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Buenas, estéis dónde estéis, espero disfrutéis con esta historia, os voy a contar mi experiencia en un intercambio en Latinoamérica y cómo aproveché la oportunidad de pasar unos meses en México, en concreto en la Península de Yucatán. Quien quiera puede variar su visita a este precioso lugar, pero yo cuento la que creo fue una experiencia de la que no cambiaría ni un ápice en esencia.

Mérida no me parecía nada más que una suerte de ciudad española cuyo nombre hacía eco por su ‘pre’-historia. Sin embargo, cuando escuché por vez primera Yucatán, UADY y Mérida, todo junto a la palabra MÉXICO algo diferente se detonó frente a ese nombre.

Qué ver en Yucatán

Sí, era la Ciudad Blanca, la ciudad de Francisco Montejo, la desconocida de la Península de Yucatán, una ciudad con luz propia a cuatro horas ‘en carro’ de la luminosa Cancún. Sin tener su deje decadente, Mérida era una ciudad más del Caribe, prácticamente diría yo, ya que aunque no está bañada directamente por este mar (ella no, pero su playa Progreso, a 20 minutos en carro sí) posee unas formaciones acuíferas únicas, los cenotes. Balsas de agua dulce que se remontan a los tiempos del impacto del gran meteorito (sí, el de los dinosaurios) que formó el cráter Chicxulub, visible desde el espacio. Eso no lo vi yo claro está, pero sí me bañe en el remanso de los cenotes y disfrute nadando junto a peces, árboles hundidos, lianas y la lluvia que en ocasiones me bañaba también desde arriba.

Pese a ser un lugar de clima extremadamente cálido sobre todo en verano, donde el calor se mantiene todo el año (sí, navidad en la playa), al ser zona tropical la lluvia es uno de sus fuertes, apareciendo las trombas de agua como ‘caídas del cielo’ (De hecho sí) en un día apacible. También es una zona de huracanes de agosto a octubre, por lo que yo recomendaría más bien su visita en el segundo cuatrimestre, pero bueno, los aventureros, ahí lo llevan. Dejando aparte el clima, Yucatán y en concreto Mérida es una zona desbordante de cultura pre-colombina, y os explicaré por qué. Su cultura es tan rica y antigua que ahora si lo pienso, me avergüenzo de no saber ni siquiera su existencia y de una vez que la supe pensar que era otra de aquellas ciudades que los conquistadores habían nombrado a partir de una ciudad Española.

QUÉ VER en Yucatán

La verdad es que en cuanto a viajes, hay un buen número de asociaciones estudiantiles por allí que te facilitan muchísimo las cosas. No sólo para viajes sino también para salidas culturales, fiestas y reencuentro con gente de todos los países. Yo en concreto, por el lugar en el que me alojaba (que recomiendo totalmente, ahora os diré más) y amistades, me acabé decantando por ‘Mexplorando’, que en mi opinión ofrecía viajes muy moviditos y completos la mayoría de las veces. Aunque también sabía de ’Movymérida’ con los que viajé alguna vez y también tenían una buena organización, más tranquila; y sobre ‘Íntegrate’ y ‘Mochileros Yucatán’. Así que si lo que buscas es fiesta, música non-stop (ojo, reggaetón), conocer mucha mucha gente, beber y no parar esta es tu organización. Yo a veces buscaba viajes más tranquilos por mi cuenta pero en los viajes que fui con ellos nunca faltó la diversión, el buen humor y la cultura, además con el privilegio de ir con un grupo grande y con todo organizado

Estas asociaciones, tienen una serie de viajes programados a los lugares más turísticos de toda la península de Yucatán y de algunos otros estados de México. También funcionan un poco según demanda, llegando a ofertar incluso un viaje a otro país, siendo este Belice, al sur de México.

1. Ruta maya

En uno de los primeros viajes, visitamos los famosos cenotes, empezando por los de Homun y luego visitando algunos más en el viaje de Ruta Maya, como el de la Hacienda San Lorenzo Oxman y el de Ek Balam: X’Canché, ruinas preciosas y al que llegamos en bici. También visitamos Valladolid (famosa por sus hamacas realizadas por presos de la ciudad), Izamal (la ciudad amarilla, pequeña pero con encanto) siendo ambos pueblos mágicos. Personalmente, también visité el de la Hacienda Santa Rosa y me gustó mucho, ya que sólo tiene una pequeñísima rendija de luz. Seguimos viendo cenotes a lo largo de otros viajes por la Península de Yucatán ya que está repleta, hay cerca de 8000 por lo que tienes hasta una ruta que se centra enteramente en ellos. Os dejo una entrada aquí para más información sobre ellos a la página del gobierno de México: Haz click aquí

De todo este viaje sin embargo, lo que más me impactó fue Chichén-Itzá, teniendo en cuenta que se trataba de las primeras ruinas mayas que veía en toda mi vida, la inmensidad de las mismas me encogió y asombró por dentro. Imaginar la civilización que podía haber construido y vivido aquello era sobrecogedor y emocionante. Además, siendo aún estudiante de veterinaria, la idea del jaguar merodeando la selva baja que rodea las ruinas me parecía un plus de peligrosidad (en realidad infundada pues hace mucho que no se ven jaguares por allí) pero excitante.

2. Cancún e Isla Mujeres

La visita a Cancún en esta ocasión fue casi nula, ya que aprovechamos para ir directamente a Puerto Juárez y desde allí a Isla Mujeres, sí que vimos a la vuelta Playa Delfines, pero nada más. En otro viaje sí que profundizamos en conocer la ciudad.

El viaje a Isla Mujeres es increíble, si sólo visitas Cancún ya que no te quedas mucho tiempo en Quintana Roo, creo que esta Isla es una visita obligada. En concreto nosotros elegimos la opción de hacer snorkel mientras te acercas a la Isla desde Puerto Juárez. Aunque te daban la opción de no ir, yo lo hice sin dudar pues en aquella zona hay un museo submarino, el llamado MUSA (Museo Subacuático de Arte) que se encuentra a medio camino entre Cancún y esta Isla, aquí os dejo un link para más información, de nuevo del gobierno mexicano, que además os da la oportunidad de explorarlo. Había ciertas zonas cerradas de este museo, por lo que yo os recomiendo preguntar e informaros bien antes, porque aunque estuvo muy bien apenas vimos una pequeña parte. Así que ya que vas es mejor que esté todo abierto y si no, pues se hace otro día. El paseo en lancha es un ratazo, véase 30-40 minutos así que relajaos y disfrutad de la inmensidad del turquesa imposible del mar, ¡ESTARÉIS NAVEGANDO EL MAR CARIBE! Así, como el que no quiere la cosa.

Una vez allí, tuvimos tiempo de pasear y ver las hermosas playas, con el tour va incluida una deliciosa comida bien completa con pescado del día, y tienes la posibilidad de ir a ver al Pez Gato que allí tienen, enjaulado. Yo no lo hice pues me parecía una crueldad, tenerlo ahí para hacerse fotos con él, en un recinto enano; pero cada uno tiene sus valores.

Después de esto o de haber llegado a Isla Mujeres, si bien un paseo en carrito de golf o andar hasta su zona sur y hacerse una foto con las letras está genial, recomiendo totalmente el paseo por la playa Norte donde hay una zona a la que se puede llegar andando por el agua encantadora, con hamacas obre el agua y las típicas pasarelas con pequeñas palapas al final. Aunque es una zona hotelera un amigo y yo entramos sin problemas y nos hicimos nuestra paradisíaca sesión de fotos, de este estilo.

Playa Norte de Isla Mujeres

Además en esa playa estará el típico heladero con su carrito ofreciendo como ellos llaman: ‘Paletas’ naturales de diversos sabores. Y hay bares con asientos-columpio muy entretenidos.

3. Riviera Maya

La ruta de la famosa Riviera Maya (que se realiza por el estado de Quintana Roo, donde se encuentran Cancún, Tulum, Akumal..), por supuesto, no dejó indiferente a nadie, si bien algunas ciudades muy conocidas me dejaron fría (como Cancún, capital del exceso de aquella zona, me pareció, eso, una ciudad de lujo sin más fondo), siempre considerando el marco de belleza que da el mar Caribe con ese Azul Turquesa y esas playas de arenas más blancas que las que estoy acostumbrada a ver, que no se pega y no estorba, siendo como harina casi. De aquella ciudad, Playa Delfines sí me pareció bonita, y la Quinta Avenida, por sus lujos digna al menos de ser paseada.

De esa zona, Tulum y Akumal (Tierra de Tortugas) fue lo que más me impresionó. Tulum, con su belleza y su palacio en ruinas al borde del Mar Caribe, es un lugar espectacular, además la playa que se encuentra a sus pies (donde te venden tours para ver el tiburón ballena y arrecifes de coral y fauna marina diversa, incluso aunque no sea ni la época de avistamiento: para más información sobre su avistamiento, os dejo esta página del gobierno mexicano que aunque data de 2017 tiene las fechas estándar a mí me impresionó muchísimo, ya que era mi primer contacto directo con el Mar Caribe y me parecía un sueño, de verdad una zona preciosísima, además el ritmo de vida de la gente de allí me gustaba. En general en la Península de Yucatán los residentes parecen ralentizados, algo que creo que debería pasar más. Dejar de vencernos por el ‘tengo que…’ y el ‘me esperan en…’ y empezar a disfrutar del ‘aquí y el ahora’. Bueno, estas fueron quizá reflexiones surgidas de la emoción del momento, conversaciones sobre Hemingway, su ‘El viejo y el mar’ y marlines.

Akumal, si bien, abarrotada como playa y zona, el ver tortugas allí me robó el corazón. ¡Tortugas marinas! Enormes, nadando por allí con su lentitud majestuosa, mantas raya y pececillos que parecían subrayadores waterproof con aletas. Lo que más lamenté en ese momento fue no llevar una máscara de snorkel en superficie, de estas que incluyen ojos, nariz y boca, y ahora venden en todos lados, y allí también (a un precio en mi opinión desorbitado), pero tuve la suerte de que una amiga la trajo de España (te las venden en Decathlon a 24.99-29.99€ según cuándo las pilles). Por lo que recomiendo llevar esa máscara si vas a pasar en la Península algunos meses con la intención de viajar y visitar mar, cenotes, lagunas…

4. Bacalar & Mahahual

Otra playa caribeña que visitamos fue Mahahual, de la cual, la verdad esperaba algo más (ya que el cuarto donde me alojé los 5 meses que viví en Mérida, en mi querida Casa Tortugas de Tanlum, llevaba este mismo nombre). Sin dejar de ser hermosa su playa, y recomendable visitarla, está protegida por una serie de bancos de arena a los que se puede llegar en kayak, pero no tiene más que esto, pues el pueblo es muy pequeño y la parte más interesante es su paseo marítimo, bastante cortito también. Aun así es un viaje que recomiendo hacer, sobre todo si seguido visitas Bacalar, como hicimos nosotros, siendo el pueblo, con su fuerte y su iglesia más interesante a nivel cultural, por lo que invertiría más tiempo en el pueblo (también Mágico) de Bacalar, que nosotros apenas vimos. Si te gusta la naturaleza, el agua y el manglar esta es tu zona, tanto Mahahual (es una zona que yo recomendaría más para un camping y una salida a ver las estrellas con tu pareja o amigos alrededor de una fogata con ambiente chill o algo más hippie).

A mí sobretodo me impactó Bacalar, con sus rápidos y su laguna de 7 colores. Incluso si no sabes nadar, como es el caso de algunas personas que iban conmigo, aquí puedes remontar los rápidos incluso a pie y siempre ofrecen chalecos. Además, se ofertan actividades como el ascenso de los rápidos en kayak, y en esta zona hay un restaurante, hamacas y zona de baño más tranquila, con posibilidad de picnic sentado en el césped bajo un árbol.

5. Las Coloradas, Dzilam de Bravo, San Crisanto y Río Lagartos.

Un viaje que hicimos esta vez, de forma más íntima y relajada, fue a las Coloradas y Río Lagartos, pasando por la pequeña ciudad de Tizimín y la ciudad de Motul (conocida por sus huevos motuleños, muy buenos, por cierto) y la zona arqueológica de X’Cambó, unas zona arqueológica de una ciudad muy pequeña, en comparación con Chichén Itzá y Uxmal.

Una vez que llegamos a Río Lagartos, habíamos contratado allí un tour con Río Lagartos Tours, que incluía paseo en lancha por la zona, visita a Las Coloradas, y paseo hasta la zona de flamencos y un baño maya. Nos llevó por todo el Manglar viendo animales: sobretodo aves: garcetas, garzas, pelícanos, cormoranes… y también cocodrilos y cucarachas de mar. El baño de barro ‘curativo’ acabó siendo una cosa muy divertida, a los pies de las Coloradas, unas lagunas saladas color rosa muy bonitas, pero sin el tour la verdad que ir hasta allí para eso me hubiera parecido poca cosa.

Otra de las zonas arqueológicas que vimos fue Dzibichaltún, más que un trabalenguas, se trata de unas ruinas bastante deterioradas (prácticamente solo están las famosas interminables escaleras) con un cenote abierto, su cenote Xlacah, estos cenotes son también llamados cenotes abiertos a flor de tierra. Este es muy bonito pero siempre está lleno de gente. Lo que más me gustó de aquella zona fue su Templo (el denominado Templo de las Siete Muñecas), que apenas pudimos ver por cierre, además del cenote, aquí os los dejo:

Así que aprovechamos para ir al pueblito que está un poco más allá pues había feria, y vimos los bailes y trajes típicos, además de comer (¡cómo no!) comida de pueblo mientras recogimos, por iniciativa de una compañera muy activista de la naturaleza, recoger todos los plásticos que encontrábamos por allí tirados.

6. Grutas de Loltún y Ruta Puuc

Un domingo que teníamos libre entre viaje y viaje y tareas universitarias, decidimos unirnos con otra asociación de viajes a las Grutas de Loltún y la ruta Puuc, donde aprovechamos para ver el Museo del Cacao que se encuentra al lado de las ruinas de Uxmal, impresionantes por cierto. Me dio la impresión de que dan una idea mucho más global de lo que era una ciudad maya, todo está algo más cercano y mejor conservado que en Chichén, por lo que a mí me ayudó mejor a dibujar en mi mente la civilización y la vida que podían haber allí. A pesar de todo, algunas ruinas se encuentran tapadas por la selva, como ocurre en la mayoría de las zonas arqueológicas por aquella zona, cosa perfectamente normal, ya que la selva y el clima son muy fértiles. Os dejo un mapita del blog Hacienda Petac (en inglés, sorry, es el mejor que he encontrado) con las diferentes paradas de la ruta y fotitos, que creo está muy completo

Grutas de Loltún y Ruta Puuc

7. Campeche

Un día, decidimos ir a Campeche, aunque por desgracia, no tuvimos tiempo de visitar la zona arqueológica de Ezdá que está en el mismo estado, lo que hubiera sido increíble, ya que es una zona hecha para los amantes de la naturaleza como yo, pura selva y eco fantasmagórico.

La ciudad capital (Campeche) tiene mucha historia, sobretodo en cuanto a piratas y ataques de corsarios. Los piratas siempre me han parecido algo temibles, pero a la vez me han dado un poco de pena y asquete. Tenían que oler realmente mal ¿no? Tantos días en el barco…¿Sabéis que llevan un arete por cada vuelta al mundo que han dado? Y que su parche en el ojo, el famoso, el inigualable, era un truco para poder al introducirse en las bodegas de los barcos ver bien pues ese ojo siempre estaba acostumbrado a la oscuridad y al entrar al barco sólo tenían que cambiar el parche de ojo y así se ahorraban los…¡20 minutos! Que puede tardar el ojo humano en acomodarse a la penumbra, evitando así una posible emboscada. La verdad, Campeche me pareció lo que yo esperaba de Cuba (más tarde vi que Cuba no era tan típica como yo imaginaba -eso ya os lo contaré más tarde) sus calles de casas bajas y coloridas, y sus coches antiguos me evocaron un poco a esa islita del Mar Caribe que yo imaginaba como Cuba en mi cabeza. Además se trata de una zona muy costera y tranquila, con gran tradición según vimos cafetalera. De hecho, aquí se encuentra el origen de la palabra ‘campechano’, es decir, españoles que viajaron a México, y concretamente a esta zona, pues solía ser muy rica y activa en cuanto a comercio, y que volvían a España diciendo que los campechanos eran personas realmente amables y fáciles de tratar. De ahí que en castellano usemos esa palabra para referirnos a este tipo de personas ¿Interesante no?

Y otros dos viajes que me dejo en el tintero para cuando vuelva a México son Cozumel y Holbox, son dos islitas a las que por razones personales dejé de ir, pero que según los que estuvieron allí, no puedes dejar de visitar. En concreto Holbox se trata de una islita de mentalidad y tradición hippie famosa por sus murales en la que todo el mundo se mueve en bici y se lleva mucho el campismo.

Y aunque el viaje que hicimos a Chiapas, Oaxaca y otros a CDMX y Teotihuacán no los voy a incluir en esta entrada, son lugares a los que recomiendo ir, con tranquilidad, sobretodo en el caso de Chiapas y Oaxaca si tuviera que elegir, pues son zonas muy diferentes a la Península, zonas frías, de montaña, de café de altura y ropas calientes, y la verdad que el Océano Pacífico es digno de verse y admirar con tiempo.

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