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Nuestro viaje siguiendo la Ruta de la Seda llegaba prácticamente a su fin. Teníamos todavía por delante 3 días para visitar la ciudad de Samarcanda, la que dicen más bella de Uzbekistán. Y es que durante nuestro recorrido por Uzbekistán habíamos disfrutado de algunas de las ciudades más bonitas como Khiva y Bujara, pero delante teníamos unos días completos para descansar y pasear por Samarcanda, la guinda perfecta par nuestro viaje a Uzbekistán. Todos los artículos que le dedicamos a nuestros días de viaje en Uzbekistán:

Recorrido de viajefilos de 10 días por Uzbekistán

Día 38. Miércoles 5 de Octubre. Bujara-Samarcanda

Uno de los dos trayectos que haríamos en tren en Uzbekistán, y cuyos billetes teníamos ya comprados. Contratados como escribí, hacía aproximadamente un mes con Advantours, nos costaron unos 15 dólares en segunda clase. Salíamos del hotel, en taxis solicitados por Mekhriddin, el amable muchacho de recepción, a las 8 de la mañana. Aunque el tren partía a las 9:15, nos aconsejó estar una hora antes, supusimos que por los controles. El precio de cada taxi, 20000 soms, para una distancia mucho mayor que la del aeropuerto a la ciudad. La carrera llevó 20 minutos, el tráfico es denso a esas horas en Bujara.

El tren, “muy transiberiano”, conservaba la misma organización, con los provodnitsas, varones esta vez, aguardando el aborde del tren. Los 260 km que separan ambas ciudades los recorríamos en unas dos horas. Al mediodía llegábamos a Samarcanda, sospechando que habíamos pagado demasiado por este tren.

Samarcanda, aunque siempre fue un punto de referencia en Asia Central, alcanzó su máximo esplendor como capital del imperio Tamerlan, cuando se construyeron las grandes mezquitas y madrasas de la ciudad. El empuje de su crecimiento gracias a su localización en la Ruta de la Seda fue impresionante. Si bien, muchos siglos antes, cuando la conquistó, el mismo Alejandro Magno escribió sobre ella, que todo lo que había oído de Samarcanda era verdad, salvo que su belleza era mucho mayor de lo que había imaginado. A partir del siglo XVI, la ciudad cayó en el olvido en favor de su vecina Bujara, con el traslado de la capital del imperio; pero hoy día, su restauración es ya imparable, en ocasiones criticada por exceso.

Restos de aquel afán comerciante, quedan… ¡los taxistas! Como en todas las ciudades uzbecas, asaltantes de turistas en la puerta de las estaciones. Esta vez la negociación bajó a los 15000 soms por taxi. Nuestro hotel, en el centro de Samarcanda, el Caravan Serail, estaba a unos 5 km. También reservado en Booking hacía unos meses, lo consideramos la mejor opción, después de mucho navegar en cientos de comentarios y opiniones.



Booking.com

Durante el trayecto, el taxista, se lanza a ofrecer cambio y en una agradable charla, llegamos a donde queremos, a los 6300 por dólar. Así íbamos a cambiar algunos dólares allí mismo, cuando rechazó la negociación al  ver dólares pequeños…

En el Caravan Serail (48 dólares por persona las tres noches en habitaciones dobles), no estaban las habitaciones preparadas, así que dejamos el equipaje y salimos a comer. A unos diez minutos andando, en una calle amplia, varios sitios, todos muy similares y con estudiantes. Entramos en uno, self service, donde comemos por un precio en torno a euro y medio.

Y después de la comida y buscando un café, llegamos al enorme bazar, mucho mayor que en las anteriores ciudades e igual de recomendable. No encontramos café, así que el paseo nos lleva casi sin querer a la Mezquita Bibi Janym, junto al bazar, pero dejamos la visita para la mañana con mejor luz. Tomamos la calle Tashkent que enlaza con el Registam y esta vez sí, encontramos un café, Art Café, que aprovechamos. Muy agradable la calle peatonal, sin duda.

Mezquita Bibi Janym

De vuelta al hotel para el check in y descansar un rato, paramos en el mercado a comprar unas especias. El propio especiero nos cambia, a 6300 el dólar. Salimos con unos pocos euros de especias, que supone una buena bolsa: clavo, tomate seco, comino silvestre, cúrcuma y pimentón dulce. Pasamos un buen rato con el hombre, y he de decir que no nos habían ofrecido buen cambio desde que llegamos esta mañana. Con las deudas saldadas, esta vez sí, echamos al hotel y descansamos un rato.

A las seis de la tarde salimos a la calle de nuevo. Hay que ver cómo cambia la temperatura en estos sitios, ¡vaya frío! Emprendemos otro camino, y en menos de quince minutos estamos en el Registam, la plaza que constituye el mayor complejo monumental de Samarcanda y de todo Uzbekistán. El cielo se torna rojizo con el atardecer, dibujando la silueta de las madrasas y mezquitas. La estampa de las tres enormes madrasas enfrentadas resulta imponente. Para alcanzar a valorar la magnitud del complejo, aprovechamos las vistas desde el observatorio construido a tal efecto.

Cruzando el parque Yoshlik, vamos hacia el Mausoleo Rukhabad y el Gur-e Amir, dos de los edificios iluminados por la noche en la ciudad. El segundo, el mausoleo de Timur en concreto, merece mucho la pena. Estaba vigilado y no tenemos claro si había que pagar para entrar, pero tras ser invitados a visitar las catacumbas posteriores, donde hay una tienda de souvenirs, nos colamos por detrás sin problemas… Un ejemplo de la arquitectura islámica precursora y modelo de las grandes tumbas de Humayun en Delhi y del Taj Mahal en Agra, construidas por los descendientes de Tamerlán, que dominaron la dinastía mogol del norte de la India.

Más arriba, sobre la pequeña colina, la estatua también iluminada de Timur. La zona, de avenidas amplias y ajardinadas está muy cuidada, pero de noche carece totalmente de vida. De vuelta y tras cenar (hemos invertido otro euro y medio en ello), disfrutamos del Registam iluminado antes de  dormir. La sorpresa llegó en este momento. La iluminación era perfecta, tenue y adecuada, eran las nueve y media y supuestamente añadían unos efectos a los edificios. Allí andábamos esperando junto a más guiris, cuando el policía de turno nos pidió dinero para cambiar las luces… ¡Vaya truhán! El caso es que esperamos un rato y no pasó nada… Tampoco hizo falta.

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Día 39. Jueves 6 de Octubre. Samarcanda

Un buen desayuno en el hotel había paliado el frío pasado anoche en las habitaciones: hubo quien echó mano del saco de dormir… Andábamos más descansados, repuestos y con energía para emprender la visita de Samarcanda de día. Con dos jornadas por delante en la ciudad, teníamos tiempo suficiente para conocerla a fondo.

Empezamos por la Mezquita Bibi Janym (entrada 15000 soms, nos escaqueamos de pagar por la cámara). Dedicada a la mujer china del emperador Tamerlan y ordenada su edificación por ella misma, a la vuelta de su esposo de una de sus campañas. La leyenda cuenta que el mandatario no se mostró muy contento con la construcción y sospechó de la esposa, que terminó siendo arrojada desde una almena. El arquitecto le exigió a la reina para su finalización a tiempo, un beso, que ella le dio. Aún con una mano de por medio, cuentan que quedó marca en su rostro, así que éste acabó emparedado y aquélla defenestrada. Desde entonces, se ordenó cubrir con un velo a las mujeres en ausencia de sus maridos, para evitar la tentación. Leyenda o no, así lo leímos… Lo que sí fue real es que terminó en ruinas en el terremoto de 1897 y reconstruida en los años setenta. En el patio interior, un enorme Corán de mármol, por debajo del cual pasaban antiguamente las mujeres, y a ambos lados dos mezquitas de menor tamaño. Se distinguen perfectamente los restos antiguos de las zonas reconstruidas, a mi modesto modo de ver, lograda. Saliendo y al frente, se puede visitar el Mausoleo de Bibi Janym, cuyo aspecto habla de su reciente reconstrucción.

Mezquita Bibi Janym

Desde aquí, descendemos la calle Tashkent hacia el Afrosiab, el recinto arqueológico de Marakanda, la antigua ciudad. Comienza con  la Necrópolis de Zhah y Zinda (entrada 9000 soms), un corredor flanqueado por bellos mausoleos de ilustres personajes, como las hermanas del Tamerlan o algunos generales de su ejército, construidos en los siglos XIV y XVI. Al inicio, uno de los más bellamente decorados con cerámicas azules, de 1372, guarda los restos de Turkon Oko, la hermana y su sobrina. Otro de los que llama la atención: el Octogonal, del que nunca se encontraron restos en su interior, no quedando claro cuál fue su finalidad. Tras pasar la conocida como “Puerta del Paraíso”, en cuyo alto se puede leer en árabe “las puertas del paraíso están abiertas a los creyentes”, se accede a la Mezquita de Qassim Ibn Abbas, uno de los primeros misioneros de Asia Central y primo del profeta Mohamed. La construcción es uno de los edificios más antiguos, del siglo XI-XII, tras la mezquita y la sala de rezo del misionero árabe.

Seguimos camino para la tumba del profeta Daniel, cuyos restos fueron traídos desde Persia por Tamerlan. Para llegar hay que caminar algo más de dos kilómetros, siguiendo la carretera desde la necrópolis. En el sarcófago de 18 metros, hemos leído, se han hallado restos humanos del siglo V ac. A pesar del pateo, no pudimos visitarlo, por la llegada de un personaje importante: nada más y nada menos que el Presidente de Bielorrusia.

Recinto arqueológico de Marakanda

Más allá, los restos del Astrolabio de Ulugbek, el nieto de Timur, y cuya obra arquitectónica fue notable durante su reinado. Por las escasas ruinas que quedan, nos aconsejaron no seguir caminando hasta allí. Tomamos un taxi para volver al centro. Los taxis son habitualmente compartidos y si al que paras le viene bien tu destino en la dirección que lleva, pues trato hecho. Tuvimos suerte al poco de intentarlo en la carretera. Costó 2000 por persona.

Hora de comer. Los taxis nos han traído hasta el Restaurante Platan, que nos aconsejó el recepcionista del Caravan. Un restaurante caro para lo que veníamos gastando (ayer menos de 3 euros entre comida y cena), pero su extensísima carta y el elegante salón, nos dejaron claro desde el primer momento que comeríamos aquí. Unos 6-9 euros y una comida con todos sus platos: aperitivo, ensalada, plato principal, postre y ¡un buen expreso! Además de sus respectivas cervezas. No es la quinta esencia de la restauración uzbeka, pero sí un oasis tras muchos días de comida demasiado similar.

Y con el buen sabor de una comida bien hecha, nos fuimos por la tarde a visitar el plato fuerte de Samarcanda: el Registam, el que fue el corazón de la antigua ciudad de Samarcanda de la dinastía Timúrida. Tenemos problemas para conseguir llegar: la visita del presidente bielorruso ha provocado el cierre de la mayoría de avenidas, que aparecen desiertas y casi todos los turistas vamos buscando por dónde acceder. Pero, a pesar de intentarlo por todas las esquinas, no hubo manera, decenas de policías de paisano nos cortaban el paso a cada intento. Así que lo dejaremos para mañana, qué remedio. El extremo llega a que nos encierran en una tienda en plena calle Tashkent, mientras el coche del presidente y la comitiva cruzaron a toda velocidad por la misma. Una vez que pasa, pensamos que podemos enfilar el camino al Registam… Pero ¡no! De nuevo hacia allí y de nuevo policías que nos lo impiden. Definitivamente será mañana. Esperamos que no esté alojado en el Caravan Serail… Con la tarde “echada”, nos decidimos a un paseo por el bazar y nos reímos un rato entre el cambio, las compras y demás…

Sobre las seis y sin mucho que hacer en la ciudad, más muerta que viva a partir de esa hora, nos sentamos en un gracioso lugar de la calle Tashkent, pegado al café Art del día antes. Bibi Khanum Chayxana. Allí y tras tomar confianza con un café, pedimos una cerveza, curiosamente tenía, así que nos quedamos… En Samarcanda, a estas horas, ya no había mucho más que hacer.

Día 40. Viernes 7 de Octubre. Samarcanda

Nos levantamos confiando en que el mandatario bielorruso haya decidido abandonar Samarcanda… De nuevo un buen desayuno, y salimos a pasear por la ciudad. Trataremos, nuevamente, visitar el Registam.

Su nombre, a pesar de la belleza del emplazamiento, significa ‘lugar de arena’ en persa. El Registam era la plaza pública donde los habitantes se reunían para escuchar las proclamaciones reales, anunciadas por explosiones en enormes tubos de cobre llamados dzharchis, siendo además, el lugar de las ejecuciones públicas. Enmarcado por tres imponentes madrasas de la distintiva arquitectura islámica. El complejo que se disfruta hoy día es en su totalidad una reconstrucción, después de siglos de abandono y catástrofes, naturales y humanas. Entrar para la visita de las madrasas nos costó 21000 soms por persona (en dólares cobran 5, bastante pérdida al cambio).

Al oeste, Oulough Begh, la más antigua de las tres, de 1417 y reconocible por uno de sus minaretes, discretamente torcido. Con sus 33 metros de altura resulta especialmente fotogénica por la mañana debido a su localización. Cuando se construyó, era una de las más grandes universidades de Asia Central, y en ella se impartían todos los grandes conocimientos de la época por los mejores maestros, algunos de los cuales acabaron siendo asesinados por sus enseñanzas. El interior resulta especialmente bello, con cuatro altos portones rodeados por las más de cincuenta celdas en dos niveles. En la época de su abandono se acabó por llenar prácticamente en toda su base de basura y escombro, desapareciendo el primer nivel. En uno de los laterales, una mezquita, aunque ahora hace las veces de tienda de souvenirs.

El Registam de Samarcanda

Al este, queda la Madrasa Chir Dor, construida dos siglos más tarde. En la gran puerta de acceso, destacan los coloridos tigres-leones que portan unos soles, dibujados en cerámica sobre la misma. El artista se la jugó rompiendo las normas islámicas que prohibían el arte figurativo. En el caso de esta madrasa, que guarda las proporciones perfectas, mejor que la anterior, el edificio se completa con dos bellos minaretes y dos cúpulas con relieve.

La tercera, y que cierra la plaza por el lado norte, la Madrasa Tilla Kari (“cubierta de oro”), es más larga pero menos alta que las anteriores. Construida en 1646 sobre el caravasar de los timúridas, fue cubierta de oro al finalizar su construcción tras 10 años. Una cúpula en uno de los lados rompe el equilibrio de la estructura. Bajo la misma, la mezquita de bellos techos que combinan el azul y el dorado (suponemos que nada queda del oro original). De nuevo y como las dos anteriores, una tienda de souvenirs a gran escala, en la que el cuidado en la restauración es lo de menos. Ni un solo cartel informativo que ayude a conocer la historia de los edificios.

Son las once de la mañana y hemos acabado ¡por fin! de ver el Registam. Aprovechamos el Bibi Khanum Chayxana para un café turco: hace 24 horas se acabaron las cápsulas de la Handpresso… Para todo lo que queda del día, tiempo libre, ¡menuda expresión cuando se viaja!

Nos quedaba por visitar la Mezquita Khazret Khizr, conocida como la de los viajeros y que ayer cerraron para el presi. Se encuentra nada más terminar la calle Tashkent, cruzando la carretera Así que tratamos de acercamos pero hoy también estaba cerrada, tal vez por ser viernes.

Para la hora de comer, elegimos el Restaurante Samarcanda. Tomamos un taxi en el bazar para llegar (7000 soms). Otro restaurante, más elegante si cabe que el de ayer. Un salón enorme y camareros con pajarita. Para empezar, la ocasión lo merecía, una botella de vodka, tradición rusa, ¡que le vamos a hacer! (vodka Samarkand, 500 ml, 21500 soms). Al poco de empezar a comer, empieza el baile… aquello da más el aspecto de salón de celebraciones y con nuestro habitual método de especulación, detectamos en seguida la despedida de soltera, las amigas que han quedado para conocer al nuevo niño… en general grupos de mujeres.

Y como no podía ser de otra forma, acabamos de comer, bien, he de decir, y ¡bailamos! Con la tercera botella de vodka, acabamos por celebrar mi cumpleaños, que no era… El precio, mejor que el Platan; y si desde luego buscas fiesta, éste es el sitio, aunque no lo creas al entrar. Tan a gusto acabamos, que uno de los camareros nos acompaña hasta el cercano Blues Café, de lo más movido a estas horas de la tarde. Tardeo uzbeko en estado puro, y a partí de ahí, fue Samarcand by night…

Elegimos quedarnos una noche más en Samarcanda cuando preparábamos el viaje, pensando en que sería más animada. Error, nada de nada. La ciudad muere al mismo tiempo que cierran los monumentos y sobre las seis de la tarde, con el anochecer, era prácticamente imposible encontrar nada razonable donde pasar el rato. En general vimos muchísimo turismo. Italianos, franceses y españoles se llevaban la palma, pero de edad avanzada. La mayoría en paquetes turísticos, que suponemos acababan en sus hoteles con “cena incluida”. Fue una decepción, muchas horas sin saber realmente dónde meterse. Una ciudad donde probablemente un día bien aprovechado hubiera sido suficiente.

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte nos dan ese pequeño beneficio. ¡Gracias!

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