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Asia de ida y vuelta, no era nada más y nada menos que cruzar Rusia a bordo del Transiberiano y volver desde China tras haber atravesado Mongolia por tierra. Y en ello andábamos, después de aquella primera parte, de vuelta hacia occidente siguiendo la Ruta de la Seda. Todavía en tierras chinas, nuestro particular viaje nos conducía esta vez al Dünhuang, la ciudad abrazada por el desierto de Gobi. Un antiguo caravasar de la ruta de la seda donde los mercaderes se abastecían antes de adentrarse en el duro desierto. Por delante una jornada completa para conocer Dünguang y aprovechar para visitar el lago de la media luna y las famosas dunas Shashan, aquellas que tanto sorprendieron a Marco Polo.

Un breve índice de nuestras escalas en el Noroeste de China siguiendo la Ruta de la Seda:

Recorrido de nuestro Asia de ida y vuelta por China

Día 26. Viernes 23 de Septiembre. Dünhuang

Llegábamos a las 9 de la mañana a la estación de Dünhuang. Durante la noche nos habíamos adentrado en el desierto del Gobi, y al amanecer el paisaje carecía de vida hasta donde nos alcanzaba la vista. Había sido un acierto elegir primera clase. Los compartimentos cerrados con cuatro camas “blandas” eran confortables, más amplios que los del Transiberiano y en mejores condiciones. Samovar, aseo, vagón restaurante y unas camas literas más amplias. Nuestra experiencia en los trenes chinos, pues, había sido inmejorable. Tanto el de alta velocidad como el nocturno coche-cama había estado por encima de nuestras expectativas.

Dünhuang era un enclave fundamental en la Ruta de la Seda, un oasis en medio de un desierto donde los mercaderes hacían una parada prácticamente obligatoria. Desde que habíamos pasado por Lanzhou, sabíamos que el pasado 20 de septiembre se había puesto en marcha la primera exposición mundial de la ruta en esta ciudad, y por este motivo estábamos más animados, si cabe. Al salir de la estación, encontramos una hilera de taxis mejor organizados que en otras ciudades. La bajada de bandera sin problemas por tan solo 5 yuanes (iba a menos desde que salimos de Beijing). Y a partir de aquí, multitud de anuncios y cartelería que anunciaba el evento internacional. Buena pinta tenía…

Teníamos una reserva para los nueve en el Dünhuang Silk Road Young Hostel. Pagábamos tan sólo 7 yuanes por llegar en taxi. Pero… primera movida: seguramente aprovechando el tirón de la expo, dos de los taxis quieren cobrar 40 yuanes… (no lo hicimos). Y en el hostel, refieren que la reserva aparece “solo para ciudadanos chinos”, cosa la cual debió cambiar en el último mail recibido, no cuando se hizo la reserva. Además nos dicen que ningún hostel de la ciudad nos aceptará. Discusión por medio y tras llamada a Booking, nos tratan de reubicar en otro hostel.

Eso supone dos horas perdidas, aunque finalmente localizamos por nuestra cuenta uno, que nos confirman, admite extranjeros. El Tian Run Hotel Internacional, un 4 estrellas que nos cuesta 60 euros por doble, pero que tal y como pinta el asunto es mejor asegurar. Aprovechamos el magnífico hotel para la lavandería nada más hacer el check in. Definitivamente este tipo de eventos internacionales son los que, desgraciadamente, aprovechan algunos individuos para hacer negocio.



Booking.com

Bajamos, tras el estrés sufrido, que tampoco fue tanto la verdad, a por una birra y organizar lo queda del día y mañana. Elegimos una Yellow River Beer y una Huanghe, ambas suaves, en el Charlie’s Cafe, a unos 100 metros del hotel y del que dice “la otra guía” salen buses a los principales destinos turísticos de alrededor.

Dünhuang, por estar localizado entre los desiertos de Gobi y Taklamakan, se convirtió en un emplazamiento básico para el abastecimiento de agua a las caravanas que emprendían la ruta. Conscientes de ello, los gobernantes chinos prolongaron la gran muralla hasta esta ubicación en el primer siglo de la era moderna. La ciudad creció considerablemente por este motivo y son numerosos los lugares en los alrededores de la ciudad que se han mantenido hasta nuestros días, y atraen en la actualidad al turismo nacional y en menor medida, internacional. Destacan por su belleza y habiendo sido declarados Patrimonios de la Humanidad, las Cuevas de Mogao, las de los Mil Budas y las Dunas de Shashan. Todas las noches, además, a las 17 horas publicitan el Mercado Nocturno como una atracción turística en sí misma.

En el Charlie’s conocemos una simpática italiana que viaja sola por la zona y que nos dice que el día anterior hizo un completísimo tour por la zona contratado en su hostel (donde sí le dejaron quedarse). Visitó la alejada Puerta de Jade, la última zona de la gran muralla, pero de la que quedan escasos restos, a 180 km. Además, las cuevas de Mogao y las de los Mil Budas y el lago de la Media Luna. Por el día completo, unas 12 horas, pagó como unos 120 yuanes, con las entradas aparte. Charlamos un buen rato con ella y la verdad que nos facilita muchísima información. Tan a gusto estamos que comemos allí mismo. Unos sándwiches, parecidos a esos que imaginamos en España, y unas ensaladas, con una cuenta final de 50 yuanes cada uno.

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EL LAGO DE LA MEDIA LUNA Y LAS DUNAS DE SHASHAN

El Lago de la Media Luna, cerca de la ciudad, a tan sólo 4 km y las Dunas de Shashan, las dunas que cantan con el viento, según refiere Marco Polo en sus escrituras, son unos de los sitios habituales de visita. Para llegar se puede tomar el minibús número 3 hasta la última parada. Aunque parece muy turístico y hace un calor que parece desaconsejarlo, después de comer decidimos visitarlo.

En las dunas del desierto del Gobi en Dunghuang

La ciudad resulta agradable, mucho más tranquila en cuanto a tráfico que las otras de las que venimos. Se nota que se ha invertido mucho para la celebración de la Expo de la Ruta de la Seda. Tomamos el bus en la misma calle donde se encuentra el hotel, Mingshan Road, por 2 yuanes que se pagan al bajar como en todos. El minibús sigue la calle hasta que, en diez minutos, de repente, la cuidad termina y se abre el desierto, sin previo aviso. Para entrar a este área, que forma parte del Parque Nacional de Mingshan y de la Media Luna (Mingshan Mountain Crescent Spring), hay que pagar 120 yuanes (válido para tres días).

Una vez comprado el ticket, se puede acceder a un carrito turístico por 20 yuanes más para recorrer el parque. Nos lanzamos hacia las enormes dunas de un modo algo inconsciente. Venden protecciones para el calzado, para las cámaras… Nosotros queremos tirar “a pelo”, pero con esta temperatura declinamos y subimos a los carritos que te llevan de tour. Al final, unos tres minutos más tarde, el famoso Oasis de la Media Luna, un montón de gente, bares, rampas para deslizarse por las dunas y ningún sitio donde hacer una foto en la que la naturaleza haya ganado la partida. Como diría el cómico, turismo no, lo siguiente. Y como la zona protegida de ayer, destinada a desaparecer. Muy decepcionante…

De todos modos allí estamos y pensamos que una vez pagada la entrada, aprovecharemos para tratar de conseguir alguna buena vista. Así, a pesar del esfuerzo que supone, subimos a una de las dunas, la aparentemente menos abarrotada. Arriba, de un lado la ciudad y del otro, enormes dunas que anuncian el principio del desierto de Gobi. Y pese a que es una “chinorrada” y nos jugamos una fractura de huesos en Dünhuang, nos tiramos a correr para bajar el arenal sin posibilidad de frenada… Una de esas locuras que haces cuando viajas y a la que no encuentras explicación. Un refresco más tarde y mucho resuello después, volvemos a la ciudad.

El paseo por la ciudad de Dünhuang resulta muy agradable, calles tranquilas y muy cuidadas. Todo el mobiliario urbano parece colocado hace pocos días, con toda probabilidad, antes de la inauguración de la Expo. Restaurantes y hoteles lucen sus mejores galas. La peatonal Shoucharg Narlu está totalmente llena y las terrazas abarrotadas. La ciudad es la de mayor renta per cápita del país y se nota.

Nos sentamos en una a tomar algo… si, ¡unas cervezas! Ya casi sabemos pedirlas en chino (bi-chio) y estamos avanzando para que las traigan frías. Desde luego, a juzgar por la cantidad de gente en los locales, todos con mesas en la calle, este es el sitio donde cenar en Dünhuang. Y más adelante, los puestos de artesanía y souvenires donde perderse un rato.

¡De esta si saldrá un buen cervezefilos!

Pasados los puestos de artesanía, la calle se abre a ambos lados en un mercado. Giramos a la derecha y una amplia plaza con mesas donde las muchachas que sirven parece que traen la comida de los puestos vecinos. Allí mismo, en una mesa cualquiera nos sentamos, pedimos noodels, los pinchitos de pollo, alitas y demás… todo muy bueno y en un ambiente inmejorable. Por cierto, el auténtico atractivo turístico de Dünhuang, ¡somos nosotros! Si los flashes producen cáncer, estamos perdidos… Pagamos unos 6 euros cada uno, es el corazón del Night Market.

Una vuelta más, parece que no cierran nunca. Y después, a disfrutar del buen hotel, que ya está pagado…

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