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En el ecuador de nuestro viaje, nuestro Asia de ida y vuelta, tres semanas habían transcurrido desde nuestra salida. Atrás quedaban los magníficos días atravesando Rusia en el Transiberiano y los pasados dándole un pellizco a Mongolia. Por delante teníamos otro fantástico reto: emprender la vuelta hacia el oeste como lo hicieron las antiguas caravanas de mercaderes, a través de la Ruta de la Seda. Un viaje que nos llevaría a atravesar tres países, China, Kirguistán y Uzbekistán. Si bien hacíamos una parte del recorrido por Kazajstán, tan sólo nos serviría de enlace y no teníamos prevista ninguna parada en este enorme país. Así habíamos diseñado nuestro Asia de ida y vuelta, combinando para el retorno, la ancestral ruta que siguió durante muchos siglos el más preciado de los tesoros, desde Oriente hasta Europa. Mucho habíamos leído de aquellos fantásticos viajes y esa misma semana nos lanzábamos a conocer esas ciudades, pueblos y caravasares.

De aquel viaje en la Ruta de la Seda, que comenzaba aquel mismo día desde Beijing, quedan estos artículos cruzando el Noroeste de China hasta la frontera con Kirguistán:

  • Primera escala de la Ruta de la Seda: Beijing
  • Que ver en Lanzhou, la Ruta de la Seda
  • Zhangye, Danxia y Mati Si, visitas de la Ruta de la Seda
  • Dünghuang, la ciudad junto al Gobi
  • Urumchi y Turpan, caravasares de la Ruta de la Seda
  • Kashgar, la ciudad Uygur en los límites de China

Recorrido de nuestro Asia de ida y vuelta por China

Día 21. Domingo 18 de Septiembre. Ulan Bator-Beijing

Volábamos desde Ulan Bator a Beijing al mediodía, un vuelo que comprado con Air China unos meses antes nos había costado 191 euros. En Beijing nos esperaba Rosana, que se juntaba al viaje en este punto. Con toda la ilusión de encontrarnos en la capital china, salíamos esa mañana.

En el hostel, y tras el desastre que habían montado con la limpieza de nuestra ropa (entregada húmeda, arrugada, mezclada y con pérdidas…, ni se atrevieron a pedirnos el dinero de la misma), solicitamos transporte al aeropuerto sin preguntar cuánto valía. Tampoco nos pidieron nada. Los 14 km hasta el aeropuerto de Chinggis Khaan nos llevaron sólo 20 minutos, si bien es cierto que era domingo y no había tráfico. Así que tres horas antes ya estábamos en el pequeño aeropuerto de la capital. Una cafetería nos sirvió para la espera, justo antes de que pudiéramos acceder al área de salidas internacionales. Wifi gratuita en el aeropuerto y una zona habilitada para fumadores en el exterior. Hasta dos horas y media antes no pudimos hacer el check in de las mochilas. Así que gastamos el montón de billetes que nos quedaban, no llegaría a cinco euros entre todos… e hicimos tiempo.

Una vez facturado el equipaje, pasamos a la zona de embarque. Bien acondicionada, con tiendas de souvenires, dutty free y cafeterías, hasta una pequeña zona de fumadores… A las 13 horas en punto salíamos rumbo a China sin ningún problema en la salida de Mongolia. Dos horas de vuelo, aunque con el cambio de horario en Beijing eran las 14 horas cuando aterrizamos. Después del frío de Mongolia, Beijing nos recibía con 28 grados.

A pesar de no sufrir retrasos, el “aparcar el avión”, pasar la aduana y recoger el equipaje se llevó unas dos horas hasta que salimos…

En Beijing teníamos reservado con Booking un hotelazo para desquitarnos los días de hostels y yurtas: el Beijing Prime Hotel Wangfuging, un cinco estrellas muy bien localizado junto a la estación de metro de Dongsi, en el distrito de Dongcheng. Su precio 125 euros por dos noches en el caso de la habitación de luxe. Teníamos alguna triple y otra doble a distinto precio. No incluía el desayuno. Nos quedaríamos dos noches como digo. Para la mayoría no era la primera visita a la capital (nuestro anterior diario de 2011 en viajefilos…) así que, huyendo de visitas turísticas, aprovecharíamos para descansar, compras, lavar ropa y preparar la mochila de nuevo para el resto del viaje. Rosana ya estaba allí esperándonos después de su vuelo desde España.



Booking.com

EL TRANSPORTE EN BEIJING

Para salir del aeropuerto internacional de Pekín tras los trámites de inmigración, (sin problemas gracias a nuestro súper visado, aquí os dejo el enlace de como conseguir el visado a China), hay varias posibilidades. Se puede ir en el Express Railway hasta la estación de Dongzhimen, que sale de las terminales 2 y 3. Con una frecuencia de 10-12 minutos, tarda unos 50 minutos, en llegar. El billete sencillo cuesta 25 Yuanes-CNY (unos 3 euros). Desde aquí enlazas a otras líneas según destino. Para nosotros una opción más cara siendo un grupo.

Un taxi para cuatro personas ronda los 100 CNY, 12 euros al centro. Es aconsejable utilizar los taxis oficiales, con la franja amarilla. Lo más fácil es localizar una estación de metro cercana al hotel para indicar nuestro destino y siempre tratar de llevarlo escrito en chino; y si es posible, también el número de teléfono del hotel. Un taxi de la periferia al centro ronda los 25 CNY. También hay buses pero no exploramos esa posibilidad, por ser difícil para un turista, a pesar de su frecuencia.

El metro de Pekín funciona entre las 5 y las 23 todos los días. Para la compra de billetes se puede acceder al menú de las máquinas en inglés. Un billete sencillo cuesta entre 3-6 Yuanes. En horas punta puede haber colas y se establecen controles de seguridad.

Así que, como digo, optamos por dos taxis hasta Dongsi. Para tomarlos y siguiendo las indicaciones: bajar a la planta B1, otra cola… Se pone en marcha, le da al taxímetro, 30 minutos (domingo y sin tráfico) y 87 yuanes. Al hacer el check in nos damos cuenta de que no habíamos contado con el 15% de impuestos; nos saldrá finalmente a 75 € la habitación por noche, pero está bien pagado.

La agencia con la que habíamos contratado el recorrido por la región de Xingjiang, China Discovery, ya explicaremos el motivo, nos había comprado dos billetes de tren (Lanzhou-Zanghye y Zanghye-Dunhuang) y nos los había dejado en recepción. Sin problemas, máxima eficacia. Allí estaban, entregados tres días antes a nuestro nombre. El galimatías de comprarlos un mes antes, pues se agotan rápido, en la web china, era eso, un galimatías. Así que aprovechamos a Bertina, el contacto con la agencia en la contratación del tour por Xingjiang y por una pequeña comisión, los conseguimos con facilidad.

Con esto cerrado y las seis de la tarde, nos tiramos a la calle. Como digo, más tiempo dedicado a las compras y a perderlo, que a visitar realmente la ciudad que ya conocíamos. Y con dar un paseo por el tramo peatonal de Wangfunging nos sobró: una delicia de calle para los amantes del consumo, de todo y para todos. Una Tsing Tao más tarde, cómo no, entramos en el callejón del mercado nocturno, ése de los escorpiones y demás, todavía vivos, cocinados.

Recordando viejos sabores en el Mercado nocturno de Beijing

Y con el estómago pidiendo comida, nos fuimos a otra de las esperadas escalas del viaje. Aquel restaurante que tanto disfrutamos cinco años atrás y que andábamos desde el principio del viaje deseando repetir: el Hua’s Restaurant, al que llegamos en taxi poco negociado tal vez… No pudimos cenar en uno de los reservados como la anterior ocasión (todos ocupados), pero de nuevo, allí estábamos ¡en una mesa redonda! Unos noodels, arroz, rollitos, las fantásticas judías con frutos secos y el buenísimo pato laqueado. 18 euros por persona, un verdadero homenaje.

Nuestro restaurante favorito en Beijng, el Hua´s, donde las mesas no paran de girar…

Volvemos al hotel, esta vez por solo 2 euros el taxi…

Día 22. Lunes 19 de Septiembre. Beijing

¡Día libre! Como suena. Un viaje de 45 días, ese Asia de ida y vuelta, debía contar con uno de éstos que aparecen en todos los tours y el nuestro no podía ser menos. Además, lo necesitábamos. ¿Y qué se hace en un día libre?, pues eso mismo, librar. Si eres albañil no vas a la obra, si eres enfermera no vas al hospital, si eres turista, no vas a ver cosas…

A pesar de lo dicho, unos salen temprano para visitar la gran muralla. Pablo y Raquel tras negociar un taxi, consiguen 500 yuanes por la ida y la vuelta sin límite de tiempo para la visita. El problema vino después, cuando quiso cobrar los peajes, unos 70 más, aparte. Una fuerte discusión según relatan, que acabó con empujones… En fin, mentalidad china. A la vuelta tuvieron tiempo de visitar el Templo del Cielo.

Jaume, Pedro y Rosana se quedaron con las ganas de conocer, hace unos años, la tumba de Mao en Tiananmeng. Emprenden ruta para encontrarnos más tarde. Nos contaron que tendrán que volver ¡cierran los Lunes!, al igual que el resto de museos de la ciudad. El resto de días abre de 8 a 12 del mediodía, incluidos domingos. Para el resto del día, Tiananmeng y paseos…

Y el resto, nos lanzamos a las compras. Dos localizaciones. De un lado el famoso Mercado de la Seda, todo un mundo en copias. Tomamos la línea 1 desde Wanfunging y por 3 yuanes llegamos hasta Yonganli. Allí peleamos hasta la extenuación unos relojazos y contentos con ellos, salimos para pasar el resto del día igual, paseando…

Otro centro comercial, el de outlets de todas las firmas, Sanlitum Clothing Market. Dos modernos centros: norte y sur. Tomando la línea 10 de metro, parada en Tuanjiehu. Optamos, siendo cuatro, por el taxi. Pagamos, tras pelear con un par de taxis para que enchufaran el taxímetro, 18 yuanes por el trayecto, pero tal vez con 14 haces el recorrido. Un atascazo le obligó a desviarse.

Para comer elegimos, en la tercera planta del moderno centro comercial Sanlitum, el Blue Frog, un restaurante que repetimos en Shanghai varias veces y con unas hamburguesas tremendas. Alrededor, la tienda de Apple más grande de Asia y otras marcas como Adidas, Uniqluo, Puma y mucho más… Del otro lado, ¡tiendas a las que mejor no entrar!.

Nuestro momento shopping se daba por concluido, atardece y un taxi nos lleva a Tiananmeng. ¿Por qué son tan baratos los taxis aquí? Damos un paseo por la histórica plaza tras cruzar el control de seguridad. Los únicos accesos, fuertemente vigilados, a través de los subterráneos que cruzan la gran avenida. Cruzamos la enorme plaza, pasamos junto al Mausoleo y el imponente Museo Nacional y la abandonamos por el extremo sur hacia Quianmen. De este lado, otras dos gigantescas antiguas puertas de entrada a la ciudad prohibida. Quianmen es otra de las calles peatonales por las que da gusto caminar.

Nuestro Pikachu viajéfilo en la Ruta de la Seda

Desde aquí, rumbo al hotel y a descansar para volar mañana, no sin antes darnos tiempo para un baño reparador en la piscinita del Prime. Me temo que tocará salir muy muy temprano.

Beijing nos ha sorprendido de nuevo. Hace cinco años, recién celebradas las olimpiadas, nos fascinó; pero la visita en invierno fue por un lado dura, con frío y nieve, y por otro muy sorprendente, con los principales atractivos nevados. Ahora, nos parece todavía más moderna, más limpia y desde luego, muy recomendable. Siempre será una escala imprescindible para un viaje a Asia. El gigante sigue creciendo…

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