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Tras este gran aterrizaje en Cerdeña, con el regusto en la boca de la visita a lo mejor de Cagliari, su capital (a pesar de ser una vuelta rápida), y el baño en la larga playa de Il Poeto, nos dispusimos a explorar el sur de la isla, lleno de playas, pueblos y ruinas antiguas. Teníamos por delante la Cerdeña desconocida: los alrededores de Cagliari, y la costa al este y al oeste de la misma. También pudimos explorar poco el interior de la isla, aunque, sin duda, con ganas de más (con algo menos de calor: Cerdeña en primavera o Cerdeña en otoño)

La ruta de 10 días de Sonia en Cerdeña, con niñas, no tan niñas…

La semana de viaje por el Sur de Cerdeña:

TERCER DÍA: SAN VITO Y PLAYA COLOSTRAI

La visita de la población de San Vito

Pues no ha sido lo más bonito, no. Había leído cosas sobre San Vito, pero no debí leer bien. El pueblo en sí es un mojón. A una hora y media de Cagliari, por una carretera “panorámica” como dicen aquí, de montaña, ésta sí, maravillosa por sus vistas. Aunque claro, llena de curvas. Lógico.

Tiene dos iglesias, la de Santa María, normal; y la de San Lussorio al final del pueblo, tras una cuesta a la izquierda, más bonita por ser una iglesuela tipo románica. Con un pequeño porche muy adornado con plantas, así que muy mona. Y punto. Dicen que es un pueblo dedicado a los textiles. Pero en este domingo achicharrante de agosto, parecía un pueblo fantasma. A fines prácticos, un solo sitio para comer, en la carretera nacional (calle principal), nº 80: La Capinera. No está mal la comida, muy cuco el local, pero algo caro. Lo típico de esta zona es el cabrito, y de postre dulce el arrope de higos de India. Pero no vimos un sitio donde lo sirviesen.

Se supone que en los alrededores de San Vito puedes ver restos nurágicos (como Asoru, (una torre central de planta circular)). Nosotros lo que vimos fue un domus de janas, una estructura sepulcral excavada en la roca, a 1-2 km del pueblo, bien señalado. De Asoru no supieron darnos cuenta y no vimos carteles que poder seguir. A posteriori, hemos encontrado que está más cerca de San Priamo (que es como una pedanía) que de San Vito. También se lee en la página web de Sardegna Turismo, sobre el nuraghe de Santa Suia. Pero tras buscar detalles en la red para visitarlo y saber más, no encuentro nada.

Llegamos a la zona, directos a San Vito. Para pasar el día hemos cogido unas bicis. Nos las ha alquilado muy amablemente el chico de Bike Green & C sas, a donde nos hemos dirigido directamente, pues ya nos estaba esperando (he llamado a Bike Green & C sas de Villasimius y éstos le han llamado a él). Nos ha dado cascos que hemos estrenado, así como los candados y las botellas de agua para la bici, que además nos ha rellenado con agua helada. A todo le hemos visto quitar las etiquetas. Así que, aunque ha salido algo caro, la calidad de las bicis y todos los detalles, lo ha valido. Además, tiempo ilimitado: es domingo, él se iba ya y por la tarde no trabajaba, así que debíamos devolverlas cuando quisiéramos, dejándolas en la entrada de la tienda. Así de fácil.

El sofocante día en bici en San Vito

El problema ha sido que para hacer alguna ruta chula, hacía mucho calor. He preguntado por varias que llevaba yo apuntadas, como la Ruta a la Piscina de Lecis. Había visto en internet que era una ruta fácil, de 26 km, pero debido al calor, el chico no nos recomienda ni intentarlo. Preguntando por otras alternativas, el muchacho, aunque súper agradable, tampoco ha sabido informarnos bien. No entiende o no sabe cuando le hablo de Asoru, para ir a verlo aprovechando las bicis. Así, las opciones que él nos ha dado han sido: ir en bici a la playa, pero por carretera general, por la misma que los coches (sin arcén ni carril bici, y tal cual circulan en este país). Ir al Domus de Janas. E ir al Miniera di Monte Narba, una antigua ciudad minera, abandonada en la actualidad. Nosotros elegimos ir a ver las dos iglesias del pueblo y estas dos últimas. ¡Pena que no llegamos a Miniera! Pero el calor abrasante y la ausencia total de indicaciones, que generó el no saber bien por dónde íbamos, ni si íbamos por el buen camino, ni cuánto nos quedaba (hay que seguir al maps de Google, y hay zonas sin cobertura a medida que te adentras en el monte), nos hizo abandonar poco antes de llegar. ¡Qué pena me dio! La verdad que sí. Ya puestos y achicharrados, hubiese hecho un último esfuerzo. Pero no pudo ser. Así que, para la próxima.

La playa de Colostrai

Después del esfuerzo del paseo en bici, decidimos acabar el día refrescándonos un poco en el agua. Así que partimos a una playa de la zona, una famosa por ser de las de los flamencos rosas, la de Colostrai (que significa eso mismo, flamenco rosa). Hay que dirigirse hacia Munuera, atravesarlo, y seguir hacia la costa de frente. Se pasa la desviación a otra playa (a la izquerda), la de San Giovanni. Y después, la de nuestro destino. Esta vez aparcamos en le primer parking que vimos, acallando antes el GPS, para que no nos pasase lo de ayer. Y hoy lo que pasó fue que fuimos a dar al extremo sur de la playa, arrinconados por la zona acotada de un hotel resort por un lado y la pared rocosa de la montaña colindante, por otro.

La playa no está mal. Es kilométrica también y más limpia que la de ayer. El agua es transparente y sólo en la orilla esa especie de alga que dije ayer, pero mucha menos cantidad. La verdad es que eso de estar en el rincón, hizo que estuviésemos junto al monte con la torre (aunque no se puede subir a pie desde la playa), lo que le da el toque de diferencia respecto a lo que nosotros estamos acostumbrados. La playa nos gustó mucho más que la de Il Poetto. Pero sigue sin ser de esas paradisíacas que salen en las fotos ¿No vamos a descubrirlas nunca? Porque estamos yendo a las famosas, de las que la gente habla en internet…

El viaje de vuelta lo hicimos siguiendo las indicaciones de los carteles hacia Cagliari: y resultó ser una carretera (un carril para cada sentido) pero por túneles, con lo cual todo llano y sin curvas. Ruta mucho más fácil y simplona que la de la ida, pero mucho más fea. Pues a la ida y siguiendo a Google, tomamos una preciosa carretera de montaña estrecha y llena de curvas que primero suben y después bajan. Un paisaje verde lleno de Mediterráneo: pinos, chumberas…

Al final tardamos lo mismo: a la ida una hora y media por esos tortuosas y bellas carreteras; y lo mismo a la vuelta porque volvimos con todos los domingueros. Con lo que, aunque el camino es más directo, sencillo y rápido, con el tráfico, al final nos llevó lo mismo.

Y hablando de todo un poco, debo mencionar que iba avisada sobre el Italy driving style… Pero me he encontrado que no es tan malo… si exceptuamos los adelantamientos, que los hacen por donde, como, y cuando quieren. Lo de las líneas continuas y discontinuas no va con ellos… Eso sí, en silencio, con mucha paz y sin protestar ni insultar al que va al límite de velocidad permitido, demasiado lento para los italianos…

El Galilei hoy esta cerrado, así que encontramos un garito en la calle de atrás: Su Entu. Un pequeño local de pizzas con pocas mesas y atendiendo a encargos por teléfono. Barato y buenísimo. Perfecto para una cena sin entretenerse.

CUARTO DÍA: SAN SPERATE, BARUMINI, GIARA DI GESTURI

La visita de San Sperate y su original museo al aire libre

San Sperate es un pueblo interior que no dice nada… si no es por su particular y original museo al aire libre. Sansperarte Pasemuseo lo llaman. El pueblo se convierte en lienzo y pared expositora. Caminas por sus calles que son arte puro. Murales, pinturas, esculturas, decoración. Es un pueblo vivo y hecho hermoso por el arte que desprende. Pasearlo es un placer para los sentidos. Cuando llegas a la plaza de Nueva York (ya es curioso, ¿no?), un panel te indica las calles con las obras y los autores, distinguiendo las zonas por colores. Pero perderse entre las callejas es lo mejor.

Esta tendencia muralista no ocupa tan sólo esta localidad sarda. Tiene otros muchos focos de interés en la isla, especialmente en pueblos del interior, siendo quizá el más famoso el de Orgosolo, aunque para nosotros algo alejado. Por ello nos centramos en San Sperate. Esta forma de expresión tiene su origen en los convulsos años 60 del siglo XX, que sacudieron social y políticamente todo el mundo, llegando así hasta Cerdeña los ideales de justicia y lucha obrera en forma de murales en las calles.

La técnica muralista es originaria de Méjico, donde Diego Rivera, Orozo o Siqueiros habían plasmado la revuelta social en espacios tan importantes como el Palacio de Bellas Artes de Méjico DF. A San Sperate llegó de la mano de un artista nativo inquieto, Pinuccio Spiola. Desde entonces, el éxito de esta forma de manifestación es tal, que todos los años se renuevan los murales gracias a artistas locales y otros de fama mundial llegados al pueblo para colaborar.

Una auténtica maravilla, un total acierto esta visita.

El museo al aire libre de San Sperate

Y además de todo este arte, caminando por ahí, nos encontramos un anciano que se ofreció a abrirnos su casa. La historia es la siguiente. Una familia de 8 hermanos (una única chica), de los cuáles sólo queda él. Se encarga de la casa familiar antigua, en el centro del pueblo. Poco a poco la va arreglando y decorando con todos los aperos y mobiliario original. Pero además, con muchas obras y bocetos originales de uno de los ocho hermanos, Giuseppe Sciola, más conocido como ¡Pinucccio Sciola! Un maestro artista, pintor y escultor. Famoso además de por sus murales protesta, que dieron lugar a toda una cultura de arte en las paredes, por sus “piedras sonoras”: grandes esculturas que resuenan cuando las frotas con la mano o con otras pequeñas piedras.

En el arte, no hay gustos, pero a mí éste me encantó. Todo lo que vi. Una maravilla. El pobre hombre nos contó mil historias. ¡Qué orgulloso nos mostró todo! Su abuelo, herido de guerra de la Primera Mundial. El refugio antiaéreo y la sirena de alarma del pueblo, en la Segunda Guerra Mundial, etc… ¡Incluso una bala auténtica caída de los aviones durante los bombardeos que encontró al rehabilitar la casa! Nos habló de cómo su hermano Pinuccio, de ayudar en el campo a la familia, a la edad de 7 años pasó a ser descubierto por un mecenas del arte, que vio el futuro artista que sería, y le apadrinó sus estudios. No se equivocó. Y así fue como ese chaval tuvo la posibilidad de estudiar, se formó, viajó y  después de contagiarse de las ideas revolucionarias que había absorbido por Europa, inició sin saber el éxito que tendría, una serie de actuaciones pintando murales en las típicas casas del Campidanese (hechas de adobe de arcilla y techo de paja) de San Sperate.

Nuestro espontáneo, amable y nostálgico guía nos ofreció agua fresca. Hablaba en italiano, que se entendía perfectamente. Le pregunté que si podía pagarle alguna entrada o algo y me dijo que era gratis, que sólo si quería, podía dar la voluntad, y sacó una hucha de barro. Un amor que nos hizo salir del pueblo con más alegría y satisfacción de la que ya teníamos cuando nos encontró.

Aparte de este hallazgo casual que es la auténtica casa familiar de Pinuccio, en San Sperate se puede visitar el Parco Museo di Pinuccio Sciola, donde podemos realmente conocer más detalles de la Historia de los Murales, y de paso indagar más sobre la obra escultórica del artista.

La población de Barumini y la aldea nurágica

Tras esta maravillosa visita, nos dirigimos más al interior, a Barumini. La idea es comer en el pueblo y luego visitar la aldea nurágica. La nueva sorpresa del día es lo bonito que es el lugar en sí mismo. A 50 km de Cagliari y a los pies de la de Giara di Gesturi, es un centro urbano de casitas de piedra, distribuidas de forma laberíntica, muy cuidado y las zonas más estropeadas, bellamente rehabilitadas. Sin embargo, es injustamente ignorado por la presencia a las afueras de Su Nuraxi, la aldea prehistórica, hoy Patrimonio de la Humanidad. No obstante, bien merece un pequeño paseo para disfrutarla. Entre los edificios más interesantes que podemos apreciar en Barumini:

  • Parroquia de la Beata Vergine Immacolata Conzecione (siglo XVI), construida en estilo tardogótico, junto a la Casa Zapata.
  • Iglesia de Santa Tecla (reedificada en el siglo XIX), en la misma carretera.
  • Iglesia de San Giovanni Battista (Siglo XIII), constituida por dos naves separadas por arcos sobre pilastras, con dos ábsides, de estilo provenzal, ahora en la misma carretera.
  • Chiesa S. Francesco (Siglo XVII), anexa al convento erigido en 1609 por los frailes franciscanos, tiene una estructura simple, con una sola nave y dos capillas a la izquierda
  • Iglesia de Santa Lucia (Siglo XVI), pequeña iglesia en el campo rodeada de una logia con columnas en piedra; púlpito de madera en el interior.

Una vez comidos y paseado el pueblo, nos dirigimos a la Casa Zapata, a la entrada del mismo. Se trata de un antiguo palacio del siglo XVI, de los marqueses del mismo nombre. La importancia que tiene se basa en que durante las labores de rehabilitación del palacio, se descubrió que fue construido sobre un auténtico nuraghe, que fue llamado Su Nuraxi´e Cresia (el “nuraghe de la iglesia”, por cercanía a la de la Inmaculada). El recinto del palacio es actualmente la sede de un museo dividido en tres secciones: la arqueológica (en el palacio medieval propiamente dicho y sobre el nuraghe, permitiendo la visita su visualización a través de pasadizos, suelos y escaleras de cristal transparente); la histórica (donde se puede conocer la historia de la familia Zapata a través de documentos y fotos); y la etnográfica (en otra zona del recinto, donde podemos conocer y apreciar diferentes aperos y objetos usados en el día a día de de la vida de Barumini en el siglo pasado en una sala, y en la contigua, diferentes instrumentos musicales típicos sardos ).

La visita merece la pena, y más si es guiada (nosotros la hicimos en italiano, pero entendiendo todo perfectamente), pues te va metiendo en la cultura nuraghe prehistórica, en la que estamos a punto de sumergirnos con la siguiente visita (Su Nuraxi).

La entrada es conjunta a la Casa Zapata y al centro nurágico (12e, adulto; 9e, niño 13-17; 7e, niño 7-12).

El complejo nurágico Su Nuraxi

A escasos kilómetros del pueblo de Barumini encontramos este centro nurágico. Descubierto en los años 50 por Giovanni Lilliu, mientras realizaba excavaciones arqueológicas, se considera el primer asentamiento de la isla de Cerdeña. Y como hemos comentado, en 1997 fue declarada Patrimonio de la Humanidad, así que está bajo la protección de la UNESCO. El pueblo cuyos restos apreciamos hoy, fue construido en varias etapas, a medida que la población crecía. El centro son varias torres defensivas unidas por gruesos muros construidos con bloques de piedras transportadas desde los montes de alrededor. Este pequeño fuerte se fue ampliando, a la vez que se construían casas redondeadas a su alrededor. De manera que la aldea iba creciendo a medida que lo hacía su población. Bastante bien conservada, impresiona por su tamaño (hasta 19 metros de altura de la torre central), por la inteligencia militar con la que fue diseñada (defensiva), y el uso innovador e imaginativo de los materiales y de las técnicas disponibles en una comunidad prehistórica.

La visita merece la pena. Se hace guiada, con guías de la propia entidad, en italiano o inglés. Nuevamente elegimos el primero, y nuevamente se entiende perfectamente. Cuando llegas, te indican los horarios de los próximos grupos.

El complejo nurágico de Su Nuraxi

La Giara de Gesturi (Sa Jara Manna)

Una giara es un altiplano rocoso formado sobre material basáltico. El centro-sur de la isla está lleno de ellas. La Giara de Gesturi (Sa Jara Manna para los locales), está sobre el pueblo de Gesturi, muy cerca de Barumini. Así que la última parte del día la reservamos para pasearnos por este peculiar entorno.

En la Giara de Gesturi podemos encontrar una rica fauna y flora, formada por grandes bosques de alcornoques, robles o encinas, cuyos troncos crecen inclinados, empujados por el fuerte viento Mistral. Lo que distingue a ésta de las demás giaras, es la presencia de caballos salvajes, los últimos de Europa. Estos caballos son peculiares por su tamaño, más pequeño de lo habitual, confundiéndose con ponys, su gran cabeza y su cola larga. Lo paulis son charcas o estanques naturales que se forman con las lluvias, al ser el suelo impermeable por las rocas de basalto y arcilla. Ejercen de abrevadero natural para estos caballos. Al secarse en primavera y verano (cuando nosotros fuimos en agosto, sólo quedaba agua en la más grande de todas), se convierten en zonas llenas de vegetación y restos de rocas.

Todo esto nos lo enseñó, al mismo tiempo que nos mostraba y paseaba por la giara, nuestro ya amigo, Giovanni Pischedda. Un naturalista y divulgador científico, amigo inicial de Alberto, al que fue un auténtico placer conocer, del que disfrutamos muchísimo y que nos hizo disfrutar a su vez de Gesturi. Quien quiera que necesite un guía ambiental para esta zona sur de la isla (¿y quizá para el norte?), que no dude en contactar con él. En la actualidad, además de guía, tiene un programa en la televisión local, en la que muestra esa naturaleza tan rica que tiene la isla. Su tlf: +39 320 481 65 28. www.sardegna360gradi.com. sardegna360gradi@gmail.com

Para visitar la giara debes llevar calzado y ropa adecuada para el campo, y armarte con agua. Desde Gesturi es muy fácil acceder, siguiendo la señalización. Hay un parking gratuito arriba, donde comienzan y terminan rutas circulares.

Visitando la Giara de Gesturi

Tras la nuestra, llena de paradas y explicaciones, Giovanni nos sacó un suculento aperitivo, que en realidad fue una gran cena, con vino sardo incluido, a la luz de las estrellas. Así que, ya de noche, dejamos la Giara de Gesturi para volver a la costa a descansar, después de este gran día.

En el pueblo de Gesturi, en la vía Cavour 4 hay un museo dedicado al altiplano de la Giara de Gesturi, que sirve de interpretación de la historia geológica, natural, antropológica y arqueológica de este peculiar territorio (que nosotros no visitamos).

QUINTO DÍA: PORTO PINO Y CABALLOS CON MEURREDUS

La playa de Porto Pino

Ayer Giovanni nos recomendó la playa de Porto Pino, sabiendo que teníamos cita con Andrea para montar a caballo por la tarde (él mismo nos la concertó), en San Giovanni Suergiu. Así que, obedientes (¡qué mejor opción teníamos!), nos encaminamos hacia allá. Google nos manda por una carretera de montaña, “panorámica”, como dicen aquí. Algo más de una hora y media. Pero eso sí, si te puedes abstraer de las curvas cuando éstas empiezan a caerte mal, la carretera es verdad que muestra unos paisajes preciosos mediterráneos (podíamos estar en Tarragona, como hace un año). Por fin nos acercamos a la playa: los dos últimos kilómetros son por una pista, rodeada de agua a ambos lados (¿salada del mar? ¿Dulce de lagunas? No somos capaces de adivinar hasta que ponemos Google Herat: son estanques).

Así se llega a un parking privado: 5 euros, tiempo libre, es decir, eso es lo que pagas al entrar y ya te puedes quedar el tiempo que quieras. Te indican donde dejar el coche y, ¡andiamo! Todavía se recorren al menos 2 km más andando por una lengua de tierra entre las aguas de estos estanques, hasta que llegas a la playa. Arena blanca y fina, aguas totalmente transparentes y aturquesadas. ¡Ésta sí es una playa paradisíaca! Conocida por sus dunas, tiene varios chiringuitos con sombrilla, si necesitas una y no has querido cargar con ella. Y sin quejarme, pero le queda aún un poco para ser perfecta, pues sopla un Levante alucinante. Este Levante es un aire bestial. Pero por suerte, se diferencia de los nuestros en que el agua no está revuelta, no hay banderas amarillas ni oleaje que no te permite disfrutar del baño y que arrastra toda la basura del mar y las algas a la orilla y zona de baño. Lo que pasa aquí es que la superficie del agua se mueve y la arena, que es muy fina (y blanca maravillosa), se levanta con una fuerza bestial como un palmo del suelo, colándose por todas partes. Imposible yacer tumbada sobre la toalla tranquilamente, porque tanto ésta como tú, acabáis, literalmente, enterradas. En fin, ante la natura no se puede hacer nada, así que permanecemos casi todo el rato en el agua, que es donde mejor se está. Ahora, si no es por eso, ésta es de las playas perfectas.

La excursión a caballo en el Centro hípico Meurreddus, San Giovanni Suergiu

A una media hora, en San Giovanni Suergiu, concretamente en Is Pintus, está Andrea Locci y su Centro Ippico Merreddus a Cuaddu. Si quieres una muy bella y excitante excursión a caballo por la zona, con explicaciones de la flora y fauna autóctona, pasando en frente de la isla de San Antioco, no dudes en llamarlo. Andrea es un entusiasta y simpático guía y monitor, que con sempiterna sonrisa y alegría y energía, hace de la excursión un auténtico placer. Pero es que además, el paseo en sí mismo es toda una auténtica aventura, pasando por eras, bosques de eucaliptos (importados de Australia durante la Segunda Guerra Mundial), ríos y lagos. Mojándote los pies, y si te descuidas un baño entero, con arañas avispa y otras más comunes, libélulas negras, mosquitos, “koalas sardos” y ovejas. No en balde, te recomienda que lleves pantalón largo, por supuesto, agua y antimosquitos; y su consejo es que dejes en el centro TODO lo demás, incluida la cámara y la documentación. Él se hace cargo de las fotos y así no corres riesgos innecesarios de caídas, mojados, etc… Al inicio aceptas algo reticente, pero a la vuelta se agradece haber seguido su consejo y haber confiado en él, entendiendo perfectamente el por qué de su recomendación. Una experiencia de 2 horas y cuarto, que, de verdad, supera todos los paseos a caballo que yo he realizado en mi vida, ¡eso seguro! Y al llegar nos premia con más agua fresquita, ¡y zumo de piña para los más golosos!

La excursión a caballo en el Centro hípico Meurreddus

Os dejo sus señas para los valientes, aunque lo podéis encontrar en tripadvisor y facebook (Centro Ippico Merreddus a Cuaddu), o Instagram (@sardegna_a_cavallo); tlf: 0039 349 5061577/ 0039 340 3438201. La pagina web: www.escursionacavallosardegna.com

Otro día completo perfecto, que acabamos en el Galilei.

SEXTO DÍA: VILLASIMIUS

Hoy el cuerpo pedía playa, así que probamos Villasimius. En mi mente también estaba un paseíto por Capo Carbonara, para ver todo el mar en su inmensidad, y estirar algo las piernas… A ver a si nos da tiempo…

La cala Sinzias en Castiadas

A última hora decido probar con CALA SINZIAS, en Castiadas. Un poco más allá de Villasimius, pero más cerca en tiempo desde Cagliari (por el tema del trazado y tipo de carreteras). Estamos teniendo mala suerte con las playas. Y es que nos está pillando el Levante a tope. La playa es muy bonita y larga. Arena semi fina, y aguas que deben ser cristalinas cuando las olas no irrumpen su paz. ¡Madre mía! La verdad es que las mismas circunstancias en Campoamor me las conozco yo: agua asquerosa, turbia, algas, bandera roja. Para las olazas que nos encontramos, la cosa no está tan mal, pero nada que ver con las fotacas de internet… Aún así, disfrutamos un par de horas, con picnic incluido. Y cuando el calor apretaba fuerte y el agua se volvía cada vez más turbia, a regañadientes, decidimos cambiar de playa.

¡Oh! Sorpresa al llegar al coche: papeleta en el parabrisas: dos petardas municipales han sido enviadas en un mini coche de policía a multar a todos los aparcados… Están a nuestra altura, en el lado de enfrente, y me acerco haciéndome la tonta. Nada, la multa ya está puesta, no se puede quitar. Por lo visto hay un aparcamiento “legal” (de pago), que no hemos visto. Tras un par de vueltas vimos un hueco en una fila de coches, y encima a la sombra… Estaba a un lado de la carretera, sí, pero sin pisar ésta… Y así, igual que nosotros, una larga fila de coches… Claro, y todos con la multa.

[Para el que quiera saberlo. El tema de la multa nos dio qué pensar. Le dimos muchas vueltas. Había que pagarla en la oficina de Correos del pueblucho en cuestión. Es decir, de ese modo, imposible, porque estando de turismo, no vuelves al mismo pueblo al día siguiente (era por la tarde y Correos estaba cerrado, claro). La otra opción es hacer una transferencia a un número de cuenta que te viene escrito en la propia multa. Peor, pues luego, ¿a quién le enseñas el resguardo de la transferencia como que has pagado? Como en España, si lo haces en los primeros 5 días, la suma es de 29 euros. Después, son ya 42. Finalmente decidimos no pagarla. Para cuando termine la fecha límite de pago, le llegue a la compañía de alquiler y ésta nos reclame, seguro que se nos ha pasado el enfado y no nos cuesta tanto abonar la cantidad, aunque sea más alta. Y siendo un tema de Policía Local de un pueblito… ¡Vete tú a saber! Mientras repaso esto que escribo, aún no sabemos nada de la multa, aunque creo que todavía es pronto para dar por zanjado el asunto.]

La playa de Porto Giunco

Cuando llegamos a la siguiente playa y nos preguntan si tenemos ticket, nos damos cuenta de que con estos “aparcamientos municipales” (en realidad son descampados municipales), que esta vez sí vemos claramente, te dan un ticket al pagar a la policía los 5 euros que cuesta, y te dejan entrar en los demás aparcamientos de las palayas de la zona durante el resto del día. Lo que no sabemos exactamente es qué zonas incluirán. El caso es que nosotros pagamos nuestra plaza, pues obviamente antes no lo habíamos hecho por no haberlo dejado dentro del aparcamiento…

Y tras dejar el coche aparcado, cogemos la pasarela que atraviesa la laguna con los flamencos famosos (ahora está seca bajo el camino), y llegamos a la playa de PORTO GIUNCO.

Aunque también hay olas, son menos que antes, y el agua está sólo turbia en un pequeño tramo (digamos que desde que llega a la cintura hasta que cubre). En la orilla es transparente y nadando al fondo también. La playa está más animada de gente y de ambiente, porque aunque en todas hay vendedores ambulantes, en ésta parece que encontramos aún muchos más. Así que después de la broma de la multa y el jodío viento Levante, nos relajamos. A ver mañana si ya se ha calmado, que toca playa de nuevo…

Cuando llegamos a Cagliari y tras a ducha, volvemos al Don Tonio a cenar. Esta vez está lleno y toca esperar un pelín, pero no decepciona.

MÁS SOBRE VILLASIMIUS

Si observáis Villasimius en Google Maps, podéis apreciar bien su forma geográfica. Lo más oriental es PUNTA MOLENTIS, pues CALA SINZIAS ya pertenece a otro municipio. Más hacia el sur están las largas PLAYA DE SIMIUS, y PORTO GIUNCO, aunque separadas por la pequeña TIMI AMA.

Porto Giunco es un brazo de arena que tiene a un lado el mar y al otro el lago Di Notteri, con los flamencos rosas, que nosotros encontramos casi seco. A partir de ahí el territorio cobra altura formando el Capo Carbonara, sólo con una pequeña playa más, la de CAPO CARBONARA, propiamente dicho. Es ahí, en el territorio que conforma todo el cabo, donde hay caminos que, según tengo entendido, puedes recorrer en coche algunos tramos y luego a pie, hasta llegar a la misma punta del cabo, desde donde la panorámica del mar tiene que ser impresionante.

También leí que hay caminos que bordean la laguna Di Notteri, que se pueden hacer a pie o en bici. Una compañía que las alquila es la misma que la de San Vito: BIKE GRREN&C SAS, en la vía Matteoti 13. Tlf: 342 730 95 57 (de hecho, fueron ellos los que me cogieron el teléfono cuando llamé y ellos los que me pusieron en contacto con el chico de San Vito que nos atendió).

Al otro lado, al oeste del cabo, a la altura de la playa de Capo Carbonara, está CALA CATERINA. Y al lado del puerto, la PLAYA DEL RISO.

Y ya más hacia el oeste, hacia Cagliari, la PLAYA DE CAMPULONGU, y todavía más occidental, PORTO SATUXI, desde donde leí que también hay camino hacia la laguna, aunque ya debe ser una señora caminata.

De todas estas playas he leído en internet, aunque evidentemente, no las que probado. Se habla en la red de hacer snorkel en Capo Carbonara (sin Levante, claro), de la visión de los flamencos y de excursiones en barco para hacer recorridos por varias playas.

SÉPTIMO DÍA: PULA Y CHIA

Amanecemos tarde. Empieza a dejarse ver el cansancio del viaje. Al final, entre unas cosas y otras, acabamos el día siempre a última hora, y nosotros somos de dormir…

La ciudad romana de Nora (Pula)

Hoy decidimos ir hacia el oeste. He leído en bastantes sitios sobre la ciudad romana de NORA, así que emprendemos ruta. Llegamos a medio día. Aquí el aparcamiento está claro. Va con maquinitas como las de la ORA (Ordenanza Reguladora de Aparcamiento) de España. Sólo que algo más complejas… Para que no echéis varios viajes del coche al artilugio, llevad la matrícula del coche apuntada, si es que no la sabéis de memoria. La piden para sacar el ticket. Y para ahorraros quebraderos de cabeza, hay dos modalidades: 0,50 e una hora y 4 e el día entero (se paga hasta las 20h, luego ya es gratis). Echamos para una hora porque la idea es, después de ver la ciudad, cambiar de playa. Aunque la de Nora, aquí mismo, justo antes de la ciudad arqueológica, está muy bien y tiene buena pinta: el mar es un plato y la arena, fina. Es una pequeña cala, con la iglesia de San Efisio casi en la orilla del mar.

Cuando llegamos achicharrados a las dos y media de la tarde a la ciudad romana, la chica nos explica que la siguiente visita guiada (italiano) es a las 15.30h, y en inglés a las 16h. Todo el mundo en la red dice que merece la pena el guía. Al fin y al cabo son restos que requieren de tu imaginación. Pero preguntando a la muchacha y sopesando entre esperar la visita guiada y luego quedarnos aquí, en esta misma playa de Nora (habría que cambiar el ticket del parking, pues sólo hemos pagado una hora) y hacerla por nuestra cuenta, pero cambiar de playa, a la famosa Su Giadu, se inclina por esta última. Así que, con los folletos en castellano y una App gratuita descargada, que te explica todo a modo de audio-guía en inglés, francés y no me acuerdo qué más idiomas, empezamos la visita. Nos parece muy moderno y útil, facilitando la visita a cualquier hora, sin un verdadero guía.

La ciudad romana de Nora (Pula)

Es algo rápido, entre 30-40 minutos, según cuánto pares en cada punto. Se trata de un pequeño poblado romano, aunque con origen mucho anterior: probablemente fundada por los fenicios en el s. VIII a. de C, posteriormente pasó a ser cartaginesa, hasta convertirse, bajo el dominio romano, en una importante urbe, como prueba el hecho de que fue el punto de partida (caput viae) de todas las vías romanas de la isla. En NORA se pueden apreciar restos de templos cartagineses y romanos (como el de la diosa Tanit, de la fertilidad), villas nobiliarias, termas con mosaicos y un teatro, que en la Edad Imperial tenía más de mil plazas y que hoy alberga un festival estival, y ¡hasta una iglesia! Al borde del mar y con los restos bastantes conservados. Lo mejor, son esos mosaicos en el suelo de algunas estancias de una casa rica. La verdad, muy bien explicado y muy bien conservado. Pequeña la ciudad y corta la visita, pero nos ha gustado mucho.

Al terminar, hemos movido el coche a una sombra, y dentro, al amparo del aire acondicionado, hemos hecho un picnic. ¡Qué poco romántico! Pero qué fresquito y a gusto se estaba…

La playa Su Giudeu

Y después, rumbo a SU GIUDEU.

El camino es por una pequeña carretera paralela a la línea del mar. Así, vamos viendo muchas salidas a nuestra izquierda que ponen indicaciones para diferentes playas, hacia el mar. Algunas son pequeñas y escondidas pistas, sin siquiera señalizar el nombre de la playa. Luego empiezan las salidas a playas ya con nombres. Nos pasamos la nuestra llegando al aparcamiento de Cala Cipolla, pero preferimos dar la vuelta hacia nuestro objetivo. A ver si hoy tenemos suerte. La playa de Nora estaba en calma, parecía que el Levante se hubiera ido, pero era una cala algo recogida…

Dejamos el coche en el aparcamiento y nueva aventura con la maquinita. Esta vez echamos 4 euros. La playa es como la de Porto Giunco. Una pasarela sobre la laguna (ahora también casi seca), en la que se pueden ver los flamencos, que llega a la playa, quedando el agua dulce a la izquierda y la salada a la derecha, separadas por el brazo de arena que conforma la playa. Hay también dunas, así que es muy parecida, como digo, a la de ayer. El agua es transparente, verde turquesa. Mínimas olas. Arena fina. Muy buena playa, aunque sigue sin ser las de aguas-espejo de las fotos. Ni un alga, ni dentro ni fuera del mar. Entras en el mar poco a poco… La playa es muy muy buena, pero posible en España. Las postales seguimos sin verlas. De todos modos, estamos felices y dispuestos a disfrutarla. Hoy se pueden usar las máscaras de buceo, que llevamos cargando todo el viaje. Y de hecho, vamos nadando y buceando hasta una pequeña isla que hay enfrente, isola Su Giudeu, que se puede alcanzar fácilmente. Descalzas y todo (como todo el mundo), subimos a la cima de la misma, con una sensación de libertad y de poder, bestial: puedes ver 360 grados: la inmensidad azul en más de 270º, la playa entera, las montañas de atrás. Una pasada.

De vuelta en la playa, cotilleamos en todos los puestos ambulantes, como cada día, pues llenan estas playas sardas: los de bikinis (ayer eran a 15 e y hoy a 10… Y los mismos modelos, pues todos llevan los mismos…), uno de vestidos preciosos, las sábanas-colchas-toallas de playa, pulseritas… Y después, un paseo hasta la cala de al lado…

Una tarde maravillosa.

Acabamos el día ya en Cagliari, en una cena genial en LO SPIEDO. Un restaurante recomendado por Alberto. En un barrio muy poco turístico y donde debe ser el único sitio de comidas, en la vía Palomba, se encuentra este restaurante de trato muy familiar, cocina sarda y claramente para sardos. La comida muy buena, el precio, normal-alto. Nos hemos sentido en casa. Gracias de nuevo, Alberto.

De vuelta, hemos picado en la heladería de la esquina de nuestro B&B. Como casi todas las noches, alguno siempre caemos…

PULA y CHIA

Según leemos en la red:

El centro histórico de Pula no ofrece muchos atractivos, aunque dicen que en verano sus plazas se llenan de vida con sus bares donde tomar un aperitivo o disfrutar de alguno de los muchos espectáculos que se celebran.

Sí que podemos encontrar en el pueblo el museo de Cívico Arqueológico Giovanni Patroni de Pula, donde se exhiben piezas de las ruinas de la primigenia ciudad fenicia y de la posterior urbe romana de Nora. Por ello se supone que son visitas complementarias. Existe una entrada combinada al museo y al parque.

Detrás de la bahía, la laguna de Nora, hábitat de raras especies de aves, te permitirá disfrutar de una magnífica puesta de sol, antes o después de cenar unos buenos espaguetis con marisco o un plato de higos con jamón. Parece que en la laguna hay posibilidad de alquiler de canoas.

Al norte del sitio arqueológico de Nora está la playa de su Guventeddu. Hacia el suroeste se extiende la costa de Santa Margherita di Pula, famosa por sus calas de arena blanca, escollos de granito rosa y aguas cristalinas. Puedes tomar un baño en las calas de Marina, Bernardini, Pinus Village.

En el interior, la naturaleza se muestra en todo su esplendor en los bosques de encinas, maquia mediterránea y conífera de Is Cannoneris y Pixinamanna. Si te gusta el senderismo, podrás explorarlos fácilmente siguiendo alguna de las muchas rutas señalizadas que los atraviesan y que no sólo te permitirán descubrir numerosas plantas raras, sino también formaciones rocosas que el tiempo ha esculpido, cursos de agua y vestigios de civilizaciones prehistóricas. Y con un poco de suerte podrás ver algún que otro ciervo o gamo.

Chia pertenece a Domus de María. En su costa, a continuación de la de Pula, se encuentra la colonia cartaginesa de Bithia, del siglo VI al VII a.C., que desgraciadamente sólo guarda parte de las huellas del importante asentamiento. Los restos excavados se guardan en el Museo arqueológico de Cagliari y en el Museo de Domus de Maria. Hay una torre española del siglo XVII, símbolo de Chia, visible desde todas las playas. Hacia Teulada (oeste), se puede disfrutar de: Capo Spartirento, Playa Tuerreda, Capo Malfatano (más las que ya hemos hablado: Su Giudeu y Cala Cipolla).

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