Una semana en la isla de Shikoku fue, sin esperarlo, uno de los grandes regalos de nuestro viaje a Japón en otoño. Buscábamos el momiji, ese cambio de color que convierte el país en un espectáculo, y acabamos encontrando algo todavía mejor: una isla tranquila, auténtica y profundamente espiritual, lejos de las multitudes de las rutas más clásicas.
Este post es un diario de viaje día a día con todos los detalles prácticos que a nosotros nos habría gustado tener antes de venir: cómo nos movimos, qué templos y lugares merecen realmente la pena, dónde dormimos, qué comimos y los pequeños “secretos” que solo salen cuando estás allí (horarios, parkings, precios, dudas y aciertos). Buscamos los imprescindibles de Shikoku. Durante la semana fuimos enlazando Tokushima, el salvaje Valle de Iya, Kochi, Ozu y Uchiko, Matsuyama y Kotohira, siguiendo parte de la mítica ruta Henro de los 88 templos.
Si lo que buscas es una guía práctica tipo “itinerario listo para copiar”, también tenemos el artículo complementario con la ruta en coche por Shikoku y el planning más ordenado. Pero si quieres vivir el viaje con nosotros, con todo lo que pasó en el camino, aquí empieza una semana en la isla de Shikoku.
Una semana en la isla de Shikoku: diario de viaje por la isla más desconocida de Japón
Primer día en Shikoku: Tokushima y sus alrededores
Lo primero fue un buen café y rumbo al aeropuerto de Tokushima para hacernos con el coche que teníamos reservado para recorrer la isla.
El bus entre Tokushima y el aeropuerto de la ciudad
Desde Tokushima Station tomamos un autobús que nos llevó al aeropuerto. Es muy fácil hacerse con el horario y la plataforma de salida desde Google Maps.
Horario, línea y plataforma en Tokushima Station
Subimos en la Naruto Line, en la plataforma 16. Este mismo bus lleva al aeropuerto y a los famosos remolinos de Naruto. Se accede por la puerta trasera y se paga al salir. No admite Suica y se debe pagar en efectivo. El precio hasta el aeropuerto: 540 yenes (3 €) y casi una hora de viaje. Para las nueve de la mañana estábamos en el aeropuerto listos para recoger el coche. No podemos decir que fácil aclararse pero gracias a Google Traslate sin problema.
Pasados los nervios iniciales y con un vehículo japo chulísimo nos poníamos en marcha.
El Templo Ryozen-ji, el primero de la ruta de los templos de Shikoku
La primera de nuestras paradas, a unos 20 km del aeropuerto. El templo Ryozen es el primero de la ruta de peregrinación y el lugar donde hacerse con la ropa de peregrino.
La tienda del peregrino y el atuendo tradicional
Se compone del clásico sombrero cónico, un chaleco blanco, el bastón, la estola ceremonial y una bolsa donde llevar lo necesario (velas, el libro para los sellos de los templos, monedas para las ofrendas…). No son pocos los peregrinos que vimos ataviados con su uniforme en el camino. De todo lo que ofrecían en la tienda no pudimos resistir comprar uno de los sombreros cómicos de la peregrinación. 2000 yenes (11 €).
La visita del templo es gratuita y encontrarás un parking junto al mismo. No sabemos si porque fue el primero que visitamos pero nos pareció fascinante tanto los exteriores, los cuidados jardines, el estanque de entrada como el interior del templo principal iluminado por cientos de farolillos.
Todavía en shock por la belleza del primero de los templos que habíamos visto, nos pusimos en marcha hacia el segundo de los imprescindibles en los alrededores de Tokushima.
Santuario sintoísta de Oasahiko
Dioses dedicados a proteger a las personas de los accidentes de tráfico. Además de bonito, nos viene al pelo con el coche recién estrenado. Considerado el “ichinomiya” (primer santuario) de la antigua provincia de Awa, lo que lo convierte en el santuario más prestigioso de la zona. Un árbol milenario nos revive en la entrada del templo.
El santuario principal de la antigua provincia de Awa
No conocemos exactamente el rito ni la tradición pero hay muchas familias con trajes tradicionales con sus bebés, especialmente preparados para una ceremonia. El sendero posterior al templo, con frondosa vegetación alrededor, cruza el único de los antiguos puentes de piedra levantados por prisioneros alemanes en la Primera Guerra Mundial. El recorrido lleva hasta dos pequeños altares de madera donde sentarse y escuchar.
El templo nº 2: Gokuraku-ji
El templo acoge una de las imágenes de madera mas importantes por la ciudad. Representa un Buda sentado. Solo por ver la exquisitez de sus jardines merece la pena. Y una vez asciendes al templo principal de madera envejecida y envuelto por la vegetación, confirmarás que también tiene que estar entre los simples imprescindibles de Tokushima.
¡Mas allá del mediodía y rumbo a las Naruto Whirpools!.
Los remolinos de Naruto
La corriente oceánica provoca en los cambios de marea este curioso fenómeno que se ha convertido en toda una atracción turística en Tokushima.
Qué son y por qué se producen
El agua del mar interior de Seto y la del océano Pacífico se encuentran a través de una estrecha franja de unos 1.3 km, lo que provoca corrientes muy rápidas. El estrecho de Naruto tiene una de las corrientes más fuertes de todo el mundo. Se pueden observar desde algunos miradores en tierra, en un barco que navega cerca de los remolinos y desde un plataforma acristalada que discurre paralela bajo el puente Onaruto que une Shikoku con la isla de Honsu (Mirador “Uzu‑no‑Michi”).
Lo ideal para disfrutarlos al máximo es informarte en el momento de tu visita cuál será el mejor horario.
Subimos hasta el lugar donde comienzan los senderos y el puente sobre los remolinos. Al llegar encontramos un aparcamiento que cuesta 500 ¥. Allí mismo hay cafetería y restaurante.
Miradores gratuitos desde tierra
Tomamos el camino andando hacia los miradores. El primero es conocido como mirador Ochaen y está bastante cerca del parking. Bajamos hacia el segundo de los miradores, Sensojiki. Hay bastantes carteles explicativos pero no resulta sencillo hacerse con la información. Los precios, las entradas combinadas y las posibilidades no terminamos de entenderlas. Estos miradores son gratuitos.
Por el sendero, hay varios lugares donde tomar algo y tiendas de artesanía. Probamos un helado del cítrico de la isla de Shikoku: El sudachi.
Ascendemos hasta el observatorio del monte Naruto para tener una vista global del puente. El tramo de escaleras se hace duro por momentos.
El observatorio acristalado bajo el puente abre entre las 9:00 de la mañana y las 6:00 de la tarde. La verdad es que una vez vistos desde diferentes ángulos en los miradores terrestres, optamos por saltárnoslo.
Paseo en barco por los remolinos
Lo que sí hacemos es embarcarnos en uno de los botes que se acerca a los remolinos desde el agua. La compañía se llama Uzushio line y no tuvimos problemas para subirnos sin reserva. Salen cada media hora. Cuesta 1600 yenes (9 €) por persona. Dura 30 minutos y lo disfrutamos como enanos. ¡A la caza del remolino!. Recomendable, adrenalina pura y muy divertido.
Vuelta a la ciudad.
Cena en Tokushima
Para la cena, en los alrededores de la estación hay muchos restaurantes. Nos recomendaron en el hotel el restaurante I-KKO. Especializado en el pollo tradicional de Tokushima, el Awa odori. Y ¡además tienen el menú en inglés!.
El pollo Awa Odori
El Awa Odori Chicken es una variedad de pollo criado en la prefectura de Tokushima. Se cría durante más de 75 días con estrictos estándares de bienestar. Tiene un contenido de grasa más bajo que un pollo normal y su carne es roja‑rojiza y algo más firme, lo que permite que resista bien el carbón. Tienen muchas opciones. Puede acompañarse con Sudachi (cítrico local) exprimido encima (a lo murciano). Lo acompañamos con Naruko Kintoki Sweet Potatos, boniato vamos… Pedimos tres platos distintos de pollo, más los acompañamientos y las cervezas, ¡para los dos!. Y de postre, crema catalana. Literal. Aún comiendo como varios más, pagamos 46 €. Lo cierto es que dependiendo del corte, el polo está bueno o muy bueno. El muslo, tremendo.
Segundo día en Shikoku: Imprescindibles del Valle de Iya y crucero por la Garganta de Oboke
Nuestro segundo día de la semana en la isla de Shikoku. Nos dirigimos hacia el oeste de la prefectura de Tokushima. Siguiendo el sentido de las agujas del reloj, daríamos una vuela completa a la isla. Y en esa dirección quedaba una de las escalas a priori más bonitas para disfrutar del otoño en Japón, en valle de Iya en la región de Miyoshi. Esta zona verdaderamente apartada fue en su día el escondite de los guerreros Heike que huían hace siglos, y hoy en día aún conserva un estilo de vida y un entorno del Japón antiguo. Pasaríamos toda la jornada en los parques naturales de la zona para desviarnos hasta el sur hacia Kochi donde dormíamos.
Cómo llegar al valle de Iya en Shikoku
Hacia el oeste una autopista de peaje une Tokushima y Kochi. En el camino las visitas en las que nos queremos detener. La tarjeta ETC que incluimos cuando alquilamos el coche, facilitó sobremanera el paso de los peajes. Las barreras se abrían automáticamente y el pago total lo hicimos con la devolución del coche. Ya os contamos todos los secretos sobre cómo conducir en Japón en nuestro anterior post.
Tipo de carreteras y velocidad real
Eso si, no esperéis una autopista de dos carriles en la que circula 150 km/h. La mayoría de los 100 km que recorremos hasta desviarnos a la garganta. Es una estrecha carretera de un solo carril en la que se circula entre 50 y 70 km/h. No existe posibilidad de adelantar pues la mediana está balizada, salvo en algunos tramos donde la carretera se desdobla. De todos modos, la gente es bastante estricta en los límites de velocidad y circular a la misma velocidad que el resto.
Tampoco son frecuentes las áreas de servicio, y en el momento que veas alguna gasolinera aprovecha para repostar.
En la autopista que nos trae, tomamos la salida número seis. Enlazamos con la carretera 192, de inmediato la 32 hacia Kochi y tras unos kilómetros una carretera con muchas curvas pero que nos lleva por una ruta panorámica hasta el destino. La salida está marcada como Deia…
La estrecha carretera del Valle de Iya
Aquí empiezan unos 20 kilómetros de curvas muy cerradas y una estrecha carretera que en la mayoría de tramos solo permite el paso de un vehículo. Al menos hemos de decir que hay muy poco tráfico.
Tras unos 10 kilómetros, la Estatua del Peeing Boy. Se trata de una curiosa escultura de un niño orinando hacia el valle, en honor a la perspicacia de los jóvenes que orinaban desde lo alto del precipicio.
El mirador Hi-no-Ji Valley
Unos 2 km más y uno de los miradores más bonitos del valle. En este punto, el río forma una curva cerrada, rodeado de árboles de colores en esta época del año. Se conoce como Hi-no-Jy valley puesto que su forma recuerda a la letra “Hi” en japonés.
Unas fotos más tarde y llegamos a uno de los high ligths de Shikoku: el puente Kazurabashi.
El puente de vides: Iya-no-Kazurabashi
Aquí sí, un gran parking y una gran tienda de souvenirs nos dan la bienvenida. Aunque hay muy poco turismo actualmente, nos da una idea de la cantidad de que recibe.
Historia y reconstrucción del puente
El puente colgante Kazurabashi está hecho de vides locales. Cuenta la leyenda que los antiguos habitantes de Heike construyeron estos puentes para poder cortarlos fácilmente si eran perseguidos por guerreros invasores. Se reconstruye cada 3 años. Sus 45 m de largo, 2 m de ancho y 14 m de altura sobre el río hacen que caminar sobre las crujientes lianas de esta maravilla natural sea toda una experiencia en sí misma. Hacerlo costará 550 yenes. Ya avisamos y asusta…
Una vez se cruza el puente y con las piernas, todavía temblando, si caminas unos metros más abajo de una bonita cascada. Desde aquí se puede bajar hasta el cauce del río para tomar más fotos del fantástico puente.
Dónde comer cerca del puente
Optamos por subir en un pequeño restaurante en el camino de vuelta. No son más de 50 m desde el puente. Allí se puede comer el tradicional pescado en espeto del valle de Iya. Compartiremos junto a ello unos platos de soba con carne y con tempura. A diferencia de los udon o el ramen, se hacen con trigo sarraceno. Muy clásicos de la zona. Tremendos. Con la bebida pagamos 15 € los dos.
La garganta del Oboke
Nos dirigimos más hacia el sur siguiendo el cauce del río Yoshino al impresionante desfiladero de Oboke. Desde nos encontramos, en el puente, solo unos 20 minutos. Los escarpados cañones formados por el caudaloso río Yoshino se conocen como las gargantas de Oboke y Koboke, cuyos nombres se traducen, curiosamente, como «peligro de paso grande» y «peligro de paso pequeño», debido a los riesgos históricos que entrañaba recorrer estos desfiladeros.
Paseo en barco: duración y precio
Lo habitual es tomar un barco para recorrerlo y así lo hicimos. Cada 30 minutos sale y el recorrido lleva unos 20 minutos aunque cuando lo visitamos el río estaba bajo y duró algo menos. El precio 1500 yenes por adulto (8 €). Será por el escaso cauce o porque el clima y la luz no acompañaron pero no terminó de gustarnos.
Rumbo a Kochi donde dormiremos. Nos encontramos en la costa sur de la isla. Todavía con algunas horas de luz decidimos la visita de un templo cerca de la ciudad.
Tosa Kokubun Temple. El nº 29 de la ruta Henro
El templo cuenta con varios edificios todos construidos en madera de una belleza increíble. Traspasar la puerta de entrada, a la derecha la torre del tambor. Leemos que se fundó hace más de 1250 años y la reconstrucción tiene más de 500. Lo visitamos totalmente solos. Están apunto de cerrar y suponemos que ya han pasado los peregrinos. Los jardines están tremendamente cuidados. Lo visitamos a toda prisa por si cierran con nosotros dentro.
Dónde dormir en Kochi
Elegimos el Comfort Hotel Kochi. 176 € para dos noches en habitación doble. En este hotel teníamos incluido el desayuno en el precio. Por unos 4 € cuenta con parking privado. A pesar de ser más caro que el hotel de Tokushima, salió más caro sin ser mejor hotel. Entendemos que por tener menos competencia alrededor o simplemente porque la ciudad sea más cara.
Nos costó horrores entrar en la ciudad al anocheciendo y en hora punta. Así que tras el check in descansamos un rato antes de la cena.
Katsuo, el bonito de Kochi
El bonito de Kochi, conocido como katsuo es uno de los productos más emblemáticos de esta región. Salimos cerca del hotel a un restaurante con buenas puntuaciones para probarlo. Se llama Rita Syokudu. Menos mal que casi todos te ofrecen un QR en inglés del menú. En la mayoría de casos no hablan inglés.
El Katsuo no Tataki
El puerto de Kochi es uno de los más importantes del país en la pesca de katsuo, que se captura cerca de sus costas y se consume en el mismo día. La manera de prepararlo, Katsuo no Tataki, consiste en sellar rápidamente el exterior del bonito sobre una llama directa (a veces de paja). Luego se corta en rodajas gruesas y se sirve con ajo, jengibre, cebollino y salsa de soja o ponzu. Probamos distintas maneras de cocinarlo: sellado con hojas de pino, con una salsa Yukke y hasta como sashimi y sushi. Imposible cansarse. Además pedimos unos trozos de pulpo gigante de la zona que preparan rebozado, ¡cinco metros alcanza!. Fueron 75 € con las cervezas que acompañaron al bonito y hasta postre.
La Guía Esencial de Japón de Viajefilos
Antes de viajar a Japón hay algunas cosas que debéis preparar. Estas y muchas más recomendaciones las tenéis en nuestra Guía Esencial de Japón: actualizada, descargable y en un atractivo formato para llevar en tu móvil. Por supuesto también tiene una sección de dedicada a la isla de Shikoku.
Tercer día en Shikoku: Templos nº 31-33. Castillo de Kochi y mercado Hirome
Amanecemos en la ciudad de Kochi. Situada en la costa sur de la isla de Shikoku, es una ciudad muy importante en la historia del país. Uno de los personajes más importantes nacidos aquí fue Sakamoto Ryōma. Merced a ello, Kōchi se considera una de las cunas del pensamiento progresista en Japón del siglo XIX, siendo un bastión del movimiento por la restauración imperial y la apertura del país al mundo.
Nuestro día completo en la ciudad de Kochi nos llevó a visitar alguno de los templos más famosos de la ruta de peregrinación, seguido del castillo, uno de los pocos originales que quedan en Japón, el mercado Hirume para ver cómo cocinan el tradicional bonito y la playa de Katsurahama.
Moverse por Kochi sin coche
Si no disponéis de coche, el MY‑YU Bus es un autobús turístico de un día que conecta desde la estación de tren de Kōchi (JR Kōchi Station) con los lugares más emblemáticos de la ciudad, como el puente Harimayabashi, el Makino Botanical Garden, el Katsurahama Beach, el templo Chikurin‑ji.
Chikurin‑ji. El Templo nº 31
Chikurin‑ji es el Templo n.º 31 en la famosa ruta de los 88 templos del peregrinaje de Shikoku. El templo está en la colina conocida como parque Godaisan. Empaque está repleto de vegetación y el musgo cubre todas las paredes, árboles y rocas. Aunque está habilitado para subir caminando, la subida no estará exenta de un buen esfuerzo. Nosotros optamos por subir en coche. Es una carretera de un solo sentido. Hay varios aparcamientos habilitados. Entramos por la puerta oeste al templo.
Pagoda de cinco pisos
Se cree que fue fundado en el año 724. Domina el recinto la pagoda de cinco pisos, construida con ciprés hinoki. La entrada es gratuita salvo para la visita de algunos recintos. En uno de ellos se encuentran 17 estatuas de Buda de un importante valor cultural para países. Lo visitamos con muy poca gente, varios de ellos peregrinos que venían haciendo la ruta ataviados con el traje tradicional.
Seguimos de templos esa mañana.
Zenjibu-ji. El Templo nº 32
De nuevo, el templo se encuentra en lo alto de una colina, en este caso con vistas al mar, al sur de la ciudad de Kōchi. Esto, leemos que lo convierte en uno de los templos más escénicos de toda la ruta. Fundado, según la tradición, por Kōbō Daishi (Kūkai) en el siglo IX tras su regreso de China. En el lugar rezó por la seguridad de los marineros, por ello sigue siendo lugar de culto entre los que se embarcan. Después de ver el anterior desde luego que resulta mejor espectacular pero su ubicación lo hace imprescindible.
Sekkei-ji. El Templo nº 33
Algo más alejado pero optamos por visitarlo para conocer la playa de Katsurahama, cerca de la que se encuentra. Varios pequeños jizō (deidades protectoras de los viajeros) custodian el camino. Uno de los atractivos para nosotros, es la estatua de Yakushi Nyorai, el Buda de la Medicina. Los peregrinos se detienen delante de los templos y rezan su plegarias.
Tras el atracón de templos, volvemos al mediodía para dejar el vehículo en el parking del hotel y aprovechar para pasear la ciudad. Los dos lugares imprescindibles en el centro y que están a un corto paseo: El castillo de Kochi y el Hirume market.
Paseo por el centor de Kochi, uno de los imprescindibles de Shikoku
La ciudad es muy agradable para un paseo. Todavía circulan los viejos tranvías muy coloridos y fotogénicos. Kochi tiene uno de los pocos tranvías históricos que siguen en funcionamiento en Japón. Es increíble a pesar de que estamos en el centro de la gran ciudad la tranquilidad que se respira. En los alrededores del puente Harimaya está la zona más turística. El puente Harimaya fue originalmente un puente privado pero hoy es uno de los lugares públicos punto de encuentro en la ciudad. En los alrededores se suceden las galerías comerciales y una amplia zona peatonal.
Hirome market
El tradicional mercado donde compras lo que vas a comer y te sientas en mesas corridas a degustarlo. Unos 60 puestos. Por supuesto, la estrella del mercado, el bonito. Por 3500 yenes (20 €) comimos 10 piezas de Katsuo no tataki, recién sellado con paja, una tempura de patata dulce y unos trozos de morena rebozado con dos cervezas grandes. Por supuesto, repetimos!. Prácticamente ningún extranjero y repleto de gente a la hora de comer.
En nuestro Instagram tenéis un fantástico reel sobre el mercado de Kochi.
El castillo de Kochi
Se trata de uno de los pocos originales que quedan en Japón (no una reconstrucción). Construido en 1601, mantiene el torreón principal intacto desde el periodo Edo. Se puede visitar el interior y las vistas desde el torreón son espectaculares. Abre de 09:00 a 17:00 (última entrada a las 16:30). Cuesta 500 yenes (3 €). La puertas de entrada son todavía las originales. Y hasta llegar a ellas te das cuenta de lo complicado que se debía poner tratar de conquistarlo.
Se accede al interior del torreón hasta la quinta planta. Hay que descalzarse para ello. En las sucesivas plantas, fotografías y maquetas de la estructura. Arriba realmente las vistas son lo mejor.
Lo que queda de tarde lo dedicamos a pasear por el centro de la ciudad. Hay un montón de tabernas y restaurantes con una pinta estupenda. No nos gusta recomendar alguno sin haberlo probado, pero estamos seguro de que elijas el que elijas, aceptarías.
Cuarto día en Shikoku: Ozu y Uchiko en el camino a Matsuyama
La ruta de los 88 templos de Shikoku que habíamos trazado nos llevaba hacia el oeste, hacia Matsuyama. Cambiábamos a la prefectura de Ehime. Preveíamos unas tres horas de carretera pero en el camino nos habíamos planteado dos visitas: las poblaciones de Ozu y Uchiko.
La carretera 197 entre Kochi y Ozu
A pesar de que el GPS se empeñaba en llevarnos por el norte hacia Takamatsu donde se encuentra la autopista, nosotros optamos por una carretera mucho más directa y con la cual tampoco perdías demasiado tiempo. Tienes que buscar la carretera 197 y en general está en muy buenas condiciones. Además pasarás por un entorno natural impresionante y por pequeñas poblaciones por el camino. Nosotros hicimos una parada en una estación de servicio, Fusegasaka, cuyo entorno es una pasada.
Ōzu, la pequeña Kioto del oeste de Shikoku
Habíamos leído que la localidad es conocida como la “Pequeña Kioto de Iyo”. ¿Quién se resiste a esto?.
Las calles tradicionales de Ozu
Al llegar, nuestra primera parada y donde dejamos el coche es Garyū Sansō, una antigua villa de retiro junto al río. Ofrece una de las imagen del Japón tradicional, combinando arquitectura, jardines y paisaje. La antigua villa, abandonada hasta finales del XIX, fue adquirida por un rico comerciante, que dedicó gran parte de su fortuna a principios de siglo XX para su reconstrucción con artesanos de Kioto. La visita cuesta 550 yenes (3 €) y puede que sea lo único que salvar en una rápida visita de la ciudad.
En los alrededores, varias pequeñas callejuelas con casas tradicionales, maltrechas y descuidadas, dedicadas al turismo. En general vemos muchas obras de acondicionamiento en las calles y muy poca gente con casi todos los comercios cerrados.
El castillo de Ōzu
Otro de sus supuestos imprescindibles es el Castillo de Ōzu, al parecer una reconstrucción meticulosa de 2004 en la que se utilizaron los materiales y técnicas originales. Si tienes un capricho (y un buen bolsillo) permite pernoctar en su interior, a lo samurái. No entendemos quién se quiere gastar la friolera de 8000 € para dormir aquí. Unas fotos del exterior y las vistas y bajamos hacia la población.
Buscamos un lugar donde comer, muchos están cerrados. Al rato de seguir andando, nos damos cuenta de que nos hemos quedado cortos, todo está cerrado. Definitivamente el apelativo de “pequeño Kioto” se le queda muy grande a Ozu.
Nos toca salir del pueblo buscando alternativa. La más rápida que encontramos, una cadenas de hamburgueserías japonesa: Moss Burguer. Nos apañamos como podemos con el menú y pedimos dos combos (12 €).
Uchiko, al sur de Matsuyama
A unos 20 kilómetros y 30 minutos de Uzo, Uchiko es famoso por haber sido un próspero centro de producción de ceras vegetales durante el periodo Meiji. Veremos si representa una nueva decepción…
El GPS nos lleva directamente a un parking de pago donde comienza la calle principal, Yōkaichi Gokoku. Justo encima, un bonito templo (Kosho temple) al que nos asomamos y enfrente, el único Buda reclinado de Japón. ¡Enorme!.
La calle Yōkaichi Gokoku
La calle está perfectamente conservada, con residencias de mercaderes y fachadas de estilo machiya. Con sinceridad, nos gustó más que el vecino pueblo de Ozu y que tal vez viene más publicitado. Al final de la calle y girando a la derecha, viniendo del aparcamiento, el teatro kabuki Uchiko-za, construido en 1916, que todavía hoy acoge representaciones. Lo pillamos recién iniciadas las obras de restauración que durará. Hasta 2028.
Si bien la calle también tiene casi todos sus comercios cerrados, la mayoría cierran a las cinco, tiene una atractivo del que carece Ozu. Hemos leído que ha servido y sirve de escenario para el rodaje de muchas películas.
Un buen paseo, estupendas fotos atardeciendo, un café y rumbo a Matsuyama donde dormiremos. Unos 40 minutos y una hora.
Dónde dormir en Matsuyama
En el centro de la ciudad, Dormy Inn Hotel. 145 € por noche, pasaríamos dos. En fin de semana los precios se disparan. Hotelazo donde el único problema es que tendrás que buscar uno de los parkings asociados que hay cerca. Vosotros no lo sabíamos y utilizamos uno cercano que sale mucho más caro. Tuvimos que sacar el coche y volver a ponerlo de los asociados. Elegimos el parking del Don Quijote. Allí se paga 800 ¥ por 24 horas. Como en los anteriores, el hotel cuenta con lavandería gratuita. Solo se paga por secadora. Aprovecharíamos, una semana después de llegar al país, para hacer la colada. Ya hemos contado otros artículos de viajefilos como organizar la mochila para un largo viaje, y este es un punto fundamental: traer ropa para una sola semana.
Los onsen japoneses
Una de las cosas que mola mucho del hotel es que cuenta con onsen propio. Curiosamente los chicos entran con la misma tarjeta del hotel, mientras las chicas necesitan un código que facilitan con el check in. Por supuesto van separados, hombres y mujeres.
Normas básicas del onsen en Japón
En la habitación encontrarás pantalón y la camisa con la que ir. Además tienes sandalias. Tienes que llevarte una toalla y secarte al salir. Insisten mucho en ello. Y nada de vergüenza, el hotel (y suponemos que todos los que cuentan con onsen) están llenos de gente vestida con el atuendo camino de su baño.
¿Quién quiere saber más de un onsen…? Básicamente: nada de cámaras, ni móviles, nada de tatuajes, nada de dormirse, nada de hablar en alto o “establecer conversaciones banales” y por supuesto: nada de ropa… Eso sí, después, en las zonas comunes, tendrás helados y refrescos gratis.
Y si quieres hacer la colada en este Hotel, tendrás que ir al Onsen, al que corresponda con tu género, y utilizar las lavadoras que hay dentro. Cada cual a su sitio.
Dónde cenar en Matsuyama
Goruto 2ND. Así se llama donde cenamos esa noche. Entramos a atraídos por la juventud de los camareros y cocineros (que elaboran los platos en una gran barra y cocina central) y la gente que allí cenaba, insultantemente igual de joven. Además la decoración, la luz, la cubertería… es una delicia. Pero lo mejor estaba por llegar.
Nos sentaron sintiendo que decenas de sonrisas aguardaban expectantes nuestro veredicto. Con el primer brindis se vino un Kansai de todo el local y empezó la fiesta. Nos dedicaron varios platos, posaron en nuestras selfies y se esforzaron por agradar. Definitivamente Japón es diferente. Probamos unas gambas rebozadas, unas alitas, un pulpo rebozado también, un huevo cocido “moreno” con ensalada de patatas, los calamares… ¡todo riquísimo!. 38 €. Imposible mejorarlo.
Quinto día en Shikoku: Castillo de Matsuyama, Dogo Onsen y templo Ishite-ji, nº 51
Situada en la prefectura de Ehime, en la isla de Shikoku, Matsuyama es famosa por su castillo feudal original y por ser el hogar del onsen más antiguo de Japón, el legendario Dōgo Onsen Honkan, activo desde hace más de mil años. Combina perfectamente tradición budista, arquitectura samurái y cultura termal y tras nuestra primera noche en la ciudad nos dimos cuenta de que también un buen ambiente.
Moverse por Matsuyama: Tranvías Iyotetsu
Nuestro plan para el día completo que pasaríamos en Matsuyama era dejar el coche y movernos en transporte público. Era sábado, lucia un sol radiante y conducir dentro de las ciudades se complicaba. No es difícil hacerse con el transporte público en Japón y en Matsuyama, en concreto, ópera el tranvía, que hace más fácil visitar los lugares de interés.
El sistema de tranvías es operado por Iyotetsu (Iyo Railway). Acepta la Suica, así como otras IC Cards. Te ahorrarás unos yenes por utilizarlas en lugar de pagar con efectivo. Además, si tienes suerte, podrás coger uno de los tranvías tradicionales, conocidos como Botchan por una famosa novela.
El castillo de Matsuyama, una joya feudal en lo alto de la colina
Fue la primera de nuestras visitas tras en desayuno. Nuestro hotel estaba en pleno centro y permitía ir caminando. Para acceder a la colina en la que se encuentra el castillo se puede hacer a pie pero también se puede subir en un teleférico o en un telesilla abierto. El teleférico sube cada 10 minutos. Optamos por subirnos en telesilla y ¡no puede ser más divertido!. Cuesta 270 yenes por trayecto.
El castillo permanece abierto de 9:00 a 17:00. Se puede comprar una entrada combinada (teleférico + entrada). Prácticamente todo lo que había aquel sábado era turismo nacional. La entrada al castillo cuesta 520 yenes por persona (3 €).
La historia y la visita del castillo de Matsuyama
Construido a principios del siglo XVII el Castillo de Matsuyama es uno de los doce castillos originales que quedan en pie en Japón (es decir, no reconstruidos con cemento). Se alza sobre el monte Katsuyama, a 132 metros de altura, lo que ofrece unas vistas panorámicas espectaculares de la ciudad, del mar Interior de Seto y de las montañas de Shikoku.
Para llegar, tendrás que atravesar tres enormes puertas de madera, reforzadas con metal. Se puede visitar el interior del Donjon (torre principal) con armaduras, armas y maquetas que explican la historia del castillo. Tienes que hacer la visita descalzo, pero te facilitarán unas chanclas para caminar por el interior. Las vistas desde cualquiera de las ventanas del castillo es fascinante.
Nos pareció una de las mejores visitas de la ruta en la isla de Shikoku. Bajamos la colina a pie. Prácticamente una vez cruzada la última puerta, el sendero viene marcado como Kuromon trail.
Cómo llegar al Dogo Onsen de Matsuyama
Para nuestra siguiente parada, tomamos el tranvía como escribimos. La parada, Kencho-Mae. Para llegar de los cuatro tranvías que pasan, hay que coger el número 3 ó 5.
El tranvía nos deja en una antigua estación, un edificio histórico de principios del siglo XX. En la planta baja un Starbucks. Enfrente de la estación el famoso reloj de la novela. Se activa a las y media y a las en punto mostrando algunos personajes de la época en movimiento que salen de sus ventanas.
Una galería comercial lleva la la entrada del onsen. Va a ser difícil que a la llegada o a la salida te resistas a comprar en sus tiendas de artesanía.
El Dogo Onsen Honkan, el baño más legendario de Japón
El Dōgo Onsen Honkan es uno de los más antiguos de Japón con más de 1000 años de historia y fuente de inspiración para El viaje de Chihiro, de Studio Ghibli. Se puede entrar a darte un baño básico (45 minutos) o recorrerlo por dentro en una visita. Abierto todos los días, desde las 6:00 hasta las 23:00.
Poco antes de entrar una televisión, entendemos que local, nos hace una entrevista… Seguimos alucinando con la sorpresa que supone nuestra presencia, viajeros españoles, en la isla. Muestran interés en saber cómo hemos sabido de la ruta Henro y se interesan por el camino De Santiago. Nos zafamos como podemos y vamos hasta la entrada del onsen.
La entrada varía en precio, en función de lo que quieras y lo que combines. No es fácil saber las opciones… nosotros optamos por una entrada solo para visita guiada de 15 minutos por 500 yenes. Nos enseñaron la habitación del emperador y los baños que utilizaba. Todo data de principios del siglo XX. No tenemos claro que merezca la pena.
El arroz con dorada de Ehime: Taimeshi
Para comer y sin muchas ganas de investigar más allá, nos quedamos en la galería que lleva de nuevo a la estación. Entramos en un izakaya a probar el plato estrella de Matsuyama y de Ehime, el arroz con dorada: Taimeshi. Nos equivocamos y acabamos comiendo en uno especializado en anguila. Pedimos Hitsumabushi, un arroz cocinado con la anguila. Se sirve sobre el arroz y una ilustración que trae la muchacha nos muestra como hay que comerla: primero se trocea en cuartos, se prueba y se le añaden los topins que queramos para después mezclar con el caldo. ¡O así lo entendemos!. Además una carne de ternera, igual de buena. Pagamos 60 € por comer como auténticos emperadores.
Con la comida hecha, todavía quedan ganas de seguir conociendo la ciudad y una visita imprescindible en Matsuyama es el templo número 51 de la ruta Henro, al que nos dirigimos. Muy cerca de Dōgo Onsen, accesible andando.
El templo Isaniwa Shrine
En el camino visitamos el templo Isaniwa Shrine. Habrá que armarse de valor para subir una buena escalinata. El santuario se considera un lugar de buena fortuna y protección en los viajes, así que hay que hacer el esfuerzo.
Emprendiendo el camino por la parte posterior del templo, tras el parking, cruzamos un bosque de bambú y un enorme cementerio. En unos 20 minutos hemos llegado al templo.
Ishite-ji, el templo nº 51. Imprescindible en Shikoku
La entrada al templo es gratuita si bien se puede hacer una donación voluntaria. Entramos a través de una gruta, donde vemos colarse a unos peregrinos. Un largo pasadizo donde nos acompañan multitud de estatuas protectoras. Y menos mal, ¡porque se hace largo!.
El templo número 51 de la ruta de peregrinación de Shikoku, Ishite-ji, es uno de los más famosos e impresionantes de todo el circuito, y sin duda el más icónico de la zona de Matsuyama. Su nombre significa “Templo de la mano de piedra”, y está lleno de símbolos, leyendas, túneles misteriosos y un aire místico. Ishite-ji fue fundado en el siglo VIII.
Leyenda de Emon Saburō
Su leyenda más famosa cuenta que un hombre adinerado que no creía en el budismo reencarnó como su propio hijo y nació con una piedra en la mano, en la que estaba escrito “Yo soy el renacido Emon Saburō”, nombre del personaje que representa el arrepentimiento y la redención en la tradición de la peregrinación. De ahí el nombre: Ishi-te (“mano de piedra”).
Eran muchos los peregrinos que vimos haciendo sus ofrendas además de los distintos altares, el templo es especialmente bonito por su salón principal y la página de los tres pisos que por desgracia pillamos cubierta y en restauración. Saldríamos de vuelta por la puerta Niōmon, otro de sus mayores tesoros, considerada Tesoro Nacional, con sus imponentes guardianes.
Es increíble como sales de un lugar tan silencioso y espiritual y caes en mitad de la ciudad con todo lo que eso supone. De vuelta al hotel y esperando un tranvía, un artista muy mayor, trata de entablar conversación. Sin lograr hacerlo mucho más allá de unas sinceras sonrisas, nos regala alguna postal con grabados de su trabajo.
Volvemos al hotel. Hoy si tocará un rato de relax en el onsen.
El yakitori de pollo en Matsuyama
Para cenar probamos un izakaya especializado en yakitori de pollo. Cada restaurante e izakaya tiene una especialidad y facilita elegir. Yakitori Tori Izumi se llama. El lote de pollos que sirven viene certificado y nos lo presentan antes de sentarnos. Donde nació, cuándo se sacrificó, en qué granja y a que izakaya se dirigió. Elegimos por recomendación al sentarnos, algo así como un menú degustación de pollo. Nos preguntaron que qué tal con las vísceras, si comíamos pollo crudo y cosas por el estilo. Como dijo Carmen: ¡vinimos a jugar!. Hay cortes que no entendemos aunque se empeñan en explicárnoslos. Fueron 37 € cada uno y nunca pensamos que un menú de pollo pudiera dar tanto juego.
Es sábado y se nota por la cantidad de gente que hay en la calle. No se puede negar que Matsuyama tiene buen rollo (y nos tenemos que demasiada prostitución).
Sexto día en Shikoku: Camino a Kotohira
Amanece lloviendo. Otoño destaca en Japón por sus temperaturas agradables para viajar (gran parte de los días paseamos con manga corta y una simple manga al atardecer) y es bastante benigno en cuanto a lluvias. Ayer gozamos de un día soleado pero hoy amenazaba lluvia todo el día y no falló el pronóstico. Tomábamos carretera hacia Kotohira, nuestra siguiente parada en esta ruta por la isla de Shikoku. En el camino paramos en el templo Unpen-ji, uno de los más espectaculares de la ruta.
Unpen-ji. El templo nº 66, imprescindible en la ruta Henro
Se puede subir en un teleférico pero los 12 km de subida que cubre la carretera 268 hasta el templo son una auténtica maravilla. Así lo hicimos nosotros.
El templo más alto de la ruta
El templo número 66 de la ruta de los 88 templos de Shikoku es conocido por ser el templo situado a mayor altitud de toda la peregrinación, ¡a nada menos que 911 metros sobre el nivel del mar! Se dice que fue fundado por Kūkai (Kōbō Daishi) en el siglo IX. Al estar en lo alto de la montaña, suele estar rodeado de niebla y un ambiente místico. Así lo disfrutamos.
El otoño ha llegado ya a esta zona y gozamos como ningún otro día de los colores de las hojas, el momiji que veníamos persiguiendo.
Estatuas de rakan
En los caminos, numerosas estatuas de piedra cubiertas en parte por musgo te observarán. Estas figuras representan principalmente a rakan o arhats, los discípulos de Buda que han alcanzado la iluminación. Se suelen colocar en caminos sagrados y zonas templarias como guardianes del Dharma, y cada una de ellas tiene una expresión distinta que refleja emociones humanas: alegría, tristeza, enfado, serenidad… Están ahí para recordarnos que el camino hacia la iluminación es humano y que todas las emociones son parte del viaje.
En el caso concreto de Unpen-ji, muchas de estas estatuas están alineadas formando un sendero hacia el templo, acompañando simbólicamente al peregrino.
También vemos muchas berenjenas, en carteles, de piedra, de madera… Su presencia puede simbolizar la humildad, la austeridad y la desapego de lo material, valores muy importantes en el budismo.
Se ha despejado el día y los paisajes sobre las nubes son realmente impresionantes. Nos ponemos en marcha descendiendo la carretera hacia Kotohira. Las pequeñas poblaciones que cruzamos por la montaña resultan súper fotogénicas. Todavía con tiempo y aunque llueve al llegar a Kotohira decidimos la visita de otro de los templos imprescindibles de la ruta, el Zentsü-ji, en la población del mismo nombre a unos 7 kilómetros.
Zentsū‑ji, el templo nº 75
Al llegar tenemos muchas dudas con el parking donde estacionar. Bendito Google que nos ayuda a traducir los carteles de cuál es el adecuado para visitantes. Todos los aparcamientos de los templos que hemos visitado hasta el momento han sido gratuitos.
Lugar de nacimiento de Kūkai
El templo de Zentsü-ji es célebre porque es el lugar de nacimiento de Kūkai (774‑835), fundador de la escuela budista Shingon en Japón. El complejo cuenta con dos recintos principales: el Este (“Tō‑in”) fundado por Kūkai, y el Oeste (“Sai‑in”) en el sitio de su nacimiento. Tenemos dudas de cuál es el más bonito y a pesar de que hacemos una rápida visita bajo la lluvia, nos parecieron preciosos e interesantes. En la entrada se encuentran dos árboles de alcanfor que tienen más de mil años de antigüedad. Una de las imágenes más emblemáticas del templo, la pagoda de cinco pisos.
Anochece y llueve así que definitivamente ponemos rumbo al hotel.
Dónde dormir en Kotohira
Para nuestra última noche en la isla de Shikoku habíamos elegido el Park Hotel Kotohira. La habitación doble costó 80 € y fue el más rápido en el check in y uno de los pocos en los que nos entendimos bien en inglés. Habitación correcta, muy funcional, como todo en Japón. Además cuenta con parking gratuito para clientes.
Dónde cenar en Kotohira: Sanuki udon
Tarde tranquila para preparar el último día en la isla de Shikoku y el vuelo a Tokio. Salimos a cenar y las mejores opciones, y seguramente las únicas, están cerca de la cuesta de entrada al famoso Konpira-san. En general los locales cierran pronto. Probamos pulpo, calamares, pollo… el plato más famoso de la zona: los Sanuki udon no lo tenían. Probamos otros udon, son la especialidad de la prefectura de Kagawa. No defraudaron.
Séptimo y último día en Shikoku: Konpira-san y el jardín Ritsurin
Volábamos por la tarde a Tokio, donde terminaría nuestro viaje a Japón en otoño. Pero todavía contábamos con la mañana para dos de las visitas imprescindibles en la isla de Shikoku: el templo sintoísta de Konpira-San y el jardín Ritsurin.
Konpira-san, el templo sobre el mar
El templo de Kotohira-gū, también conocido como Konpira-san, es uno de los santuarios sintoístas más famosos y venerados de Japón, especialmente en la región de Shikoku. Está dedicado a Ōmononushi, el dios del mar y los navegantes, y es famoso por su espectacular ubicación. Konpira-san ha sido un centro de peregrinación desde hace siglos. Aunque es un santuario sintoísta, ha mantenido también elementos del budismo, ya que antiguamente se combinaban ambas religiones.
Aparcamientos y acceso
Al llegar, nos sorprende la cantidad de aparcamientos de pago que hay donde comienza el camino de subida. Se nota que es un lugar de culto muy importante. Para subir subir al santuario principal es aconsejable dejar el coche en uno de estos parkings puesto que aunque Maps marque una carretera de subida, no está permitido aparcar en ningún sitio de la misma. Un tipo de una tienda justo donde comienza la subida nos facilita un papel: por un gasto de 1500 yenes en la tienda el aparcamiento será gratuito.
Subida de los escalones
Dejamos pues el coche. No son todavía las ocho de la mañana y todos los comercios, que no son pocos, están todavía cerrados. En una quince minutos nos desayunamos el primer tramo de escalones hasta la puerta principal. Todavía queda un tramo, nada menos que 785 escalones para el templo. En cuarenta minutos estábamos arriba, prácticamente solos. Todo el recorrido, rodeados de lámparas de oración es impresionante. Y con el día amaneciendo, todavía resulta más bonito.
Santuario principal y vistas
Pero todavía hay que subir 1.368 si llegas hasta el santuario interior. Con el tiempo jugando en nuestra contra, optamos por dejarlo para otra ocasión… Tómalos la bajada, en el camino: el teatro más antiguo del país. Son las 9:30 y están llegando gran cantidad de turistas. Las tiendas ya han abierto y ¡hay muchísimas!.
Kanamaruza, el teatro de kabuki más antiguo de Japón
El Kanamaruza (también llamado “Former Konpira Grand Theatre”) es el teatro de kabuki más antiguo de Japón que aún se conserva completo. Fue construido en 1835 y está ubicado muy cerca del santuario Kotohira‑gū. El edificio conserva maquinaria tradicional como la plataforma giratoria y trampillas en el escenario que permiten añadir efectos al espectáculo desde hace más de un siglo. Se puede visitar el interior, el escenario, los camerinos, la maquinaria bajo es mismo… La entrada vale 500 yenes. ¡No os lo perdáis!.
Al bajar, justo donde comienzan los escalones, la cafetería Akanoshi con un café regular pero unos pasteles tremendos.
Dejamos Kotohira en busca de la última escala en nuestro recorrido por la isla de Shikoku: el jardín Ritsurin.
El jardín Ritsurin. El premio final al momiji en Japón
El jardín se comenzó en 1625. Tras sucesivas ampliaciones no fue hasta terminando el siglo XIX que se abrió al público. La entrada cuesta 500 ¥.
Historia y diseño del jardín
Para que os hagáis una idea de sus dimensiones cuenta con 6 estanques y 13 colinas artificiales que están diseñadas para ofrecer perspectivas. Hasta 1 400 pinos cuidadosamente podados, algunos de ellos con cientos de años de antigüedad. Los más emblemáticos representan una grulla o una tortuga, símbolos de longevidad. Las vistas desde un par de pequeñas colinas es de lo mejor.
Nos quedaba una hora hasta Tokushima, donde habíamos comenzado el viaje por la isla de Shikoku hacía una semana. Comimos llegando al aeropuerto y repostamos el depósito. Por la tarde y tras la devolución del coche en el aeropuerto de Tokushima, volamos a Haneda, Tokio. El vuelo con Japan Airlines nos costó hacia un mes poco menos de 100 € pero habíamos visto otros horarios hasta por 30 €. En una hora y cuarto aterrizamos y desde allí mismo cogimos un tren rumbo a Odawara. Desde allí comenzaban nuestras 24 horas para conocer el monte Fuji. Pero esa es otra historia …
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