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Tal vez cuando elegimos el destino de estas pasadas vacaciones, Mallorca, nuestras expectativas eran playa, calas con agua cristalina y algo de turismo. Conforme fuimos leyendo más sobre la isla, dando forma a nuestro viaje con el handicap de que viajamos con nuestros hijos de 3 y 5 años… el viaje fue tomando otro color. Al final ha resultado un viaje espectacular donde se conjugan playa, calas, turismo y relax. Una semana con los niños en Mallorca, en la que disfrutamos toda la familia.

Al principio intentamos reservarlo todo vía internet, pero al final nuestro miedo a las anulaciones de última reserva nos hicieron terminar el El Corte Ingles y realizando un seguro de cancelación ante cualquier imprevisto.

PRIMER DÍA. CAMINO A MALLORCA

Tras haber preparado las maletas el día, sin olvidar analgésicos y antipiréticos de emergencia para adultos y niños, salimos de casa sobre medio día ya que nuestro vuelo era a las 16:30. Nos vamos en mi coche el cual dejamos en el parking de larga estancia AQUAPAKR en Torrellano y donde nos transfieren al aeropuerto de Alicante gratuitamente (estancia y traslados por 45€, en una plaza bajo techado).

Tras llegar al aeropuerto nos dirigimos a los mostradores de Air Europa para facturar las maletas ya que el check in lo habíamos realizado por internet el día anterior (nos confirman fila 15 A-B-C-D), preguntamos por la posibilidad de cambiar los asientos para tener dos ventanillas (los dos niños quieren volar en ventanilla) y la azafata nos confirma que el avión es pequeño y son filas de 2 en 2 con lo cual todos contentos.

Comemos comida rápida en el McDonalds del aeropuerto y de postre mis hijos descubren en el duty free los Kit Kat gigantes… un delicioso placer para el paladar.

Al llegar a pista, a pie del avión, se confirman todas mis sospechas: avión pequeño, dos horas de vuelo desde Alicante a Palma… volamos en un avión de hélices!!! Para quien nuca ha volado en avión de hélice no lo sabe, pero un avión de hélice con turbulencias puede llegar a ser terrorífico, por suerte el vuelo fue genial y volamos sin problemas.

Tras llegar al aeropuerto de Palma y recoger las maletas, nos dirigimos al mostrador de HERTZ para recoger nuestro coche de alquiler (un Hyundai de 5 puertas con dos sillas adaptadas para los niños por 600€ a todo riesgo).

Salimos del aeropuerto directos al primer supermercado Mercadona (estamos demasiado acostumbrados al agua Bronchales, y nos hacemos con agua para los 5 días). Tras esto nos dirigimos a nuestro hotel. Deciros que el hotel fue una recomendación de un buen amigo, Juanjo Perea, y aunque al principio la ubicación (cerca de Magaluf) no nos convencía, terminamos reservándolo porque nos ofrecía todo lo que buscábamos en un hotel de vacaciones: una habitación familiar donde los adultos y niños no duermen juntos, Spa, mini Club, piscina para niños, parque para niños, animación para mayores y pequeños….un hotel genial! Por cierto es el Hotel Occidental Cala Viñas, el antiguo Hotel Barceló.



Booking.com

Llegamos al hotel a las 20h. Comentar que a la llegada nos comunican que, aparte del precio del hotel ya pagado, tenemos que abonar la ECOTASA que son 1,5€ por noche y adulto (los niños están exentos) más IVA que suman16,5€. Nos dirigimos a nuestra habitación a deshacer las maletas y colocarlo ordenadamente en los armarios, una ducha, una visita rápida al hotel y al comedor. En el hotel hemos elegido media pensión, ya que nuestra intención es hacer turismo por la mañana y regresar en la siesta para disfrutar del hotel…. casi lo conseguimos!! Las cenas de este hotel son tematizadas y llegamos en la noche que homenajeaba a la comida china, así que cenamos sushi y para los niños una gran variedad de muy buena calidad.

Todos los días a las 20 h, comienza la animación infantil y a las 22h. animación para todos, así que todas las noches, los adultos, nos tomábamos una gran gin-tonic mientras la animación del hotel nos deleitaba con sus actuaciones. A las 23.30 terminaba y nos tocaba ir a las zona de juego donde nuestros niños jugaban un par de partidas a las máquinas con las monedas que nos robaban durante el día (son dos niños traviesos).

A las 00 estábamos en la habitación dispuestos a pasar nuestra primera noche de descanso.

SEGUNDO DÍA. VISITA DE LAS CUEVAS DE DRACH Y ARTÁ

El despertador suena relativamente temprano, a las 9, teniendo en cuenta que estamos de vacaciones.

Nos vestimos y bajamos a desayunar al buffet. Tenemos que decir que el buffet de este hotel nos sorprende gratamente, una gran variedad en cereales, zumos, bollería, panes y comida caliente.

CUEVAS DEL DRACH

A las 10:30 estamos montados en el coche para dirigirnos a nuestro destino, las famosas y espectaculares Cuevas del Drach. Según google maps el tiempo estimado es 1h 9 minutos, que se convierten en más ya que la carretera de acceso a las cuevas está colapsada. Mallorca (especialmente las costas este y sur) esta acribillada de cavernas creadas por la erosión, las olas o el drenaje de las aguas. Hay tantas que los amantes a la espeleología siguen descubriendo nuevas cuevas. Decir que si solo puedes visitar unas, elijáis las de Arta o Hams. Resaltar una curiosidad de Mallorca, el que descubre una cueva se convierte en propietario, es decir, un negocio de oro, y cada empresa propietaria pone sus propias reglas (horarios, fotos, tarifas, duración de la visita, etc.). Su nombre -Cuevas del dragón en castellano- proviene de una antigua leyenda según la cual un dragón (drach) custodiaba la entrada.

La entradas las sacamos desde la página oficial www.cuevasdeldrach.com , por 15€ por adulto y 8€ niños conseguimos reservar nuestras entradas el día y hora, en nuestro caso a las 12 del medio día. Gracias que las llevábamos reservadas fuimos directamente a la entrada de la cueva sin tener que hacer la larga e interminable fila de taquilla en la que los paneles de aviso ya avisaban que se vendían para el turno de las 14h.

Supuestamente es una visita “guiada” (más bien acompañada, ya que nadie explica nada) y en grupo (de hasta 600 personas). En una hora de duración hay que hacer un recorrida de 1200 metros (incluyendo 250 escaleras que descienden a 25 metros bajo tierra) y escuchar un concierto (totalmente a oscuras, y no se te ocurra encender una cámara de fotos o móvil, o encontraras la oposición del guía) de 20 minutos de duración en el Gran Lago Martel (uno de los lagos subterráneos más grandes del mundo).

En este tiempo récord, el entrenadísimo guía tiene que conseguir que todo el mundo baje al lago subterráneo para que dé tiempo a escuchar el concierto de música clásica y a abandonar las cuevas antes de que el siguiente grupo llegue. A esto hay que añadir que tienes la posibilidad de recorrer los últimos 100 metros navegando por el lago en unas pequeñas barcas, algo que desestimamos ya que los 500 guiris que nos acompañaban en nuestro grupo se abalanzan contra en embarcadero y convencemos a los niños en que otro día montaremos en barco.

Resumiendo: las cuevas son espectaculares pero tener al guía azuzándote para que no te detengas en ningún punto y por supuesto no tomes fotos con flash, me parece una tomadura de pelo ya que sales de allí sin haber visto nada de la cueva y con la sensación de haber sido tratados como al ganado. No pongo ninguna foto, ya que las que llevan flash están prohibidas y sin flash sales borrosas y si quieres una la compras en la tienda situada estratégicamente justo a la salida. Negocio redondo.

CUEVAS DE ARTÁ

Tras un pequeño almuerzo para todos, algo decepcionados nos dirigimos a las cuevas de Artá, con la esperanza de poder disfrutar de la visita. En estas cuevas no es posible hacer reserva de la visita, así que al llegar debemos hacer un ratito de fila para comprar las entradas. A través de su página web www.cuevasdearta.com puedes ver los horarios y tarifas. Aquí puedes imprimir un cupón regalo y enseñándolo en taquilla te obsequian con un mapa explicativo de la cueva.

El precio es de 14€ adultos y menores de 7 años entrada gratuita (ya encontramos una gran diferencia con las del Drach). Las cuevas de Artá están ubicadas al abrigo de las montañas que rodean Capdepera (zona comúnmente conocida como el Cap Vermell), son de origen prehistórico y, sin embargo, mucho menos masificadas que las Cuevas de Drach, las de Artá ofrecen una visita mucho más relajada y encantadora. Una de esas visitas casi mágicas en las que puedes pararte a disfrutar de cada mineral, cada rincón y cada estampa. El guía te va narrando las diferentes estancias de la cueva por la que vas pasando, mezclando historia y anécdotas en varios idiomas. Existe otro punto de las Cuevas que la hacen únicas en su especie. Su ubicación. A diferencia de otras cuevas ubicadas en el cruce de dos valles o al mismo nivel del mar, las de Artá están ubicadas en una zona alta con vistas directas al Mediterráneo que baña esta zona de la isla.

La duración de la visita es aproximadamente de 35-40 minutos en grupos reducidos. En su interior las condiciones son de considerable dureza (sobre todo por su nivel de humedad superior al 80% y temperaturas inferiores a 18º) que hacen necesario la utilización de las chaquetas de la mochila, sobre todo a los niños. Gracias a estas condiciones, sumado al meticuloso cuidado, las Cuevas de Artá esconden muchas joyas naturales. Así, a lo largo de medio kilómetro se puede disfrutar de estalactitas inmensas de tonos dorados con los que han sido iluminados los espacios más amplios como también los más angostos, creando un lugar con un toque místico y fantasmagórico. Tras caminar algo más de una hora con luz tenue, humedad y totalmente cerrado, de repente ves el azul del cielo y el Mediterráneo.

Realizamos unas cuantas fotos, pero los niños no tienen ganas de posar, están en su estado más puro y azul, como si de un enorme pulmón se tratara. La verdad que la salida de la cueva es simplemente impresionante. Una recta final de recorrido envuelta por gran túnel natural de piedra viva y salvaje que te lleva a una escalinata empinada de piedra que hace de balcón al mar, experiencia que nos enamoró a todos. Tiempo de un par de fotos, pero lo niños están muertecitos de hambre.

A las 16h horas salimos de las cuevas dirección a comer en cualquier lugar donde la cocina aún esté abierta. Bajando por la cuesta de los acantilados de Artá encontramos un indicación de un restaurante, en el que encontramos un parking con acceso directo a la playa; en este restaurante nos comunican que la cocina acaba de cerrar… casi morimos al ver la cara de desesperación de los niños pero bajamos a la playa y encontramos un chiringuito con buen aspecto y donde amablemente nos dan de comer. Se llama Cafetería Arenal, en primera línea de playa, donde por 39,95€ comemos una ración de chuletas para los dos adultos y unas nugget de pescado para los niños incluidas bebidas. Tras una pequeña sobremesa comentando con los niños las curiosidades de las cuevas. Un rato agradable con la brisa del mar que cesamos por la insistencia de los niños de volver al hotel para disfrutar de las tres piscinas antes de que cierre el acceso a ellas a las 21h. Nuevamente volvemos al coche donde los niños caen rendidos en manos de Morfeo y los padres planeamos el itinerario del día siguiente. Tras pasar por la habitación del hotel para ponernos los trajes de baño, comenzamos con unas cervezas bien frías en la piscina mientras los niños empiezan a hacer amigos, incluso de otras nacionalidades.

Al atardecer unas fotos en la cala del hotel y primer baño en el mar mediterráneo.

Volvemos a nuestra habitación arrugados de tanto agua donde nos duchamos y acicalamos para nuestra rutina nocturna de cena, espectáculo, gin-tonic y maquinitas.

Por cierto, hoy la cena está tematizada en México. A las 00 todos en la cama.

TERCER DÍA. BUS TURÍSTICO EN PALMA DE MALLORCA

Nuevamente el despertador vuelve a sonar temprano. Nuestra intención, dirigirnos a la Estación Principal de Palma para realizar la excursión a Soller. Días antes habíamos leído muchos foros sobre la visita a esta localidad. La Sierra de la Tramontana es preciosa pero las carreteras muy agostas así que optamos por la opción de “visita la isla a tu aire” un pack que incluye el turístico tren desde el centro de Palma a Soller, el tranvía desde Soller a su puerto y el barco desde el puerto de Soller a Sa Calobra, ida y vuelta por 52€ el adulto.

La empresa del Ferrocarril de Sóller S.A. sólo deja adquirir sus billetes el mismo día en que se va a viajar. Es decir, no hay posibilidad de hacer reservas o adquirir billetes de forma anticipada. La página web www.trendesoller.com te aconseja que te presente entre 30 y 45 minutos antes de la salida del tren elegido. Sólo se puede reservar por internet el pack que nosotros reservamos “visita la isla a tu aire” hasta las 18 h. del día anterior, algo que hicimos… menos mal, ya que el día que nos presentamos en la estación del tren la empresa de barcos, había llamado diciendo que la mar estaba mal y posiblemente no saldría el barco a Sa Calobra. Tras unos minutos de indecisión decidimos que ya que estábamos en Palma centro dejábamos el coche aparcado en el parking para recorrer la capital.

RECORRIDO POR PALMA DE MALLORCA

Anduvimos un rato, aproximadamente 20 minutos dirección la catedral y los niños ya comenzaron a inquietarse. Fue el momento en que vimos pasar el Bus turístico de Palma (City Sightseeing) y encontramos ahí la solución. Así que por 17€ por persona (niños gratis) disfrutamos de Palma de Mallorca a nuestro ritmo, el cual atraviesa la ciudad y te lleva a los lugares más bonitos. Es la llamada línea 50 y puedes tomarlo en cualquiera de sus 18 paradas, pudiendo bajar y subir cuantas veces se quiera. En el precio van incluidos los auriculares, por donde en varios idiomas, te van relatándolos lugares por los que vas pasando junto con algo de historia y anécdotas. Nuestro primer destino fue el Castell de Bellver, imprescindible de visitar si vas a Mallorca. Las entradas son asequibles ya que los niños son gratis, adultos 4€ y yo, por llevar el carnet de estudiante (lo tengo por ser tutora de prácticas de alumno), 2€. La visita es libre. Aunque a las 12 del mediodía existe una visita guiada gratuita, a la cual, no llegamos por 5 minutos, una verdadera pena. Las vistas del el piso superior de la bahía de Palma con el Palacio de l’Almudaina es impresionante.

Seguidamente visitamos el fabuloso Palacio de l’Almudaina y la dramática Catedral; fotos obligatorias con nuestro palo selfi.

Se iba haciendo la hora de la comida e intentamos comer en un restaurante de comida típica mallorquina, recomendado por nuestra amiga viajéfila Rosana, pero está lleno y tenemos que esperar más de una hora para el siguiente turno de comidas. Optamos por buscar otro ya que lo niños se inquietan y repetidamente dicen que tienen hambre. Bajando por la misma calle encontramos un restaurante, que en la carta que vemos desde la calle tiene buena pinta y nos decidimos a entrar. Un acierto ya que tiene muchos platos típicos mallorquines y variedad para los niños. En el Restaurante El Tunel, donde amablemente y con paciencia nos atendió Tina, tomamos:

  • Croquetas de jamón
  • Tumbet (típico plato mallorquín)
  • Calamar a la romana
  • Solomillo de cerdo mallorquín
  • Calamar trampo (Típico plata mallorquín)
  • Refrescos varios (aquarius, cervezas y sangría)

Todo por 85,63€. Tal vez lo veis algo caro, pero las raciones eran generosas y el sabor espectacular. No tomamos postre, ya que queríamos dirigirnos a una tradicional pastelería para tomarnos un café y una ensaimada.

Probando la rica ensaimada mallorquina

Con algo de sueño seguimos visitando el centro de Palma con cuestas interminables y calles llenas de vida y gente.

Llegamos a la plaza de Cort, una plaza del centro de Palma donde está situado el ayuntamiento de la cuidad y donde confluyen las calles de Colom, la Plaza de Santa Eulalia y sede del Consell Insular de Mallorca. En una esquina encontramos la Pastelería Ca Na Cati, donde nos adentramos buscando un poco de aire acondicionado, ya que son las 4 de la tarde y el calor aprieta. Los niños optan por unos helados fresquitos y nosotros por un café con leche y una ensaimada rellena cada uno; todo por 12,50€. Aunque estamos agotados y los niños insisten en volver al hotel para sus tardes de piscina y juego, aún damos una vuelta disfrutando de la Plaza Mayor y diversos jardines con refrescantes fuentes, empapándonos de la historia de Palma a través de los relatos del bus turístico.

Divertido paseo por el centro de Palma de Mallorca

Nos montamos en el coche y los niños vuelven a caer dormidos casi antes de arrancar hasta llegar al hotel y continuamos con nuestra rutina de piscina, ducha, cenas temáticas (hoy toca comida árabe), espectáculos con gin-tonic, un par de partidos en la sala de juegos y vuelta a la habitación a descansar.

CUARTO DÍA. EXCUSIÓN A SOLLER, “VUELTA A LA ISLA” y SA CALOBRA

Hoy el despertador vuelve a sonar aún más temprano que otros días, a las 8 de la mañana. Nos vestimos, desayunamos y tras una rápida visita a la habitación para coger las mochilas (con algo de ropa de abrigo por si en el barco el aire molesta) salimos a las 9 dirección la Estación de Ferrocarril de Sóller. Aparcamos el coche en el Aparcamiento subterráneo público de Plaza de España ya que presentando el tíquet de viaje del Tren de Sóller realizan un descuento del 40% de la estancia. Llegamos a la Estación a las 9:50, y ya no podemos adquirir el tíquet para el primer tren que es a las 10:10 así que previa confirmación de las buenas expectativas de las condiciones climatológicas (pensando en que el barco nos lleve a Sa Calobra) compramos los tíquet de “vuelta a la isla” que lo gestiona vallsollerservices, agencia que trabaja con Ferrocarril de Sóller, para las 10:50, por 52€ cada adulto y los niños gratis, ya que los menores de 6 años no pagan y lo confirman pidiéndote el DNI o el libro de familia. A la hora de adquirir los billetes hay que decidir a qué hora se quiere regresar y estar 30 minutos antes para evitar contratiempos. Algo muy importante saber es que no se permite subir bicicletas, y no admiten tarjetas de crédito ni debito, se debe abonar en efectivo.

Aprovechamos los 30 minutos previos a la salida para unas fotos y entrar al baño ya que el tren no está provisto.

TOUR “VUELTA A LA ISLA”

Con una puntualidad casi inglesa a las 10.50 el tren se pone en marcha para disfrutar de un día inolvidable en Mallorca con un patrimonio paisajístico y cultural a bordo de un tren centenario, de un tranvía único y desde el mar.

Antes de comenzar la aventura nos aseguramos el lugar donde comer una ver lleguemos a Sa Calobra, así que reservamos en el restaurante Sa Calobra recomendado nuevamente por nuestra amiga viajéfila Rosana. Decir que este restaurante tiene una zona de self-service con menú diario, pero nosotros fuimos al restaurante a la carta. Destacar de ella sus mejillones al vapor con todo el marisco en general y su postre de helado de horchata de almendras con el bizcocho de almendras… simplemente delicioso.

Desde la misma salida de Palma uno se siente sumergido en un nostálgico viaje al pasado. Creo que es la primera vez que mis hijos montan en tren y hacerlo en éste, hace que la experiencia sea autentica y entrañable. Camino a Sóller se disfruta de impresionantes paisajes mallorquines, con una sensación inexplicable al pasar por los trece túneles, varios puentes, viaducto de “dels cinc-ponts” y cuantiosas curvas pasando por la preciosa Serra de Tramuntana, patrimonio de la UNESCO.

Pasamos aproximadamente una hora en ese tren centenario de madera en el cual se mantiene la estética y el encanto de antaño sin descuidar la seguridad y la puntualidad. Una vez llegamos a Sóller, bajamos del tren y recorremos las calle de este bonito pueblo poblado de tiendas de souvenir. Seguimos nuestro viaje en tranvía. Este tranvía es uno de los más antiguos del mundo así como uno de los mayores atractivos de la isla. Es utilizado tanto por turistas como los Sollerics para disfrutar del bonito recorrido entre naranjos y torrentes hasta llegar al puerto de Sóller, típico puerto de pescadores. La duración es aproximadamente de media hora, algo agobiante porque le tranvía va lleno hasta la bandera y tenemos que ir en la parte trasera sentados en el suelo, algo que a los niños les parece atractivo porque tenemos las mejores vistas traseras.

Antes de tomar el barco, tenemos tiempo para una refresco rápido con algo para picar en la terraza-bar del puerto. Sin perder tiempo nos dirigimos a al punto de encuentro del barco que nos llevara a Sa Calobra realizando un agradable paseo disfrutando de acantilados y cuevas exprimiendo todo el esplendor del impactante escenario natural de la Sierra de Tramuntana. Gracias a los conocimiento en barcos de David nos va contando los diversos tipos de barco y barcazas que nos cruzamos por el camino entre ellas las menorquinas, como ejemplo de las más comunes, y yates espectaculares con todo lujo de detalles.

Descendemos del barco, atracado al lado de otro más pequeño en que se encuentran celebrando un cumpleaños, así sí que da gusto cumplir años. Disponemos de tiempo libre para relajarnos y disfrutar de las vistas.

TORRENT DE PAREIS Y PLAYA DE SA CALOBRA

Son las 2.30 y nos dirigimos a comer, aún es temprano y no está el restaurante lleno, así que nos sirven rápido. Tras una pequeña sobremesa descendemos del restaurante y visitamos diferentes tiendas de souvenir en buscar de algún recuerdo original… salimos con las manos vacías. Con calor sofocante seguimos los carteles para llegar a los famosísimos Torrent de Pareis.

El Torrent de Pareis es un cañón de 3 km de longitud, con paredes verticales de 200 metros de altitud erosionadas por la acción del agua torrencial sobre la roca calcárea durante miles de años. Este cañón comienza en s’Entreforc, el punto en el que confluye éste con otros dos torrentes más: Lluc o Albarca y el torrente del Gorg Blau, creando una bella y abrupta zona que fue declarada Monumento Natural en el año 2003.

La llegada a la fantástica cala de Sa Calobrá

La zona es increíble, y su desembocadura natural es Sa Calobra, una cala de cantos rodados entre dos acantilados que quita el sentido. Para acceder a la playa, tuvimos que atravesar un túnel, lo cual para los niños a parte de misterioso fue una carrera para ver quién lograba salir antes de la oscuridad, alumbrada por luces desde el suelo. De pronto, en medio de la penumbra, había un hueco por donde entraba luz. Ahí fue donde descubrimos la belleza de la cala ya que el marco del Torrent era como sacado de un cuento. El color turquesa del agua salpicado por una decena de veleros hacía una estampa idílica.

En los acantilados de Sa Calobrá

Decir que es una playa virgen, sin ninguna alteración de la naturaleza, donde si no llevas el bañador puesto como en nuestro caso, no nos queda más remedio que enrollarnos en una toalla y a modo de momia ir cambiándonos. A modo de equilibrista nos dirigimos al agua, ya que la playa es de piedras y aunque son redondeadas vamos dando pasos con cuidado de no caernos. Al tocar nos nuestros pies con el agua todos emitimos un quejido al unísono, el agua esta helada (para nosotros que estamos acostumbrados al agua del mar menor, existe una gran diferencia). Pero decir que tal vez haya sido el mejor baño de mi vida. El agua era totalmente cristalina y aunque fría era muy agradable ya que el calor apretaba. Contar como anécdota que mi hijo pequeño sufrió un momento de agobio con una ola y se pego un trago de agua con la natural respuesta que vomitó un poco… algo que no fue trágico para él, porque millones de peces de colores nos rodearon para comerse sus vómitos, algo que nos hizo reír muchísimo.

Algo estresado salimos del agua con el tiempo justo para cambiarnos y deshacer el camino hasta el embarcadero, el barco parte a las 4:30 y según hemos leído por los foros, no esperan, a su hora de partida retiran los amarres y quien no llegue allí se queda.

Cansados los niños caen rendidos con el vaivén de las olas y al llegar a tierra allí está el tranvía que nos llevará a Sóller y en Sóller el Tren de vuelta a Palma. La verdad es que es un día estresante donde si quieres verlo todo hay que hacerlo deprisa pero pasado el día estamos convencidos de que ha sido la mejor opción ya que aunque vas con reloj en mano, consigues disfrutar y verlo todo.

Legamos muy tarde al hotel así que hoy nos quedamos sin disfrutar de la piscina y realizamos nuestra rutina de baño, cena (esta noche la temática de la comida es España), espectáculo con gin-tonic, una partidas a las máquinas y a dormir.

Llegados a este punto del viaje somos conscientes de que es imposible ver todo lo que teníamos programado de la isla, ya que nos queda toda la zona Norte (Alcunia, Pollença y Cap Formentor), Valdemossa con Deyá y el Sur de la Isla. Así que decidimos que al día siguiente vamos a ir más relajados a visitar Valdemossa y una de las calas más famosas de Deyá… lo demás habrá que dejarlo para la siguiente visita a Mallorca.

QUINTO DÍA. EL PUEBLO DE VALDEMOSSA Y LA CALA DE DEIÁ

Hoy el despertador no suena temprano, hemos decidido no madrugar y descansar un poco más, estamos de vacaciones y la vida del turista es muy estresante… pero antes de sonar el despertador a las 9:30 nuestros hijos, con su reloj interno, ya nos vienen a despertar a la cama.

Tras vestirnos y desayunar nos dirigimos a un rincón imprescindible en nuestra estancia en Mallorca, Valdemossa, un pueblo encantador en la Sierra de Tramuntana. Lugar que nos recomendó muchas persona, pero sobre todo nuestra amiga Manoli, una enamorada de la isla y que la visita varias veces al año.

VALDEMOSSA

A menos de media hora de Palma encontramos este pueblo enclavado en la Sierra que parece trasladarnos a otra isla. Tras las curvas de la montaña, de repente se abre un valle con el perfil de las casas y las torres de Valdemossa colgando de la Sierra. Al llegar al pueblo mano derecha nos encontramos un gran parking público, lleno hasta la bandera, que después descubriremos en motivo, es el mercado semanal y está plagado de turistas. Nos alejamos un poco del casco antiguo, en la zona residencial, donde muchos mallorquines adinerados se alejan del calor sofocante en los meses estivales.

Tras un pequeño paseo por el mercado semanal con gran cantidad de productos mallorquines, nos adentramos en el casco antiguo de Valldemossa que es una preciosidad; sus calles empedradas y adornadas con macetas o con azulejos en honor a Santa Catalina hacen del paseo un placer. Tras ello nos dirigimos a los jardines traseros de la cartuja, de entrada libre, donde los niños juegan al escondite entre pinos y naranjos. Desde estos jardines se contemplar la cúpula de la torre, con sus azulejos coloridos que reflejan el sol con tonos verdes y azulados.

Allí nos encontramos con varios pintores que exponen su trabajo. Las esculturas de Chopin o del Arxidus Lluis Salvador, importante personalidad de la cultura mallorquina, se encuentran en este entorno. Visitar la Real Cartuja de Valldemossa, antiguo monasterio del siglo XIV, previo pago, nos lleva por la iglesia, claustro y las celdas y el palacio del rey Sancho. En la Cartuja pasaron temporadas personajes de la talla de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Jovellanos o Santiago Rusiñol. No me extraña que quedaran enamorados del lugar. Tras ello nos asomamos al mirador de “Miranda des Lladrons” desde el que se divisa Palma tras las pinadas.

Volvemos al casco Histórico en busca de un refresco y comprar algunos recuerdos típicos en las múltiples tiendas de Souvenirs. Entre varias entramos en la que pensamos que más variedad de artículos y productos proporcionan, y tras varios artículos para familia, padres, hermanas y sobrinos nos vamos con 36.30 € menos. También nos hacemos con unos décimos de Lotería de navidad…. ya os contaré si hubo suerte.

En definitiva, un pueblo para perderse por sus callejuelas admirando fachadas, paisajes de pinos, encinas, olivos y algarrobos que envuelven este pueblo con una luz especial.

CALA DE DEIÁ

Volvemos al coche y antes de arrancar llamamos para reservar en otro restaurante recomendado por una amiga viajéfila Rosana, Cas Patro March, en Cala de Deiá. Llamamos a las 13h, con lo que sumado a que es domingo, nos dan hora para las 16h algo que no nos importa, así nos da tiempo a tomarnos unas cervezas antes y disfrutar de la cala.

Tras una infinidad de curvas de poca visibilidad llegamos al parking de acceso a la cala de Deía, y previo pago para el establecimiento del coche (es zona azul), descendemos por un camino de piedra de solo acceso a pie. Llegamos a una cala de gran encanto, agua azul y de trasparencia inaudita. Como inconveniente decir que la cala no está provista de playa como todos la conocemos de arena. Es un cala rocosa, rodeada de dos restaurantes, y, cerrando la bahía, piedras gigantes y lisas, ideales para trepar, y apartado del mundo tomar el sol.

Tras hacer algo de equilibrismo y encontrar una gran roca libre, dejamos las toallas y mochilas. Como recomendación para ir a esta cala es llevarse unos buenos escarpines, primero para no clavarse las piedras, segundo para una vez acceder a la orilla del agua, no resbalarte con las rocas sumergidas ya se son muy resbaladizas (o para mi caso, porque me da mucho asco esa sensación mohosa de las rocas) y por último si algún atrevido quiere escalar en algunas de las múltiples rocas, es de gran utilidad llevarlas…

Otro objeto imprescindible para hoy, y para todos los días con la gafas de agua, ya que bucear y ver la gran cantidad y variedad de colores en realmente una gozada para mayores y pequeños. El calor aprieta y la ser también, así que me dirijo al chiringuito/restaurante más próximo a la playa a por un tentempié, ya que aun falta más de una hora para la hora de la reserva del otro restaurante de la playa. Todo un atraco, pues por dos cervezas y dos bolsas de patatas fritas pequeñas nos clavan 10 €… pero no hay más opciones, eso sí, la cerveza nos sabe a gloria. La cala está plagada de veleros de pequeño tamaño y lanchas que se aproximan a la entrada directa para barcos al restaurante donde hemos reservado, Ca’s Patro March, así que decidimos salir del agua, secarnos, parada en el baño y dirigirnos a nuestra mesa reservada para las 16h.

El restaurante no es muy grande, 29 mesas, y en esa última nos acomodan. Está en la esquina y las vistas al mar y a la cala son espectaculares, aunque el sol entra por el lateral y es algo desagradable pero lo solventamos moviendo la mesa un poco tapando la escalinata de acceso para los que vienen en barco, pero estas horas no hay mucho tránsito y el camarero nos da permiso.

Nos muestran la carta y todo nos parece apetecible. Primero pedimos dos cervezas muy frías y los platos para los niños, dos tortillas francesas con patatas fritas (la variedad de comida para niños no es mucha, pero nos apañamos). Cuando el camarero vuelvo con nuestro primera comanda proseguimos con un pulpo a la gallega (aliñado de forma espectacular), un plato de navajas (decir que eran enormes y deliciosas), otra cerveza, una copa de vino blanco, un plato de pimientos de padrón como guarnición a nuestro plato principal, un atún rojo, que no os puedo describir el sabor ya que era indescriptible y apto para los paladares más exquisitos. Una experiencia inolvidable por la calidad de los productos y el entono que nos rodea. El coste, 97 € que pagamos con gusto ya que salimos encantados.

Cruzamos al otro chiringuito a por unos helados para los niños, ya que es el único defecto que encontramos en Ca’s Patro March, es que no tiene helados, pero algo que perdonamos por lo anteriormente descrito. Felices por el día que estamos pasando nos dirigimos al coche y de vuelta al hotel, como es de costumbre, los niños rinden homenaje a Morfeo. Llegamos justos para nuestra rutinas de tardes: baño en piscina, baño, cena (hoy la temática es turca), espectáculo con gin-tonic, partida en las máquinas y a la cama.

SEXTO DÍA. VUELTA…

Nos proponemos aguantar en la cama hasta última hora, así que a las 10 nos levantamos y nos dirigimos a desayunar, donde lo encontramos casi vacío porque es casi la hora de cierre aunque aun llegan más cliente después de nosotros.

Hoy decidimos disfrutar del hotel y sus servicios ya que el vuelo es a las 17:45 y tenemos tiempo de hasta comer antes de partir para el aeropuerto.

Bajamos a la piscina principal y nos sumergimos aunque el agua aun esta algo fría. El sol aún no da de lleno, así que decidimos subir a la que hay en la primera planta junto con la piscina infantil. Al llegar allí encontramos a los monitores del mini Club reclutando niños para el juego de hoy: “los piratas en busca del tesoro” y voluntariamente los niños se alistan con ellos, cosa que nos parece genial para poder disfrutar del calor del sol, un baño sin estrés y un par de cañas (2,60€ cada una, algo caro, pero el entorno del hotel lo merece). Aprovechamos también para recoger la habitación, hacer las maletas y realizar el check-out. Preguntamos por la posibilidad de dejar la habitación más tarde para poder ducharnos después de la piscina, incluso pagando un extra, pero nos dicen que el hotel está lleno y nuestra habitación tiene que estas disponible a las 13 para los siguientes huéspedes, pero nos dan la opción de prestarnos, gratuitamente, toallas con entrada a duchas y la posibilidad de dejar las maletas en consigna.

Hora y media después nos devuelven a los niños, almorzados y encantados. Nos cambiamos en las duchas que nos facilitan y nos dirigimos a uno de los restaurantes anexos al hotel pero independientes del complejo. Pedimos mesa en la terraza, el sol es agradable y las vistas únicas de la cala Vinyes. Se llama restaurante snack. Es pop y encontramos dos formas de comer, a la carta o menú, y elegimos a la carta ya que el menú nos parece excesivo y tenemos que conducir hasta el aeropuerto. Pedimos 2 Coca Colas, Aquarius de beber y unos nugget de pollo con patatas y aros de cebolla para los niños y para nosotros un entrecot de ternera y paletilla de cordero, todo por 50.5 €. Sin nada de sobremesa nos dirigimos a montar las las maletas y salir sin pérdida de tiempo. Lo primero antes de dirigirnos a los mostradores es devolver el coche, cosa que nos la hacen fácil y sin esperas. Tras facturar las maletas nos dirigimos a comprar unas ensaimadas sabiendo que le precio será el doble de si lo hubiésemos realizado fuera, pero la comodidad se paga. Por tres ensaimadas grandes dos de crema y una de chocolate pagamos 52.35 €.

Lo que sigue ya os lo podéis imaginar… avión y vuelta a casa lo que conlleva deshacer maletas, lavadoras y secadora, pero reconocer que hemos hecho un viaje lleno de nuevas sensaciones y disfrutando cada momento en familia. Muestra de que los niños han disfrutado es que meses después siguen diciendo que quieren volver a Mallorca.

2 Comentarios
  1. Sonia 4 meses

    Vas viaje! Oleeee! A ver este año cómo lo superáis!

  2. La verdad es que leyéndolo veo que disfrutasteis y me da la impresión de que si se quedaron con ganas de volver. Vaya ritmo! Gracias por compartirlo en viajéfilos Cris!

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