Hoja de ruta, Islandia

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Esto pretende ser una breve hoja de ruta para poneros en situación del recorrido que hicimos durante una semana, durante la que dimos, apresuradamente, la vuelta a Islandia. Tras llegar el sábado a las 2 de la mañana, hora islandesa, al aeropuerto de Keflavik, recogimos el coche de alquiler (un Octavia Skoda) y nos fuimos a buscar el hotel donde dormíamos en Keflavik. Por suerte, las ciudades son pequeñas, por lo que no fue difícil encontrarlo.

Tras desayunar, salimos de Keflavik dirección Landmannalaugar, un poco acojonados por no llevar ni 24 horas en Islandia y ya tener que atravesar una carretera F con nuestro coche no preparado para ello. Tras circunvalar Reykjavik iniciamos nuestra vuelta a la isla en el sentido contrario a las agujas del reloj. Así, tras unas 3 horas y media de coche alcanzamos el camping de Landmannalaugar para poder comer y hacer una pequeña caminata por la zona. La verdad es que son muchas horas de coche, pero los paisajes son totalmente distintos a los que puedes encontrar en otras zonas de la isla, por lo que recomiendo ir a esta zona. La pena que me quedó es no poder pasar más tiempo allí (solo hay un camping donde quedarse a dormir) para poder explorar un poco más a fondo la zona, pero en fin, otra vez será.

Sobre las 5 de la tarde nos montamos en el coche para continuar el camino en dirección Kirkjubaejarklaustur, cerca de donde teníamos el alojamiento de la segunda noche. Como llegábamos tardísimo (11 de la noche), no confiamos en que nos diesen de cenar en el hotel, por lo que paramos a cenar de camino, en Vik. Aquí elegimos el Strodin Bistro and Bar, recomendado por la guía Lonely planet. La verdad es que como siempre la guía no nos defraudo y cenamos bastante bien, aunque un poco caro comparado con España (sobre todo la cerveza). Lo que sí recomiendo es que no os dejéis llevar por el espíritu viajero y probéis el maldito tiburón macerado en no sé que, por que no solo huele a rayos, sino que sabe también a rayos, de hecho te lo sirven con una especie de orujo (alcohol de gran octanaje) para que te queme el paladar y esófago y así te olvides del sabor del tiburón. El resto de la comida estaba muy buena.

El segundo día en Islandia nos tocaba poco coche y mucho caminar, al contrario que el día anterior. Tras 70 km de carretera llegamos al Parque Nacional de Skaftafell, donde pasamos todo el día, para por la tarde noche acercarnos hasta la laguna de Jokursarlon y contemplar sus icebergs. De vuelta a Kirkjubaejarklaustur paramos a cenar en una gasolinera enfrente del Hotel Foss, donde había un menú del día consistente y a mejor precio que el día anterior. El problema como siempre la cerveza de medio litro que dispara la cuenta.

El volver hacia atrás para dormir en el mismo sitio era porque al día siguiente teníamos contratada una caminata por el glaciar Falljökull, que se encuentra muy cerca del PN de Skaftafell. Tras la caminata y comida encima del glaciar nos toco paliza en coche recorriendo de una sola sentada los fiordos del este, a veces, por unas carreteras que no las tenían señaladas como F, pero podrían serlo sin problemas. Llegamos a nuestro siguiente destino en Egilsstadir ya de noche tras unas 3 ó 4 horas de coche. Menos mal que la cocina del hotel no cerraba hasta las 9 de la noche, así que pudimos cenar allí sin ningún problema.

El cuarto día lo teníamos reservado para las zonas de “fuego” y el lago Myvatn. Tras dos horas de coche llegamos a la zona de Krafla y a unos pocos kilómetros la de Hverir, donde da la impresión que estas sobre una montaña bajo la cual hay una caldera de lava hirviendo que en cualquier momento puede desbordarse y hay que salir corriendo. Comimos, como casi siempre, de picnic en el área del lago Myvatn, en la entrada de Dimmuborgir donde están los famosos castillos de lava negra. La verdad es que el lago Myvatn me pareció de lo menos impactante del día, aunque reconozco que ya estábamos cansados después de las caminatas de la mañana, de haber subido al cráter del Hverfall para contemplar el lago y pasearnos entre los castillos. A las 6 de la tarde emprendimos camino por la carretera que al día siguiente nos llevaría a Husavik, donde dormimos en un campestre hotel, y aprovechamos para cenar y darnos un baño en jacuzzi al aire libre.

Al siguiente día nos fuimos hasta Husavik, para subirnos a un antiguo barco ballenero y como antiguamente, realizar un safari, pero este fotográfico. Tuvimos suerte y si bien no pudimos ver a una ballena saltando fuera del agua, no nos podemos quejar, ya que aparecieron varias ballenas jorobadas con su típico ritual sumergiéndose y enseñándonos la joroba y la cola. Tras avituallarnos en un supermercado local, queríamos llegar a comer contemplando la una de las cataratas más caudalosas de Europa, la Detifoss. Esta se encuentra a más de una hora de coche desde Husavik, aunque reconozco que nos equivocamos y elegimos la ruta del norte por la carretera F862, mientras que el acceso por el sur es a través de una carretera asfaltada, aunque posiblemente sean más kilómetros. Una vez comimos contemplando esta catarata y su vecina, la Selfoss, reemprendimos camino, ya que nos quedaban más de 300 km para alcanzar el siguiente hotel, en la entrada de la península de Vatsnes, no sin antes parar para ver la catarata Godafoss. Cenamos de camino en otra recomendación de la guía Lonely Planet en un restaurante en Blondous, que no me acuerdo del nombre, pero quedaba al lado de su peculiar iglesia cerca de la gasolinera de la entrada.

El último día lo reservamos para realizar el circuito conocido con Círculo de Oro, visitando el PN Pingvellir , la zona de Geysir y la catarata de Gulfoss. Tras esta zona muy turística y “masificada”, terminamos el viaje alojándonos en la capital, donde cenamos en el recomendable Café Paris, para al día siguiente disfrutar de las aguas calientes y algo malolientes de la famosa Laguna Azul en el camino hacia el aeropuerto de Keflavik.

Un viaje impresionante en lo relacionado con la naturaleza, que desde mi punto de vista es el mayor atractivo que presenta esta poco urbanita isla. Los paisajes cambian radicalmente, desde la zona de montañas de colores imposibles en Landmannalaugar totalmente alejado de la civilización, los hielos perpetuos de los glaciares, el lodo hirviendo, las fumarolas y sulfataras que dan la impresión de estar a punto de explotar, la emoción de la “pesca de ballenas”, la destrucción producida por los volcanes con los interminables mantos de lava …, en fin, naturaleza en estado salvaje, poco masificada y diferente a la que podamos encontrar en nuestro país.

3 Comentarios
  1. Imagen de perfil de Carmen Capdepón

    Tomo buena nota de tu ruta… Quizás para el próximo verano?

  2. Imagen de perfil de José Luis Bauset

    Desde luego viendo las fotos que me has mandado y están por colgar dan ganas de visitarlo. Lo dicho, en las próximas semanas cuelgo las rutas detalladas que me has mandado de toda vuestra escapada y fotos chulísimas. ¡Gracias gente!

  3. viajefilos.com 5 años

    Y en las próximas semanas las rutas más detalladas de los grandes atractivos naturales del país!

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