La primera de nuestras escalas en aquel viaje a Japón en otoño fue Osaka. Nos sirvió a la perfección para aclimatarnos al nuevo horario y comenzar el viaje a un ritmo más pausado. Probablemente la ciudad no tiene los mismos atractivos que su vecina Kioto pero no imaginamos un viaje a Japón que no incluya al menos tres días en Osaka. Además, Osaka es conocida en todo el país por su gastronomía, lo cual le ha valido para ser conocida con el atrayente apodo de “la cocina de Japón”. Ya solo por este motivo nos merecían la pena aquellos tres días en Osaka. Pero por supuesto la pateamos y nos hicimos con sus imprescindibles. No sabemos estar parados y exploramos todos sus rincones. Osaka es divertida, caótica y sabrosa. Y no, ¡no fuimos al Universal Studios de Osaka!.
Ya os contamos en nuestro anterior post cómo organizamos el viaje a Japón en otoño, los preparativos y los trámites de entrada. Pero una vez pasado el control de inmigración tocaba llegar a la ciudad.
Tres días en Osaka. La información que necesitas
Cómo llegar al centro de la ciudad desde el aeropuerto internacional de Kansai, Osaka
Parecía fácil… Llegar hasta donde salían los trenes de Kansai en dirección al centro de Osaka fue sencillo. Solo hay que subir a la segunda planta. Lo complicado fue elegir el tren al que subirnos. Confesamos que cogimos uno “a la ligera” empujados por el tiempo en su salida que corría en nuestra contra. Hay varios trenes con recorridos similares: El Nankai Rapid y el AirPort Express. La diferencia, además del precio, será el número de paradas y el tiempo que lleve. Pagar también resulta muy sencillo si llevas la tarjeta Suica descargada y con saldo suficiente. Si tienes un dispositivo iPhone y la instalaste en el Wallet funciona en tu móvil como Contactless . Añadir saldo no puede ser más sencillo.
Cogimos el que más paradas tenía y cansados de contar cuando bajarnos, terminamos por darnos cuenta de que bajaríamos en la última: Namba. Unos 50 minutos de trayecto y 970 yenes (5.5 €), seguramente más barato que el rápido. El saldo de tu viaje se cargará una vez bajes del tren y pases tu Suica al salir por el torno de la estación.
El alojamiento en Osaka
No hay ninguna duda: el lugar donde alojarse en Osaka es cerca de Dotombori, en el distrito de Namba. En los últimos meses habíamos organizado varios viajes al país y teníamos buen feed back de los hoteles elegidos. Todos estaban en esta zona y en algo coincidían todos nuestros amigos: lo mejor del hotel, su ubicación.
Elegimos el Koko Hotel Osaka Namba Ebisucho. Pasamos tres noches en el hotel. Su precio 350 € en total. Nos cargaron 9 € por las tres noches en concepto de impuestos municipales. No esperes entrar antes de las tres de la tarde en ningún hotel. Pero tras comer y hacernos con las llaves nos dimos cuenta de nuestro acierto en la elección. Por ubicación, por limpieza y calidad y por los 16 metros de nuestra habitación, todo un lujo en Japón. Nos regalaron un buen puñado de amenities, unos pijamas, zapatillas y hasta unas sopas.
La Guía Esencial de Japón de Viajefilos
Antes de viajar a Japón hay algunas cosas que debéis preparar. Estas y muchas más recomendaciones las tenéis en nuestra Guía Esencial de Japón: actualizada, descargable y en un atractivo formato para llevar en tu móvil. Por supuesto también tiene una sección de dedicada a los imprescindibles de Osaka.
El día que aterrizas en Osaka: Dotonbori en vena
Aquel mediodía y después de 24 horas de viaje y pendientes del check in, llovía en Osaka. Las fuerzas dieron para un breve paseo hasta hacerse las tres y poder subir a la habitación. Eso si, aprovechamos para nuestro primer sushi en una pequeña taberna de uno de los callejones cercanos. El nombre del local: Kaminari sushi, el producto, el trato y el ambiente, inmejorable. Nos costó 36 € comer los dos.
Y lo que quedó de tarde además de una gran ducha y una pequeña siesta dio para tratar de adaptarnos a esas ocho horas de diferencia. Pateamos entre cientos de paraguas en Dotonbori, llegamos hasta Shinsaibashi y hasta disfrutamos de los japos que a pesar de la lluvia paseaban con sus disfraces de Halloween en Amerikamura. Cualquier callejón sirve para encontrar un buen izakaya. Mención especial los restaurantes más tradicionales de Hozenji Yokocho, alguno de los cuales probaríamos los días siguientes.
Para cenar en Dotonbori: el waygu japonés
Pero para esa noche después de un día tan largo, elegimos un local con carne cerca del hotel: Yakiniku Kasumi. Los cortes de carne son buenísimos. Ofrecen auténtica waygu (la carne de vaca japonesa) en especial kobe y carnes de primerísima calidad. Probamos distintos cortes: Rib eye, harami, extra premium loin y skirt steak bavette. Te lo cocinas al gusto en una barbacoa sobre la barra. El cocinero marida los cortes previamente. Ya probamos la carne de hida en nuestro anterior viaje a Takayama. Excelente igualmente. De nuevo una excelente elección en una taberna de la que salimos muy satisfechos. El precio con un par de cervezas: 50 € para los dos.
Primer día en Osaka: el castillo y el templo Shitennoji
Después de aquella primera tarde, noche, en Osaka, en la que paseamos por el centro de Namba y Dotonbori, comenzamos tras el desayuno por la visita del castillo de Osaka.
El castillo de Osaka
Amanecía despejado después de una intensa tarde de lluvias. El castillo de la ciudad es uno de los monumentos más importantes y simbólicos del país. Aunque su estructura actual es una reconstrucción del siglo XX, el castillo sigue siendo una visita imprescindible en cualquier momento de tus tres días en Osaka por su historia, sus vistas y los tranquilos jardines que lo rodean.
Para llegar desde Dotonbori tomamos el metro. Hay varias opciones y con la ayuda de Google Maps (vuestro mejor amigo en Japón) no resulta difícil. En unos 25 minutos llegamos (240 yenes -1.3 €). Toma la salida 9 en la estación de Tanimachi 4 Chome.
Los jardines Nishinomaru
Primero visitamos los jardines Nishinomaru. La entrada a los jardines cuesta 200 yenes. El foso y los jardines que rodean el castillo, convierten la visita en un fantástico momento para la fotografía. Se puede tomar un bote para bordear el castillo navegando en el foso.
El castillo abre a las 9 de la mañana y cierra a las 17 horas. El precio 1200 yenes (unos 6.5 €). Nos tocaron unos 20 minutos de cola. La entrada se puede comprar online y ahorras algo de tiempo.
El edificio del castillo de Osaka
Construido originalmente por Toyotomi Hideyoshi, el Napoleón de Japón, en 1583 como símbolo de poder unificado en Japón y destruido varias veces, fue reconstruido en 1931. El edificio actual alberga un museo interactivo. Merece la pena pagar la entrada para subir al mirador panorámico en la planta octava para tener unas vistas espectaculares de Osaka. Eso sí tendrás que subir caminando un trecho, el ascensor sube hasta la quinta planta. Confieso que nos saltamos el museo. La mayoría es una exhibición audiovisual de la historia y estaba lleno.
El Templo Shitennoji de Osaka
Desde el castillo nos dirigimos hacia el barrio de Tennoji, en busca del templo Shitennoji, otro de los lugares que no te puedes perder en tus tres días en Osaka. Para ello tomamos un metro. La línea morada Tanimachi nos lleva directamente tras tres paradas. Bajamos en la estación Shitennoji-mae Yuhigaoka. Hay que tomar la salida 4. La entrada cuesta 500 yenes. Abierto de 8:30 a 16:30 (invierno) o hasta las 17:00 (verano).
El templo Shitenno-ji fue fundado en el año 593 d.C. por el príncipe Shōtoku, una de las figuras más importantes del budismo en Japón. Se considera el primer templo budista oficial del país, y aunque ha sido reconstruido varias veces por incendios y guerras, sigue ocupando el lugar original desde hace más de 1.400 años.
Entramos y recorrimos los distintos recintos. Destaca sobre todos el Kondō (salón principal), donde se realizan ceremonias y se encuentra la imagen de Buda. No se permiten fotos en el interior pero merece mucho la pena entrar. Además subimos a la pagoda de los cinco pisos pero la prometida fantástica vista carecía de interés.
La comida en el Kuromon Market de Osaka
Comemos en el mercado Kuromon, desde entonces uno de nuestros lugares favoritos para comer en Osaka. En mesas corridas se comparte el espacio pero no la comida. Solo un pero, nos tememos que se ha turistificado en exceso… Pedimos unos yakitori (filetes de cerdo rebozados), unos takoyaki (las famosas bolas de pulpo rebozadas en las que las escamas de pescado colocadas encima se retuercen pareciendo vivas) y unas gyozas de cerdo y vegetales. Con dos cervezas costó 34 €. Pero en estos callejones encontraras sushi, mariscos, carne de todo tipo, incluidas hamburguesas de waygu…
Volvemos al hotel para una pequeña siesta. Todavía cuesta hacerse con este horario y pagamos el palizón del viaje. Al atardecer estamos de nuevo en la calle. Aunque la verdad es que comenzamos bajo tierra. Es alucinante el complejo de tiendas y restaurantes que hay en las galerías del metro. Bajamos en una boca junto al hotel y buscamos un Starbucks cercano.
La orilla del rio Tombori
Luces de neón por doquier que invitan al paseo nocturno por las orillas del río más famoso de Osaka. Comenzamos el paseo en el Ebisu‑bashi Bridge, el puente icónico sobre el canal desde donde se ve el famoso letrero de Glico Man y se obtiene una de las fotos más representativas de Osaka. Hacia ambos lados el lugar resulta fascinante. Un paisaje futurista que ha servido de escenario e inspiración a muchas peliculas, entre las más famosas Black Rain del director Ridley Scott.
Los okonomiyaki en Osaka
Tan solo 36 horas en la ciudad y hemos probado ya varias de sus especialidades gastronómicas. Todavía nos falta catar un okonomiyaki así que nos lanzamos a su búsqueda y los callejones de este distrito son el lugar perfecto para encontrar donde probar el mejor okonomiyaki de Osaka. Pero antes probaremos las famosas monedas de 10 yenes rellenas de queso. ¡No se puede ser más instagramer!. Dulces, más o menos calientes y los veas donde los veas, siempre con gente dispuesta a aguardar para llevarse uno.
Esa primera noche de búsqueda del okonomiyaki no acertamos… Los recomendados a tope y los que vimos con gente local tenían colas insufribles. Acabamos en un tercer piso de un edificio donde probamos uno, sin pena ni gloria y que no pasara a la historia de nuestros okomiyakis.
Plácida noche en el Koko hotel. Mañana tocaba madrugar.
Segundo día en Osaka: Katsuo-ji, el templo de los daruma y el Umeda Sky Building
Hoy quisimos salir de la ciudad. Con dos noches esquivando gente en Dotonbori nos sobraba. La verdad es que nos moló mucho el ambiente pero queríamos comenzar a disfrutar del momiji y los colores que ofrece y decidimos por la noche buscar esa alternativa de naturaleza cerca. Y la mejor opción fue la visita de Katsuo-ji.
Katsuo-ji, el templo de los daruma de Osaka
Los daruma son esos pequeños amuletos que han tomado por completo el templo Katsuo y tienen sus motivos. Se trata de los pequeños muñecos rojos de la suerte, que nos ayudarán a conseguir nuestros objetivos, a ganar venciendo cualquier cosa que se ponga por delante. Representan el deseo de victoria o buena fortuna en exámenes, negocios, deportes, etc.
El origen de Katsuo-ji
Y esta fue la historia del fundador del templo. El origen del templo remonta al año 727 cuando dos monjes gemelos, Zenchū y Zensan, construyeron una ermita en ese lugar espiritual de la montaña. En el siglo IX, el emperador Seiwa, gravemente enfermo, recuperó la salud, supuestamente venció su enfermedad gracias al poder de la diosa de la misericordia, diosa del templo y en agradecimiento pasó a llamarse Katsuo, “ganar al rey”.
Y aunque varios incendios lo destruyeron, reconstrucción tras reconstrucción el templo permanece hoy día en su enclave. Y no son pocos los feligreses y turistas que van en busca de su daruma de la fortuna. ¡Pues allá que nos fuimos!.
Cómo llegar a Katsuo-ji
Como decimos, son muchos los que llegan y en domingo de otoño, como era el caso, previsiblemente más. Así que tratamos de ponernos en marcha temprano. Para llegar hay que tomar un metro y un bus. El trayecto completo será una hora aproximadamente desde Osaka.
El metro hasta estación Minoh‑Kayano
Hay que llegar a la estación Minoh‑Kayano para coger el autobús directo hasta el Katsuō‑ji. Para ello, en Namba cogimos la línea roja, línea Midosuji. Son unos 35 minutos. Hay que estar atentos porque no todos los convoyes paran en la estación a la que nos dirigimos. Desde Minoh‑Kayano Station bajamos al nivel inferior desde donde salen los autobuses.
El bus en dirección Katsuo-ji
El bus directo se encontraba en la parada 8. Según leímos sale con frecuencia de cada 20‑30 min los fines de semana. Cuando llegamos había cola pero pusieron otro bus a funcionar en cuanto se llenó el que salía. El precio son 800 yenes (4.5 €). Se puede pagar con la Suica al entrar autobús, pero es importante que lleves saldo porque aquí no podrás cargarla. Tras salir se pasa de nuevo la tarjeta y se carga el precio.
En la cola había un cartel y un QR para acceder a la página de compra de entrada al templo. Cuesta 500 yenes.
Los taxis para llegar
El primer bus hacia el templo desde la estación de metro sale a las 9 de la mañana. El primer bus de vuelta entre semana es a las 11.20 aunque en fin de semana si hay uno 10.30. Los taxis para 4 personas hasta la estación cuestan igual que ir 4 en bus (3200 yenes), así que siempre podéis compartir con otra pareja si vais muy temprano y queréis volver antes.
El bus sube la montaña por una serpenteante carretera rodeada de vegetación. Hacemos el trayecto de pie, han llenado los buses y no había asientos disponibles. Solo 20 minutos pero que resultan fastidiosos de pie con las curvas. A pesar de ser las 9:30 ya es mucha la gente en el templo.
La visita del templo Katsuo
Nada más entrar te das cuenta de por qué le llaman el templo de los Daruma. Multitud de estos pequeños amuletos rojos se encuentran por todos los rincones del parque el templo. La tradición manda que pintes uno de sus ojos cuando lo tomes en el templo y lo devuelvas con el otro ojo pintado cuando hayas conseguido tu propósito.
Tras pasar la puerta de entrada principal y cruzar el puente de la purificación se asciende la escalinata con farolas de piedra tradicionales llenas de darumas. Con la entrada te dan una pequeña postal sobre la que tendrás que ir añadiendo los sellos que se encuentran en el camino hasta conformar una figura.
Unas escaleras más y llegamos al Santuario Sanpoko, un lugar de culto desde hace más de 1300 años. Al lado, dos salones de madera, uno de ellos dedicado a las dos hermanos fundadores del templo. Las paredes están repletas de pequeños darumas dejados a lo largo del tiempo.
El Hondo o salón principal de Katsuo-ji
Finalmente, llegamos al Hondo o salón principal de Katsuo-ji, una reconstrucción de 1603 que luce una pintura naranja como recién estrenada. En su interior está consagrada la imagen de Bodhisattva Kanzeon, la Kannon de las once caras y mil brazos a la que se reza desde hace más de 1300 años. Los monjes repiten los sutras al ritmo de un gran tambor de oración. Enfrente el lugar donde comprar los darumas, pintarles un ojo y purificarlos en el humo del incienso. Hicimos cuantas cosas había que hacer e incluso dejamos nuestros dos pequeños darumas con los mensajes que obtuvimos en suerte.
Se suceden dos templos más en lo alto de la colina desde donde se aprecian las diferentes tonalidades del momiji. Desde aquí viene la bajada por el cementerio hacia la salida.
Una vez terminado el recorrido y conseguidos los seis sellos se formó una bonita figura en aquella postal que conseguimos con la entrada. Son las 11:30 y tras dos horas emprendemos la vuelta mucha gente está llegando en estos momentos.
Volvemos hacia la ciudad. Primero toca elegir sitio para comer. El cuerpo pide una buena hamburguesa de waygu y nos dejamos llevar por la intuición y por Maps… El distrito de Shinsaibashi está a reventar. Es domingo y todas las tiendas permanecen abiertas.
La hamburguesa de Shogun
Una hamburguesería que está en más lugares de la ciudad y que a juzgar por la cantidad de gente que tenía a la espera, goza de buena fama. No podíamos quedarnos sin saberlo. Y no tuvimos que esperar mucho. Como casi todo en Japón, una máquina donde eliges te recibe. Tú coges el vaso y te lo rellenas. El camarero solo te indicará la mesa y te sentará. Eso si, simpático no, lo siguiente. En menos de 10 minutos te traen el hamburguesón. Tremenda. Por 38 € salimos los dos más que satisfechos.
Y para el café, lo mejor será seguir la galería cubierta de Shinsaibashi hasta el puente de Ebisu y subir a la segunda planta del Starbucks. Si encuentras sitio, tendrás las mejores vistas para ese rato.
Umeda Sky Building
Sobremesa y camino de Umeda. Junto a Namba son los barrios recomendados para alojarse. Uno de sus mayores atractivos, además de las compras, es el observatorio del Umeda Sky Building al que nos dirigimos para el atardecer. De nuevo un metro hacia el norte. La ciudad es enorme y te das cuenta cuando después de muchos minutos debajo de tierra y a toda velocidad se suceden los rascacielos.
Llegamos justos y sin reserva. Tocaron 20 minutos de espera hasta llegar al ascensor de cristal que sube al piso 39 donde venden las entradas al observatorio. El rascacielos cuenta con dos edificios de 40 pisos que se elevan a 173 metros de altura y quedan unidos por una plataforma. Aquí se levanta el observatorio: Kūchū Teien Observatory. Una plataforma redondeada de un rompedor diseño.
Kūchū Teien Observatory
Conseguimos subir terminando el día, pero todavía con algunos minutos de luz. La entrada son 2000 ¥ (algo más de 10 €). Una vez arriba dos escaleras de cristales suben al mirador.
Desde lo alto se obtienen vistas de 360 grados de la ciudad y lo aconsejable es llegar poco antes del atardecer para así disfrutar de las vistas antes con luz diurna y después con la ciudad iluminada. Eso sí, deberás tener suerte con el atardecer.
Tras un intenso día disfrutamos de una cerveza en el observatorio mientras la ciudad se ilumina bajo nuestros pies.
Vuelta al hotel y tiempo de descanso para salir en busca de cena. Obanzai Izakaya, en plena calle y a pocos metros de la cama. Comimos cuatro piezas de yakitori y seis takoyakis. Antes de empezar y con la cerveza te ponen un otoshi (aperitivo), la tapa vamos… La verdad es que están súper animados todos los locales y en cualquiera tomas alguna de estas especialidades locales. Seguro que aciertas. ¡24 € los dos!.
Tercer día en Osaka: Santuario Yasaka Namba y Shinsekai Hondori. Rumbo a Shikoku
Nuestro tercer y último día en la ciudad. Por la noche tomábamos un bus hacia Tokushima, comenzaba nuestra semana en la isla de Shikoku. Pero todavía teníamos todo un día por delante en la animada ciudad de Osaka. El plan por la mañana era sorprender a nuestros amigos Irene y Javi que llegaban de Corea en un viaje de novios organizado por nosotros y aprovechar para disfrutarlos unas horas. Nos metíamos solo seis horitas en su luna de miel… Pero hasta el mediodía no aterrizaban y optamos por ir hasta el Santuario Yasaka Namba.
Check out a las 11, ni un minuto más regalan estos japos. Pero al menos el equipaje quedaba a buen recaudo en el hotel.
Santuario Yasaka Namba
Desde Namba son unos 10 minutos caminando y os aseguramos que merece la pena perderse mientras caminas más allá de Dotonbori. Es una auténtica maravilla en el centro de la ciudad y rodeado de altos edificios.
Lo más llamativo es su gigantesca estructura de entrada con forma de cabeza de león: un edificio de unos 12 m de altura, 11 m de ancho y 10 m de profundidad. La boca abierta del león representa la capacidad de “devorar” los malos espíritus y atraer buena suerte. La leyenda lo vincula al reinado del emperador Nintoku (siglos IV‑V) si bien fue destruido en los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. La actual cabeza del león se levantó en 1975.
Shinsekai Hondori, el barrio más vintage de Osaka
Todavía con tiempo para recibir a Irene y Javi y aprovechando el soleado día decidimos bajar hasta Shinsekai, el barrio más al sur donde sacar la icónica foto de su torre metálica.
Shinsekai fue el nuevo barrio construido a comienzos del siglo XX con la idea de crear una ciudad futurista inspirada en otras grandes ciudades de la época. En concreto la mitad norte del barrio se diseñó inspirada en París, con su torre Tsutenkaku como “la Torre Eiffel de Osaka”. ¡No se puede negar que sea fotogénica! La parte sur recuerda a Coney Island (Nueva York), con su antiguo parque de atracciones Luna Park. Por lo que leemos, sus calles han cambiado muy poco tras un siglo de historia y mantiene un aire decadente y retro, parte de su encanto. Algunos lo llaman “el barrio más kitsch de Japón”.
Nos llamó mucho la atención, la gran cantidad de vales para probar tu puntería con el arco y las flechas que había por todo el barrio. El callejón cubierto en el que desemboca la boca de metro se encuentra lleno de tabernas y de los famosos bares de pie japoneses. Minúsculos locales donde la gente toma algo en la barra. En las izakayas de la zona la gente aguarda largas colas para probar las famosas kushikatsu, unas brochetas rebozadas y fritas típicas de Shinsekai. La tradición manda mojarlas en una salsa común… ¡pero está prohibido mojar dos veces!
Hacia el mediodía volvemos hacia Dotonbori, esta vez si, para encontrarnos con nuestros amigos. Desde el barrio de Shinsekai son tan solo dos paradas de metro hasta Namba.
Esta vez si, un buen okonomiyaki en Osaka
Recogemos a unos sorprendidos novios de viaje por Japón. Objetivo conseguido.
Hoy si, ¡okonomiyaki de verdad!. Cerca de Namba en un izakaya con buenas puntuaciones, muy local y con varias opciones. Se llama Reijiro. Pedimos un okonomiyaki Buta-tama (con cerdo), el negiyaki con cebolla verde y un yakisoba. Sobre una plancha en el centro de la mesa, la muchacha sube el economía aquí parcialmente preparado para terminar de cocinarse en la misma. Nos dejamos llevar por la cantidad de mayonesa, la cantidad de salsa okonomiyaki o el picante que la misma muchacha decide. Encima del okonomiyaki mixto hecha una cantidad ingente de las escamas de bonito. Para el negiyaki prepara un buen chorro de aceite de sésamo y otro de soja. Los sabores finales de todo ello mientras se terminan de hacer en la plancha son impresionantes. Por 34 € comimos bien cuatro personas con cerveza.
Salimos de paseo por última vez con Irene y Javi, por Dotonbori y Amerikamura. No deja de sorprendernos. Hacemos tiempo entre cafés, charlas y alguna otra cerveza para coger el bus a Tokushima. Salimos a las 19:15 en un bus directo de tres horas. Es un gustazo encontrarse con amigos por el mundo y mucho más si no lo esperan. Tal vez habrá otra oportunidad más en Japón, pero eso os lo contamos de vuelta de nuestra nueva aventura: Una semana en la isla de Shikoku. Allá vamos.
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