No teníamos previsto ningún viaje este verano pero las circunstancias, queríamos dar un achuchón a nuestro hijo Jorge que llevaba unos meses fuera de España, nos han llevado a pasar un fin de semana en Dublín en pleno julio, y reconozco que, experiencia dublinesa aparte, para los que sufrimos los rigores de la canícula es un lujo pasear a 20 grados durante el día y buscar una manga por la noche y más cuando al salir de València estábamos a 34.

El viaje lo preparamos con aproximadamente un mes de antelación y ya no encontramos grandes chollos para volar, aun así tan solo nos picó el bolsillo el vuelo de vuelta a España por el que tuvimos que aflojar unos 180€ por persona.

Un fin de semana en Dublin

El alojamiento en un Bed and Breakfast en Dublin

Respecto al alojamiento los precios de cualquier alojamiento en la ciudad eran algo prohibitivos, y no digamos cuando se trataba de pleno centro. Esto nos llevó a buscar por los alrededores y tuvimos la suerte de encontrar un alojamiento de tipo Bed and Breakfast en Clontarf, que es una población al norte de Dublín prácticamente pegada a la ciudad y con buenas comunicaciones con transporte público.

La casa nueva y espectacular y a un precio más que razonable de 187,50€ por noche una habitación triple con baño que para nosotros al ser tres era perfecta (el desayuno, si querías, era aparte por unos 10€ el Irish Breakfast y 7€ el Continental Breakfast). Nuestros anfitriones Margaret y Eugene fueron muy simpáticos y agradables, haciendo gala del buen carácter irlandés, y se preocuparon en todo momento por que nos encontráramos a gusto en su casa. El modo de contactar con ellos y formalizar la reserva fue por correo electrónico a la dirección aghadoehouse@gmail.com.

Para que os hagáis una idea este es el aspecto de la casa.

Su ubicación, que era perfecta al estar a unos 150 metros de la parada del autobús que nos llevaba hasta el centro de Dublín, contaba con un punto más a favor y es que justo enfrente está Harry Byrnes, un pub espectacular donde poder disfrutar de una Guinness bien tirada y pegar un bocado si tienes hambre.

La tarjeta de transporte en Dublin

Si has de moverte con transporte público como hicimos nosotros es aconsejable sacar una tarjeta de transporte. Nosotros optamos por la leap visitor de 72 horas (había de 24 horas a 8€ y de 72 horas a 16€ y la podías comprar en el mismo aeropuerto), que aunque ibamos a estar solo desde la tarde del viernes a la mañana del domingo nos salía rentable y sobre todo cómoda ya que nos evitaba tener que andar pendientes de tener cambio puesto que en el autobús si pagas debes hacerlo en efectivo y con importe exacto porque no dan cambio. Además con ella puedes utilizar distintos medios de transporte (autobús, tranvía y tren).

El viaje lo comenzamos con mal pie debido a retrasos en los vuelos y colapso en los aeropuertos, aun así nos encontramos con Jorge en el aeropuerto de Dublín, él volaba desde Stansted, aunque con unas 3 horas de retraso sobre lo que teníamos previsto.

Esto hizo que, aunque en líneas generales pudimos cumplir con lo que teníamos planificado, en la tarde del viernes contáramos con menos tiempo del que nos hubiera gustado.

Algunas poblaciones muy apetecibles y recomendables en los alrededores de Dublin y sobre la que encontrarás buena información en viajefilos > Howth y BrayWicklow y Glendalough. Haz click y echa un ojo acerca de lo que ofrecen.

La ruta de un fin de semana en Dublin

Nuestro planning era el siguiente:

  • Viernes tarde/noche tomar unas cervezas y cenar por la zona de Temple bar.
  • Sábado mañana Free Tour.
  • Sábado tarde visita a la Guinness Storehouse y callejeo por Dublín.
  • Sábado noche cervecita, cena y a dormir a una hora prudente.
  • Domingo mañana excursión a Howth.

Viernes, el primer día en Dublin

Tras llegar a la casa y dejar el equipaje nos fuimos directos a la parada del autobús que no tardó en llegar y en apenas 10 minutos nos dejó en el centro de Dublín. Cruzamos el río Liffey y nos adentramos en Temple bar, zona que debe su nombre, según nos enteramos más tarde, al señor Temple dueño en el pasado de esas tierras siendo “el camino de Temple” el significado de Temple bar (la palabra bar proviene del gaélico barr que significa paso o camino).

Estuvimos callejeando y disfrutando del ambientazo que se respira en la zona, de la música en directo en los pubs, donde la gente canta en inglés (obvio) sin decir guachu-guachu como muchos españolitos entre los que me incluyo, y de nuestra primera pinta de cerveza dublinesa en Fitzsimons.

Algo cansados buscamos allí mismo algún sitio donde pegar un bocado rápido antes de retirarnos y Bunsen tuvo la culpa. No teníamos grandes pretensiones y ofrecían unas hamburguesas con buena pinta. La verdad es que superó nuestras espectativas porque estaban de muerte tanto las hamburguesas como las patatas fritas.

El regreso con transporte público rápido y sin problemas.

Sábado, nuestro segundo día en Dublin

El sábado por la mañana salimos pronto puesto que teníamos reservado un Free Tour que comenzaba a las 9:30.

Llegamos con tiempo suficiente para desayunar tranquilamente cerca del punto de encuentro del Free Tour, el Spire, que es una estatua metálica, una especie de mástil de unos 120 metros de alto, que hay en la calle O’Connell. El Free Tour lo habíamos reservado a través de Civitatis con los guías de Yellow umbrella. Como eramos bastantes formaron dos grupos y nos repartieron entre dos guías teniendo la suerte de que nos tocara el grupo de Lucrecia, @lucrearchiopoli en Instagram, una chica argentina que nos hizo bastante ameno el paseo, que duró unas 3 horas, y nos llevó a ver los imprescindibles de Dublín (Trinity College, Molly Malone, Castillo…) dándonos además buenos consejos sobre sitios a visitar, precios, etc.

Como todo buen Free Tour conseguimos situarnos en la ciudad y decidir a qué lugares dedicaríamos nuestro escaso tiempo restante. Una vez finalizado nos dirigimos en autobus a las inmediaciones de la Guinness Storehouse donde teníamos entradas para las 15:30.

Localizamos el lugar y vimos que había algo de cola para entrar por lo que decidimos no encantarnos mucho buscando donde comer y optamos por cocina italiana en Proof Urban Italian en el que por unos 60€ cominos bastante bien. Lo cierto es que en los aledaños de la Guinness Storehouse la oferta gastronómica era bastante limitada y este italiano fue una buena elección.

Cuando volvimos no había mucha cola y no tardamos en entrar más de 5 minutos. Las entradas las habíamos comprado on-line e incluían una degustación de Guinness en el Gravity un mirador circular bastante grande que hay en la última planta del edificio. El precio de las entradas era de 30€ las nuestras y 24€ la de Jorge por ser estudiante, total 84€ que tras la visita me parecieron excesivos.

Guinnes Storehouse es un “bonito parque temático de la cerveza Guinness” que seguro hará las delicias de los fans de esta cerveza y de los irlandeses por lo que representa para ellos esta compañía que es casi un emblema nacional. Personalmente he de decir, a toro pasado, que si tuviera que señalar en nuestro planning alguna cosa a eliminar esta visita sería la candidata, ya que hubieramos aprovechado el tiempo para visitar con más tranquilidad la calle O’Connell y sus alrededores y Grafton Street donde no pudimos disfrutar de sus músicos callejeros y actuaciones en directo por haber llegado un poco tarde.

Así y todo tanto el viernes como el sábado estuvieron bien aprovechados como podían atestiguar nuestros doloridos pies y decidimos retirarnos relativamente temprano. Compramos algo de comer en un Tesco y nos volvimos para la casa donde cenamos no sin antes hacer una parada técnica en Harry Byrnes.

Domingo, tercer y último día en Dublin

El domingo por la mañana no teníamos tanta prisa y disfrutamos de dos deliciosos Irish Breakfast y un Continental Breakfast, preparados por nuestros anfitriones Margaret y Eugene, antes de tomar el autobús que nos llevó a Howth desde otra parada que teníamos a escasos 150 metros de la casa.

El trayecto de Clontarf a Howth duró alrededor de 30 minutos. Howth es un pueblo pesquero situado al norte de Dublín en el que puedes hacer algunas rutas caminando a lo largo de sus acantilados, que aunque no tienen la majestuosidad de otros acantilados irlandeses si son muy pintorescos y una muy buena opción para aprovechar nuestra mañana.

Las rutas (hay varias) comienzan junto al mismo puerto y la estación del tren y te llevan, tras subir un buen trecho bastante empinado, a un camino muy cuidado y fácil de andar que discurre a lo largo de la costa. Nosotros nos equivocamos de parada para bajar del autobús, pero nos salió bien la jugada puesto que el autobús nos llevó a la parte alta del pueblo desde donde un camino, Google maps mediante, nos conectó con el de los acantilados de manera que hicimos una de las rutas en sentido de vuelta y lo que hubiera sido un buen trecho de cuestas lo hicimos en sentido descendente.

De vuelta a Howth dimos un paseo por el pueblo y el puerto donde intentamos sin suerte tomarnos una pinta ya que en todos los sitios que preguntamos no te servían solo bebida, en la zona de ocio del puerto solamente encontramos un pequeño mercado, y una zona con algunos locales donde podías comprar pescado fresco y bastantes restaurantes.

Como el tiempo se nos empezaba a echar encima decidimos no seguir buscando y regresar a la casa para recoger las maletas que Eugene y Margaret nos habían permitido dejar tras el check out y dirigirnos con tiempo al aeropuerto por si nos encontrábamos con el caos vivido en el viaje de ida.

El camino de vuelta en autobús fue también bastante rápido, llegamos a la casa, cogimos el poco equipaje que llevábamos y nos dispusimos a buscar un Uber para ir al aeropuerto, pero Eugene que regresaba en ese momento nos dijo que era mejor opción MyTaxi. Obviamente le hicimos caso y tuvo razón, el taxi llegó en un par de minutos. Nos despedimos de Eugene que esperó con nosotros a que llegara el taxi y nos dirigimos al aeropuerto.

Encontramos bastante tráfico por la carretera pero mucho peor fue el colapso del control de seguridad del aeropuerto. Nosotros no teníamos que facturar, simplemente pasar el control y tardamos más de una hora en hacerlo.

Pasado el control nos tomamos nuestras últimas Guinness en el aeropuerto, sorprendentemente bien tiradas incluso allí, despedimos a Jorge cuyo vuelo hacia Londres salía un poco antes que el nuestro y nos dirigimos a nuestra puerta de embarque con destino a València. Cómo no, sufrimos de nuevo retrasos en la salida y además, un embarque un tanto caótico al haber coincidido con el pasaje del vuelo siguiente. A pesar de ello despegamos y llegamos a València sin mayor problema que un retraso que nos hizo perder el último metro y nos obligó a tomar un taxi hasta casa.

En líneas generales la experiencia nos ha gustado mucho. Para mi lo mejor de esta visita de apenas dos días ha sido el ambiente que se respira en la ciudad y la Guinness que he redescubierto. Nunca he sido un gran amante de esta cerveza en particular, pero confieso que tomada en Irlanda es otra cosa. Respetan los pasos que requiere servirla y le dedican el tiempo necesario para hacerlo correctamente (llenan ¾ de pinta aproximadamente, la dejan reposar y terminan de llenarla quedando rematada con un par de centímetros de espuma), y lo hacen así en cualquier lugar, sea en la Guinness Storehouse, en cualquier pub e incluso en el aeropuerto. Quizás este sea el secreto, servirla con el cariño que merece.

Algunas recomendaciones para un fin de semana a Dublin

Para finalizar, algunas cosas que deberás tener en cuenta.

Los coches circulan por la izquierda como en el Reino Unido, debes andar con ojo al cruzar la calle porque vendrán justo por donde no los esperas.

Los enchufes son de tipo “británico”, así que si necesitas conectar cualquier cosa deberas llevar un adaptador.

Aunque era julio no hacía demasiado calor, nada que ver con España. Debes informarte sobre la previsión del tiempo que hará, y si ves que las temperaturas rondan los 20 grados llévate una manga aunque sea fina ya que es probable que la necesites. No olvides tampoco llevar un paraguas salvo que la predicción indique que la probabilidad de lluvia es del 0%. El clima es bastante cambiante y en cuestión de minutos puede pasar de un sol y temperatura agradables a un cielo cubierto y a una lluvia, generalmente moderada, que hará que busques tu paraguas.

El Kit Urbano Basic de Kitcasse puede ser una muy buena opción para llevar todo lo que necesitarás 😉.

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