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Este viaje surge fruto de la suerte de poder coincidir con varios días libres y las ganas de hacer un viaje, por corto o cerca que fuera. Una de las ideas que teníamos era la de emplear algún día en una ruta senderista, disfrutando de la naturaleza y no solo limitarnos al turismo urbano. El Parque Natural de Monfragüe se planteó como uno de los destinos interesantes para ello y, finalmente, allí nos dirigimos. Una gran elección, sin duda.

No planificamos apenas el viaje. Solo reservamos con un unas 48h de antelación el primer alojamiento y elaboramos un pequeño boceto de la ruta a seguir, sujeto a cambios sobre la marcha. Creímos que este tipo de viajes se presta a la improvisación y, desde luego, salió bien. Just go with the flow…

DÍA 1. LLEGADA A TOLEDO.

Con las maletas hechas a todo correr y la ilusión de un viaje como bandera, partimos hacia Toledo a media tarde. ¿Por qué a Toledo? Bueno, no podíamos salir más temprano de Murcia como para hacer el viaje directo a Extremadura, por lo que nos pareció que hacer noche en un punto medio del camino sería mejor y Toledo, con su ambiente medieval, se presentó como la mejor candidata.

Hicimos una parada para cenar en un pequeño pueblo conquense llamado Villares del Saz, en un bar-restaurante de los 2 que había abiertos en el pueblo. Bocadillos y algo de verdura a la plancha, no fue nada espectacular ni tampoco muy barato. Seguimos nuestro camino hacía Toledo, con una gran niebla que apenas dejaba ver la carretera a la llegada a la ciudad. Llegamos sobre las 23:30h al alojamiento que teníamos reservado, Hostal Toledo: una noche, habitación triple, 52.25€. Situado a 10 minutos de la Plaza Zocodover, está algo viejo pero limpio, las camas cómodas y el baño grande y en buenas condiciones. Tiene parking privado por 6€/día, pero en la zona se encuentra aparcamiento gratuito sin problemas (nosotros aparcamos justo frente a la puerta del hostal).

DÍA 2. TOLEDO.

Salimos temprano para aprovechar el día, con bastante frío, humedad y la niebla que sigue desde anoche. No había mucha actividad por la hora y por el día, 26 de diciembre, festivo. Lo primero que hicimos fue desayunar en la cafetería-cervecería “El Tirador”, al lado de la Puerta del Sol,  al parecer conocida por su gran variedad de cervezas artesanas que nosotros no llegamos a probar.

A continuación, pasamos por la Puerta del Sol en dirección a la Plaza Zocodover que por ser Navidad estaba decorada para la ocasión, aportándole así más encanto si cabe. Lo siguiente, el Alcázar de Toledo y el Museo del Ejército, cuya entrada es gratuita y que merece la pena incluso para los que no sean muy amantes de lo bélico. Eso nos llevó gran parte de la mañana, después nos dedicamos a la Catedral y a callejear para impregnarnos del ambiente toledano.

Para la comida, la mayoría de los restaurantes ofrecían menús diarios por unos 10-12€, variados y con platos típicos. Nos decantamos finalmente por el céntrico restaurante “Palacios”, buena calidad de la comida, en especial la carne y el jamón, con postres caseros; eso sí, los platos no son muy abundantes.

Por la tarde continuamos el paseo por las calles de Toledo sin entrar a ningún otro museo ni exposición, salvo la Exposición de Antiguos Instrumentos de Tortura en la Sala de Exposiciones Alfonso XII, entrada normal por 4,50€ y  reducida 3,50€. Se trata de una curiosa muestra de los diversos utensilios utilizados por la Inquisición para este fin, la cual invita a reflexionar y en ocasiones pone el vello de punta solo de imaginarlo. Dejamos que esos tétricos pensamientos se los llevara el viento montándonos (y disfrutando como niños) en la tirolina de Toledo, Fly Toledo. Está situada sobre el Tajo junto al Puente de San Martín y se trata de la tirolina urbana más larga de Europa. El precio es de 10€ (13€ con foto) por un viaje, dos viajes para niños y estudiantes. Pese a que impone la altura y la distancia del recorrido, merece la pena la descarga de adrenalina que provoca y las vistas que se disfrutan desde ahí.

Repusimos fuerzas en la cervecería “El Trébol”, en la calle de Santa Fe junto a la Plaza Zocodover, donde tuvimos bastante acierto al probar las pulgas de ciervo con salsa de boletus. Y tras esto, nos despedimos de la ciudad para dirigirnos a Extremadura.

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Llegamos pasadas las 21h al Camping Parque Nacional de Monfragüe, donde el día anterior habíamos reservado a través de Booking un bungalow por 50€, con dos camas y un sofá cama, baño y cocina privados. En bastante buenas condiciones, aunque el split de aire acondicionado no funcionaba muy bien y apenas calentaba por lo que pasamos un poco de frío (sobre todo en la ducha, donde no llegaba nada de aire caliente). No había apenas gente en el camping, imagino que la época más concurrida no es esta sino primavera-verano, por lo que habían cerrado pronto (muy pronto) la cafetería y tuvimos que acabar el día improvisando una cena a base de sandwiches.

DÍA 3. PARQUE NATURAL DE MONFRAGÜE.

Madrugamos para poder aprovechar las horas de luz haciendo ruta senderista por la zona, una de los propósitos a realizar en este viaje. Como no teníamos muy claro qué hacer o qué ruta elegir preguntamos en la recepción del camping, donde muy amablemente nos explicaron opciones de rutas senderistas. De todos modos, en Villarreal De San Carlos también se puede recibir información detallada acerca de estas, como descubrimos poco después.

Nos desplazamos hasta Villarreal de San Carlos, a unos 30 minutos en coche, donde comenzaba la ruta senderista por la que nos habíamos decantado. En cuanto a Villarreal de San Carlos, se trata del único núcleo urbano del parque, un pequeñísimo pueblo con no más de un par de calles en el que se encuentra un punto de información, un restaurante, un merendero y el centro de interpretación, de interés antes de iniciar cualquier ruta para conocer mejor la flora y fauna del parque. Resaltar que el Parque Nacional de Monfragüe es el mejor lugar de Extremadura para los amantes de la ornitología, puesto que se pueden avistar con facilidad un gran número de aves, destacando las rapaces.

La ruta que hicimos fue La Ruta Verde, la cual consistía en un recorrido en gran parte siguiendo la ribera izquierda del arroyo Malvecino hasta subir al Cerro del Gimio, donde hay restos de una atalaya romana del periodo republicano y unas increíbles vistas del Tajo, El Salto del Gitano y los arroyos Barbaón y Malvecino. Aprovechamos este lugar para comer los bocadillos que habíamos comprado en la cafetería del camping, descansar un poco y, sobre todo, disfrutar del paisaje. La vuelta transcurre por la margen derecha del arroyo, hasta el punto de inicio. Nosotros tardamos unas 4h en completarla porque nos detuvimos en varias ocasiones a hacer fotos y recrearnos con la naturaleza, aunque normalmente se realiza en 3h. No se trata de una ruta complicada y, en general, el camino es bastante cómodo.

Una vez en Villarreal de San Carlos, nos desplazamos en el coche hasta El Castillo de Monfragüe, una fortaleza en ruinas de la que solo queda la Torre del Homenaje. Cuidado con el aparcamiento en épocas de mucho turismo porque apenas hay espacio para unos pocos coches al pie del castillo. Por último, nos dirigimos hacia el Roquedo de Peña Falcón, conocido popularmente como El Salto del Gitano, desde donde contemplar sin dificultad y desde cerca buitres leonados y algunas otras especies de aves.

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Con esto finalizamos la visita al parque y pusimos rumbo a Cáceres. Un breve alto en el camino en un bar cuyos únicos clientes eran los abuelos del lugar, para una merienda que nos supo a gloria a base de queso, salchichón y salchicha en Torrejón El Rubio.

El Hostel Al-Qazeres fue donde nos hospedamos, también reservado el día anterior a través de booking. Una habitación triple con baño independiente, bien acondicionada y limpia, por 53€. Situado en la Calle Camino Llano, a escasos 5 minutos de la Plaza Mayor, no dispone de parking propio pero en la misma calle se encuentra aparcamiento gratuito sin dificultad. Dejamos las maletas, nos duchamos y cenamos en La Tía Tula, una tapería emplazada en la misma calle con una carta a base de tapas locales de excelente relación calidad-precio, sin duda muy recomendada. No dejéis de probar el queso de torta Finca Pascualete, delicioso.

Como broche final para un más que completo día, nos dirigimos a La Traviata, un pub con una creativa decoración y ambiente de cerveceo y copas que tenía la peculiaridad de poner la música que los clientes iban pidiendo a través de tweets.

DÍA 4. CÁCERES.

Un buen desayuno para empezar el día, antes que nada. El sitio elegido fue el bar Nuevo Rialto, en la Plaza de la Concepción, un local pequeño de ambiente rockero y donde comimos una de las mejores tostadas con jamón y tomate que habíamos probado. Con las pilas cargadas nos dirigimos a la Plaza Mayor, donde contratamos una visita guiada en la Asociación de Guías Turísticos de Cáceres, local situado en la misma plaza. El precio es de 6€/persona y realizan tres visitas al día a las 11h, a las 12:30h y a las 17h/18h según sea invierno o verano, respectivamente. Es muy recomendable porque en unas 2h se hace un recorrido cultural por la Ciudad Monumental con una explicación bastante completa y amena. La ruta incluye la Torre de Bujaco, el Arco de la Estrella, la Plaza y la Puerta del Socorro, el Palacio de Carvajal (y su interior), la Concatedral de Santa María, la Plaza de San Jorge, la Plaza e Iglesia de San Mateo, el Palacio de los Cáceres-Ovando, el Parador de Turismo (y su interior), la Puerta de Mérida, el Aljibe del Museo Provincial (y su interior), la Antigua Judería y la Sinagoga/Ermita de San Antonio. Como decía, merece la pena.

Para comer quedamos con unas amigas de allí y nos llevaron a probar La Tapería, en la calle Sánchez Garrido, cerca de la Plaza Mayor. Tal como se puede adivinar de su nombre, se trata de un local donde destacan las tapas bastante generosas y ricas, con productos de la zona y por un precio razonable. Destacar que allí probamos por primera vez la patatera, un embutido tradicional extremeño a base de grasa de cerdo, patata cocida y, por supuesto, sin olvidar el pimentón de La Vera. Es de aspecto similar a la sobrasada y la hay dulce y picante. Desde mi punto de vista, todo amante del turismo gastronómico que viaje por la zona debería probarla.

La tarde la comenzamos paseando tranquilamente por las calles de la Antigua Judería, descubriendo casualmente durante la caminata una casa árabe cerca del Arco Romano del Cristo, la Casa-Museo Yusuf Al-Burch, perteneciente a una familia particular donde se puede dedicar un pequeño rato a tomar contacto con la cultura hispano-árabe. Y por último, visita a la Iglesia de San Francisco Javier, antigua Iglesia de la Preciosa Sangre, y subida a las torres para disfrutar de unas vistas panorámicas de la ciudad que no dejan indiferente.

Siguiente destino: Mérida. Nos alojamos en un apartamento llamado El Romano, alquilado pocas horas antes a través de booking. Costó 65€/noche (130€ en total), con dos habitaciones, un baño, cocina independiente y wifi, en muy buen estado y muy cómodo. Aparcamiento gratuito por la zona y sin demasiada dificultad. Es fácil ir caminando a todos lados porque está céntrico, en la calle Mariano José de Larra, a poco más de 300m del Teatro y Anfiteatro Romano.

Y llegó la hora de la cena. Nuestra idea era probar algún sitio con comida típica de la zona, por lo que seguimos el consejo de la casera y probamos en La Dehesa del Castúo, en la calle Portezuelas. Como dato curioso, “castúo”, aparte de ser sinónimo de extremeño, es también la denominación de una variedad del español hablada en Extremadura. En cuanto al local, resultó tener un precio económico con una gran variedad de tapas (tantas que cuesta decidirse por solo unas pocas), muy ricas y más que generosas en cantidad. Un acierto.

DÍA 5. MÉRIDA.

Como los demás días, lo primero el desayuno para empezar con ganas el día, en Mymmucca, al lado de la Plaza de España. No es mala elección si lo que buscas es pastelería y dulces varios, aunque no deja de ser una cadena de pastelerías con productos del estilo a los de cadenas similares.

Para visitar Mérida decidimos comprar una entrada para el conjunto monumental que incluye el acceso, en uno o varios días, al Teatro y Anfiteatro Romanos, Alcazaba, Casa del Mitreo y Área Funeraria de los Columbarios, Cripta Arqueológica de Santa Eulalia, Área Arqueológica de Morería y Circo romano (todos los gestionados por el consorcio). El precio de la entrada es de 15€ (7,5€ la reducida) y se puede adquirir la taquilla de cualquiera estos recintos monumentales, a excepción de Morerías. Eso sí, donde más colas suele haber para comprarla es en el Teatro y el Anfiteatro, por lo que es preferible no hacerlo allí. La opción de la entrada múltiple para el conjunto de monumentos es bastante recomendable, aunque hay que tener en cuenta que para poder verlos todos en un único día hay que ir rápido, ya que son muchos y cierran a las 18:30h (a las 21h de abril a septiembre). Nosotros no llegamos a visitar la Casa Mitreo y los Columbarios, sí el resto (eso sí, la Alcazaba fue casi corriendo, estaban a punto de cerrar). Por supuesto, no se puede dejar de visitar el Circo Romano y el Teatro y Anfiteatro romanos, mientras que desde nuestro punto de vista, el conjunto arqueológico de la Morería es prescindible si se va justo de tiempo .

Repetimos sitio para comer, La Dehesa del Castúo, con menú a 10€ con una larga lista de platos a elegir. Y la cena en Entrecañas, cerquísima de la Plaza de España, en la calle Félix Valverde Lillo. Estaba lleno hasta la bandera y con razón, puesto que las tapas son grandes (por lo visto, en Extremadura las tapas suelen ser considerables) y están deliciosas.

Antes de volver al apartamento para poner punto y final a la jornada, nos acercamos a visitar el Templo de Diana, que emerge de repente entre varios edificios contemporáneos haciendo un interesante contraste. Se conserva en un estado bastante bueno y por la noche está iluminado de forma que realza lo bonito del sitio. Merece la pena dedicarle aunque sea una breve visita.

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DÍA 6. TRUJILLO-MURCIA.

Último día del viaje, que comienza con un rápido desayuno en el Café-bar Tapa-Cubo, al lado del apartamento. Después, cogimos el coche para iniciar el viaje de vuelta a Murcia, pero nos desviamos un poco hacia Trujillo para hacer allí una pequeña parada. Apenas teníamos tiempo porque nuestra intención era llegar temprano a Murcia y nos quedaban todavía muchos kilómetros por delante. Por este motivo, la visita se limitó a una paradita en la Plaza Mayor y la subida por las características calles estrechas y empedradas trujillanas hasta el castillo árabe. Desde allí se puede admirar la vista panorámica de la ciudad que, con razón, tiene fama de ser uno de los más bonitos de Extremadura.

Con Trujillo y 600km más, acabó nuestro viaje por Toledo y Extremadura. Viaje que nos dejó muy buen sabor de boca (en todos los sentidos) y que, sin duda alguna, recomendamos.

2 Comentarios
  1. Chechu Rebota 10 meses

    Muchas gracias por contarnos el viaje, algún día tengo que visitar toda esa zona.

  2. ¡Gracias por compartirlo! Una región que debería aparecer en todas las guías como imprescindibles y leyendo tus recomendaciones con más razón. Gracias por juntarte a este proyecto, viajefilos, y gracias por hacerlo con este rincón de España. Veo que mal del todo no lo pasasteis!

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