacional desde 1970, se eleva a 2400 metros desde la ciudad. Las vistas merecen mucho la pena durante el trayecto, y arriba, un enorme bosque. Desde allí se pueden tomar muchos senderos señalizados, pero no estaba el tiempo ni nosotros para ponernos a caminar. La mayoría de rutas, en torno a hora y media, son guiadas y salen cada 30 minutos. Uno de los senderos que no precisa guía, es de una media hora entre el Tambo y él área de picnic Chorro Clarín. Aunque no lo parezca antes de llegar, el centro de interpretación y todas las instalaciones donde recoger información están muy cuidadas y parecen inauguradas hace muy poco.

La bajada es aconsejable emprenderla antes de las cuatro y media de la tarde, dada la distancia y el tiempo que se emplea en la vuelta. Para nosotros son las dos y subimos de nuevo al metrocable para descender. En Acevedo y dirección la Estrella, cogemos la línea A, esta vez hasta Poblado, la zona guiri por excelencia, donde comeremos en las inmediaciones de la plaza Lleras. Elegimos al azar, es cierto que todos los locales son un poco iguales, La Esquina. Suerte y no nos equivocamos con la comida.

Todavía un rato por el Poblado, café, descanso y vuelta al hostal. Para la noche elegiremos en la 70.

Y no puede estar más cerca de nuestro hostal ni más animada. Muchos locales y bastante variedad. Nos tomamos una cerveza en El Cacique, “el mejor sitio de vallenatos” y acabamos cenando algo en Provocación, con una amplia carta de bocadillos. Sin duda todo un acierto la localización del alojamiento.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Vuelo Pereira-Medellín con Easyfly: 65 €.
  • Rich Hostel: habitación doble con baño compartido por 34 € las dos noches. Incluyó desayuno.
  • Taxi aeropuerto Olaya-Herrera a la 70, en Medellín: 9000 COPs (3 €).
  • Billete metro y metrocable: 2300 pesos (unos 75 céntimos de euro).
  • Café en El Laboratorio de la plaza Botero: 5000 COPs (1.5 €). El lugar ideal para estar un rato con un buen café disfrutando de la animada plaza.
  • Billete desde Santo Domingo al parque Arvi, línea L: 5200 COPs (1.5 €) por trayecto. El trayecto completo desde el centro al parque, cuesta en total unos 4.5 €, subida y bajada.
  • Bistro La Esquina, comimos a la carta por 16 € los dos. Impersonal y con comida internacional, pero he de decir que muy buena. Típico con grandes teles, deportes, cerveza… no estuvo mal.
  • Dos espressos en Starbucks de Medellín: 8500 COPs (3 €). Espero sepan perdonarme mis amigos de Colombia…
  • Taxi desde El Poblado a la 70: 11000 COPs (3.5 €).
  • Dos cerves en la terraza de El Cacique: 10000 COPs (3 €). La 70 cuenta con locales bastante animados y económicos en los que salir y aprovechar una noche. No todo el ambiente está en El Poblado…
  • Charcutería Provocación Compartimos un buen bocata de atún y dos cervezas por 22000 COPs (7 €).

Tiempos y distancias

  • Vuelo Pereira-Medellín: 30 minutos.
  • Taxi de aeropuerto Olaya-Herrera a la 70: unos 15 minutos.
  • Subida en metro y metrocable desde el centro al parque Arví: al menos 45 minutos. Bajar desde el parque hasta la estación de Acevedo llevó 30 minutos. Y otros 30 aproximadamente en el metro hasta el Poblado.

Información útil

  • Las dos áreas de alojamiento clásicas de Medellín son el Poblado y la zona alrededor de la 70. El primero es el barrio turístico por excelencia y donde van a parar la mayoría de los mismos. Las guías lo catalogan de seguro tanto de día como de noche, y nos lo aconsejaron para salidas nocturnas y probar algo de la fiesta de Medellín. Nosotros preferimos el área de la 70, algo más ordenada, y donde también se encuentran lugares para salir, tal vez, en un ambiente más colombiano. Seguro, muy muy animado y tremendamente variado. Si eliges esta zona, no te quedes en la misma avenida, tal vez ruidosa. Hay muchos buenos alojamientos en las calles aledañas.
  • Dos líneas de metro en Medellín: A de norte a sur y B que lleva hacia el oeste; además de tres teleféricos, J, K y L, enlazados todas ellos. El billete se adquiere en las estaciones por 2300 pesos y sirve para ambos transportes. El único trayecto no incluido en el precio es el ascenso hasta el parque Arví en la línea L. El metro abre de 4:30 a 23 horas entre semana y de 5 a 22 horas el domingo. El metrocable tiene el mismo horario entre semana y de 9 a 22 horas el domingo. El que llega hasta el parque Arví cierra los lunes. Además hay una línea de tranvía que circula por el centro. 

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte

Miércoles, 10 de mayo de 2017. Medellín-La Piedra del Peñol y Guatapé.

Es una de las escapadas básicas desde Medellín y que nos propusimos para hoy. La idea: salir temprano y tratar de poder aprovechar la vuelta para algo más de Medellín. Como leéis, nada de perder el tiempo…

Los buses para Guatapé salen desde la Estación del Norte, accesible con la línea A desde la estación de Caribe. Con una frecuencia aproximada de 20 minutos, es fácil llegar y subirse en uno. Son muchas las compañías que hacen el recorrido y lo raro será no dar con una que salga al momento. Un cómodo trayecto de hora y media, y el conductor te deja en la Piedra (se pasa primero por la población de Peñol, y tras ésta, se llega tras unos 15 minutos de trayecto hacia Guatapé).

Eso es lo normal, salvo que la carretera en este último tramo esté cerrada por una carrera ciclista, como fue el caso. Y allí nos quedamos, atascados a la salida del pueblo esperando a que el pelotón pasara. Al menos, estábamos cerca de alguna tienda y restaurantes, así que hicimos tiempo mascando. Probablemente daba al traste con nuestros planes de la tarde, pero poco podíamos hacer. Nos olvidábamos ahí de visitar el Barrio de los Graffitis, la comuna 13 donde tan sólo hace unos 10 años se mandó asesinar a todos los hombres o el Museo de la Memoria.

Con la demora que ello supuso, dos horas, para la una de la tarde ya estábamos al pie y preparados para subir.

Piedra del Peñol

Cerca del embalse artificial de Guatapé, se trata de un monolito de granito de 200 metros, a cuya cumbre se asciende a través de una escalera con 659 escalones, si bien fue en 1954 cuando se consiguió escalar hasta la cima sin ayuda de éstos. Aconsejados por Silvia, nuestra casera, ése fue nuestro primer objetivo, para después poder descansar del esfuerzo en Guatapé. Para llegar y como decía la “otra guía”, le pedimos al conductor que nos bajara en “la piedra”, a unos 7 km de Guatapé y donde bajan todos los guiris. Desde un punto en la carretera, en una estación de servicio, comienzan las escaleras, pero no la subida. Todavía tienes que llegar hasta la taquilla, unos 15 minutos cuesta arriba.

La roca se encuentra sobre el embalse artificial de Guatapé, la mayor reserva de agua de la región y que abastece de energía eléctrica a Medellín. Su titularidad ha sido objeto tradicional de disputa entre Guatapé y Peñol. La primera impresión que nos causó es la misma que la gran roca de Sigiriya, en Sri Lanka, aquella en que tal mal lo pasamos. Con esto en la cabeza y cruzando los dedos para que no hubiera avispas… comenzamos la dura ascensión.

Una escalera zigzaguea hacia arriba y parece interminable. Las vistas en la subida y desde la cumbre son impresionantes. Se visualizan multitud de pequeñas islas y penínsulas sobre el lago y unas fincas que dan una idea del poder económico de sus propietarios.

Sólo un pero: al que hizo “el castillito” y las tiendas de souvenirs encima, habría que haberlo parado a tiempo. La vuelta también se hace pesada. Abajo, en la base, junto a restaurantes y puestos de artesanía, esperan los taxis para Guatapé. La opción más barata es bajar el trecho que queda hasta la carretera y subir a alguno de los buses que circulan en esa dirección.

Guatapé, el pueblo de los zócalos

A unos 80 km de Medellín, la ciudad colonial es famosa por sus coloridas calles y los zócalos en relieve de sus casas. Sin duda, el enclave hace que el lugar sea mucho más bonito. Llegábamos hambrunos y nos lanzamos a buscar un lugar donde cocinaran la famosa trucha de la zona (prácticamente todos los locales). Al final fue la trucha al carbón de La Fogata, francamente buena.

Es una tarde perfecta para explorar la pequeña población, y así lo hacemos. Comenzamos por la plaza Municipal y la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Sin duda tan bonita por fuera, de un blanco impoluto, como por dentro, en madera que parece recién construida. Subimos por la calle Duque en la que apreciar las coloridas fachadas y puertas, además de los zócalos que representan escenas campesinas tradicionales. A la izquierda, por la 29, más y más coloridos portones. En casos, exageradas combinaciones de colores. A un lado, la calle de los Recuerdos, ¡preciosa! En ella se recuperaron algunos zócalos de las viviendas de la quebrada que fueron engullidos por el embalse tras 1978.

Hacia abajo y hacia el Malecón, la plazoleta de los Zócalos. Los motivos, cada vez más modernos y más originales. Sin duda toda una adaptación a los actuales tiempos. Café y música en directo en la calle, perfecto. La población da para quedarse una noche seguro.

Desde el Malecón se pueden emprender paseos en barco por el embalse, paseos con los que navegarás por encima del antiguo pueblo de Peñol, ahora cubierto, o puedes visitar la finca “la Manuela” del mafioso Pablo Escobar. Pero nuestro tiempo aquí tocaba a su fin. Las cinco de la tarde y ponemos rumbo a Medellín.

El tiempo en la ciudad se agotaba cuando llegamos al barrio. Sabíamos que había partido y que el estadio está al otro lado de la calle, pero no imaginábamos el ambiente que íbamos a encontrar. La calle 70 está abarrotada, muchísima gente sin entrada frente a los bares y muchas, muchas camisetas… Y es que el partido no es para menos, el Atlético Nacional de Medellín, campeón vigente de la Libertadores contra el Chapecoense brasileño, aquel equipo que sufrió un fatal accidente de avión hace pocos meses, en busca del título de la recopa de Sudamérica. ¡Ambientazo! Ganó el equipo de Medellín, podéis imaginar…

Por delante para nosotros quedaba cenar, preparar la mochila y poco más. Mañana comenzaba nuestro tiempo para el Caribe Colombiano, volábamos a Santa Marta.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Precio viaje a Guatapé: 2300 COPs (75 cent) del metro, más 12500 del bus a Guatapé (4 €) por trayecto. La vuelta costó unos céntimos más.
  • Entrada a la Roca del Peñol: 18000 COPs (6 €).
  • Taxi a Guatapé desde el Peñol: 12000 COPs (4 €).
  • Restaurante La Fogata, en el Malecón de Guatapé. Comida con trucha para dos personas: 50000 COPs (16 €). Hay varios locales ofrecienco el plato estrella, la trucha. En este en concreto nos gustó mucho.
  • Dos espressos en la plazoleta de Guatapé: 5000 COPs (1.75 €). Tiene aspecto de estar siempre animada y desde luego merece la pena echar un rato en sus terrazas.
  • Encontramos la opción de hacer el tour en viaje organizado. Como referencia, hay van los precios de algunas excursiones desde Medellín: Excursión de medio día a Guatapé y Peñol por 79000 COPs (26 €), día completo a la Hacienda Nápoles por 159000 COPs (53 €), tour a Santa Fe y San Jerónimo por 94000 COPs (32 €).

Tiempos y distancias

  • Viaje por tu cuenta a Guatapé. Metro desde la 70 a la Estación del Norte: 30 minutos. Hay que sumar 1:45 horas de bus hasta la Roca del Peñol. La subida a la piedra supuso 20 extenuantes minutos.

Información útil

  • Un tour fundamental desde Medellín para pasar un fabuloso día, aunque tal vez no sea descabellado pasar una noche tranquila en Guatapé.

Mañana nos llevaríamos la mejor sorpresa del viaje: Santa Marta…

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