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Abandonamos Medellín muy temprano, cuando la ciudad todavía despertaba, seguro que tras una complicada noche. Además la población andaba de resaca, campeones de la recopa de Sudamérica hacía unas horas tan sólo. La tan moderna ciudad no lo pareció tanto para nosotros, ni tan segura sin duda, pero sí merecedora de una estancia más larga que no pudo ser. Tomábamos rumbo al norte del país, a la zona costera del Caribe, y entre Santa Marta y su departamento, además de Cartagena, acabaríamos casi por completo nuestra comilona. Nos tocaba acercarnos al Caribe y eso es siempre una fantástica noticia. Disfrutaríamos de Santa Marta, visitando y aprovechando la ciudad para un merecido descanso y emprenderíamos una ruta de dos días en el Parque Nacional de Tayrona, uno de los más bellos de Sudamérica.

Todos los artículos y escalas que surgieron de nuestro viaje por Colombia, son los siguientes:

Nuestra ruta de viaje por Colombia. Un mes recorriendo lo mejor de Colombia

Jueves, 11 de mayo de 2017. Medellín-Santa Marta.

Seis de la mañana y un taxi nos aguardaba en la puerta de hostal. Elegir el alojamiento en Medellín, con Silvia en el Rich había sido un acierto. Para llegar al aeropuerto subimos y subimos, un trayecto en el que dejábamos cada vez más pequeña la ciudad, en una inmensa oquedad. Una pena no poder parar entre las nubes a hacer unas cuantas fotos. Unos 45 minutos después de salir estábamos en el aeropuerto Internacional José María Córdova. Nos gustó mucho, un aeropuerto moderno y con todos los servicios, tantos en la terminal de vuelos internacionales como nacionales.

A las nueve y media de la mañana aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Santa Marta, situado a 16 km de la ciudad. Y lo primero que notamos fue el calorcito caribeño… ¡vaya temperatura y tan temprano! Para llegar al centro de la ciudad donde habíamos reservado el alojamiento, teníamos la opción de tomar un bus. Éstos salen desde fuera del recinto del aeropuerto y son bastante económicos, aunque leímos que llevaba entre unos cuarenta minutos y una hora llegar. Así pues, preferimos un taxi que nos llevará directamente al hotel. El camino a la ciudad desde el aeropuerto, pasa paralelo a la famosa playa del Rodadero, plagada de grandes hoteles, tiendas y restaurantes, y muy frecuentada por turismo nacional, según leímos. La impresión, es que has vuelto a cualquier ciudad de la costa levantina, abrigada en el lado opuesto al mar por una árida sierra, aunque aquí les ha cogido mucho más el moreno… Nos tememos que el boom urbanístico también está causando estragos por aquí.

Otra de las opciones de alojamiento es Taganga, a sólo 5 km de la ciudad de Santa Marta, y tal vez con un ambiente mochilero que nos desbordaría por lo que leímos. Fiesta, demasiada droga en casos y en general, gente sin zapatos por decisión propia. La playa Grande, a la que se accede en barca desde aquí, es otra de las que venía recomendándose en los foros. Así que preferimos disfrutar de lo que queda de la antigua ciudad colonial antes de emprender ruta al Parque Nacional de Tayrona.

Nuestro alojamiento, el hotel Casa del Patio, Hotel Boutique by Xarm en el que habíamos “estirado” nuestro presupuesto un poco más, estaba en el centro histórico de Santa Marta. Un acierto. Y siguiendo las indicaciones de la amable muchacha que nos recibió, salimos a conocer el casco histórico de Santa Marta, él área comprendida entre las calles 13 y 22, además de la carrera 5, la más comercial, y el Malecón.



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Ciudad de Santa Marta

Fue lugar de asentamiento de una de las civilizaciones prehispánicas más avanzadas, los tayrona, que tuvieron que refugiarse en Sierra Nevada tras la llegada de los españoles. Pero antes de su retirada ofrecieron una fuerte resistencia que no pudo evitar que los colonizadores establecieran esta población, una de las primeras españolas del continente americano, en 1525. Fundada por Rodrigo de Bastidas, hoy día se ha convertido para muchos en la puerta de entrada al parque nacional más importante de Colombia, el Tayrona, pero para nosotros, su pasado era una razón suficiente para pernoctar y conocerla.

Salimos del hotel hacia la plaza de los Novios, actualmente rehabilitada y con muchos y buenos lugares donde comer. Entre otros nos recomendaron, por ser los más nombrados en todos los lugares: Rte. Ouzo, Rte. El Chucho, Rte Lulo, Rte. Lamart; evidentemente no tendríamos tiempo de probarlos todos. La agradable plaza, antes plaza de Madrid, ocupa lo que fue una lagune desecada en 1827. En un lado, el edificio del Palacio de Justicia.

Desde aquí arrancan las peatonales carrera 3 y la calle 19 y en ambas un montón de bonitos sitios donde sentarse, la gran mayoría, para nosotros, con aspecto más que recomendables. En una terraza nos paramos a disfrutar de dos buenos jugos. La lista de posibilidades que la chica improvisaba es interminable. Nos iba a gustar, y mucho, este pequeño casco histórico. Más adelante la plaza Bolívar.

Nosotros giramos por la calle 17 hacia la catedral Basílica de Santa Marta o Basílica Menor, donde fue enterrado Simón Bolívar tras su muerte en 1830 en la ciudad, aunque posteriormente sus restos fueron repatriados a Venezuela, donde se encuentran. Se trata de la primera catedral construida en América del Sur y donde sí yace, todavía en la actualidad, el fundador de la ciudad. Además de su atractiva fachada blanca, el interior merece la pena ser visitado.

La catedral Basílica de Santa Marta o Basílica Menor, la primera construida en Sudamérica

La catedral se encuentra en una bella plaza peatonal por la que nos dirigimos hacia San Francisco por la carrera 4. La iglesia tiene una bonita fachada, pero el interior probablemente no tiene nada que ver con lo que fue. Por todos los rincones, coloridos puestos de atractivas frutas. Giramos, por la calle 13, esta vez sí, hacia la plaza Bolívar. La calle cuenta a ambos lados con tiendas de artesanía.

En la plaza, el antiguo Palacio Consistorial y hoy día, Alcaldía. Antigua cárcel española, donde estuvo preso Antonio Nariño, prócer de la independencia y precursor de los derechos del hombre. Junto a la alcaldía, el parque Venezuela donde habitó a mediados del XIX el general venezolano Soublette, otro de los héroes de la independencia. En el momento actual, la arbolada zona está ocupada por una cafetería de la cadena de Juan Valdez. Al lado, el museo del Oro o Casa de la Aduana, monumento nacional desde 1970, otro edificio cargado de historia. En la plaza, de nuevo, una estatua ecuestre de Bolívar. Sin duda la figura más importante de Latinoamérica y que vivió un tiempo en Santa Marta, en la Quinta De San Pedro Alejandrino, hacienda del siglo XVII y lugar donde vivió los últimos días de su vida.

La plaza se abre al Malecón de Bastidas, en honor al fundador de la ciudad. A un lado el puerto comercial, al otro una playa en la que nos aconsejaron no bañarnos dada la cercanía del puerto y una industria minera. La gente de Santa Marta chapoteaba en el agua… Al frente, el islote que cierra la bahía, conocido como el Morro y donde se aloja el faro de la villa. En el paseo, de nuevo, muchos sitios donde tomar algo, una delicia para perder el tiempo.

Malecón de Bastidas de Santa Marta

Mediodía y bajo un sol de justicia con casi todos los antiguos edificios de la colonia vistos, nos decidimos a comer. Volvemos a la plaza de los Novios y nos inclinamos por “cocina mediterránea” en el Rte. Ouzo.

Comida hecha, calor sofocante, ciudad vista y… piscina en el hotel. ¡Qué queréis que os cuente!

Para la tarde y con un momentazo de relax en el cuerpo, bajamos hacia el paseo marítimo para el atardecer. Las vistas tanto desde el club náutico, la Marina de Santa Marta, como desde alguno de los locales del Malecón son espectaculares con la puesta. Para la noche, primero un mojito en la carrera 3, antiguo Callejón del Correo, en el Lamart junto a otros animados locales de esta calle peatonal. Y más tarde, y ya que era el dicho día, aprovechamos el dos por uno de los jueves en ceviche en el propio Lamart. Y si todavía andas con ganas, recorrer la calle 19 y la plaza de los Novios de noche es una pasada. Nos sentamos en Batey, un local perfecto en la plaza, donde más tarde había un concierto de bandas de rock colombianas. Para acostarnos, sin tener que escuchar nuestros estómagos, junto al hotel, Container Center. Se trata de un espacio común donde varios pequeños locales comparten sus platos: sándwiches, sushi, comida mejicana, pizzas… un sitio encantador y barato. Santa Marta nos enganchó.

Paseando por las animadas calles de Santa Marta

No llegamos a acercarnos a la playa el Rodadero a unos 5 minutos del centro y lugar preferido por los colombianos. Para nosotros, por lo que pudimos ver desde el taxi, un lugar impersonal, probablemente más económico para pasar unos días de playa y diversión para los colombianos. Desde aquí se puede tomar un bote para la playa Blanca, algo menos masificada.

Eso sí, algunas de las rutas que desestimamos por tiempo pero que leímos y nos parecieron muy atractivas para emprenderlas, son:

  • Trojas de Cataca y Buenavista en Ciénaga Grande, a 23 km de Santa Marta. Poblaciones de pescadores que viven en coloridos palafitos, para evitar las inundaciones en la desembocadura del río Magdalena que se producen determinados meses del año. El exuberante entorno es rico en flora y fauna salvaje.
  • Aracataca, población que vio nacer a Gabriel García Márquez. A unos 90 km de distancia, prácticamente hora y media en bus. Para los amantes de la lectura y seguidores del premio Nobel, muchos de los escenarios de sus obras, surgen de sus años en la población.
  • Sierra Nevada de Santa Marta y la famosa Ciudad Perdida de los Tayronas, abandonada siglos atrás y redescubierta en 1976. La ruta por la selva que conduce hasta allí, exige un trekking de un mínimo de tres a cinco días de los que no disponíamos, pero, sin duda, es uno de los destinos más apetecibles en el norte del continente. Basta decir que la Sierra Nevada de Santa Marta supera en algunos de sus picos los 5000 metros de altura, presentando nieves perpetuas a tan sólo 42 km del mar. Es imprescindible realizarlo con guía a través de alguna de las cinco agencias autorizadas y los precios son elevados. En algunos de los casos, los guías son indígenas y parte de los beneficios repercuten en sus comunidades. Todo un acierto de turismo sostenible.
  • Minca, una población de interior en la Sierra Nevada de Santa Marta a tan sólo 15 km de la ciudad (unos 30 minutos) y a 650 metros de altura. Cascadas como las de Marinka, piscinas naturales y, en general, una naturaleza salvaje, ocupada en tramos por las agradables fincas cafeteras. Nos aconsejaron tratar de hacer la visita por la mañana temprano pues en esta época llovía fuerte por la tarde.

Santa Marta nos sorprendió para bien. No podíamos creer que una de las primeras poblaciones en las que recalaron los españoles y en un entorno tan especial, fuera una simple puerta de entrada a Tayrona como la pintaban. Lejos de eso, todavía quedan bellos restos de ese pasado colonial mezclado con un ambiente típicamente caribeño y sazonado con restaurantes de calidad que fácilmente te engancharán. Para nosotros, después de más de dos meses viajando y sin pretender encontrar la meca de la arquitecta colonial, fue un lugar con el encanto suficiente como para haberle dedicado más tiempo. La noche en el casco antiguo fue de los mejores que vimos en nuestros casi tres meses de recorrido: tranquilo, con buenos sitios para comer y beber, en muy pocas calles y con un gusto en la decoración fuera de duda. Un lugar en el que gustosamente nos hubiéramos quedado más días, sólo por el placer de estar…

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi Medellín-aeropuerto internacional: 55000 COPs (18 €).
  • Dos cafés y dos croisants en el aeropuerto: 20000 COPs (6.5 €).
  • Vuelo Medellín-Santa Marta con Viva Colombia: 40 €.
  • Bus desde el aeropuerto al centro histórico de Santa Marta: 1700 COPs (50 céntimos).
  • Taxi aeropuerto Santa Marta-centro histórico: 29000 COPs (10 €) que hay que negociar antes de salir.
  • Hotel Casa del Patio, de la cadena Xarm. Habitación doble con baño y desayuno incluido por 46 €. Muy recomendable.
  • Dos jugos naturales, enormes y sabrosos en el Rte Mi Oficina de la carrera 3: 8000 COPs (2.5 €)
  • Restaurante Ouzo. En la plaza de los Novios y según reza la carta, cocina mediterránea Un local chulísimo. Buenos platos de pasta, pizzas y todo con un buen toque marinero. Su precio: 36 € para dos, tras una pasta exquisita de sabor, postre y café. No es lo más barato pero sí muy recomendable.
  • Restaurante Lamart. Dos mojitos por 15000 COPs (5 €). Y dos ceviches también a precio dos por uno por 18000 COPs (6 €). La calle cuando cae el sol se anima. Merece la pena acercarse a tomar algo.
  • Cerveza Club Dorada en Batey: 5000 COPs (1.5 €).

Tiempos y distancias

  • Taxi Medellín-aeropuerto internacional, en torno a 45 minutos a toda velocidad.
  • Vuelo Medellín-Santa Marta: 1 hora.
  • Entre el aeropuerto de Santa Marta y el centro histórico, empleamos 30 minutos en taxi, para recorrer los 16 km que lo separan.

Información útil

  • Tened en cuenta que Viva Colombia es de esas compañías low cost que exige llevar impresa la tarjeta de embarque; son bastante restrictivos en las dimensiones y peso del equipaje y cuentan con que tu bolsa de mano, entrara bajo el asiento. Si quieres subirlo al compartimento superior debes pagar por ello. Lo mismo para asignar asiento y casi todos los servicios.

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte nos dan ese pequeño beneficio. ¡Gracias!

Viernes, 12 de mayo de 2017. Santa Marta-PN Tayrona.

Salíamos hacia el parque nacional por la mañana, todo lo temprano que pudimos abandonar el paraíso de nuestro hotel. Para llegar, tomaríamos el bus desde la estación del mercado, a unos 15 minutos caminando desde el centro. Pero amanece lloviendo y la muchacha del hostal nos aconseja tomar un taxi. Le indicamos que vamos al mercado, “donde los buses al Tayrona”, y en un momento estamos allí. Localizado entre la calle 11 y la carrera 11, es de esos mercados donde te quedarías un rato con la cámara…

Esta maldita lluvia anda persiguiéndonos ya demasiado tiempo. La idea inicial era pasar una noche, aunque todo dependería del tiempo y de las sensaciones que nos dé el parque. Las caminatas más recomendadas están entre una y tres horas. Eso, sumado a que el acceso se hace a pie, hace que sea recomendable no llevar mucho equipaje. Así lo hacemos y preparamos algo para un par de días. La mochila con todo lo demás, se quedará en el hotel.

Los buses parten con bastante frecuencia, cuando se llenan, cosa que estando la parada junto al mercado, lo hace muy sencillo. Sobre las nueve ponemos rumbo al parque más visitado de Colombia.

Parque Nacional de Tayrona

Tanto habíamos leído y tanto nos habían contado, que era otro de los objetivos más ansiados del Mordisco. Situado en la falda de Sierra Nevada de Santa Marta, la cordillera costera más elevada del planeta, que llega a elevarse hasta los 900 metros en el parque, se extiende desde la localidad de Taganga, paraíso perroflaútico, por todo el litoral, hasta donde desemboca el río Piedras. Toda la zona del parque, es pues bañada por el Mar Caribe, unas aguas que, lejos del concepto idílico de tranquilos baños a los pies de un cocotero, adquieren aquí una fiereza inusitada y peligrosa. Y aunque muchas de ellas están dentro de una de esas listas de “las 20 mejores playas del planeta”, tal vez haya que buscar las conocidas como “piscinas” para refrescarse.

Desde 2006 la gestión del parque depende de Aviatur, una agencia privada que se encarga del cobro de las entradas, el mantenimiento y la habilitación de alojamientos para pernoctar, extremo este último, al parecer muy rentable. Salvo los sitios muy caros de la playa de Cañaveral donde se cuenta con todas las comodidades, en el resto del parque la opción es dormir en tiendas o en hamacas. Esa era nuestra elección en principio. Con casi toda probabilidad pasar la noche en Arrecife y evitar el Cabo San Juan, más masificado.

Una hora después de nuestra salida, llegamos a una de las cuatro puertas de entrada al parque, el Zaino, la más alejada, al nordeste. Momento de pagar la entrada y recoger información. Está prohibido acceder con plantas, alcohol… (lo cual parece lógico). Pero además tampoco se pueden meter tablas de surf… bueno… ¡No guitarras! Imagino la temporada en que estaban permitidas, e imagino a todo el perroflautismo con sus ukeleles…

Junto a la carretera en la que bajas del bus, un par de locales donde tomar algo y un pequeño puesto de Aviatur con todas las opciones de alojamiento que puedes allí mismo reservar. Nos ofrecen cabañas en Castillete, muy cerca de Cañaveral, algo más caras y con bastantes comodidades. La otra ventaja es que están sobre la misma playa. Además, las hamacas y tiendas en Castillete, en Cañaveral y en Arrecifes, una opción más barata y que se adentra un poco más en el parque nacional.

Elegimos en Arrecifes el Camping Don Pedro. Hemos leído bien sobre el sitio y pagamos lo razonable por pasar una noche en el parque cerca de la playa. Las tiendas están ya montadas y techadas. Desde este lugar a la playa, una de las más reconocidas como aptas y bonitas, la Piscinita, hay unos 10 minutos caminando.

Pasado este puesto donde te aseguras el alojamiento, andamos unos metros más y, ahora sí, pagamos la entrada. Solicitan un documento de identificación, siendo válida la copia del pasaporte. Con la misma, nos facilitan un mapa del área protegida. Y con todo esto hecho y sin poder evitar la lluvia, comenzamos el camino. Para los 4.5 km iniciales, optamos por subirnos a un transporte hasta el parking previo a Castilletes. Se trata del único tramo asfaltado y no nos merece la pena caminarlo.

La impresión, en estos primeros 20 minutos para acceder al parque, y sin haberlo hecho todavía, es de que el manejo de la zona es de una mafia perversa. Desde que hemos llegado no hemos conocido más que individuos que pelean por ofrecer sus servicios. Alejándonos por fin de todos ellos, comenzamos a caminar. El sendero se encuentra en gran parte cubierto con tablas que protegen la selva. La lluvia si bien es molesta, ayuda a llevar mejor la humedad y el calor reinantes.

Parque Nacional Tayrona de Colombia

El camino entre el bosque es precioso. A mitad de recorrido, en un mirador, Monsaui Dueño del Viento, el sol se asoma y hace que nos sobre a los pocos minutos el chubasquero. A un lado dejamos el espectacular paisaje de Punta Cañaveral. Seguimos nuestro camino hasta Arrecifes. Unos metros más adelante, la vista de la increíble playa de Punta Luna. No es posible el baño, y así lo recuerdan los carteles que hablan de unos 100 ahogados y la bandera roja, pero sin duda es una visión indescriptible. Mucho habíamos oído sobre la belleza del Tayrona, nadie acertó a definirlo…

Pasada esta playa y antes de llegar al Don Pedro, el sendero se mete hacia el interior y te muestra la indomable fuerza de la selva con árboles de tamaño sobrenatural. Tras una hora y veinte minutos, a ritmo muy lento, llegamos al sector Yuluka del Tayrona. Un gran restaurante sirve comidas aquí. Traemos la idea de que los precios son abusivos. La gente llega habitualmente con agua e incluso comida al parque por este motivo. Tendremos que explorar las posibilidades.

Parque Nacional Tayrona de Colombia

Nosotros primero vamos en busca del Don Pedro, lugar que ya hemos pagado y donde dormiremos. El más cercano a esta zona, el camping Jacobo. Aquí se gira a la izquierda para llegar al Don Pedro, algo más al interior. Tras el “check in”, curioso modo de llamarlo en este caso, nos dirigimos hacia la playa más cercana y que nos recomiendan para el baño, la Arenilla, y al lado la famosa Piscinita. No es difícil perderse un par de veces, pero el único inconveniente es el barrizal que tendrás que desandar. Seguimos siendo fans número uno de la aplicación Maps.Me que señala todos los senderos y lugares descritos. Ocasionalmente se le va la pinza… ¡Al final conseguimos llegar!

Con toda el hambre de llevar muchas horas andando, paramos antes del baño para comer en el chiringuito que hay junto a la playa, el Rincón de Fabi. No es barato, pero no hay más. Y tras dos enormes platos de pechuga de pollo, ¡nuestro primer baño en el Caribe! Ya tocaba. Cruzamos Arenilla y a diez minutos, esta vez sí son diez minutos, llegamos a Piscinita. Y la Piscina es todo lo que esperas de una playa caribeña: arena dorada, agua cristalina y palmeras al borde. Una barrera natural de rocas protege la zona y por ello es fácil para el baño.

Refrescados como estábamos y antes de que cayera el sol, recorremos de un extremo a otro la playa tomando cuantas fotos podemos. El día que amaneció nublado y lluvioso es ahora una tarde soleada. Volvemos por la playa, tal vez más largo pero confiados de que así no erraremos el camino. De Piscina pasamos hacia la playa de Arenilla y desde aquí caminamos hasta Arrecifes.

El regreso por aquí es igual de bonito que el interior. A la izquierda el Mar Caribe; a la derecha una laguna rodeada de palmeras que drena al mar y que, según las advertencias que leemos en los carteles, está plagada de caimanes.

Las cinco de la tarde y estamos en nuestra mansión. Y menos mal: una fina lluvia hace acto de presencia, y por aquí las tormentas ya se sabe cómo las gastan. Una buena ducha al aire libre, refrescante desde luego… y ya tenemos todo el trabajo de hoy hecho. Queda embadurnarse con repelente, tomarse una buena cerveza fría y esperar a que vaya anocheciendo. A medida que el sol se va, todos los huéspedes de tiendas y hamacas aparecen en el techado común. La cerveza es el mayor reclamo y para casi todos, la cena.

El ambiente es agradable. Una pareja de franceses muy guapos hablan de cómo fue el día, tal vez. Cuatro post-adolescentes europeos juegan a las cartas y echan algún cigarro, sin saber ni tan siquiera cogerlo. Una pareja de colombianos repiten las cervezas, igual que nosotros… Unos americanos que comparten un plato, suponemos que por ahorrar, porque por tamaño están para repetir… Un muchacho muy joven que viaja solo y que escribe su diario, en el que llevaba retraso porque “hoy la lluvia se lo llevó todo”… En fin, la vida de viaje.

Pronto, no sé si demasiado, nos metemos en la tienda. La noche se quedó perfecta para dormir.

TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Taxi centro-mercado: 6000 COPs (2 €).
  • Bus Santa Marta-PN Tayrona: 7000 COPs (poco más de 2 €).
  • Entrada al PN del Tayrona: 44500 COPs (15 €).
  • Transporte desde el Zaino hasta parking en el Tayrona: 3000 COPs (1 €).
  • Tienda de campaña en Don Pedro, playa Arrecifes: 20000 COPs por persona (12 € para los dos). Por la hamaca con mosquitera se paga 15000 COPs (5 €), igual que en resto de playas. Las cabañas en Castilletes cuestan 150000 COPs (unos 50 €).
  • “Restaurante y tienda” en la entrada del Zaino: un café por 1000, un jugo con agua por 4000 y el baño por 1000 más.
  • Rincon de Fabi, junto a playa Arenilla: comer pollo con un par de cervezas (son a 2 €), costó 56000 COPs (18 €). No hay muchas opciones y está es cara pero algo hay que comer…
  • Don Pedro: la cerveza bien fría 5000 COPs (1.60 €). Los platos, a precios similares al resto de sitios: entre 9 y 10 euros a base de pescado o camarones y entre 7 y 8 los de pollo o pasta. La variedad termina ahí, eso sí, las guarniciones de patacones, ensalada y arroz son generosas. La noche que cenamos, un plato de camarones y un plato de pargo, por 47000 COPs (16 €) los dos.

Tiempos y distancias

  • Bus entre Santa Marta y la puerta de acceso al Tayrona del Zaino: una hora para los 35 km de distancia.
  • Desde la entrada del Zaino tardas unos pocos minutos en llegar al parking de Castilletes en coche. Una hora y veinte minutos caminando hasta Don Pedro, en Arrecifes. Este trayecto se puede hacer a caballo.
  • Llegar a la Piscina desde Don Pedro debiera llevar 15 minutos según él, nada de agobiarse si empleas 45…

Información útil

  • Casi todos los visitantes del parque hacen un recorrido similar, pero las opciones evidentemente son muchas, en función de los días que quieras dedicarle. La carretera entre Santa Marta y Palomino, recorre paralela al mar y al propio parque, de sur a norte las cuatro vías de acceso al parque. Una ruta lógica para dos días y una noche es la que pretendíamos emprender, pero las condiciones de barro de los senderos terminaron por hacernos desistir. Así, entrando por la puerta norte, el Zaino, recorres los 4.5 km iniciales en jeep. Desde el parking donde bajas, tienes a la derecha la cercana playa del Cañaveral y Castilletes y a la izquierda la playa de Arrecifes, en torno a una hora y media caminando. Este es buen sitio para pernoctar. Para el día siguiente, siguiendo hacia el suroeste, en una hora estarás en el omnipresente en las fotos, Cabo de San Juan. Pensábamos pasar un rato de la mañana y volver por el sendero del interior. En el trayecto, de unas tres horas, o eso creemos, se puede visitar el yacimiento arqueológico del Pueblito, de la antigua civilización Tayrona. Se sale desde aquí al acceso de Calabazo antes de retornar a Santa Marta.
  • Cosas que no puedes olvidar para venir a Tayrona: repelente de mosquitos (si no trajiste, puedes comprar Nopikex, una marca colombiana muy eficaz), protector solar, una linterna, una sábana saco (el colchón de la tienda no es nuevo), papel higiénico, un candado si quieres cerrar la mochila cuando no estés y una batería externa, aunque se pueden cargar los dispositivos fuera de la tienda.

Sábado, 13 de mayo de 2017. PN Tayrona-Santa Marta.

La noche en la tienda, la carpa que dicen por aquí fue placentera (todo lo que puede serlo durmiendo sobre una fina colchoneta en la jungla). Tal vez ayudó que nos acostamos agotados después de un montón de horas caminando. En cualquier caso habíamos sacado nuestras buenas horas de sueño, y muy temprano, sin programarlo, ya andábamos despiertos para ponernos en marcha. El sonido de cientos de pájaros en sus peleas, sus cortejos, su manera de darse los buenos días, junto con el calor que ya amenazaba bien pronto, hizo imposible quedarse mucho rato holgazaneando en la tienda.

Cabo San Juan de Guía

Un buen tinto en el Don Pedro y en camino. Nuestro primer destino, el Cabo San Juan de Guía, la típica foto de postal del Tayrona, y la de portada de “la otra guía”. Para llegar, tratando de evitar al máximo el barro y la mierda de caballo, cosa harto difícil, bajamos hasta la playa Piscina desde donde hay una indicación al sendero del Cabo. Desde aquí unos 15 minutos; en total, desde Don Pedro, aproximadamente una hora y cuarto.

Y el Cabo San Juan de Guía, es otro de esos sitios imposibles de describir. Por decir algo, un promontorio que recibe al mar con dos pequeñas calas a cada lado, flanqueadas por grandes moles de piedra blanca y, cerrando el paisaje, una nube de palmeras de brillante color verde.

Y ni tanto cuerpo escultural ni tanto bronce, más bien el rojo gamba previo del que nunca lo conseguirá. Tampoco tanto caos hippy, tal vez más masificado con bastantes más tiendas acampadas (¿Que en dónde?). Y qué decir, nuestro presupuesto, sin ser el más ajustado del mundo, tampoco lo contrario. Y pagar un euro y medio por un jugo recién exprimido de la fruta que te plazca… no parece muy caro. Ahora recuerdo las copas de calidad dudosa por las que se pagan seis euros en el mejor de los casos, cualquier noche de dónde venimos. Y explicando el concepto masificado en estos lares: unas treinta personas entre las dos playas cuando vienes de estar solo en una, parece que sobra gente.

Así, tras el desayuno, nos sumamos a la “masificación” y nos lanzamos a las cristalinas aguas del Mar Caribe. Más cristalinas si cabe que ayer, pues el día estaba mucho más tranquilo. Otro extremo importante, puede amanecer lluvioso o amenazador pero no significa que se mantenga. Eran todavía poco más de las nueve.

Parque Nacional Tayrona de Colombia

Subimos al conocido como castillito, una estructura edificada sobre el Cabo. Las vistas pueden resultar hipnotizadoras, y una panorámica es la única manera de tomar las dos playas. Aquí puedes dormir en hamaca, eso sí, deberás madrugar y llegar pronto. No se reserva y quedarse sólo depende del orden de llegada.

Y nos tumbamos en la otra playa otro buen rato. Definitivamente y tras preguntar sin respuestas muy clarificadoras, no tomaremos la ruta interior al pueblito. Unos dicen tres horas, otros ocho y lo único que está claro es que es duro, con un par de tramos de subida y un sendero embarrado como los que llevamos hasta el momento. Con estas perspectivas, aprovechamos la mañana en el Cabo y ya veremos.

Como a las doce comienzan a llegar más turistas y de mayor edad. A esta hora, con las “excursiones”, la playa ya va tomando un nivel más hacia playa levantina y sin llegar a tener que pelear por la peligrosa sombra de una palmera, la cosa ya empieza a llenarse. Es sábado y se nota. Nos llama la atención saber cómo llegaron y sobre todo, cómo se irán. Para las cuatro hay lanchas que llevan a Taganga y la opción de otras tres horas andando hasta el Zaino por el mismo camino, no nos convence. Así que, preguntando, preguntando y pagando… ¡volvemos para Taganga por mar! Eso quiere decir unas cuantas horas más para aprovechar la playa y de paso, conocer Taganga.

Cuatro de la tarde, he de decir por fin, y nos vamos en la lancha. Nunca fuimos muy acuáticos y con siete horas de playa, por muy paradisíaca que sea, tenemos suficiente. Y entre salto y salto, a toda velocidad, recorriendo el parque nacional por el agua, con magníficas vistas desde el mar, llegamos a Taganga. Sin ganas de paseo, desembarcamos en la playa y tomamos allí mismo un taxi que compartiremos con otra turista y su hijo. Poco después, de nuevo en Santa Marta y de vuelta a la Casa del Patio. Y ¡no tiene sitio!

No teníamos reservado a pesar de dejar el equipaje, porque no teníamos claro cuando volveríamos. De todos modos, amablemente nos localiza habitación en la Casa del Árbol, de la misma cadena, aunque un poco más caro. A tan sólo 100 metros de donde estamos, con todo el cansancio que traemos, nos parece perfecto.

Salimos a cenar, Santa Marta definitivamente nos gusta mucho. La peatonal Tumba Cuatro, la actual calle 19 es una gozada. Trataremos de aguantar un rato esta noche, al fin y al cabo ¡es Saturday night! Pero es que la playa cansa tanto… Vaya frasecita.



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TIPs VIAJÉFILOS

Para el bolsillo

  • Café tinto en Don Pedro: 1000 COPs (30 céntimos).
  • Chiringuito del Cabo: desayuno completo por 12000 (4 €), a lo que le sumamos un jugo por 5000 (1.60 €). El tinto por 2000 COPs (60 céntimos)
  • Lancha desde Cabo San Juan hasta Taganga: 50000 COPs (16 €).
  • Taxi Taganga-Santa Marta: 12000 COPs (4 €).
  • Casa del Árbol, mismo concepto que el otro Xarm, precioso. Habitación doble con desayuno: 160000 COPs (54 €).
  • SMR Burguer House: 2 combo de hamburguesas por 48000 COPs (16 €). Tremendamente buenas.
  • Derived Taste. Las copas a 4 €. Muy buenas y el local una preciosidad de decoración y ambiente.

Tiempos y distancias

  • Desde Don Pedro hasta Cabo San Juan, aproximadamente una hora y cuarto. Unos 15 minutos entre Piscina y el cabo.
  • Lancha desde Cabo San Juan hasta Taganga: 50 minutos.
  • En taxi desde Taganga a Santa Marta, unos 10 minutos.

Información útil

  • No exploramos en un principio la posibilidad de volver en lancha hacia Taganga, pero para nosotros fue un alivio después de las lluvias de estos días y lo intransitables que habían dejado muchos senderos. ¿Caro? Todo depende de en qué valor pones tu esfuerzo.

Parque Nacional Tayrona de Colombia

2 Comentarios
  1. pjrf 2 semanas

    Me ha encantado. Información de primera mano detallada que ayuda mucho mucho.
    Gracias.
    Como me ha gustado recordar mi visita a eso lugares.

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