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Dejamos atrás Hpa-An y sus místicas cuevas, el calor de la gente de la Isla del Ogro y la ostentosidad de Mudón para continuar nuestro viaje por “Myanmar, sin reservas”. Nos dirigimos a su zona central, dónde esta vez le toca el turno a Bagan y Lago Inle, destinos que agarramos con mucha energía y que, como leeréis, se quedarán imborrables en nuestra memoria…

DÍA 13 (Martes 2/02/2016)

Salimos del Moulmein a las 21:00h hacia Yangón (nuevamente), el coste del bus es de 6.000 MMK para llegar allí a las 04:00 a.m. donde cogemos un taxi para el aeropuerto Nacional, 5000 MMK el trayecto, y compramos en el mismo aeropuerto los billetes de avión, sin reserva previa por 135.000 MMK ( 103$ ) hacia NYAUNG U.

Realizamos en check-in en el Ever New Guest House de Nyaung U a las 08:00 a.m. y pagamos por la habitación 69$ por 3 noches. Después del “zaleo” que llevamos de transporte lo único que podemos hacer es echarnos a dormir pese a que estamos en uno de los complejos de templos más famosos de Asia.

NYAUNG U es una bulliciosa ciudad ribereña con más ambiente que BAGAN (tanto Bagan Nuevo como Bagan Antiguo), es lugar dónde todos los mochileros se alojan no sólo por ser más económico sino por ser el núcleo de enlaces a diferentes destinos. El único “inconveniente” , por llamarlo de alguna manera, es que hay que recorrer 3km hasta la zona de templos.

Despertamos a las 14:00 y damos un paseo de 2km hasta Nyuang U, recordaros que el hostel es el más económico de la zona pero por contra, no sólo esta lejos de la zona de templos sino que también lejos del pueblo, pero el esfuerzo no nos supone mucho porque, por supuesto… alquilamos dos motos (16000MMK), esta vez eléctricas, a la vuelta y así poder recorrer los templos más característicos el día de mañana.

Nyuang U recuerda a la ciudad camboyana de Siem Reap, dónde se encuentra Angkor Wat, pero parece más bien su hermana pequeña: por el número de comercios, tiendas, restaurantes, entidades bancarias, agencias de viaje y por supuesto turistas, muchos, muchos viajeros y turistas de todas las partes del mundo, con la única salvedad que su vida nocturna no tiene nada que ver con la de la ciudad camboyana. Damos un paseo por el mercado central y nos detenemos a comprar la famosa “fruta del dragón, más apetitosa por fuera que por dentro y volvemos, o mejor dicho, intentamos volver al hostel… desorientados completamente, nos perdemos por Bagan Antiguo o… Nuevo, no lo sabemos, hasta que un agradable birmano sale de la oscuridad entre árboles y, con una amable sonrisa, se acerca a nosotros y nos ofrece su ayuda. Llegamos al Hostel, entre voces y risas ibéricas (fuertes y descontroladas), conocemos a Anna y Chris, dos jóvenes alemanes que serán nuestros compañeros de viaje mientras estemos en Bagan.

DÍA 14 y 15 (Miércoles 03/02/2016 ; Jueves 04/02/2016)

Llanura norte, llanura central y llanura sur , una inmensa llanura repleta de templos y pagodas prácticamente innombrables que resurgieron a comienzos del siglo XI y que duró casi 200 años. Arimaddanapura, “Ciudad del aplastador de enemigos”, así conocida Bagan, era poseedora de unos 4000 templos, que a día de hoy, no es la sombra de lo que fue. Marco Polo lo describió como “uno de los espectáculos más hermosos del mundo”. Numerosos proyectos de restauración han dado como resultado un yacimiento arqueológico que, guarda poca relación con los originales, pero continua maravillando al visitante.

Arrancamos hacia Old Bagan en nuestros ciclomotores eléctricos para llegar al primer templo de la ruta, una ruta aleatoria dónde intentamos seleccionar los templos mas característicos, por supuesto, sin acordarme del nombre de ninguno de ellos.

OJO !!! Inmediatamente estacionamos la motocicleta e intentamos entrar en el Templo, un señor sin acreditación alguna, nos conmina que debemos pagar una cantidad para acceder a la zona de templos. Bien, como he dicho antes, la zona de templos es una llanura inmensa repleta de ellos y no hay OBLIGACIÓN de pagar, exceptuando algunos templos concretos, así que , NO LO HAGÁIS. Este individuo asumió en ese momento un roll un poco policíaco, agresivo e impertinente, y empezó a preguntarnos: de dónde veníamos, dónde nos alojábamos y cómo se llamaba el dueño del Hostel. Evidentemente, le dijimos que no teníamos porqué contestar a ninguna pregunta y que no pensábamos entrar en ese templo, así nos marchamos y le dejamos con el disgusto encima.

Continuamos la marcha hasta el mediodía que regresamos al Hostel para encontrarnos con Chris y Anna. Justo unas calles paralelas al hostel hay un restaurante chino con variedad de comidas dónde podéis comer bien y barato, como en todo Myanmar, recordad, la cerveza es lo que encarece el precio de todo. Y con el estómago bien cargado seguimos la ruta, pero esta vez junto a la pareja alemana. Visitamos un par de ellos más , pero la idea es ir a recargar el alma con una de las más INOLVIDABLE, ENIGMÁTICA y MÍSTICA puesta de sol que jamás haya visto. Normalmente la gente elige, la Shwesandaw Paya para este momento tan espiritual, pero nosotros nos dejamos llevar por Chris y Anna y, cómo nos alegramos de hacerlo. Nos llevaron al templo budista Bulethi, su empinada “stupa” piramidal no llama la atención pero su estrecha terraza es magnífica para las puestas de sol. En algunos mapas no está bien identificado.

Regresamos al Hostel cargados de energía y que mejor que una divertida tajada con los alemanes: charla, risas , alcohol, anécdotas y juegos de alcohol de la mano de una botella de Ron Mandalay a palo seco. Imaginad el momentazo en el que, sumergidos en ron, aparecen los dos peques de nuestro casero y, sin preguntar, nos dice el nombre de cada uno de ellos: William Obama y Obama. Las 03:00 de la mañana y decidimos irnos a la cama, no por voluntad propia, sino por el eco de una voz salida de alguna habitación con acento francés que decía : – WE CAN`T SLEEP !!! – Y entre risas nos preguntamos… – ¿who wants to sleep?

Al día siguiente, con la resaca y pocas ganas de movernos, decidimos ver algunos templos más… esta vez todos nos parecían iguales y buscábamos alguna excusa para dejar nuestra ruta a un lado. El día se convirtió en algo más turístico y pasajero. Bye Bye Bagan.

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DÍA 16 ( Viernes 5/02/2016 )

Salimos del Ever New Guest House dirección aeropuerto (5000MMK) para coger un avión desde Bagan hasta Heho (Lago Inle) por 86$ . Una vez en Heho es necesario transporte hasta Nyaungshwe, principal acceso a Inle Lake y bullicioso centro de viajeros con numerosos hoteles y pensiones.

Surcar las aguas plácidas y cristalinas del LAGO INLE cumple las expectativas como destino; su superficie de 22km de largo y 11km de ancho parece una vasta lámina de plata en la que se intercala aldeas de palafitos, templos budistas y jardines flotantes, esquifes propulsados mediante la técnica “intha” de remar con los pies: una pierna rodea el remo para impulsar la pala por el agua, para tocar tierra y encontrarse con miembros de tribus “shan”, “pa-o”, “danu” o “kayah” en los mercados. ¿Apetece verdad? Ahora os contaré nuestra historia.

Aeropuerto de Heho a Nyaungshwe, 25000mmk y una hora de viaje, para llegar al Lady Princess Motel 2 sobre las 09:45. Una vez en recepción nadie nos atiende en un primer momento, buscamos al/la responsable de dicho puesto pero sólo nos encontramos con “housekeepers” que no saben dónde se encuentra su jefa. Una vez aparecida, conseguimos hacer efectiva nuestra reserva pero nos indican que la habitación no está lista y que debemos esperar unas dos horas para terminar de realizar el check-in. Inmediatamente después dos jóvenes austriacas nos proponen realizar el tour por el Lago Inle. Comentaros que este tipo de excursiones se suelen hacer en barcos de 4 personas, puedes elegir tu mismo la ruta o alguna ya fijada, suelen durar todo el día y se hacen paradas en pueblos y mercados flotantes, para visitar las distintas tribus, ver su modo de vida y su forma de trabajar y comprar, si apetece, alguna de sus artesanías. En nuestro caso, no tuvimos que hacer nada !!! Únicamente pagar los 5000MMK por barba y a disfrutar, de modo que esa fue nuestra principal intención.

Todo comienza en el primer piso de una casa de madera, en alguna calle de Nyaungshwe, bajamos las escaleras de dicha vivienda hasta un bullicioso embarcadero que recuerda a los canales de Venecia, bueno, quizá algo menos lujosos, y vemos nuestra embarcación: una barca de madera de unos 10 o 12 metros de eslora, pesada, con un motor de gasolina en la popa de la misma para poder llevarte a toda velocidad a cualquier punto del lago y, atentos, con cuatro estupendos sillones de madera acolchados para hacer más cómodo nuestro paseo. Nuestro “Capitán”, un joven de unos 14 o 15 años, sonriente y afable, como todos los birmanos que hasta ahora hemos conocido. Cámara en mano tenemos todo listo para comenzar nuestro periplo.

Elijo sentarme en la parte delantera, detrás, Patricia y seguidamente las dos jóvenes y poco comunicativas austriacas. Arrancamos motores y empezamos a surcar Inle Lake, de repente: una sensación de simbiosis con la naturaleza y sinergia positiva me invade, el viento en la cara consigue fundirme con él y me transporta, a través del olfato, a una conjunción de bienestar y placer, soy consciente de lo afortunado que soy por estar ahí, junto a mi hermana, realizando un viaje tan auténtico, sonrío y focalizo mi atención en los sonidos, intento separarlos y centrarme en cada uno de ellos como parte de la melodía que suena, el traqueteo del motor asume el rol de vocalista en este grupo, carente de alma en un principio, ahora, el golpeo de la barcaza contra el agua y el crepitar de la madera húmeda hacen que me transporte de lugar, de época, de plano abstral. Abro los ojos y, dirección Sur miro hacia el Oeste, nos acompaña un curiosa ave blanca, mantiene la velocidad, si frenamos, ella aminora, si aceleramos, ella aumenta su velocidad. No puedo evitar apartar la mirada de algo tan común pero, que en ese momento me está resultando tan espectacular, tan mágico, tan “darwiniano” , como si ella fuera la portadora de algo divino con el único fin de comunicarse conmigo, un paso más en la evolución que aún, el hombre, en su sumido narcisismo, ego y despotismo no ha sabido hallar, una conexión real y efectiva con la naturaleza en la que todos estamos conectados.

Nuestro Capitán disminuye la marcha, estamos llegando al primer mercado flotante, salgo de esa abstracción que me ha tenido divagando en un mundo oníricamente reflexivo y nos centramos en el viaje. Ilusionados, nos bajamos de la lancha y entramos al primer taller de artesanía. Bien, lo primero que vemos es un grupo de 4 mujeres de la tribu “padaung”, a las mujeres de esta tribu se las conoce vulgarmente como “cuellos de jirafa, seguro que todos vosotros, interesados en viajar a Myanmar o simplemente, curiosos, antropólogos o “culturetas” os vendrá alguna imagen de ellas a la cabeza. Pues bien, ni por asomo, la sensación que tuvimos, tanto Patricia como yo, fue la esperada. El único fin por el que estas mujeres estaban allí era y es, el de agradar al turista con fotografías a cambio de limosnas. Petrificadas al entrar a la cabaña flotante, inmediatamente cada una de ellas ocuparon sus sitios y simularon la tarea que su tribu lleva haciendo décadas, bellísimas telas a telar fabricando chalinas o bordando con punto cruz minúsculo telas que utilizan para confeccionar gorros, carteras, monederos u otros elementos. En resumen, la sensación fue como si estuviéramos en un zoo, pero de seres humanos. Una sensación muy desagradable e incómoda, por lo menos para nosotros, el resto de turistas lo gozaban fotografiándose con ellas y a ellas. Por supuesto, no disparé ni una sola vez mi cámara.

Visto este circo, salimos a la siguiente cabaña de artesanía, plata, telas, etc. Una vez hecha esta ruta a pie, rápida y con esa sensación en el cuerpo montamos de nuevo en el barco y partimos. Todo iba estupendamente, solo ese paseo en barco y las ganas de volver a movernos por el lago curarían la sensación de oprobio por el comportamiento humano.

Arrancamos, volvemos a sentir el traqueteo del motor, nos movemos lentos por un canal estrecho en el que apenas cabemos dos barcazas. Ese pequeño canal se va abriendo poco a poco así como el joven de 14 años aumenta la velocidad de su máquina. La proa se eleva por encima del agua, es realmente emocionante como algo tan rudimentario pueda excitarte de tal manera, cortamos el agua del Lago Inle a la vez que el viento cada vez abofetea más fuerte nuestras mejillas. A lo lejos, visualizo el ancho canal principal con ese descontrolado tráfico marítimo. Deberíamos reducir la velocidad si queremos girar – pienso – , pero el joven capitán no aminora la marcha, sino que la aumenta y no parece que vaya a reducirla. A lo lejos, en la perpendicular de nuestro cruce de caminos, oteo otra barcaza de las mismas dimensiones que la nuestra pero con sólo dos pasajeros y su navegante. En ese momento me resultó imposible calcular, velocidad, distancia, fuerzas, etc. pero sabía que algo no iba bien… así que solo pude agarrar fuerte el barco y …

800 Kg de madera y hierros giraban en círculos como si estuviéramos atrapados en un torbellino de viento. En forma de aspa nuestra barcaza quedó por encima de la otra dejando los motores de ambas tocando el agua y en funcionamiento. A un ritmo lento pero constante, nuestras embarcaciones parecían las aspas de un molino de viento, una sobre la otra no paraban de girar dando círculos sin rumbo y sin descanso. El impacto fue realmente fuerte y aún hoy me considero afortunado por no haber recibido el golpe que recibieron los tripulantes de la otra embarcación.

Acojonado, mi única esperanza era no encontrarme un cráneo roto, una fractura abierta o incluso alguna amputación… el caos, los nervios, y el miedo se podían saborear entre los que estábamos. Paralizado durante 5 segundos, la barca que estaba bajo la nuestra empezó a hundirse, de repente gritos de dolor se escucharon a nuestro a pies y conseguí respirar y aquietar la mente para hacerla útil. Salté de mi barca hacia la otra, agarré entre mis brazos a uno de los jóvenes y se lo pasé a mi hermana. Me dispuse a sacar al siguiente pero tenía la pierna atascada, solicité ayuda pero… las austriacas, ilesas, no nos fueron de mucha ayuda, incapaces de tranquilizarse únicamente gritaban de pánico e intentaban poner su culo a salvo saltando de una barca a otra, esperando que la elegida no se hundiera, los jóvenes grumetes, más asustados que las anteriores, corrían de una lado a otro de sus respectivas lanchas sin saber que hacer. Ví que no tenía a nadie excepto a Patricia. Sin saber cómo, empujé con todas mis fuerzas: nervios, adrenalina, ira, empatía, preocupación… había que sacar al joven como fuera pues nos hundíamos. Y con ese sin control de emociones y descontrol conseguí mover la barcaza, agarré al joven y se lo pasé a mi hermana.

Todos en una misma lancha fuimos al hospital más cercano. No sabía como funciona la sanidad en Myanmar, ahora quizá tenga una idea sobre ella, pequeña, pero clavada, por lo que mejor que no tengáis un accidente allí. Con muchísimo cuidado cogimos al joven en una camilla que nos prestaron, lo metimos en la primera habitación libre que vimos, por supuesto nadie salió atendernos y las enfermeras o auxiliares que lo hicieron mejor que no lo hubieran hecho, trataron al joven como si fuera un “crash test dummy” , y esperamos… esperamos… esperamos, hasta que me cansé de hacerlo, de manera que yo mismo busqué a algún/a responsable. Una doctora nos atendió, vio al joven birmano y sin ningún chequeo, atención, o preocupación alguna nos dijo – this is a private hospital, I can´t help you, sorry – , y con cara de póker, pero póker cabreado, sudando del calor, el esfuerzo y la impotencia tuvimos que volver al canal, meter al joven en la lancha y esperar que los llevaran a algún hospital público a no sé cuantos kilómetros de distancia de este y del que nunca tuvimos conocimiento. Y esta, viajeros, es nuestra experiencia en el famoso lago Inle, para nada recomendable.

Evidentemente nuestro día terminó aquí, silenciosos en el camino de vuelta, el viento no era el mismo, el traqueteo de las barcazas no apetecía, las austriacas, después de su actuación y comportamiento egoísta, molestaban y, tanto Patricia como yo, conectados psíquicamente y sin palabra alguna, todos nuestros pensamientos se intercambiaban en forma de preguntas repetitivas tales como, – ¿ y si hubiéramos sido nosotros los de la otra barca? Preguntas que no nos llevarían a ningún sitio, en ese momento solo queríamos salir del agua y del Lago Inle y llegar a tierra firme.

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DÍA 17 ( Sábado 6/02/2016 )

Mismo problema que al llegar al Lady Princess Motel 2, por lo que, lo desaconsejamos encarecidamente, nadie nos atiende y no pensamos movernos de allí hasta que la responsable del hotel nos atienda, pues ésta también lo era de nuestro viaje de ayer por Inle Lake. Esperamos un buen rato hasta que aparece, le preguntamos sobre el joven accidentado y lo único que se le ocurre decir es – tranquilos, no está muerto – . De manera que eso no nos tranquiliza mucho pero poco más podemos hacer.

El día de hoy será una ruta en bicicleta por los pueblos aledaños al lago que, como plan alternativo está estupendamente.

Continuará…

1 Comentario
  1. Aida y Esther 3 meses

    Gracias por contar la experiencia en el viaje!
    Las fotos son muy bonitas,gracias por compartirlo!!

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