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Nuestro viaje siguiendo la Ruta de la Seda tocaba a su fin, atrás quedaba el camino cruzando las regiones más al norte de China o el paso de Irkeshtam que nos llevó a Kirguistán. Veníamos de visitar las ciudades más bellas de Uzbekistán y solo nos quedaba llegar hasta la capital Tashkent, tal vez menos atractiva, desde donde volver. Pero a pesar de contar tan solo con un día más de viaje, ese día completo para conocer Tashkent no nos quedaba duda que lo aprovecharíamos y visitaríamos el famoso mercado de Tashkent.

Todos los artículos que le dedicamos a nuestros días de viaje en Uzbekistán:

Recorrido de viajefilos de 10 días por Uzbekistán

Día 41. Sábado 8 de Octubre. Samarcanda- Tashkent

Un último tren en el país… Salíamos a las 12 con dirección a Tashkent, la capital. El recepcionista llamó a los taxis. Hasta la estación pagamos esta vez 10000 soms. La distancia entre Samarcanda y Tashkent nos llevó tres horas de tren. Un tren al igual que el anterior, donde el calor es sofocante. Saliendo de la estación, un taxi nos llevó al hostel, Topchan Hostel, por 10000 soms. El hostel perfecto para los dos días que nos quedaríamos. Cuidado, bien decorado, de amplias habitaciones y adecuadas zonas comunes. Pagamos 28 dólares por las dos noches cada uno, durmiendo en habitaciones dobles, fue una acertada elección.



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De la antigua Tashkent no quedaba mucho. Un terremoto echó todo abajo en 1966. La urbe, a pesar de todo, vivió años de bonanza durante la etapa soviética y, siendo la capital preferida de Moscú, era la única ciudad de Asia Central que contaba con línea de metro. Con estas credenciales, para nosotros era un poco “sitio de paso”, un lugar donde descansar los últimos días antes de volver además de que éramos incapaces de renunciar a visitar la capital. A media tarde ya estábamos instalados y dispuestos a ello. Salimos con la intención de cenar, otro día que nos habíamos saltado la comida. Nos recomiendan La Piola, un sitio con apariencia de caro pero en el que nos sentamos. Concepto caro en uzbeko: una pizza unos 3 euros. Cenar con lo más chic de Tashkent, salió por uno 5 euros cada uno.

Y después de la última noche y el día de viaje, no estaban los cuerpos para tonterías. Así que nos volvimos por donde habíamos venido.

Día 42. Domingo 9 de Octubre. Tashkent

Desayunábamos, más que razonablemente para el precio del hostel y salíamos a conocer Tashkent. Ayer nos confirmaron que teníamos organizado el viaje por tierra hasta Bishkek (hacerlo por nuestra cuenta resultaba complicado) y por 650 dólares (unos 70 por persona) nos facilitaban las 12 horas de cruzar hasta Kirguistán. Con eso cerrado y cierta tranquilidad, hoy le dedicaríamos el día a conocer la capital uzbeka. El carnicero de un pequeño comercio en la esquina del Topchan nos hizo un buen cambio (el euro a 6800 soms), tan legal como un cajero internacional.

Desde el hostel, unos 20 minutos caminando, nos llevaron a la estación de trenes, desde donde sale la línea azul de metro y que lleva al Bazar de Chorsu. El bazar y los callejones del barrio contiguo son las pocas estructuras que resistieron el devastador terremoto del 66, y por tanto, uno de los pocos sitios donde se pueden apreciar restos de la antigua ciudad. La entrada al metro exigía un somero control de nuestras mochilas. El billete sencillo cuesta 1200 soms. Nada más bajar, la primera en la frente: no se os ocurra hacer fotos en el metro. En las estaciones, de mármol y grandes lámparas, todavía se adivina el pasado ruso por la zona.

De nuevo un gran bazar, de nuevo imposible resistirse a las fotos y al regateo. Las proporciones, mucho mayores que todos los anteriores. Habíamos leído que en los últimos años se han visto obligados a utilizar vitrinas en puestos como los de la carne. El estallido de colores y olores es todo un espectáculo. Merece la pena, bajo la cúpula, subir a la primera planta y disfrutar de las fotos desde aquí. Y si buscas souvenirs, en el mercado de enfrente, ¡los encontrarás todos!

Comemos muy cerca, en un centro comercial que cuenta con un par de restaurantes en los bajos. Nos comemos unos plovs, ensaladas y cervezas por 3.5 €. Y con esto echamos prácticamente el día sin muchas ganas de visitas. Atardeciendo fuimos en metro a la Plaza Amir Timur, enlazando la línea azul y la roja, con la estatua ecuestre de Timur, el peculiar edificio soviético Uzbekistán y las construcciones gubernamentales. Esa fue nuestra visita de Tashkent. Eso sí, en una de las calles que salen de la famosa plaza, ¡nos tomamos un cafetazo! Book Café se llama el lugar, y el ambiente y la decoración son perfectos.

Tashkent fue justo lo que quisimos que fuera, un lugar de paso donde seguir aminorando la marcha del viaje antes de la vuelta, algo, que tal vez alguno de nuestros cuerpos, ya necesitaba. Nos faltó un ambiente “más occidental”, algo con lo que andábamos ya pensando hacía días, sin menospreciar, ni mucho menos, la gastronomía y todo el atractivo de este hospitalario país que resultó ser Uzbekistán. Los 45 días de viaje cada vez estaban más cerca y se iban notando.



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Para mañana quedaba cruzar la frontera de nuevo, camino de Kirguistán y su capital, Bishkek, desde donde volaríamos de vuelta a España, vía Estambul. Los últimos días habíamos alargado las estancias en alguna ciudad uzbeka. Inicialmente quisimos terminar la ruta en Estambul, pero la situación política y los recientes atentados nos echaron para atrás y así lo hicimos, con más tranquilidad y tiempo en Uzbekistán.

A la noche y antes de ir a dormir, elegiríamos para la cena, un local relativamente cerca de la Amir Timur, Brauhaus. Estilo alemán, eso decía “la otra guía”, pero sin salchichas y con cerveza artesanal, hasta que se acabó. Más bien nos pareció muy “soviet”. Los precios, algo más altos que el resto de restaurantes que probamos. En total sobre 7 euros cada uno, nada destacable… salvo el servicio: nos reímos con los camareros a pesar de que ¡no acertaron ni una! Si quieres cenar no te acerques…

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Día 43. Lunes 10 de Octubre. Tashkent- Bishkek

Nuestro penúltimo día y uno de los trayectos a priori más duro. Calculábamos unas 12 horas para recorrer los 600 km entre las dos capitales. Las comunicaciones entre Uzbekistán y Kirguistán no están prácticamente desarrolladas y había que utilizar la carretera con Kazajstán, lo cual suponía dos fronteras terrestres y por ello, mayor demora en el recorrido. Como escribí, conseguimos contratar finalmente el paso con el muchacho del hostel, unos 70 dólares por persona.

A las 7:15 de la mañana nos poníamos en marcha. Unos 20 km nos quedaban por cubrir en Uzbekistán hasta la frontera. El taxímetro de este primer taxi marcaba 32000 soms. Eran las ocho cuando acabábamos de recorrer a pie los últimos metros del paso, tras un primer control de pasaportes. Unos 20 minutos nos llevó rellenar de nuevo los papeles con las pertenencias y pasar por el scanner. No revisaron absolutamente nada. Después, el control de pasaporte y entregar todos y cada uno de los registros en los hoteles. Este extremo nos tenía agobiados. En realidad en cada alojamiento te dan un pequeño papel, habitualmente una tarjeta del mismo, con tu nombre, la fecha de estancia y un sello, papel que tenía pinta de servir de poco y es tremendamente extraviable. Pero sirvieron: sello estampado y abandonábamos Uzbekistán, alrededor de una hora y cuarto tras salir.

En quince minutos entrábamos en Kazajstán, por el paso de Chernyaevka. Un breve formulario de inmigración y conseguíamos el visado sin pago ninguno. Una furgoneta amplia y cómoda nos esperaba en la frontera para el grupo. Nueve de la mañana, en marcha para cruzar Kazajstán. En la misma frontera cambiamos 10 dólares cada uno en Tengues (1 dólar equivalía a 330), lo que nos habían dicho que costaría más o menos comer. Cruzaríamos el sur de Kazajstán, la parte más kazaja del país en vecindad al desierto de Muyunkum.

Las primeras cuatro horas del tirón, a toda velocidad, por carreteras a veces desdobladas y a veces un suplicio, pero que no disuadían al conductor de pisar el acelerador. Pasada la una de la tarde, las dos tras un nuevo cambio de hora, nos detuvimos algo más allá de Taras para la comida. Se detiene en un sitio en el que mejor no comer, así que echamos mano de ingenio, y más bien de una pequeña tienda al lado, y con el cabreo del conductor de por medio, que aparentemente tenía pactado el menú con el local, acabamos con las patatas y galletas del comercio. Hacía menos de diez minutos habíamos pasado por un área de servicio con mucha mejor pinta…

Media hora nos sirvió para “comer”. Tras subir de nuevo a la furgo y ponernos en marcha, ¡en dos horas más ya estábamos en la frontera kirguiza! Las cuatro y cuarto, y bajamos del coche para el control de pasaportes y salir de Kazajstán (unos 20 minutos más: lo toman con tranquilidad a pesar de no revisar nada). Y ahora, entrar en Kirguistán; esta vez con algo más de gente aguardando (otros 20 minutos). En ambos casos muy amables.

Ya en Kirguistán cambiamos de nuevo de vehículo, en esta ocasión una marchuti, y volvemos a cambiar la moneda kazaja que no habíamos gastado (1 tengue equivalía a 0.205 soms kirguizos). Cinco de la tarde y ¡rumbo a Bishkek!. Nos deja Shasha, el supuesto guía que nos acompañaba, que no sabemos muy bien de qué sirvió. Nos pareció ver que pagaba 1500 soms por este último transporte.

Nuestro acuerdo en Tashkent incluía la llegada hasta el hotel reservado en la capital kirguiza, My Hotel Bishkek, donde pasaríamos las dos siguientes noches por 58 dólares por persona en habitación doble. En total, el viaje se llevó unas once horas de puerta a puerta. Un error del maps.me, uno de los pocos que cometió, nos llevó a tener que caminar un rato hasta encontrarlo. Pero el hotel merece mucho la pena: reciente construcción y buen precio, con habitaciones muy adecuadas y modernas.

Las siete y en el hotel. ¿Y qué se puede esperar de una metrópoli de poco más de 150 años? Pues eso era Bishkek, una ciudad carente de historia y por ende, falta de atractivos. Para nosotros la escala final para volver a casa, solo 24 horas en las que organizar nuestra partida en avión. De momento, saldríamos a cenar…

En la calle Chuy, la principal, a la altura del hotel, varios restaurantes, la mayoría locales. Uno de ellos nos sirvió, sin querer, de nuevo kebab, ensaladas… Bien pero deseando haber encontrado algo más occidental a estas alturas. Nos pusimos hasta arriba, después de no haber comido nada en todo el día. Pagamos tan sólo 4 € cada uno.



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Día 44. Martes 11 de Octubre. Bishkek

Las fuerzas ya andan algo más que justas. De todos modos, después de un buen desayuno, todavía salimos con ganas de dar un paseo por Bishkek. Esta tarde tocará preparar la mochila; nuestro vuelo de salida, a las 5:30 de la mañana nos va a obligar a un buen madrugón.

La capital de seis millones y medio de habitantes, se encuentra cargada de rasgos soviéticos en su corta historia. Se halla emplazada al pie de enormes montañas, la cadena de Ala-Too, que se pueden ver en días despejados, alcanzando hasta los 4500 metros de altura. La mayoría de turistas la utilizan como lugar para tramitar sus visados hacia otros países de Asia Central y como dije, de entrada, no nos serviría más que como corta escala antes de la vuelta.

Hasta el final de la etapa soviética y la declaración de independencia, la ciudad se llamó Furzen. Orientarse no es difícil, Bishkek está dividida por una amplia avenida, la avenida Chuy y alrededor de la misma están la mayoría de edificios de interés y en concreto, el centro neurálgico, la Plaza de Ala-Too. Como punto habitual de visita, veríamos si llegábamos, el Bazar de Osh.

Al poco de comenzar a pasear por la avenida  Chuy, ¡una cafetería! (Adriano: www.adrianocoffee.kg). Así que nos tiramos a un expreso como si no hubiera mañana. Más adelante un centro comercial, Zum, en cuya tercera planta hay souvenirs, por lo que abandonamos algunos soms. Pasamos varias plazas y zonas ajardinadas hasta que llegamos a la más famosa, presidida por la estatua ecuestre de Manas, héroe del país, y tras ella el Museo Nacional. No se le puede poner mucho énfasis en la descripción, no genera grandes sensaciones… En general el paseo es agradable: una amplia avenida arbolada de la que no hace falta salir para conocer la ciudad.

Y después de comer unos buenos platos de pasta en un italiano con el que tropezamos, Cyclone Restaurant, nos fuimos para pasar la tarde en el hotel y descansar. Tocaba tratar de hacerlo antes de volver.

Día 45. Miércoles 12 de Octubre. Bishkek-Estambul-España

Pagamos el vuelo más barato que encontramos Bishkek-Estambul con Pegasus Airlines. Por 95 € por persona aunque tuvimos que pagar 25 € más por cambiarlo y evitar pasar algún día en la capital turca como teníamos inicialmente previsto. El más barato quiso decir el de peor horario, y la salida era a las cinco y media de la mañana, nada más y nada menos. Eso supuso salir del hotel ¡a las tres de la madrugada! Un taxi hasta el aeropuerto por 800 soms y nuestro viaje terminaba… Corta escala en Estambul y desde aquí a Madrid, también con Pegasus Airlines, por 65€ pp. Tuvimos la suerte de poder facturar a destino. Aquella noche dormiríamos en casa…

Tal vez pocos días, tal vez muchos, a ratos la opinión cambia cuando viajas. Aquel gusano de la salida se había consumido, ahora tocaba la menospreciada rutina y las reuniones donde recordar lo vivido. Historias, anécdotas, momentos buenos y momentos mejores que devoraron las ansias de viaje. Habíamos ido a Asia siguiendo la mítica ruta del Transiberiano, cruzado las vastas extensiones de Mongolia y vuelto siguiendo la legendaria Ruta de la Seda. Un magnifico viaje de ida y vuelta por Asia.

Queda esperar otro momento en que empiece a aparecer ese gusanillo insaciable de todo viajero, ese que inevitablemente te lanza a navegar en la red en busca de una nueva oportunidad para vivir un viaje. La pasión que nos mueve no es más que ésa, pasión por viajar; y cuando lo compartimos, nos sabe doble…

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte nos dan ese pequeño beneficio. ¡Gracias!

2 Comentarios
  1. Muy buen artículo! Está super completo y detallado. Felicidades!

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