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Después de subirnos en el Transiberiano hacia el este, cruzar Mongolia y atravesar el norte de China siguiendo la Ruta de la Seda en nuestro particular Asia de ida y vuelta, cruzar la frontera entre China y Kirguistán por tierra era nuestro siguiente objetivo. Existen dos pasos naturales por tierra, al norte el paso de Torugart (una carretera dura pero que se ha convertido en una atracción para ciclistas y motoristas en sí misma) y el que habíamos elegido, el paso de Irkhestam, algo más alejado, unos 300 km, pero con mejor carretera y menos problemas según todos los foros. En Kashgar, la ciudad desde la que abandonábamos China esa misma mañana, confluían todas las caravanas que iban o venían a China durante la época de máximo auge mercantil de la Ruta de la Seda. Tanto la ruta Sur como la Norte, circunvalaban el árido desierto de Taklamakan, y se unían en este enclave.

Desde 2012 (como ciudadanos de la Unión Europea) sabíamos que no se precisaba visado para entrar al Kirguistán pero eran numerosos los blogs y foros en los que se hablaba de muchas horas de demora debido a los numerosos controles; y en ese sentido, se aconsejaba empezar más o menos pronto con todo ello.

Día 31. Miércoles 28 de Septiembre. Kashgar-Sary Tash (Paso de Irkhestam)

Muy temprano por la mañana Ayi nos recogía en el hotel y salíamos hacia Kirguistán. Para los viajeros por libre, saber que se puede hacer el viaje en un bus que sale a las 7:45 horas. El trayecto ronda los 300 km hasta la frontera, como digo, y unos 75 hasta Sary Tash, un punto de paso, pero en el que nos veríamos obligados a dormir, por el tiempo que se lleva cruzar el paso entre ambos países. Calculábamos alrededor de 12 horas después de mucho investigar en foros, al menos cinco puntos de control y muchas horas y revisiones. Con esto, empezábamos nuestro viaje a este nuevo y atractivo país, Kirguistán.

El término Kirguiz, proviene del término Kyrk, en referencia a las 40 tribus nombradas en el Manas, un poema épico 20 veces más largo que la Odisea de Homero, escrito a partir de la narrativa popular de los kirguizos, en la segunda mitad del XIX. Declarado por la Unesco como Patrimonio Intangible de la Humanidad, hoy día se sigue manteniendo por tradición oral. Los recitadores del libro se llaman manaschi y son un punto de referencia cultural en el país.

El país se encuentra entre China, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajstán, siendo éste último país el mayor que le rodea y uno de sus máximos “aliados”. La mayoría de la población sigue la religión del Islam hoy día, en su rama suní, si bien su pertenencia a la antigua Unión Soviética y su privilegiado enclave, hace que exista una marcada mezcla de culturas y religiones desde rusos ortodoxos hasta judíos.

La geografía del país viene marcada por las altas montañas que la rodean, con picos como el Lenina, por encima de los 7000 metros, paraíso de alpinistas.

Recorrido de nuestro Asia de ida y vuelta por China, cruce con Kirguistán

Paso de Irkhestam, frontera entre China y Kirguistán

7:15 horas. Así comenzábamos por la mañana nuestro viaje hasta la frontera, entre guía y guía. Unos 45 minutos después de salir, el conductor paraba para comprar pan y alguna otra cosa. Nosotros hacíamos lo propio por indicación de Ayi y comprábamos fruta, agua, galletas… en Artush. Nos dijo que a partir de ahí se volvía más difícil comprar. Gastamos 116 yuanes por un buen montón de provisiones para todos. Tras esta población, unos pocos kilómetros más adelante, se abre la autovía inicialmente de doble carril, en muy buen estado, hasta la frontera (sólo hace 3 años de su construcción).

9:30 horas. A las dos horas y cuarto, el primer control de pasaportes. Bajamos del bus sólo con la documentación, y un sistema que chequea el pasaporte al tiempo que te hace una foto y comprueba tu identidad. Sin colas y pocos minutos. Con este control, obtienes permiso para seguir hasta el paso de Irkhestam. Sólo un par de nosotros se atascan en el reconocimiento de las fotos (como indican todos los foros, es preferible que sean fotos recientes en el documento).

Cruzando la frontera entre China y Kirguistán siguiendo el paso de Irkestham

9:45 horas. Muy pocos kilómetros más adelante, y nueva parada. Esta vez sólo baja el guía con todos nuestros pasaportes. Pero un minuto después sube de nuevo, nos reparte los pasaportes y un militar vuelve a comprobar que nos parecemos a los de la foto. Al guía vemos que le solicita nuestra carta de invitación a Xinjiang.

9:50 horas. Tras unos 500 metros, para el bus en un gran edificio localizado en Ulugqat y bajamos esta vez con todo el equipaje. Importante tener localizado el papel de entrada a China junto con el pasaporte, es aquí donde se lo quedarán. Un panfleto en las instalaciones indica que el objetivo del gobierno es que el 95% de las inspecciones realizadas se efectúen en un máximo de 25 minutos. No hay más gente en el momento en que llegamos y a los pocos minutos un oficial revisa, de nuevo, todos los pasaportes, visados y hoja de entrada. Otro oficial se queda revisando fuera el bus, creemos que buscando que no haya equipaje en el mismo.

A partir de aquí, tres controles policiales en el mismo edificio y en tres puestos seguidos. El primero vuelve a comprobar todos los datos, fotos, scanner de temperatura. El segundo, pasa a hacer lo mismo, mientras otro revisa por scanner las mochilas. Se mosquea con dos objetos que nos obligan a abrir dos de ellas. Se trata de dos souvenirs de Mongolia, una tetera y un dragón de bronce, comprados por poco menos de 20 dólares y que revisan exhaustivamente por si son objetos antiguos, ¿lo serán?. La Handpresso, nuestra fabulosa máquina de hacer expressos, también la revisan y ciertamente, se quedan alucinados con el ingenio. El tercero, última comprobación en este centro, revisa pasaportes y hoja de entrada, la sella y se queda con ella.

Allí mismo rellenamos un papel en chino, menos mal que el guía sigue con nosotros, en el que debemos declarar las compras realizadas. Aunque sea en Mongolia, nos aconseja poner el dragón y la tetera… Lleva una hora el proceso en este pabellón. Ahora habrá otras 8 personas cruzando el sitio. A las 10:50 ¡de nuevo en el bus y en carretera! Hasta aquí seis veces han revisado nuestro pasaportes.

10:55 horas. Pero… sólo cien metros y otro militar sube al bus ¡para comprobar de nuevo nuestras caras y foto! Nos quedan 140 km a la frontera, pero los tomaremos con tranquilidad. Podremos hacer alguna parada y tomar fotos. El motivo es que a las 13:30 (hora Beijing) los oficiales kirguizos que nos quedan por pasar, paran más de dos horas para comer, así que da lo mismo llegar antes. En este punto ya estamos a 2000 metros de altura y nos rodean imponentes montañas de muchos colores, similares a las que vimos en Danxia. Pero lo mejor está por llegar todavía.

11:15 horas. Parada y último control de pasaporte, o eso creemos. Bajamos del bus y en un mostrador vuelven a chequearlo. Unos cinco minutos solo. Hasta aquí hemos tenido la suerte de no tener ninguna cola por delante.

11:30 horas. Hacemos una parada en una especie de mirador para echar unas fotos y comer algo. El rico nam con atún (todavía quedan latas en los fondos mochileros…) y un melón súper sabroso. Unos 45 minutos tirando fotos divertidas, de nuevo en la inmensidad de la nada. Y así nos adentramos en el peligroso paso de Irkhestam, mientras el conductor se dedicaba a grabarnos en modo selfie conduciendo a un tiempo al ritmo de Shakira, Iglesias, la lambada… y nosotros, pues claro, bailábamos… La carretera llega hasta los 2971 metros de altura y empieza el descenso hacia Kirguistán.

A tan sólo 20 km del paso las nieves eternas del Kirguistán al fondo. Enormes montañas cargadas de hielo nos reciben. El sol luce en estas primeras horas de la tarde y la visión resulta mágica. Los carteles de la carretera han ido cambiando: de los caracteres árabes y chinos del principio, ahora vuelve el cirílico con el que nos familiarizamos en Rusia.

Cualquier momento es bueno para entretenerse en un viaje…

13:45 horas. ¡Llegamos por fin a la frontera! De momento la frontera sigue cerrada, así que tendremos que esperar a que los policías terminen de comer… Aparentemente algún bar o proyecto de ello. Algunas pequeñas tiendas que parecen cerradas, pero los propietarios acuden en cuanto nos ven. Cambian los yuanes a 1 por 10 soms, pero el guía nos dice que esperemos, que no es buen cambio. Damos un paseo por el improvisado “pueblo”, totalmente desolador, si no fuera por la belleza de las montañas que lo rodean. No hay mucha gente, esperamos no tardar demasiado.

14:30 horas. ¡Abren la frontera! Los soldados chinos fronterizos vuelven a comprobar todos los pasaportes (novena revisión desde esta mañana). Nunca un pasaporte estuvo mejor pagado… Con ellos en la mano, un soldado se sube a otro coche y lo seguimos por la carretera. Unos 2-3 kilómetros después, nos bajan los policías en medio de la carretera con todo el equipaje. Ayi se despide y caminamos los 500 metros hasta Kirguistán. Casi ocho horas y diez inspecciones más tarde, abandonamos China, por tierra, caminando, solos con nuestras mochilas, sin tener muy claro hacia dónde pero en el único sentido posible.

Habíamos leído de gente que hace el paso por libre, tal vez hubiera llevado más tiempo o tal vez el mismo, pero desde luego hemos agradecido la presencia de Ayi. Nos ha ido guiando por todos los controles y teniendo en cuenta que entre unos y otros hay kilómetros de distancia, el importe pagado lo merecía.

Con las mochilas a la espalda, llegamos finalmente a una caseta militar, un soldado simpático y otro con cara de malas pulgas… La escena en mitad de las montañas. Al final conseguimos aclarar que estamos esperando dos vehículos y la tercera persona en discordia, un taxista espontáneo a la caza de turistas, al oír los nombres de los conductores kirguizos, ¡los conoce! Los llama y acuden. Estaban esperando en el lado kirguizo de la frontera. El paso por esta frontera parece una broma después de todo lo anterior. Un soldado abre el maletero y observa de lejos las mochilas, pasamos a una sala donde nos hacen unas fotos y nos sellan el pasaporte en menos de cinco minutos. No había nadie en este sitio, salvo policía y militares; y los taxistas que nos salvaron…

15:15 horas. ¡Estamos en Kirguistán! Los dos coches los teníamos contratados desde hacía meses cuando hicimos la reserva en el hostel de Osh. La propietaria, Gusalda, se encargó de organizarlo para que llegáramos al día siguiente. 20000 soms, unos 260 euros, suponían 29 euros por persona para que nos recogieran, recorrer los 74 km hasta Sary Tash y llevarnos hasta Osh al día siguiente (184 km más) en dos vehículos. Gusalda se encargaba de pagarlos y nos había mandado las matrículas de los coches y los nombres de los dos muchachos por si en la frontera trataba de “cazarnos” algún otro transporte. Al poco de empezar el viaje, Gusalda llamaba por teléfono, de hecho, para interesarse por nuestra llegada.

Así, sólo nos quedaba una hora más o menos y llegábamos a Sary Tash. Como aconsejaban los foros y después de todo el día en carretera, dormiríamos allí. La previsión inicial era llegar incluso más tarde a la frontera, así que íbamos magníficamente de tiempo. El paso de este lado, es todavía más impresionante y la carretera se retuerce hacia arriba. Unos 10 km y control de pasaportes kirguizo. Una improvisadísima caseta, un vagón abandonado de ferrocarril, pintado “de camuflaje”, con unos soldados que miran sin demasiado interés los pasaportes.

Seguimos hacia arriba, superamos los 3775 metros, nos rodeamos de montañas nevadas, nos introducimos entre las nubes y el frío empieza a notarse. Después de todo el día con un sofocante calor, íbamos preparándonos para una de las noches más frías del viaje, con el permiso de las pasadas en la estepa de Mongolia. En Sary Tash esperábamos temperaturas para hoy entorno a los cero grados.

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Sary Tash

Llegamos a las 16:45 horas. Sary Tash es la primera población de Kirguistán que encuentras desde la frontera china. Pequeña y sin ningún atractivo, pero con alguna opción cutrecilla para dormir después de todo un día de camino. No hubo manera de reservarlo pero tampoco hizo falta. El conductor nos llevó al sitio que tenía pensado, Eliza Guest House.  La dueña nos pidió 600 soms (unos 8 euros) por pasar la noche, incluyéndonos cena y desayuno, y aceptamos sin más. El sitio razonable, dos habitaciones dobles y una más amplia con cinco futones sobre el suelo. La señora Elisa quiere el dinero en efectivo, así que vamos donde nos mandan, a cambiar los yuanes que nos quedan.



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Pero, no los quieren, sólo dólares. Una niña de menos de diez años nos explica el cambio: por los billetes de 100 ó 50 dólares cambia a 65 soms, por los más pequeños da 62 soms. Habíamos comprobado ayer el cambio: en torno a los 77 soms por euro. Así que cambiamos lo justo para pagar el hostel. Y hay que ver cómo maneja los billetes la cría…

Preparándose para la fría noche en Sary Tash, paso de Irkestham

Bajamos por la carretera, en el sentido por el que hemos entrado y llegamos a un local que marca el MapsMe como “chino”. Un bar, suponemos que el único del pueblo, donde nos compramos unas cervezas kirguizas, Apna. La amabilísima señora nos dice que tiene una Guest House allí mismo, su nombre Akyh. Tiene 20 camas, cobran 700 soms con la cena y el desayuno. Nos cobra 75 soms por la birra. En los pocos minutos que estamos en Sary Tash nos damos cuenta del carácter hospitalario de sus gentes.

Son las seis de la tarde cuando salimos del bar y el viento frío corta la piel. Así que volvemos a casa Eliza y nos sentamos a ver una película. Para las siete y media nos pusieron la cena: una ensalada con tomate y pepino (shakara o algo parecido) y plov (de nuevo el arroz cocinado con verduras y cordero). Todo exquisito, sin ninguna ironía por medio…

Día 32. Jueves 29 de Septiembre. Sary Tash-Osh

Salimos a las 8:15 de la mañana hacia Osh, en el fértil valle de Fergana. Un reconstituyente desayuno con huevos fritos, mantequilla, mermelada y pan nos revitalizó del frío de la noche, si bien, los sacos de dormir y las gruesas mantas que nos facilitaron fueron más que suficientes. Las montañas de alrededor que se resistían a la nieve, han amanecido repletas de escarcha que se ve en la lejanía.

Y a partir de aquí, el paisaje más impresionante de todo el viaje. Llegamos hasta los picos más altos donde se ve la nieve caída esa misma noche, para después descender, a través de curvas imposibles, al valle. Moles de roca redondeadas alternan con afiladas cimas en las que predomina el blanco. La carretera logra abrirse evitando los infranqueables muros de granito y bordeándolos para darse por vencida en ocasiones. A pesar de todo, el firme está mejor mantenido de lo que las condiciones harían presagiar. Nuestro conductor desciende a toda velocidad, inconscientemente en ocasiones, aunque se le ve buen conocedor de la ruta. A medida que bajamos altura nos vamos desprendiendo de ropa progresivamente. El cambio de temperatura es muy acentuado, desde luego; y en cuanto el sol recupera su posición empiezan a sobrarnos las capas de la noche anterior.

Cada vez, tierras más fértiles, y por ende, poblaciones cada vez mayores, fundamentalmente de ganaderos por lo que vemos, rebaños de ovejas y vacas, que cada poco tiempo toman la carretera. Aquí, los sombreros de los hombres se vuelven algo más altos, igualmente pequeños como los de los uygures, pero más puntiagudos y con una pequeña ala. En blanco y negro sobre las cabezas de los más mayores, que lucen normalmente una pequeña perilla. Las mujeres presumen orgullosas de sus dientes de oro.

Llegamos a Osh dos horas y media tras salir. Sin duda la velocidad de los coches ayudó a hacer más corto el trayecto. Nos alojábamos en Lovely Home for You (23 dólares la habitación doble), un hostel que habíamos reservado unos tres meses antes. Raquel y Gusalda entablaron una incipiente amistad después de decenas de correos, que la propietaria contestaba de inmediato. Nos organizó el paso de Irkhestam en su parte kirguiza, sin pedirnos un pago previo, y salió rodadísimo. El sitio muy recomendable, con una amplia terraza a la entrada que se abre a las habitaciones. Eran las once de la mañana, y teníamos todo el día por delante para conocer la ciudad.



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La ciudad de Osh en Kirguistán

Osh y su Gran Bazar, uno de los mayores de Asia Central, han sido referencia y parada obligatoria en los últimos 3000 años, incluso antes del establecimiento de las grandes Rutas de la Seda. Este carácter mercantil y cosmopolita todavía se nota hoy en día. Con sólo 300.000 habitantes (la segunda mayor de Kirguistán) y para los mismos, una ciudad tan antigua como Roma. Los dos grandes atractivos son de hecho, su Gran Bazar, y la Gran Montaña de Salomón del siglo XV, Patrimonio de la Humanidad.

Nos lanzamos a visitar el Gran Bazar en primer lugar, en la ribera del río y con una extensión más que considerable. Nos acercamos primero a una pequeña oficina de cambio (el Yuan lo cambian a 9.7-9.8 soms, el dólar a 68 y el euro a 75). Después nos metemos de lleno en el vibrante mercado a estas horas. Como siempre, nos llama la atención la variadísima presencia de especias y su colorido. Frutos secos, carnicerías, fruta… y cómo no, a echar fotos por doquier. Parece mucho más desorganizado a nuestros ojos que los vistos en otras ubicaciones como Kashgar. Tal vez mucho más amables que en cualquiera de los sitios visitados hasta el momento, de inmediato se interesan por nuestra procedencia y sonríen. Llegamos a la entrada este del bazar, desde allí vemos que parten las marchutis en todas las direcciones. Indudablemente, no tiene la misma espectacularidad que el de la ciudad uygur.

En el gran Bazar de la ciudad de Osh, Kirgusitán

Deshacemos el camino por otra calle: ropa fundamentalmente y alguna tienda de souvenirs en la que nos atascamos un rato. De este lado del río que cruza la ciudad, emprendemos la visita de los sitios de interés. Enfilamos la calle Kurmanjan Datka, paralela al río hacia el sur.

Poco antes de acceder a la montaña, por la puerta norte, un desafortunado edificio plateado, pudiera ser una mezquita. Desde aquí se accede a Los Petroglifos, la primera de las visitas que nos tropezaríamos supuestamente. Al pie, antes de subir, la pastelería Turkey nos sirve para un tentempié. Por poco más de un euro, una megaempanada y dos refrescos. En las guías aparece como uno de los países más baratos del Asia Central. Entrar en el área de los Petroglifos cuesta 20 soms y desde ahí emprendes la ascensión al monte sagrado, incluida en ese precio. Finalmente los Petroglifos sólo los vimos en alguna camiseta de souvenir en el mercado, ni rastro de ellos por aquí… Así que seguimos con la fatigosa ascensión.

Uno de los lugares de interés, el primero al que llegamos, la sala de rezo de Babura, de 1497 y más reciente reconstrucción, que realmente no nos dijo nada. Según parece, los soviéticos provocaron una explosión en la zona, extremo no demasiado aclarado.

La Montaña de Salomón conocido como “Complejo de Sulaiman Too”, es un lugar sagrado para los musulmanes, pues el profeta Mohamed supuestamente predicó en este sitio hace siglos. Se trata de un enclave con muchas cuevas, cada una con distintas propiedades curativas según la tradición, entre otras, la Ene-Beshik, donde las mujeres jóvenes acuden a pedir por su fertilidad. En una de las formaciones con propiedades de curación de los dolores de espalda, nos probamos; más bien Jaume se probó, deslizándose por la misma, ya nos contará cómo le fue…

Una vez llegamos a la cueva más importante, que hace las veces de museo, la encontramos cerrada por problemas con la electricidad. No puedo decir que fuera la mayor decepción de mi vida, pero fastidió después de sufrir el calor del ascenso. El museo costaba 50 soms más, eso que ahorramos…

Desde arriba se obtienen vistas de la monocromática ciudad, de casas de una sola planta y tejados de tonos similares a la tierra del desierto que la abraza un poco más allá. Las casas, salpicadas aquí y allí por los minaretes de las mezquitas, son imposibles de diferenciar desde aquí arriba. Del otro lado un cementerio musulmán y una gran mezquita de aspecto moderno adosada, el Mausoleo de Assaf Boukhia. La subida, tal vez no merece la pena para los no creyentes; pero es el único atractivo explotado de la ciudad, de hecho declarado Patrimonio de la Humanidad como escribimos.

Salimos por la puerta sur del complejo, y de nuevo emprendemos el camino hacia el norte por la calle inicial. Tomamos la “arteria principal” y tras andar unos cientos de metros, nos damos cuenta de que poco queda de atractivo en esta ciudad tan antigua. Seguramente la etapa soviética hizo estragos, como en tantas otras antiguas ciudades. Paramos en uno de los pocos bares que encontramos, y tomamos un café turco, razonable y extremadamente caliente (30 soms). Revisamos el itinerario para los próximos días y pasamos un rato descansando. Justo al lado, la plaza con la enorme estatua de Lenin y la bandera kirguiza al frente. Cruzamos el parque que da a la espalda de la figura del político y volvemos al hostel bordeando el río.

Para cenar, compramos en un súper cerca del hostel, y salió una pasta exquisita allí mismo. Resto de la poca tarde que quedaba a organizar el paso de la frontera uzbeka…

Osh no acabó de gustarnos; tal vez las expectativas eran altas (“una ciudad tan antigua como Roma”) y mucho más después de la magnífica impresión que nos dejó Kashgar. Para nosotros era un sitio de paso hacia Uzbekistán, pero realmente pensábamos que sería mucho más atractiva. Seguramente, por desgracia, no encontramos esa faceta. Mañana seguiríamos el camino marcado por lo antiguos mercaderes de la seda…

Los enlaces que aparecen en azul de alojamientos y transporte nos dan ese pequeño beneficio. ¡Gracias!

5 Comentarios
  1. Diría que hasta sabe a poco el trayecto entre Sary Tash y Osh. Un descenso con paisajes alucinantes que invitaban a perderse y que creo que merece la pena explorar.
    ¡El cruce de fronteras fue una auténtica experiencia!
    Gracias por compartirlo y recordarlo

  2. Carmen 8 meses

    Geniales! Como siempre:)

  3. pjrf 8 meses

    Espectacular trayecto de un magnífico viaje. Para repetir aunque suene manido.
    Todas las indicaciones en “Asía de ida y vuelta” publicado por Jose Luis Bauset Navarro.

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