Recorrer el Triángulo de Oro de India en 7 días fue nuestra forma de volver a encontrarnos con un país que nunca deja indiferente. Una semana entre Delhi, Jaipur y Agra, tres ciudades completamente distintas y tres maneras de asomarse a esa India intensa, caótica, monumental y fascinante que tanto recordábamos.
Aunque nuestro viaje tenía esta vez un objetivo todavía más lejano: Bután. Volábamos a Delhi y disponer de una semana completa antes era una oportunidad demasiado buena para dejarla escapar. Durante siete días recorrimos Delhi, Jaipur, Abhaneri, Fatehpur Sikri y Agra, enlazando algunos de los grandes imprescindibles del norte de India con lugares que terminaron sorprendiéndonos tanto o más que los que llevábamos marcados en rojo.
Esta vez, además, viajamos de una forma diferente a la habitual en Viajefilos. Acostumbrados a organizar nuestros viajes por libre, esta vez contamos con Youlan Tours, que preparó el recorrido adaptándolo a los siete días disponibles y coordinó conductor, traslados, guías y visitas.
Conocíamos el sur de India de un viaje anterior. Os hemos traído los consejos para organizar un viaje a India en un post previo. En este diario os contamos nuestra ruta por el Triángulo de Oro de India en 7 días, día a día, tal y como la vivimos: qué vimos, en qué orden hicimos las visitas, cuánto tardamos en los desplazamientos, los kilómetros recorridos, dónde comimos y dormimos y, por supuesto, aquello que más nos gustó y lo que quizá haríamos de otra manera.
Porque una cosa es dibujar sobre el mapa una ruta por Delhi, Jaipur y Agra y otra muy distinta es vivirla. Así fueron nuestros siete días recorriendo el Triángulo de Oro de India.
Nuestra ruta por el Triángulo de Oro de India en 7 días
El Triángulo de Oro de India en 7 días
El recorrido por India comenzó y terminó en Delhi y nos llevó por carretera hasta Jaipur y Agra, aprovechando los desplazamientos para incluir algunas visitas que merecieron muchísimo la pena, como Abhaneri y Fatehpur Sikri.
Este fue nuestro itinerario día a día, Delhi, Jaipur y Agra en una semana:
Día 1 | Delhi
Llegada a Delhi y primera toma de contacto con la capital: Raj Ghat, templo sij Gurudwara Bangla Sahib y recorrido por Nueva Delhi, con la zona de India Gate, Parlamento y los edificios gubernamentales.
Noche: Delhi.
Día 2 | Delhi
Continuamos descubriendo Delhi con algunos de sus grandes templos: Akshardham y el Templo del Loto, además de seguir recorriendo diferentes zonas de la ciudad. Impresionante la visita de Jama Masjid y Old Delhi.
Noche: Delhi.
Día 3 | Delhi → Jaipur
Ponemos rumbo a Jaipur, unos 260 km por carretera. Ya en la Ciudad Rosa visitamos el palacio de los Vientos y al atardecer el Templo Birla y asistimos a la ceremonia del Aarti.
Noche: Jaipur.
Día 4 | Jaipur y Amber
Jornada completa para conocer Jaipur y sus alrededores: Fuerte Amber, City Palace, Jantar Mantar y Hawa Mahal, además de disfrutar del ambiente de la Ciudad Rosa.
Noche: Jaipur.
Día 5 | Jaipur → Abhaneri → Fatehpur Sikri → Agra
Uno de los días más completos de la ruta. Dejamos Jaipur para visitar el espectacular Chand Baori de Abhaneri, continuamos hasta la ciudad abandonada de Fatehpur Sikri y terminamos la jornada en Agra.
Noche: Agra.
Día 6 | Agra
Visita al amanecer del Taj Mahal, uno de los grandes momentos del viaje. Por la tarde visita al Fuerte de Agra y otros lugares de la ciudad, además de disfrutar de nuevas perspectivas del Taj Mahal.
Noche: Agra.
Día 7 | Agra → Delhi
Regreso por carretera a Delhi, donde terminamos nuestra ruta por el Triángulo de Oro y nos reunimos con Domi y Gema para comenzar juntos la siguiente parte del viaje: Bután.
Noche: Delhi.
En total fueron siete días recorriendo Delhi, Jaipur y Agra. A partir de aquí os contamos cada jornada con detalle, horarios, kilómetros, visitas y nuestra experiencia real durante el recorrido.
Día 1: Llegada a Delhi: Qutub Minar, Raj Ghat, Bangla Sahib, Birla Mandir y Nueva Delhi.
Después de superar todos los trámites de entrada y recoger las maletas, por fin salimos del aeropuerto. Allí nos esperaba Sharma, quien sería nuestro guía durante los siguientes días por India. Nos recibió con una enorme sonrisa y con la tradicional guirnalda de flores de bienvenida. No se nos ocurría una forma mucho mejor de empezar nuestro regreso a India.
La ruta propuesta por Youlan tours incluía chofer, guía en español y unos hotelazos a los que, hemos de decir, no estamos acostumbrados. Ya os contamos algo de todos nuestros hoteles en India en el post anterior.
Nuestro alojamiento en Delhi: el Pride Plaza Aerocity
Todavía era tremendamente temprano, sobre las 5 AM cuando salíamos del aeropuerto, y antes de lanzarnos a descubrir Delhi nos dirigimos hacia nuestro alojamiento, el Pride Plaza, situado muy cerca del aeropuerto, donde desayunar y comprobar si había alguna posibilidad de hacer un check-in tan temprano.
El Pride resultó ser un hotel de categoría superior, moderno y con todas las comodidades, algo que después de una noche entre aeropuertos y aviones agradecimos especialmente. No hubo manera de adelantar el check in las ocho horas pretendidas (una auténtica utopía) pero aprovechamos para un buen desayuno y prepararnos para salir a conocer la capital india con fuerzas renovadas. Excelentes tanto el desayuno como las cenas tipo bufet que disfrutamos allí.
Aerocity, el lugar más cómodo para una escala larga
Antes de seguir: Para los que andéis con escala en Delhi deciros que los alrededores del aeropuerto se han concebido como una pequeña ciudad alejada del tráfico y el bullicio de Delhi y lo que supone adentrarse en la enorme urbe: Aerocity. Muchos restaurantes, bastantes de cocina internacional, cafeterías, tiendas y todas las cadenas hoteleras. Perfecto para pernoctar sin ir apurados de tiempo.
Ojo con los lunes en Delhi
Una de las primeras cosas que aprendimos durante nuestra estancia fue que el lunes no era precisamente el mejor día para organizar determinadas visitas en Delhi. Y precisamente, era lunes. Algunos monumentos, museos, mercados y atracciones permanecían cerrados ese día, algo que nos obligó a adaptar el recorrido previsto.
No supuso ningún problema importante y Sharma (excelente en el trato y sus conocimientos) tenía claro cómo emplear aquella primera jornada, pero sí nos pareció un detalle a tener muy en cuenta a la hora de organizar un viaje por Delhi.
Importante: el Taj Mahal cierra los viernes
Y ya que estamos con los horarios de apertura, otro cierre que tener en cuenta a la hora de organizar una ruta por el Triángulo de Oro de India: el Taj Mahal permanece cerrado al público todos los viernes.
Por tanto, si organizáis un viaje a India por libre, comprobad bien qué día de la semana llegaréis a Agra antes de reservar hoteles y transportes. Un viernes mal colocado en el itinerario puede obligaros a modificar buena parte de la ruta.
El resto de los días, el Taj Mahal abre 30 minutos antes del amanecer y cierra 30 minutos antes del atardecer.
Primeras impresiones de Delhi: una ciudad inabarcable
Hablar de Delhi era hacerlo de una ciudad de dimensiones difíciles de asimilar. Su enorme área urbana ronda los 30 millones de habitantes, dentro de un país que supera ya ampliamente los 1.400 millones de personas. En otros lados leímos que se acerca a los 45 millones, prácticamente la población de España.
Pero Delhi no solo impresiona por sus cifras. Sharma nos explicaba que la ciudad que recorríamos y donde vivía era, en realidad, el resultado de siglos de ciudades superpuestas. Tradicionalmente se habla de las siete ciudades históricas de Delhi, diferentes asentamientos y capitales que fueron levantándose aquí bajo distintas dinastías y que dejaron tras de sí fortalezas, mezquitas, tumbas y palacios.
Y para empezar a entender toda aquella historia nos fuimos directamente a una de sus grandes joyas.
Qutub Minar, nuestra primera visita en Delhi
El Qutub Minar fue nuestra primera gran parada en la capital india y también nuestro primer contacto con la monumentalidad de Delhi.
Con sus más de 72 metros de altura, aquel gigantesco minarete de piedra rojiza sobresalía sobre todo el complejo arqueológico que lo rodeaba. Su construcción comenzó a finales del siglo XII y diferentes gobernantes fueron completándolo posteriormente. Resulta imponente y en 1993 entro en la lista de Patrimonios de la Humanidad protegidos por la Unesco.
Pero aquí no nos limitaríamos únicamente a mirar hacia arriba. Alrededor del minarete se extendía todo un conjunto de mezquitas, ruinas, patios y construcciones que nos permitirían empezar a descubrir esa sucesión de culturas y religiones que había ido dando forma a Delhi.
Satisfechos con aquella primera visita en la capital y sin ser todavía las 10 de la mañana y con un sol de justicia nos dirigimos hacia la Puerta de la India. Por cierto, aquí comenzabas a apreciar lo que supone en India que te lleven de la mano, tu guía haciéndose con las entradas e indicándote cómo hacer la visita y el coche en la puerta esperándote con un botellín de agua bajo un sol de justicia, justificaban el precio.
Puerta de la India y Rajpath
La Puerta de la India, un enorme arco construido durante la época británica como memorial a los soldados indios fallecidos durante la Primera Guerra Mundial y otros conflictos. En sus paredes se podían leer los nombres de los soldados tallados en la piedra.
Desde allí se abría ante nosotros una de las grandes perspectivas de la capital. La antigua avenida ceremonial Rajpath, rebautizada actualmente como Kartavya Path, avenida que atraviesa una enorme zona ajardinada y conecta la Puerta de la India con el complejo gubernamental y Rashtrapati Bhavan, la residencia presidencial. Una especie de enormes campos Elíseos sin mayor atractivo para nosotros.
Agrasen Ki Baoli, un sorprendente pozo escalonado en pleno Delhi
Nuestra siguiente parada fue Agrasen Ki Baoli si nos interesaba, un lugar que sorprendía especialmente por encontrarse prácticamente escondidos entre los edificios de la moderna Nueva Delhi.
Se trata de un antiguo pozo escalonado o baoli, una construcción utilizada tradicionalmente en India para almacenar agua y permitir acceder a ella mediante una sucesión de escalones a medida que descendía su nivel. Agrasen Ki Baoli tenía más de un centenar de escalones distribuidos en diferentes niveles y flanqueados por galerías de arcos. Ahora, según nos cuentan, se utiliza por las parejas de jóvenes para sus fotos y en muchas pelis de Boliwood. Fotogénico resulta un rato desde luego.
Bangla Sahib, nuestro primer contacto con el sijismo
Una de las visitas que más nos ayudó a acercarnos a la enorme diversidad religiosa de Delhi fue el Gurdwara Bangla Sahib, uno de los templos sijs más importantes de la ciudad. Y es que aunque prácticamente el 80% de la población es hinduista, los sij representan una rama religiosa muy seguida en el país.
El sijismo nació en el Punjab a finales del siglo XV, así que cuenta con algo más de 500 años de historia. Su fundador fue Guru Nanak, quien comenzó a predicar una fe basada en la existencia de un único Dios, la igualdad entre las personas, el servicio de los demás y rechazando las diferencias de casta. Tras él se sucedieron otros nueve gurús hasta que el Guru Granth Sahib, el libro sagrado, pasó a ser considerado el gurú eterno de los sijs.
La verdad es que conocíamos parte de la cultura y tradiciones de los sijs de nuestras anteriores visitas a India y del fantástico post escrito por Jaume y Pedro con su aventura por el norte de India hacía años.
Las cinco K, las señas de identidad de los sijs
Sharma nos explicó también una de las características más reconocibles del sijismo. Los sijs iniciados en la Khalsa mantienen tradicionalmente las conocidas como cinco K, cinco elementos cuyo nombre comienza por esa letra en panyabí:
- Kesh: no cortarse el cabello, que suele recogerse y protegerse bajo el turbante. Los seguidores de esta religión son fácilmente distingues por este turbante, incluso sabrás distinguir a los niños que recogen su pelo en un gracioso moñete.
- Kangha: un pequeño peine de madera que simboliza limpieza y disciplina.
- Kara: el brazalete metálico que vemos habitualmente en la muñeca y que también es un distintivo muy reconocible de los sijs.
- Kachera: una prenda interior corta asociada al autocontrol.
- Kirpan: una pequeña espada o daga ceremonial, símbolo del deber de defender la justicia y al más débil.
Más que simples elementos de vestimenta, eran símbolos de identidad, disciplina y compromiso con su religión.
Y una vez entendidas algunas de estas tradiciones, resultaba mucho más interesante observar lo que ocurría a nuestro alrededor en Bangla Sahib. Aquí no habíamos venido únicamente a conocer un bonito templo: empezábamos a comprender una religión relativamente joven, nacida hace apenas cinco siglos, pero profundamente arraigada en la historia y la sociedad de India.
El ambiente del templo es inimaginable y la única pena que trajimos de la visita es no poder traer ni una sola foto, son muy estrictos en ese sentido y esta del todo prohibido. Comenzábamos a acostumbrarnos que la fotografía en templos y lugares sagrados no será bienvenida en India. La presencia de acólitos con enormes lanzas que vigilan el cumplimiento de la norma y que vimos en acción en el lugar te disuadirá de intentarlo.
El Langar y las cocinas del templo, lo que más nos sorprendió
Pero si hubo algo que realmente nos sorprendió de nuestra visita a Bangla Sahib no fue el templo, ni siquiera su enorme estanque sagrado. Ciertamente lo recordaba de manera muy vaga de mi anterior visita al norte del país. Lo más sorprendente fue descubrir lo que ocurría en sus cocinas.
Como en los gurdwaras de todo el mundo, los templos sijs de cualquier lugar, aquí funcionaba el Langar, una cocina comunitaria en la que cualquier persona podía sentarse a comer gratuitamente, sin importar su religión, procedencia, condición social o capacidad económica. Una magnífica manera de llevar a la práctica uno de los principios fundamentales del sijismo: todos somos iguales.
Acompañados por Sharma, entramos en las enormes cocinas y comprobamos que aquello era un auténtico espectáculo. Decenas de voluntarios preparaban cantidades enormes de comida: unos cortaban verduras, otros removían gigantescas ollas y otros elaboraban sin descanso los panes que terminarían servidos en el comedor. Hasta 30000 raciones diarias se podían llegar a repartir según nos dijeron.
Y lo mejor era que cualquiera podía participar y echar una mano.
Birla Mandir, un templo hinduista abierto a todos
Continuamos nuestra ruta por Delhi acercándonos al Laxminarayan Temple, más conocido como Birla Mandir, un templo hinduista mucho más reciente que buena parte de los monumentos que habíamos visitado durante la jornada.
Fue construido por la poderosa familia Birla entre 1933 y 1939 y estaba dedicado principalmente a Lakshmi, diosa de la prosperidad, y Narayan, una de las formas de Vishnu. Es particular la relación de los poderosos y la población pobre en India. Son en muchos casos grandes benefactores y aportan enormes donaciones que son evidentemente bienvenidas y que suplen las carencias del gobierno en muchos casos.
La condición que puso Gandhi
Llama la atención la historia de su inauguración. Mahatma Gandhi participó en ella en 1939, pero puso una condición especialmente significativa para la sociedad india de aquella época: el templo debía permanecer abierto a todas las personas independientemente de su casta.
Quizás arquitectónicamente no podía competir con algunos de los grandes templos que íbamos a encontrarnos durante el viaje, pero conocer este pequeño detalle histórico hizo que la visita adquiriera otro significado.
Era también una buena oportunidad para seguir acercándonos al hinduismo, después de haber comenzado el día descubriendo otras religiones y algunos de los muchos contrastes que hacían de Delhi una ciudad difícil de abarcar en una sola jornada.
Mediodía y, esta vez si, check in y un rato de descanso en el hotel.
Connaught Place, un paseo por el corazón de Nueva Delhi
Después de una mañana bastante intensa y de descansar unas horas en el hotel, por la tarde decidimos volver a salir por nuestra cuenta para acercarnos a Connaught Place, uno de los grandes centros comerciales y de ocio de Nueva Delhi.
Construido entre 1929 y 1933, durante la época británica, nos encontramos con una zona completamente diferente de la Delhi de templos y monumentos que habíamos recorrido por la mañana: grandes edificios blancos de estilo georgiano distribuidos alrededor de dos enormes anillos concéntricos, soportales, tiendas, restaurantes y cafeterías. La zona más “moderna” con tiendas occidentales y lugares donde seguro te encuentras más cómodo de entrada. Hoy sigue siendo uno de los principales lugares de encuentro de la ciudad y, aunque oficialmente se denomina Rajiv Chowk, todo el mundo continúa refiriéndose a él como CP o Connaught Place.
Los Uber en Delhi. Una aplicación necesaria para visitar el triángulo de Oro de India
Desde nuestro hotel, cerca del aeropuerto, pedimos un Uber que nos costó alrededor de 4 € (20 km y cerca de una hora de carrera). Y aprovechamos para confirmar algo: que Uber funcionaba francamente bien y, además, resultaba muy barato, por lo que se convirtió en una opción estupenda para movernos por nuestra cuenta cuando terminaban las visitas con Sharma. Eso sí, mejor que de la conducción en Delhi se encargue un local…
Después de tantas horas de templos, historia y monumentos, nos apetecía simplemente pasear, mezclarnos con el ambiente de Delhi y buscar algún sitio donde “parar a mirar”. El barrio, distribuido en círculos concéntricos como escribimos está lleno de gente y comercios a todas horas. Damos un paseo, todavía nos adentramos en un templo más donde se venera a la diosa Ganesha en un día festivo y terminamos con una cerveza en Connaught Place Social, todo un acierto (de hecho volveríamos unos días más tarde con amigos). El local está concebido como un homenaje a la historia postal de Delhi. Encontraréis sellos, antiguas cartas y postales, mesas que recuerdan a las de clasificación del correo y una gran barra inspirada en las ventanillas de las antiguas oficinas postales. Todo tiene relación con el histórico código postal 110001 del distrito.
Connaught Place fue un buen lugar para perdernos aquel primer día antes de caer en la cama para continuar con la visita de la agotadora Delhi al día siguiente.
Día 2. Seguimos descubriendo Delhi: Akshardham, el Templo del Loto, Jama Masjid y Old Delhi.
Después de una primera jornada bastante intensa, y todavía acostumbrándonos al ritmo, al calor y al inevitable caos de Delhi, comenzamos nuestro segundo día en la capital india dispuestos a seguir descubriendo algunas de sus muchas caras.
Si el día anterior nos había servido para empezar a comprender la enorme mezcla de culturas, religiones e historias que convivían en la ciudad, esta segunda jornada prometía seguir sorprendiéndonos.
El Templo del Loto, nuestra primera visita del segundo día
Comenzamos nuestro segundo día en Delhi acercándonos al Templo del Loto, uno de los edificios más reconocibles de la capital y, desde luego, uno de los más diferentes a todo lo que habíamos visitado durante la jornada anterior.
Inaugurado en 1986, pertenece a la Fe bahá’í y su espectacular diseño está inspirado en una flor de loto abierta. Sus 27 enormes pétalos revestidos de mármol blanco conforman el edificio. Tres niveles con nueve pétalos cada uno, uno por cada religión.
Un templo abierto a todas las religiones
Pero lo más interesante no estaba únicamente en su arquitectura. La Fe bahá’í defiende la unidad de la humanidad y de las religiones, y por eso el Templo del Loto estaba abierto a cualquier persona independientemente de sus creencias.
En su interior no encontramos imágenes, ídolos ni una decoración religiosa recargada. Todo lo contrario: un enorme espacio pensado para el silencio, la oración y la reflexión, en el que podían entrar personas de cualquier credo.
Akshardham, el templo con más controles de Delhi
Nuestra siguiente visita fue el Templo Akshardham, uno de los grandes complejos hinduistas de Delhi y, antes incluso de conseguir entrar, probablemente el templo con más controles de seguridad que habíamos visitado nunca.
El acceso resultó casi comparable al de un aeropuerto. Tuvimos que pasar diferentes controles y dejar prácticamente todo en las consignas antes de entrar. No estaban permitidos los teléfonos móviles, cámaras, dispositivos electrónicos ni bolsos grandes, así que durante unas horas tocó olvidarnos de fotografías, vídeos y redes sociales. Incluso un reloj inteligente no será bienvenido.
Las fuertes medidas de seguridad no eran casuales. En 2002, otro complejo Akshardham situado en Gandhinagar, en el estado de Gujarat, sufrió un grave atentado que causó decenas de muertos. Aunque el templo de Delhi se inauguró posteriormente, en 2005, la seguridad alrededor de estos complejos había quedado marcada desde entonces.
Tras superar los controles, nos esperaba uno de los complejos religiosos más espectaculares de la capital (y que más caro había costado levantar). Akshardham estaba dedicado a Bhagwan Swaminarayan y combinaba enormes edificios de piedra, esculturas, jardines y una decoración extraordinariamente detallada. El mármol blanco, la piedra arenisca y la roca roja esculpidas con maestría. El altar central se encuentra ricamente ornamentado con oro y piedras preciosas. El conjunto es realmente impresionante.
Jama Masjid, la gran mezquita y un imprescindible del Triángulo de Oro de India
Continuamos nuestro segundo día acercándonos a Jama Masjid, la gran mezquita de la Vieja Delhi y uno de los edificios religiosos más importantes de India.
La mandó construir el emperador mogol Shah Jahan, el mismo que levantó el Taj Mahal, entre 1650 y 1656, cuando decidió trasladar la capital de su imperio a Shahjahanabad, la actual Old Delhi. Su enorme patio podía acoger a unas 25.000 personas, una cifra que da buena idea de las dimensiones del lugar.
Después de subir la gran escalinata de acceso nos encontramos con una impresionante fachada de arenisca roja y mármol blanco, coronada por tres grandes cúpulas y flanqueada por dos minaretes de unos 40 metros.
Nuestra visita a Jama Masjid
Como en tantas visitas religiosas de India, aquí también tuvimos que cumplir algunas normas. Nos quitamos el calzado antes de entrar y fue necesario llevar hombros y piernas cubiertos; vimos que cuando la vestimenta no era adecuada facilitaban una túnica para poder acceder.
Pero quizá lo mejor de Jama Masjid no fue únicamente la mezquita. Desde su enorme patio empezamos a contemplar y escuchar el auténtico caos de Old Delhi que se extiende a sus pies.
Tanto nos gustó la mezquita que tras volver de nuestra ruta por Bután y con una jornada completa de escala en Delhi, volvimos a visitarla con Gema y Domin. En esta ocasión coincidió en viernes pero evitando las horas de rezo no tuvimos mayor complicación para la visita que la enorme cantidad de gente que congregaba. Además coincidió con un día de fiesta nacional (y dry day) por el nacimiento de Gandhi. Menudo ambientazo había en Old Delhi.
Y aquello era precisamente lo que nos esperaba a continuación.
Paseando por Old Delhi, el caos que veníamos buscando
Después de visitar Jama Masjid nos metimos de lleno en Old Delhi, y aquí sí apareció esa India caótica, ruidosa, abarrotada y fascinante que inevitablemente llevábamos en la cabeza.
La mejor manera de recorrer esta parte de la ciudad fue olvidarnos durante un rato del coche y perdernos por sus calles y bazares, entre motos, rickshaws, puestos de comida, cables imposibles, vendedores y una multitud que parecía moverse en todas direcciones al mismo tiempo.
De tiendas por los bazares de Old Delhi
Durante el paseo fuimos entrando también en algunas de sus pequeñas tiendas y comercios tradicionales, auténticos mundos en miniatura donde se acumulaban telas, especias, dulces, frutos secos, objetos religiosos y prácticamente cualquier cosa que uno pudiera imaginar.
Y entre tienda y tienda continuamos moviéndonos en rickshaw, probablemente una de las formas más divertidas de adentrarse en este laberinto. Sentados prácticamente a la altura de todo lo que ocurría a nuestro alrededor, avanzábamos como podíamos entre peatones, motos y otros rickshaws mientras el conductor encontraba huecos donde nosotros juraríamos que era imposible pasar. No dejéis de visitar nuestro Instagram si queréis saber de qué hablamos.
No había grandes monumentos que buscar ni una visita concreta que completar. Aquí lo interesante era precisamente mirar, escuchar, oler y dejarse llevar por Old Delhi.
Después de los grandes templos y monumentos de estos dos primeros días, aquel paseo terminó enseñándonos otra cara completamente diferente de la ciudad. Desordenada, agotadora y tremendamente fotogénica. Delhi en estado puro.
Raj Ghat, el memorial de Mahatma Gandhi
Después del bullicio casi indescriptible de Old Delhi, nuestra siguiente parada nos llevó a un lugar completamente diferente. Raj Ghat, el memorial dedicado a Mahatma Gandhi, era silencio, jardines y tranquilidad en medio de una ciudad que parecía no detenerse nunca.
Fue aquí, junto al río Yamuna, donde Gandhi fue incinerado el 31 de enero de 1948, un día después de ser asesinado en Delhi. En el lugar encontramos un memorial sorprendentemente sencillo: una plataforma de mármol negro que señala el punto de su cremación y sobre la que permanecía encendida una llama eterna.
“Hey Ram”, las palabras que acompañan a Gandhi
Sobre el monumento aparecían grabadas las palabras “Hey Ram”, que pueden traducirse como “Oh, Dios” u “Oh, Rama”. Tradicionalmente se han considerado las últimas palabras pronunciadas por Gandhi tras recibir los disparos, aunque existe debate histórico sobre si realmente llegó a decirlas.
Para acercarnos al memorial tuvimos que descalzarnos, como muestra de respeto, y recorrimos después los jardines que lo rodeaban.
No necesitaba grandes edificios ni una decoración espectacular. Precisamente su sencillez parecía encajar perfectamente con el personaje al que recordaba. También teníamos la suerte de haber visitado este monumento y de nuevo sorprendía. Jaume y Pedro nos contaron en su post mucho más acerca de la historia del líder indio en su ruta por libre por India y el paso por la capital.
Con todo esto, ¡llegó la hora de comer!. Nos llevaron a Connaught Clubhouse, un elegante local plagado de occidentales donde nos recomendaron el pollo y unas verduras, todo con un punto de picante. Además producen su propia cerveza y nos tomamos dos buenas pintas. Por 25 € los dos, lo único malo era el cantante… ¡Muy recomendable!. Otro de los que repetimos cuando llegaron Gema y Domin al viajazo.
Gandhi Smriti, la última casa de Mahatma Gandhi
Después de comer y habiendo visitado Raj Ghat, el lugar donde fue incinerado, nos acercamos a otro de los lugares fundamentales para conocer la figura de Gandhi en Delhi: Gandhi Smriti, la casa en la que pasó los últimos 144 días de su vida.
Por entonces era conocida como Birla House, residencia de la familia Birla, y Gandhi se alojó aquí desde septiembre de 1947 hasta el 30 de enero de 1948, cuando fue asesinado mientras se dirigía a la oración vespertina.
Los últimos pasos de Gandhi
Probablemente lo que más nos impresionó de la visita fue poder seguir simbólicamente los últimos pasos de Gandhi. Desde la habitación sencilla en la que vivía, unas huellas marcaban el camino que recorrió aquella tarde a través del jardín hasta el lugar donde fue disparado.
En el interior pudimos acercarnos también a su faceta más personal: fotografías, documentos y algunos de los objetos relacionados con su vida permitían comprender mejor al hombre que había detrás de uno de los personajes fundamentales de la historia contemporánea de India.
Aquí dejamos las visitas por hoy, tenemos la tarde libre y trataremos de aprovecharla. Fueron horas de descanso y un buen paseo por Aerocity, la pequeña ciudad construida alrededor del aeropuerto y concebida para guiris de paso. Tranquila después de dos días haciendo frente al frenético ritmo de Delhi.
Día 3. Rumbo a Jaipur, la tierra de los maharajás. Templo Birla y la ceremonia del Aarti.
Después de dos intensísimos días descubriendo Delhi, había llegado el momento de ponernos en carretera y comenzar nuestra ruta por el Triángulo de Oro de India. Dejábamos atrás una ciudad que nos había regalado templos de varias religiones, monumentos, historia y, por supuesto, ese maravilloso caos de Old Delhi que tanto nos había gustado. 25 años después de mi primera visita y esta ciudad seguía anclada en el pasado, poco había cambiado.
A las 8 de la mañana salimos del hotel para afrontar los aproximadamente 260 kilómetros que separaban Delhi de Jaipur, un trayecto que nos llevó unas seis horas con la parada para comer. En India aprendimos rápidamente que las distancias podían parecer razonables sobre el mapa, pero los tiempos de carretera jugaban en otra liga.
Nuestro destino era Jaipur, la famosa Ciudad Rosa y capital de Rajasthan, donde cambiaríamos por completo de escenario. Palacios, fortalezas, bazares, templos y aquella India de los antiguos maharajás que tantas ganas teníamos de conocer nos esperaban durante los siguientes dos días.
Pero antes había que llegar.
De Delhi a Jaipur: primeras paradas en carretera
La ruta entre Delhi y Jaipur iba a ocuparnos buena parte de la mañana y también nos permitió empezar a comprobar cómo eran realmente los desplazamientos por carretera en India. Ambas ciudades están unidas por una autopista de tres carriles aunque en tramos muy deteriorada y con un intenso y desordenado tráfico de coches, motos y camiones.
Después de aproximadamente dos horas de viaje, hicimos una primera parada para estirar las piernas y tomar un café antes de continuar hacia Rajasthan.
Comer en el palacio del maharajá de Shahpura
Sobre las 12 del mediodía llegamos a Shahpura, donde hicimos una parada bastante más especial para comer: un antiguo palacio del maharajá.
De repente, una simple parada en carretera se convirtió en otra pequeña experiencia del viaje. Dejamos durante un rato el tráfico y el ruido para entrar en un escenario que nos trasladaba directamente a aquella India de maharajás, palacios y grandes residencias que precisamente habíamos venido buscando a Rajasthan. Los viejos maharajás eran actualmente los que se ocupaban de hoteles y turismo en India y sus palacios habían pasado a se ahora alojamientos de lujo y restaurantes para turistas. Comimos allí mismo, en una sala donde antaño muy probablemente se reunieron los príncipes y reyes de Rajasthan. En nuestra opinión un menú justo pero suficiente, no sacaron la cubertería de plata aquel día…
Después de comer, todavía nos quedaban kilómetros por delante. Jaipur estaba cada vez más cerca.
Llegamos a Jaipur: nuestro hotel frente al fuerte Amber
Después de varias horas de carretera, la parada para el café y nuestra comida en Shahpura, por fin llegamos a Jaipur.
Nuestro alojamiento para estos días sería el KK Royal Hotel, situado frente al fuerte, así que la llegada no pudo tener un escenario más apropiado para empezar nuestra aventura por Rajasthan. Un hotel muy chulo y con buenas vistas como decimos.
Tocaba dejar las maletas, instalarnos y descansar un poco antes de volver a salir. La piscina y el calor eran una combinación tentadora, no menos que una buena siesta. El amplio ventanal de nuestra habitación se asomaba a la famosa fortificación de Jaipur.
Primera tarde en Jaipur, la Ciudad Rosa
Después descansar un poco, salimos de nuevo para tener nuestro primer contacto con Jaipur, capital de Rajasthan y una de las ciudades imprescindibles del famoso Triángulo de Oro de India.
El cambio respecto a Delhi se notaba. Habíamos llegado a la conocida como Ciudad Rosa, llamada así por el característico color de buena parte de los edificios de su centro histórico. Jaipur fue fundada en 1727 por el maharajá Sawai Jai Singh II. El gobernante decidió ese año trasladar su capital desde la cercana Amber ante el crecimiento de la población y los problemas de abastecimiento de agua. La nueva ciudad fue diseñada siguiendo una cuadrícula sorprendentemente ordenada para la época. De hecho, la ciudad histórica amurallada de Jaipur es actualmente Patrimonio Mundial de la UNESCO precisamente por su excepcional planificación urbana.
¿Por qué Jaipur es la Ciudad Rosa?
Lo curioso es que Jaipur no nació rosa.
El color que hoy identifica la ciudad llegó en 1876, cuando el maharajá Sawai Ram Singh II mandó pintar las fachadas de un tono rosado para recibir al príncipe de Gales, el futuro rey Eduardo VII. El rosa estaba asociado a la hospitalidad y terminó gustando tanto que se convirtió para siempre en una de las señas de identidad de Jaipur. Dentro de la ciudad amurallada nos esperaban algunas de las visitas imprescindibles en un viaje a India: el City Palace, Jantar Mantar y el inconfundible Hawa Mahal.
Pero dejamos los grandes monumentos para el día siguiente y para nuestra primera tarde nos fuimos directamente a conocer el ambiente y el más importante de sus templos.
Textiles y alfombras de Jaipur: imposible salir con las manos vacías
Pero Jaipur tiene también una enorme tradición artesanal y tras la sobremesa tuvimos tiempo para acercarnos a una cooperativa local dedicada a los textiles. El carácter mercantil de los indios hace que sea inevitable este tipo de visitas en cualquier viaje organizado y tampoco nos importaba acercarnos algo al modo de producción de sus famosos telares.
Allí pudimos conocer algo más sobre la elaboración de las famosas alfombras de Rajasthan, desde el tejido manual hasta el corte, lavado y acabado final. Pero Jaipur era también tierra de telas, algodón, sedas y de los tradicionales estampados realizados con bloques de madera, una técnica artesanal que seguía utilizándose para decorar prendas, manteles y todo tipo de tejidos.
Como suele ocurrir en estos sitios, empezamos simplemente mirando, continuamos preguntando precios y acabamos haciendo lo inevitable…
Por supuesto, compramos.
Al fin y al cabo, algún recuerdo había que llevarse de Jaipur y pocas cosas representaban mejor la tradición artesanal de Rajasthan que sus tejidos y alfombras.
Unas vistas privilegiadas del Hawa Mahal
Tras ello hicimos una parada de esas que terminaban regalándonos uno de los mejores momentos del día.
Sharma nos llevó hasta la tienda de un joyero amigo suyo, situada justo frente al Hawa Mahal, el famoso Palacio de los Vientos. Pero esta vez no era para comprar. Subimos hasta su terraza y allí nos encontramos, prácticamente de frente, con una de las imágenes más reconocibles de Jaipur. Sin duda una posición privilegiada frente al caos y la mezcla de locales y turistas que contemplábamos desde arriba cómodamente con un café en la mano.
Durante un rato nos limitamos a sentarnos y disfrutar de las vistas. Frente a nosotros se levantaba aquella espectacular fachada rosada, mientras abajo continuaba el tráfico, las motos, los tuk-tuks y el inevitable bullicio de la ciudad.
El Palacio de los Vientos desde las alturas
Construido en 1799, el Hawa Mahal fue diseñado con sus cientos de pequeñas ventanas y celosías para permitir que las mujeres de la familia real pudieran observar la vida de la calle sin ser vistas, siguiendo las costumbres de la época.
Y allí estábamos nosotros, tomando algo tranquilamente en la terraza de un joyero de Jaipur, con el Palacio de los Vientos delante, observado y sin ser observados. Todas las miradas eran para la fachada.
Un buen rato y decenas de fotos después afrontamos la última visita de la tarde, el templo Birla Mandir.
Birla Mandir y nuestra primera ceremonia Aarti en Jaipur
El Birla Mandir de Jaipur, también conocido como Lakshmi Narayan Temple, fue construido en mármol blanco y estaba dedicado principalmente a Vishnu y Lakshmi, diosa de la prosperidad. Comprobamos con curiosidad que, a pesar de tratarse de un templo hindú, entre los relieves de su fachada también se encuentran personajes fundamentales de otras religiones.
Llegamos además a una hora especialmente interesante, porque nuestra visita coincidió con la ceremonia Aarti del atardecer.
¿Qué es una ceremonia Aarti?
El Aarti es un ritual hinduista de oración en el que la luz se ofrece a las divinidades, generalmente mediante lámparas de aceite o fuego. La ceremonia se acompañaba de campanas, cánticos, oraciones e incienso, creando un ambiente que tenía poco que ver con limitarse a recorrer el templo como una visita turística más. No éramos los únicos turistas pero eso carecía de importancia.
Después de toda una mañana de carretera, terminamos nuestro primer día en Rajasthan rodeados de hindúes y turistas participando como espectadores en uno de sus rituales cotidianos.
Anocheció y de vuelta al hotel. Quedaba descansar para afrontar el día fuerte en Jaipur.
Día 4. Jaipur: Fuerte Amber, City Palace, Jantar Mantar y Hawa Mahal.
Despertarnos en Jaipur y asomarnos a la ventana para contemplar sobre la colina parte de la muralla del Fuerte Amber era toda una declaración de intenciones.
Después de desayunar en el K K Royal, salimos dispuestos a afrontar uno de los días más completos de nuestra ruta por el Triángulo de Oro de India. Y empezábamos precisamente allí arriba, en Amber, la antigua capital de los gobernantes de Jaipur y uno de los grandes fuertes de Rajasthan.
Después llegarían los palacios y la Ciudad Rosa pero habíamos dejado también para esta jornada una visita bastante diferente. Nos esperaba Galta Ji, el famoso Templo de los Monos, donde Youlan Tours nos había preparado una experiencia muy especial acompañados por el conocido como Monkey Man.
Fuerte Amber, la gran fortaleza de los maharajás de Jaipur
Todo eso fue después. A unos 11 kilómetros del centro de Jaipur, el Fuerte Amber —o Amer Fort— se levantaba sobre una colina dominando el lago Maota y la antigua ciudad de Amber.
Amber, como decíamos, había sido la capital de los gobernantes Kachwaha antes de que Jaipur asumiera ese papel en el siglo XVIII. La construcción del gran complejo palaciego comenzó en 1592 bajo Raja Man Singh I y fue ampliándose durante generaciones, creando esa curiosa y colorida combinación de arquitectura rajput y mogol que encontrábamos en sus patios, puertas y palacios.
Mucho más que una fortaleza
Una vez dentro descubrimos que Amber tenía bastante más de palacio que de fortaleza. El recorrido iba atravesando sucesivos patios que nos llevaban desde los espacios públicos hasta las dependencias cada vez más privadas de la familia real.
Pasamos por Jaleb Chowk, el gran patio de entrada; el Diwan-i-Aam, utilizado para las audiencias públicas; y la espectacular Ganesh Pol, una de las puertas más bonitas del complejo y la entrada hacia las zonas privadas del palacio.
Pero uno de los espacios que más llamaba la atención era el Sheesh Mahal o Palacio de los Espejos, decorado con multitud de pequeños fragmentos de espejo que multiplicaban la luz. Jardines, columnas, celosías y las vistas sobre el lago Maota completaban una visita en la que merecía la pena pararse a imaginar cómo debía ser la vida de la corte de Amber siglos atrás.
Amber, Patrimonio de la Humanidad
Desde 2013, Amber forma parte de los seis Fuertes de las Colinas de Rajasthan declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, un conjunto que refleja el poder y la arquitectura de los antiguos estados principescos rajput. También le dedicamos un reel en nuestra cuenta de Instagram, un vídeo en el que te puedes hacer una idea de las dimensiones y belleza del fuerte.
Jantar Mantar, el sorprendente observatorio astronómico de Jaipur
Nuestra próxima parada nos llevó al centro de la ciudad y a uno de los lugares más curiosos de Jaipur: Jantar Mantar, un enorme observatorio astronómico construido a comienzos del siglo XVIII por Sawai Jai Singh II, fundador de la ciudad y un auténtico apasionado de la astronomía.
A primera vista, aquello parecía una colección de gigantescas esculturas geométricas. Rampas, semicírculos, escaleras y enormes estructuras de piedra repartidas por un jardín. Pero todo tenía una función astronómica.
Jai Singh II mandó construir observatorios en varias ciudades de India para mejorar las mediciones astronómicas de la época. El de Jaipur, terminado en la década de 1730, fue el más grande y completo de todos ellos y actualmente está igualmente reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Instrumentos astronómicos gigantes… y sorprendentemente precisos
Jantar Mantar reunía 19 instrumentos astronómicos monumentales diseñados para observar la posición de los astros, calcular la altura y trayectoria del Sol, determinar coordenadas celestes o conocer la hora.
Y precisamente su instrumento más espectacular era el Samrat Yantra, un gigantesco reloj solar cuya estructura alcanzaba unos 27 metros de altura.
Lo increíble era descubrir que, pese a haber sido construido hace casi tres siglos, permitía medir el tiempo con una precisión extraordinaria. Mientras recorríamos el observatorio resultaba fascinante pensar que aquellas enormes construcciones funcionaban simplemente combinando piedra, geometría, sombras y el movimiento del Sol. Pasamos un buen rato entre aquellas peculiares construcciones.
City Palace, el Palacio Real de Jaipur
Justo al lado de Jantar Mantar continuamos nuestra visita por el corazón de la Ciudad Rosa entrando en el City Palace, el gran Palacio Real de Jaipur. Cruzamos andando la calle y ya estábamos dentro. Valga decir en este momento que de hacerse con las entradas y el pago de las mismas se encargaba nuestro guía Sharma, nosotros nos limitábamos a esperar unos minutos para comenzar las visitas.
El complejo palaciego comenzó a construirse en el siglo XVIII por iniciativa del mismo Sawai Jai Singh II. Durante generaciones fue ampliándose hasta convertirse en una enorme sucesión de patios, jardines, pabellones y palacios.
Pero no era únicamente un monumento histórico. Parte del complejo continuaba vinculada a la familia real de Jaipur, mientras que otras dependencias se habían convertido en museos abiertos al público.
Las puertas más bonitas del Palacio de Jaipur
Uno de los rincones mas bonitos era Pritam Niwas Chowk, conocido como el Patio de los Amados. Allí se encontraban cuatro espectaculares puertas decoradas, cada una relacionada con una estación del año y una divinidad hinduista.
La más famosa era la Puerta del Pavo Real, dedicada al otoño y asociada a Vishnu, cubierta de colores y pequeños pavos reales. Era también uno de esos lugares en los que resultaba prácticamente imposible guardar la cámara.
Durante el recorrido encontramos además antiguas salas de audiencias, colecciones de armas, tejidos y objetos pertenecientes a los maharajás de Jaipur. Entre los elementos más curiosos estaban las enormes vasijas de plata Gangajali, utilizadas por el maharajá Madho Singh II para transportar agua del Ganges para beber durante su viaje a Inglaterra a comienzos del siglo XX.
Llegó la hora de comer y lo hicimos en un restaurante para turistas donde por 15 € añadimos una cerveza al bufet, más que correcto. Para la sobremesa elegimos dar un paseo “tranquilos” por el centro de Jaipur. Una hora poco más o menos y unas decenas de fotos más tarde volvemos al hotel.
El plan de la tarde, salir con un vehículo para disfrutar de la ciudad iluminada desde distintos enclaves, se torció por culpa de la lluvia. Aún así, optamos por tomar un Uber desde el hotel y llegar hasta el centro. El palacio de los Vientos iluminado merecía unas fotos y así lo hicimos. Subimos a una terraza, Jaipur Vista Café, empujados por vendedores de la zona con la promesa de que pasaríamos por sus tiendas después. Poco a poco dejó de llover, lo que nunca se agotó fue el ensordecedor ruido de los cláxones…
Día 5. De Jaipur a Agra: Galta Ji, pozos imposibles y ciudades abandonadas, Fatehpur Sikri
Para la mañana siguiente dejábamos atrás Jaipur después de dos días intensos en la tierra de los maharajás. Aquella jornada sin embargo iba a ser cualquier cosa menos un simple traslado hasta Agra.
Por delante teníamos unos 260 kilómetros de carretera y varias paradas que justificaban por sí solas el viaje. Primero continuaríamos hacia Galta Ji, el templo de los monos, una de las visitas que más nos gustaron muy cerca de Jaipur y Fatehpur Sikri, llegando a Agra. La antigua capital imperial de Akbar era la ciudad que nos introduciría de lleno en la historia del Imperio mogol. Después nos esperaba Abhaneri y el espectacular Chand Baori, uno de los pozos escalonados más impresionantes de India.
Y al final del camino estaba Agra.
Del Rajasthan de los maharajás a la India de los emperadores mogoles. El quinto día prometía ser uno de los grandes días de nuestro viaje.
Galta Ji, el Templo de los Monos de Jaipur
Alberto, gerente de Youlan, quiso incluir en nuestra ruta Galta Ji, un antiguo lugar de peregrinación hinduista escondido entre las colinas de los Aravalli y conocido popularmente entre los viajeros como el Templo de los Monos de Jaipur. Galta Ji no era un único templo. Era todo un complejo religioso formado por santuarios, pabellones, patios, manantiales naturales y varios estanques sagrados o kunds, encajados entre las montañas.
Su historia estaba vinculada al sabio hinduista Galav, que según la tradición pasó aquí muchos años dedicado a la meditación y la penitencia. La leyenda cuenta que los dioses recompensaron su devoción haciendo brotar agua en este lugar, lo que explicaría el carácter sagrado de sus manantiales.
Los estanques sagrados de Galta Ji
El agua era precisamente uno de los elementos fundamentales de Galta Ji. El complejo contaba con siete kunds o estanques sagrados, alimentados por un manantial que descendía de la montaña. El agua brotaba a través de un Gaumukh, una estructura con forma de cabeza de vaca, animal sagrado en el hinduismo.
De todos, el más importante era el Galta Kund, considerado especialmente sagrado y al que acudían los peregrinos para realizar baños rituales. Tuvimos la oportunidad de contemplar sus rituales y disfrutar haciendo fotos de las mujeres con sus coloridos saris aprovechando para ese baño purificador. Durante celebraciones como Makar Sankranti, Galta Ji recibía a numerosos fieles que acudían expresamente para sumergirse en sus aguas.
¿Por qué lo llaman el Templo de los Monos?
Y entonces estaban ellos.
Monos por todas partes.
En los tejados, junto a los estanques, sobre los muros, atravesando las escaleras o esperando cualquier oportunidad para hacerse con algo de comida. Alguno vimos como se hacía con un móvil…
El nombre de Monkey Temple hacía referencia especialmente al Ramgopalji Temple o Galwar Bagh, integrado en el conjunto de Galta Ji. La importante colonia de monos que vivía en esta zona terminó convirtiéndose en una de las imágenes más conocidas del lugar.
Nuestra experiencia con el “Monkey Man” de Galta Ji
Youlan Tours nos había preparado aquí una de las experiencias más peculiares de nuestro paso por Jaipur: recorrer Galta Ji acompañados por uno de los hombres conocidos localmente como Monkey Man.
Monkey Man no era el nombre de una figura religiosa ni un cargo oficial del templo. Era un apodo utilizado para personas de la zona especialmente acostumbradas a convivir e interactuar con los monos de Galta Ji. Los monos estaban completamente acostumbrados a la presencia de los fieles pero seguían siendo animales. Saber cómo acercarnos, cosa que no hicimos y cómo comportarnos ante ellos convertía la visita en algo bastante diferente a simplemente llegar, hacer unas fotografías y marcharnos.
Abhaneri y Chand Baori, el pozo escalonado que parece imposible
Tras la fantástica visita del Templo de los Monos, dejamos Jaipur rumbo a Agra, pero antes de continuar hacia Fatehpur Sikri hicimos una parada: Abhaneri, una pequeña localidad situada a unos 90 kilómetros de Jaipur, en ruta hacia Agra.
Allí se escondía una de las construcciones más sorprendentes que vimos durante nuestro paso por Rajasthan: Chand Baori. Un gigantesco pozo y un auténtico laberinto de escaleras perfectamente ordenadas.
Chand Baori, 3.500 escalones para llegar hasta el agua
Los baori o pozos escalonados fueron una ingeniosa solución para almacenar agua en regiones donde las lluvias eran muy estacionales. En lugar de limitarse al típico pozo vertical, aquí se construían enormes depósitos a los que se podía descender mediante escaleras a medida que bajaba el nivel del agua.
Chand Baori es uno de los mayores y más antiguos de Rajasthan. Su construcción data del siglo IX, durante el reinado del rey Chanda de la dinastía Nikumbha, y fue concebido tanto para conservar agua como para proporcionar un lugar más fresco al majarahá y su corte durante los meses de calor.
Lo que re deja con la boca abierta fueron sus dimensiones y, sobre todo, su geometría. Nada menos que 3.500 estrechos escalones, perfectamente distribuidos en tres de sus lados, iban descendiendo hacia el fondo formando un espectacular dibujo de líneas y triángulos. Desde todos los ángulos se obtenían vistas fascinantes. En el cuarto lado se levantaba un pabellón de tres plantas con balcones destinados a la familia real.
Escaleras que subían, bajaban y se cruzaban formando un dibujo absolutamente hipnótico. Y dependiendo de cómo incidía el sol, las luces y sombras hacían todavía más espectacular aquella sucesión casi infinita de peldaños.
Mucho más que un depósito de agua
Chand Baori además de una obra hidráulica también tuvo una importante función social: eran lugares de encuentro para la población, además de permitir acceder al agua y refugiarse parcialmente del intenso calor de Rajasthan.
Aquella estructura que hoy parecía diseñada para conseguir la fotografía perfecta tenía en realidad una finalidad absolutamente práctica hace más de mil años. Desde luego fue todo un acierto incluir la visita en nuestra ruta por el Triángulo de Oro de India en 7 días.
El templo de Harshat Mata
Justo al lado de Chand Baori se encontraba otro lugar que completaba la visita: el templo de Harshat Mata, datado entre los siglos IX y X y dedicado a una divinidad relacionada tradicionalmente con la alegría y la felicidad.
El templo conservaba numerosas esculturas y elementos arquitectónicos que permitían imaginar la importancia que debió de tener Abhaneri siglos atrás.
Unos cuantos kilómetros más y parada para comer. Habitualmente lo hacíamos en locales con menú tipo bufet para turistas, muy correctos y con una buena variedad de opciones. Comer costaba unos 10 €, 15 € cuando añadíamos la cerveza y la propina de servicio.
Fatehpur Sikri, la ciudad imperial abandonada antes de llegar a Agra
Antes de llegar a Agra hicimos otra parada, una de esas paradas que inicialmente podían parecer secundarias y que terminaron teniendo muchísimo más interés del esperado: Fatehpur Sikri, la antigua ciudad imperial levantada por el emperador mogol Akbar.
A medida que nos acercábamos, el paisaje volvía a teñirse del característico color de la arenisca roja. Pero aquello no era simplemente otro palacio. Fatehpur Sikri había sido concebida como una auténtica ciudad: con palacios, mezquitas, edificios administrativos, viviendas y espacios destinados a la corte y al ejército. De hecho, la UNESCO la considera la primera ciudad planificada de los mogoles.
La efímera capital del emperador Akbar
Su historia era tan espectacular como breve.
El emperador Akbar el Grande mandó construir Fatehpur Sikri en la segunda mitad del siglo XVI y estableció aquí la capital del Imperio mogol. Sin embargo, aquella condición duró apenas unos años: en 1585 la corte se trasladó a Lahore y la ciudad perdió rápidamente el protagonismo para el que había sido concebida.
Precisamente eso era lo que hacía tan especial recorrerla. Estábamos caminando por los restos de una ciudad creada para convertirse en el gran centro de uno de los imperios más poderosos de su época y que disfrutó de aquel esplendor durante muy poco tiempo.
Palacios, patios y salas de audiencias
El recinto era enorme y había bastante que ver. Entre sus edificios más interesantes se encontraban el Diwan-i-Am, donde el emperador celebraba las audiencias públicas, y el Diwan-i-Khas, destinado a encuentros más privados.
También destacaban el Panch Mahal, un curioso pabellón de cinco plantas sostenido por numerosas columnas; el Anup Talao, un estanque ornamental situado frente a algunos de los pabellones reales; y las diferentes dependencias palaciegas de la ciudad imperial.
La arquitectura mezclaba elementos de tradición india con influencias persas e islámicas, una combinación que encontrábamos constantemente mientras atravesábamos patios, columnas, celosías y pabellones.
Jama Masjid y la espectacular Buland Darwaza
La parte religiosa constituía otro de los grandes conjuntos de Fatehpur Sikri. Su Jama Masjid, terminada hacia 1571-1572, fue una de las primeras grandes construcciones de la ciudad y continúa siendo una de las mezquitas históricas más importantes del complejo.
En su patio se encontraba además la delicada tumba del santo sufí Sheikh Salim Chishti, realizada principalmente en mármol blanco y que contrastaba enormemente con la arenisca roja que dominaba buena parte de Fatehpur Sikri.
Y después estaba la monumental Buland Darwaza, la gran Puerta de la Victoria levantada por Akbar para conmemorar su victoria en Gujarat. La UNESCO destaca esta construcción como una de las obras monumentales más importantes de su reinado.
Fatehpur Sikri, Patrimonio Mundial
Fatehpur Sikri fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986. Su importancia no residía únicamente en la belleza de sus edificios: la planificación de la ciudad y su combinación de arquitectura residencial, administrativa y religiosa tuvieron influencia en el posterior urbanismo mogol.
Aquel largo día terminaba para nosotros a las seis de la tarde haciendo el check in en el hotel.
Grand Mercure Hotel, nuestro hotel en Agra
Grand Mercure Hotel de la cadena Accord. Al igual que durante el resto del viaje, un Hhotel de primerísimo nivel, en esta ocasión con vistas Taj Majal desde la última planta donde además ¡se puede disfrutar de la piscina y una cerveza!.
Día 6. Agra y los dos gigantes del Imperio mogol: Taj Mahal y Fuerte Rojo
Habíamos llegado a uno de esos días marcados en rojo desde que comenzamos a preparar nuestro Triángulo de Oro de India en 7 días. Estábamos en Agra y teníamos por delante dos de los grandes monumentos del país: el Taj Mahal y el Fuerte Rojo de Agra.
Dos lugares absolutamente diferentes, pero estrechamente relacionados. Uno nos iba a hablar de amor, mármol blanco y de la obsesión del emperador Shah Jahan por construir un mausoleo extraordinario para su esposa Mumtaz Mahal. El otro, de poder, conquistas, palacios y de la historia de los emperadores mogoles que gobernaron buena parte de India.
Y entre ambos existía además una historia fascinante: años después de ordenar construir el Taj Mahal, Shah Jahan terminó recluido por su propio hijo Aurangzeb en el Fuerte de Agra, desde donde la tradición cuenta que podía contemplar a lo lejos el mausoleo de su esposa.
Después de varios días siguiendo las huellas de maharajás y emperadores, aquel era el día en el que muchas de las historias que habíamos ido escuchando durante el viaje terminaban conectándose.
Y pocas ciudades podían ofrecernos un escenario mejor para hacerlo que Agra.
Madrugando para ver el Taj Mahal. Imprescindible en la ruta por el Triángulo de Oro de India en 7 días
El despertador sonó temprano. A las seis de la mañana salimos del hotel rumbo al Taj Mahal, intentando llegar a primera hora y aprovechar uno de los mejores momentos del día para visitarlo.
Madrugar aquí tenía todo el sentido. Queríamos encontrarnos con el Taj con la luz suave de las primeras horas de la mañana, temperaturas más agradables y, dentro de lo posible, antes de que llegaran las grandes multitudes.
Y aunque no era para mí, no era la primera vez frente a él, había lugares para los que parecía imposible estar preparado.
El Taj Mahal, nuestro reencuentro con el gran icono de India
Hay monumentos que uno ha visto tantas veces en fotografías, documentales y libros que corres el riesgo de pensar que, cuando llegue hasta ellos, ya no conseguirán sorprenderte. Con el Taj Mahal ocurre exactamente lo contrario.
Había merecido la pena madrugar. Atravesamos los controles y la gran puerta de acceso y, poco a poco, apareció delante de nosotros esa silueta que resulta imposible confundir con ninguna otra.
El Taj Mahal estaba allí.
La historia de amor detrás del Taj Mahal
El Taj Mahal fue construido por orden del emperador mogol Shah Jahan en memoria de su esposa Mumtaz Mahal, fallecida en 1631 durante el parto de su decimocuarto hijo. Las obras del mausoleo comenzaron en 1632 y el edificio principal quedó terminado en 1648; el resto del complejo, incluidos edificios auxiliares y jardines, se completó hacia 1653.
Pero reducir el Taj Mahal únicamente a una historia de amor sería quedarse corto. Su construcción coincidió con uno de los momentos de mayor esplendor y poder del Imperio mogol, y para levantarlo participaron artesanos especializados en cantería, caligrafía, talla, incrustaciones y construcción de cúpulas procedentes de diferentes territorios del imperio, además de Asia Central e Irán. La UNESCO identifica a Ustad Ahmad Lahori como su principal arquitecto.
Mucho más que el mausoleo de mármol blanco
Una de las cosas que más nos gustó fue detenernos antes de acercarnos al edificio principal y contemplar el conjunto completo.
El Taj Mahal ocupaba un recinto de unas 17 hectáreas junto al río Yamuna, organizado siguiendo los principios de los jardines mogoles. La gran puerta de entrada, los jardines, los canales y estanques, la mezquita de arenisca roja y su edificio gemelo acompañaban al mausoleo creando una composición extraordinariamente equilibrada.
Y prácticamente todo jugaba con la simetría.
El mausoleo se levantaba sobre una gran plataforma de mármol, con sus cuatro minaretes situados en las esquinas. Frente al blanco del edificio principal, la mezquita y el edificio situado simétricamente al otro lado estaban construidos fundamentalmente en arenisca roja.
Según avanzábamos por los jardines, la perspectiva iba cambiando. Y también lo hacía el propio Taj. La luz de primera hora iba modificando el tono del mármol, pasando de colores más suaves a un blanco cada vez más intenso.
Era difícil dejar de hacer fotografías.
Los detalles que no se aprecian desde lejos
Y si desde la distancia impresionaba por sus dimensiones y proporciones, acercarnos descubría una parte completamente diferente del monumento.
El mármol estaba decorado con relieves, motivos florales e incrustaciones de piedras preciosas y semipreciosas, además de grandes inscripciones caligráficas con versos del Corán.
Desde los jardines parecía casi perfecto por su simetría; a pocos centímetros aparecía el trabajo minucioso de quienes tallaron, pulieron e incrustaron cada detalle.
Entrando en el mausoleo
Entramos también en el interior del mausoleo, para lo que era necesario adquirir una entrada adicional a la general. En el momento de nuestro viaje, ese suplemento era de 200 rupias.
En la cámara principal se encontraban los cenotafios de Mumtaz Mahal y Shah Jahan, aunque las verdaderas tumbas estaban situadas en una cámara inferior, siguiendo la tradición de los mausoleos imperiales mogoles.
Y aquí aparecía una curiosidad fantástica.
Después de haber construido un conjunto basado casi obsesivamente en la simetría, la tumba de Shah Jahan terminó rompiéndola. El cenotafio de Mumtaz ocupaba el eje central, mientras que el del emperador fue colocado posteriormente a su lado, después de su muerte.
Era una pequeña imperfección dentro de una obra concebida para ser prácticamente perfecta.
¿Por qué el Taj Mahal es Patrimonio Mundial?
El Taj Mahal fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1983. Para la organización representa uno de los mayores logros arquitectónicos y artísticos de la arquitectura funeraria indoislámica, destacando especialmente su armonía, proporciones, artesanía y tratamiento de la simetría.
Y delante de él resultaba bastante fácil entenderlo.
Porque más allá de rankings, listas de maravillas y fotografías de Instagram, el Taj Mahal tenía algo difícil de explicar: funciona como un conjunto perfecto.
El mármol, los minaretes, el agua, los jardines, la mezquita, el río Yamuna y esa enorme cúpula que dominaba todo el recinto. Fueron dos horas de visita repletas de momentos para las fotos.
¿Merece la pena madrugar para visitar el Taj Mahal?
Para nosotros, sin ninguna duda.
Habíamos salido a las seis de la mañana y volveríamos a hacerlo exactamente igual. Las primeras horas nos permitieron disfrutar de temperaturas más agradables y, sobre todo, contemplar cómo la luz del amanecer iba cambiando el aspecto del monumento. En dos horas las luces iban cambiando totalmente y el brillo del edificio iba modificándose con el paso de los minutos.
Además, el horario oficial está pensado precisamente alrededor de la luz solar: el Taj Mahal abre 30 minutos antes del amanecer y cierra 30 minutos antes del atardecer.
Eso sí, como os contamos en nuestro anterior artículo sobre cómo preparar el viaje a la India, hay un detalle fundamental al preparar cualquier ruta por India: los viernes permanece cerrado para las visitas turísticas generales.
Fuerte Rojo de Agra, el otro gran monumento de la ciudad
Después del madrugón y de pasar las primeras horas de la mañana recorriendo el Taj Mahal, regresamos a desayunar. Necesitábamos recuperar fuerzas porque nuestra jornada en Agra todavía guardaba otro de sus platos fuertes.
Nos dirigimos al Fuerte de Agra, también conocido como Fuerte Rojo, situado a pocos kilómetros del Taj Mahal y a orillas del río Yamuna. Y aunque después de contemplar una de las grandes maravillas del mundo podía parecer difícil sorprendernos, enseguida descubrimos que aquello era muchísimo más que una simple fortaleza.
Tras sus enormes murallas de arenisca roja se escondía en realidad una auténtica ciudad imperial, residencia de algunos de los emperadores mogoles más importantes. Sus murallas forman un recinto de unos 2,5 kilómetros que alberga palacios, patios, salas de audiencias y mezquitas.
De Akbar a Shah Jahan: el poder del Imperio mogol
El gran responsable de transformar Agra Fort en la fortaleza que conocemos fue el emperador Akbar, que reconstruyó y amplió el recinto durante la segunda mitad del siglo XVI. Con él, Agra se convirtió en uno de los grandes centros políticos del Imperio mogol.
Pero el fuerte fue evolucionando con sus sucesores. Jahangir y, especialmente, Shah Jahan añadieron nuevos palacios y dependencias. Y ese cambio se apreciaba perfectamente durante la visita: la poderosa arenisca roja asociada a la época de Akbar iba dejando paso en algunos espacios al mármol blanco y a una decoración mucho más refinada, tan característica del reinado de Shah Jahan.
Era como continuar la historia que habíamos ido siguiendo durante los últimos días. Fatehpur Sikri nos había acercado a Akbar; el Taj Mahal nos había llevado hasta Shah Jahan; y ahora, dentro del Fuerte de Agra, volvíamos a encontrarlos a todos.
Palacios, patios y salas de audiencias
El interior era enorme. Entre los espacios más importantes se encontraban el Jahangiri Mahal, uno de los principales palacios conservados; el Khas Mahal, relacionado con Shah Jahan; y el Diwan-i-Khas, la sala destinada a las audiencias privadas del emperador. El conjunto incluía además mezquitas y numerosas dependencias de la corte.
Lo que desde fuera parecía una fortaleza puramente defensiva iba transformándose conforme avanzábamos en una sucesión de patios, columnas, pabellones y palacios.
Y entonces llegamos a uno de los lugares que más ganas teníamos de ver.
El Taj Mahal visto desde el Fuerte de Agra
Desde algunos puntos del fuerte aparecía de nuevo, a lo lejos y al otro lado del Yamuna, el Taj Mahal.
Después de haberlo recorrido apenas unas horas antes, contemplarlo ahora desde las estancias del Fuerte de Agra resultaba especialmente emocionante porque ambos monumentos estaban íntimamente relacionados.
Aquí pasó sus últimos años Shah Jahan, después de que su hijo Aurangzeb se hiciera con el poder. La historia de aquel emperador que había mandado levantar el Taj Mahal en memoria de Mumtaz Mahal terminaba así conectando los dos grandes monumentos de Agra.
Y aquella vista nos regalaba una de las imágenes más evocadoras del día: el Taj Mahal recortándose en la distancia desde la que había sido la residencia de los emperadores mogoles.
Patrimonio Mundial de la UNESCO
El Fuerte de Agra fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1983, el mismo año que el Taj Mahal. La organización destaca su importancia como gran ciudad imperial fortificada mogola y el extraordinario conjunto de palacios y edificios conservados dentro de sus murallas. Calcula al menos una hora u hora y media para la visita. Es impensable no incluir su visita en un recorrido por el Triángulo de Oro de India en 7 días.
Nos dejan de nuevo en el hotel. Nos subimos a un tuk tuk y por 100 rupias (1 €), nos damos una vuelta por Agra. Esto es India. Vuelta al hotel, comida y a por las visitas de la tarde.
Sikandra y el mausoleo de Akbar, la tumba del gran emperador mogol
Después del Taj Mahal y del Fuerte Rojo continuamos siguiendo las huellas de los emperadores mogoles en Agra. Nuestra siguiente parada fue Sikandra, a unos 10 kilómetros del centro, donde se encontraba el mausoleo de Akbar el Grande, uno de los personajes fundamentales para entender buena parte de lo que habíamos visto durante los últimos días.
Akbar había sido el emperador que convirtió Fatehpur Sikri en su capital, impulsó la transformación del Fuerte de Agra y gobernó el Imperio mogol durante casi medio siglo. Curiosamente, fue él mismo quien eligió Sikandra como lugar para su tumba e inició la construcción del mausoleo antes de morir en 1605. Su hijo y sucesor, Jahangir, se encargó de completarlo, hacia 1613.
Una tumba muy diferente al Taj Mahal
La primera gran diferencia estaba en el color. Aquí regresaba la arenisca roja, combinada con mármol blanco, mosaicos, caligrafía, celosías y motivos geométricos.
Una espectacular puerta monumental daba acceso a un enorme jardín de estilo charbagh, dividido siguiendo la tradición de los jardines persas. Desde allí avanzamos hacia el mausoleo, una curiosa construcción de cinco niveles y forma piramidal, completamente diferente a la gran cúpula que habíamos contemplado aquella misma mañana en el Taj Mahal.
Pero quizá lo más interesante era descubrir cómo su arquitectura mezclaba elementos islámicos, persas e hindúes, reflejando esa combinación de culturas que había caracterizado buena parte del reinado de Akbar.
Akbar, el emperador que habíamos perseguido durante todo el viaje
Visitar su mausoleo tenía además mucho sentido después de nuestra ruta.
Llevábamos varios días encontrándonos constantemente con Akbar. Habíamos recorrido Fatehpur Sikri, la ciudad que convirtió en capital imperial; habíamos conocido su legado en el Fuerte Rojo de Agra y habíamos ido comprendiendo cómo, bajo su reinado, el Imperio mogol se convirtió en una de las grandes potencias de su tiempo.
Ahora estábamos precisamente ante el lugar elegido para su descanso eterno.
Itimad-ud-Daulah, el pequeño Taj Mahal de Agra
Después de visitar el mausoleo de Akbar continuamos nuestra particular ruta por la historia de los mogoles acercándonos hasta Itimad-ud-Daulah, mucho más conocido entre los viajeros como el Baby Taj o pequeño Taj Mahal.
Y el apodo tenía bastante sentido. Mármol blanco, jardines geométricos, cuatro pequeñas torres en las esquinas, delicadas celosías e incrustaciones de piedras de colores… muchos de los elementos que habíamos contemplado aquella misma mañana en el Taj Mahal ya estaban presentes aquí. Pero había un detalle fundamental: el Baby Taj se construyó antes. De hecho, está considerado uno de los grandes precursores arquitectónicos del Taj Mahal.
El mausoleo que una hija construyó para su padre
La historia también tenía cierto paralelismo con el Taj Mahal, aunque en este caso no fue un emperador quien mandó construir una tumba para su esposa.
Fue la emperatriz Nur Jahan, esposa del emperador Jahangir, quien encargó entre 1622 y 1628 este mausoleo para su padre, Mirza Ghiyas Beg. Este había alcanzado una importante posición en la corte mogola y recibió el título de Itimad-ud-Daulah, que podría traducirse como Pilar del Estado.
Y aquí aparecía otra de esas conexiones familiares que llevábamos varios días encontrando por todas partes: Mirza Ghiyas Beg era el abuelo de Mumtaz Mahal, la mujer para quien Shah Jahan levantaría posteriormente el Taj Mahal.
Cada vez teníamos más claro que en Agra todo terminaba estando relacionado.
El ensayo perfecto antes del Taj Mahal
Arquitectónicamente, Itimad-ud-Daulah marcó un cambio importante. Frente a la arenisca roja que habíamos visto dominar las grandes construcciones de Akbar, aquí encontramos un mausoleo mogol construido completamente en mármol blanco y decorado profusamente con incrustaciones de piedras semipreciosas.
Era inevitable acordarnos del Taj Mahal.
Las paredes estaban cubiertas de flores, árboles, jarrones y motivos geométricos, mientras que las delicadas jali, celosías talladas directamente en el mármol, filtraban la luz hacia el interior. La utilización extensiva de la técnica de incrustación conocida como pietra dura fue otra de las grandes novedades que después alcanzaría su máxima expresión en el Taj Mahal.
Todo era más pequeño y recogido, pero también permitía acercarnos muchísimo más a los detalles.
Un pequeño joyero junto al río Yamuna
El mausoleo estaba situado en un jardín de estilo charbagh, dividido geométricamente mediante caminos y canales, y se levantaba junto al río Yamuna. Su tamaño era mucho más modesto que el del Taj Mahal y precisamente ahí estaba parte de su encanto.
Después de la monumentalidad que habíamos encontrado durante toda la mañana, el Baby Taj resultaba mucho más tranquilo y manejable. Podíamos detenernos frente a las celosías, observar las incrustaciones y descubrir pequeños detalles que en otros monumentos quedaban eclipsados por sus dimensiones.
Y visitarlo después del Taj Mahal nos permitió hacer algo especialmente interesante: reconocer muchas de las ideas que Shah Jahan llevaría después a una escala completamente diferente.
El pequeño Taj nunca podría competir con su hermano mayor —ni probablemente lo pretendía—, pero nos ayudó a entender de dónde habían surgido algunas de las claves arquitectónicas del monumento más famoso de India.
El Taj Negro, la gran leyenda al otro lado del Yamuna
Después de conocer el Taj Mahal y algunos de los grandes mausoleos de Agra nos encontramos con otra de esas historias que resultaban irresistibles: la leyenda del Taj Negro.
Según una historia repetida durante siglos, Shah Jahan habría proyectado construir su propio mausoleo justo enfrente del Taj Mahal, en la orilla opuesta del río Yamuna. Si Mumtaz Mahal descansaba en un espectacular edificio de mármol blanco, la tumba del emperador estaría construida en mármol negro, creando dos mausoleos enfrentados y unidos, según algunas versiones, por un puente sobre el río.
La imagen era extraordinaria: un Taj blanco y otro negro frente a frente, separados únicamente por las aguas del Yamuna.
El problema era que probablemente nunca existió tal proyecto.
Mehtab Bagh, el jardín situado frente al Taj Mahal
En el lugar donde supuestamente debía levantarse aquel segundo mausoleo se encontraba en realidad Mehtab Bagh, el Jardín de la Luz de la Luna, un jardín mogol situado exactamente enfrente del Taj Mahal.
Las investigaciones arqueológicas realizadas en la zona recuperaron restos de un gran estanque octogonal, fuentes y otras estructuras pertenecientes al jardín. Además, su disposición y anchura coinciden con el eje del Taj Mahal, lo que ha llevado a interpretar Mehtab Bagh como parte de la concepción paisajística global del conjunto. La propia UNESCO señala que las investigaciones indican que el diseño original del Taj incluía Mehtab Bagh, al otro lado del Yamuna.
Desde allí se obtenía, además, una de las perspectivas más bonitas del Taj Mahal. El jardín habría sido concebido como un lugar desde el que contemplar el mausoleo, especialmente bajo la luz de la luna, aprovechando también su reflejo sobre el agua.
Entonces, ¿existió realmente el Taj Negro?
Aquí es donde la historia se mezclaba con la leyenda.
La idea de que Shah Jahan pretendía levantar un segundo Taj Mahal negro se popularizó a partir de relatos posteriores, pero no existen pruebas arqueológicas concluyentes de que comenzara a construirse semejante mausoleo. Lo que las excavaciones encontraron al otro lado del río encajaba con un jardín mogol y no con los cimientos de un segundo Taj Mahal.
Finalmente, Shah Jahan nunca necesitó otro mausoleo. Tras su muerte en 1666 fue enterrado junto a Mumtaz Mahal en el propio Taj Mahal. Su cenotafio, colocado junto al de su esposa, provocó además una curiosidad que ya habíamos observado durante nuestra visita: es prácticamente el único elemento que rompe la extraordinaria simetría del mausoleo.
Pero verdadera o no, reconocemos que nos encantó la historia.
Con el sol ya escondiéndose regresamos al hotel. Había sido uno de los días más intensos de nuestro Triángulo de Oro de India en 7 días: Taj Mahal, Fuerte Rojo, mausoleos mogoles y finalmente aquel atardecer junto al Yamuna.
Tocaba cenar, descansar y hacer balance de todo lo vivido.
Agra nos había regalado uno de los grandes días del viaje. Y todavía nos quedaba una última jornada en India antes de que nuestra aventura cambiara completamente de escenario.
Día 7. De Agra a Delhi: terminamos nuestra ruta por India
Después de seis días realmente intensos, llegaba la última jornada de nuestro Triángulo de Oro de India en 7 días. Dejábamos Agra por carretera para regresar a Delhi, cerrando así el círculo que habíamos comenzado una semana antes.
Atrás quedaban los templos y el caos de Delhi, los palacios y fortalezas de Jaipur, los monos de Galta Ji, los escalones imposibles de Chand Baori, la ciudad imperial de Fatehpur Sikri y, por supuesto, nuestro reencuentro con el Taj Mahal.
Esta vez no teníamos grandes visitas programadas. Fueron cerca de cuatro horas por una autovía, esta vez si, recientemente inaugurada. Después del traslado hasta Delhi queríamos disfrutar de una tarde libre en la ciudad y, sobre todo, encontrarnos con Gema y Domi, que acababan de llegar desde España y se incorporaban al viaje.
Una última tarde en Delhi… y el grupo al completo
Regresar a Delhi después de todo lo vivido durante la semana resultaba curioso. Solo habían pasado unos días desde nuestra llegada a India, pero teníamos la sensación de haber hecho muchísimas cosas.
Nos instalamos de nuevo en la ciudad, de nuevo en el Pride Hotel y dejamos la tarde libre para disfrutarla sin horarios ni monumentos pendientes.
Gema y Domi acababan de aterrizar y aquello marcaba también el comienzo de una segunda parte completamente diferente del viaje. Tocaba reencontrarnos, intercambiar primeras impresiones, cenar juntos y preparar equipajes porque al día siguiente volvería a sonar pronto el despertador.
Esta vez no habría fuertes mogoles, maharajás ni carreteras de Rajasthan.
Nos esperaba un avión.
Y al otro lado del Himalaya, Bután.
Después de una semana recorriendo India, el viaje que nos había traído realmente hasta esta parte del mundo estaba a punto de comenzar.
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