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Mucho se ha escrito sobre el lugar que fue testigo de una de las mayores barbaries en la historia de la humanidad. Una visita por tanto obligada en nuestro viaje a Cracovia.

Contratamos un tour con la empresa Civitatis para visitar Auschwitz I y II. Por el precio de 35,5 euros/persona, tendríamos guía español, la entrada a ambos campos y derecho a una comida en un restaurante concreto de Cracovia (Beer House) el día que eligiésemos. Con carnet de estudiante el precio es de 31 euros/persona.

A las 8,15h partimos en autobús desde la céntrica Plaza de Matejko 2 (Plac Jana Matejki 2), hasta la población de Owiecim. Durante el trayecto de aproximadamente una hora de duración pusieron un documental sobre el lugar, en inglés y con subtítulos en español.

Tras recorrer los 70 kms que separan a Cracovia del campo de concentración más terrorífico del siglo XX, llegamos al principal centro de exterminio de la historia en el que fueron asesinadas más de un millón de personas.

La primera parte de la visita nos llevó a recorrer Auschwitz I, construido en un principio para albergar prisioneros políticos. La gélida mañana que se nos presentaba, con temperaturas en torno a los 5º bajo cero, inundaba de realismo el relato de nuestra guía, siendo fácil ponerse en el lugar de esas miles de personas que tanto padecieron en dicho lugar.

Al llegar se nos facilitaron unos auriculares para escuchar las explicaciones a lo largo del recorrido. A tan solo unos pasos de la entrada nos encontramos con el famoso pórtico con la frase “Arbeit macht frei”, algo así como “El trabajo os hará libres”. Lo que parecía ser un ápice de esperanza para todo el que allí entraba en realidad era sólo una cínica bienvenida a los presos que llegaban al sitio del que nunca saldrían.

Auschwitz I fue construido en 1940 para albergar, en un principio,  a los prisioneros políticos polacos que ya no cabían en las cárceles, aunque más tarde acabaron ingresando también intelectuales, homosexuales, miembros de la resistencia, gitanos y judíos.

Avanzando por los barracones en los que se hacinaban los prisioneros, ves como el campo estaba dividido en diferentes bloques entre los que destacaba el número 11, conocido como “el bloque de la muerte”. Era el lugar en el que se aplicaban los castigos, consistentes en encierros en celdas minúsculas en las que se dejaba a los prisioneros morir de hambre, o bien eran ejecutados o colgados.

También se pueden ver exposiciones en las que se muestran las condiciones en las que malvivían los prisioneros, además de una pequeña parte de la inmensa colección de los objetos que fueron robados a los prisioneros antes de asesinarlos. Botas, maletas, gafas, ollas…incluso pelo, que era vendido para la fabricación de telas que en ocasiones los nazis llevaban en sus abrigos. A estas alturas del tour te das cuenta de que lo que ves no son objetos expuestos a través de un cristal, sino que estás intentando poner cara al dueño de esas gafas, de esas botas, de esa maleta cargada de optimismo.

Aún con un nudo en el estómago es hora de visitar otro de los puntos sin duda más sobrecogedores de la visita, el acceso a la cámara de gas, reconstruida parcialmente. Los nazis ordenaban entrar a los prisioneros dentro de la sala diciéndoles que eran duchas y que iban a darles un tratamiento desinfectante. Hacían esto para evitar el pánico. Las cámaras tenían duchas pero por supuesto no estaban ni siquiera conectadas a las tuberías de agua. Una vez dentro les ordenaban que se desnudasen y que dejaran sus pertenencias en el vestidor. Cuando todo estaba listo cerraban las puertas y a través de unas pequeñas ventanas en el techo lanzaban latas de gas Zyklon B que soltaban el agente tóxico. Después de esto y con toda la estancia cerrada herméticamente, esperaban unos 25 minutos a que no hubiese ningún tipo de actividad en el interior de la cámara. Este proceso se acabó convirtiendo en una macabra rutina en el campo de concentración. En el interior de la cámara se pueden ver aún huellas de la gente intentando escapar, arañando la pared en un intento desesperado de salir de allí.

Tras revisar los cuerpos y extraerles dientes de oro, joyas y demás objetos de valor, los llevaban a los hornos crematorios.

Se escapa del raciocinio humano el llegar a entender tal nivel de insensibilidad y crueldad.

Después de aprox. hora y media de visita, es hora de volver al autobús que nos llevaría a Auschwitz II. Como anécdota, reseñar la estricta puntualidad de la guía de nuestro tour, que pretendía dejar en tierra a dos de nuestros compañeros que se retrasaron un par de minutos de la hora acordada. El autobús se puso en marcha sin ellos y nos vimos obligados casi a tirar del freno de mano del conductor para que parase!.

Unos diez minutos después llegamos a nuestra segunda parte del tour, el campo Auschwitz II, construido en 1941 en la localidad de Birkenau, a tan solo 3 kms del campo principal como parte del plan de la Alemania nazi conocido como “Solución final”, en el que se pretendía terminar con la población judía.

No se trataba de un campo de trabajo similar a los demás, sino que se construyó con la función de aniquilar a los prisioneros que entraban en él.

En el campo aún se conservan algunos barracones originales, las enormes letrinas y los restos de los hornos crematorios y las cámaras de gas que los nazis trataron de destruir antes de su precipitada huida.

Aunque en un primer momento no se llevaba a las mujeres al campo, en 1942 comenzaron a trasladarlas a Auschwitz II, donde eran asesinadas u obligadas a participar en crueles experimentos de esterilización que tenían lugar en el campo principal.

En 1945 el ejército ruso avanzaba a pasos de gigante hacia Polonia, por lo que los nazis decidieron evacuar Auschwitz. El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas liberaron a los prisioneros que quedaban en el campo, aunque por desgracia la mayoría de ellos se encontraban enfermos y apenas con vida.

Esta segunda parte se nos hizo especialmente dura, no sólo por lo terrorífico de la historia que escuchábamos de boca de nuestra guía, sino por las duras condiciones climáticas que tuvimos que soportar, ya que todo el recorrido, de otra hora y media de duración acontecía a la intemperie.

Aún así, y a pesar de no ser un lugar divertido, creo que la visita a este campo de concentración es imprescindible para conocer una de las partes más trágicas de la historia de Europa, aunque lleve algún tiempo sobreponerse a la enorme cantidad de sensaciones amargas que provoca.

Gracias M Mar por tus fotos

1 Comentario
  1. Oscar Gascón 2 meses

    Debe ser una visita que te pone los pone los pelos de punta. Ya he leído varias veces, gente que sale “tocada” tras la visita.

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