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Nuestra primera jornada en Mongolia, atrás la paliza en autobús del día antes en que conseguimos, no sin esfuerzo, cruzar la frontera desde Rusia. Un reparador sueño el Danista nos preparó para lanzarnos a conocer en 24 horas la capital de Mogolia, Ulan Bator, si bien habíamos leído que no es la octava maravilla, no podíamos dejar de lado la oportunidad.

Día 15. Lunes 12 de Septiembre. Ulan Bator

Mongolia nos sonaba a pueblos nómadas, a la soberbia del todopoderoso Gengis Khan y a enormes paisajes desérticos. A partir de ese momento comenzábamos a comprobar cuánto de verdad había en nuestra imaginación.

Realidades de Mongolia son, por ejemplo, que tiene el dudoso honor de ser el país menos poblado del mundo y a pesar del tradicional modo de vida nómada de sus gentes, la capital ha acumulado un tercio de su población en las últimas décadas, persistiendo un 30% de población nómada o semi nómada. Durante el siglo XIII el imperio mongol dominó la mayor parte de Asia, obligando a China a la construcción de la famosa muralla de defensa, si bien su hegemonía se fue perdiendo a lo largo de los siglos. La influencia de la política comunista en sus países vecinos ha marcado su historia reciente hasta que en 1992 adopta una constitución liberal. La religión mayoritaria es el budismo tibetano. En su mayoría es un país llano, dominado en el norte por la estepa y en el sur por el desierto del Gobi.

Mongolia es el país menos poblado del planeta, manteniendo su tradición nómada #Asiadeidayvuelta… Clic para tuitear

Así pues, desayunados y descansados salíamos a hacer turismo en Ulan Bator, en principio sin muchas expectativas. En el hostel nos facilitaron mapas e indicaciones y nos recomendó ir andando dada la cercanía de los lugares de interés y la lentitud del transporte. Lo primero que nos llama la atención es la mezcla caótica de yurtas y edificios en la ciudad. Desde la habitación del hostel vemos en el descampado contiguo un asentamiento de este tipo.



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A cinco minutos Gandantegchinlen Monastery, el único que se salvó de la destrucción en la era soviética. Ulan Bator era conocido por sus monasterios en el siglo XIX y eran miles los monjes que los habitaban, pero la sinrazón comunista dio al traste con este modo de vida. Tras la destrucción de los mil templos existentes, la inyección de capital ruso que disparó la deuda del gobierno mongol, dio paso a la deslucida arquitectura soviética. En el complejo se pueden visitar distintos edificios:

-El Janraisig College construido en 1912 como símbolo de la libertad e independencia nacional por el último rey mongol. Posteriormente destruido y reconstruido por el gobierno actual. La visita del interior cuesta 4000 Tugriks, 7000 por permitir hacer fotos. La imponente estatua de Buda en el interior fue restituida en 1989, con 26 metros de altura y 20 toneladas se repuso gracias a las donaciones de la población budista de Ulan Bator. Impresionante.

Buda en el interior del Janraisig College, símbolo de la libertad y la independencia

-Junto a él, un edificio amarillo, el Duinkhor College. De 1801, la universidad que funcionó hasta la purga comunista. Los más importantes rituales budistas se celebran en el mismo.

-Más a la derecha el Yidgaachoizinling College. Otro de los principales centros de estudio budistas. Albergó hasta 1000 monjes a principios del siglo XX.

-En la misma plaza, otros dos más lugares de estudio y alojamiento de monjes.

-La Gandan Library fundada en 1956 en el templo de las reliquias del último rey mongol, acoge en la actualidad la más importante colección de sutras de Mongolia y los trabajos de los más importantes maestros tibetanos y mongoles. Junto con el primero, el patio interior y los pequeños edificios circundantes resulta uno de los más vistosos.

En general, aunque descuidado, merece la visita. La moderna mole central, un edificio de moderna construcción, es la que desmerece completamente.

Gandan Library , el templo de las reliquias del último rey mongol

El Gandantegchinlen de Ulan Bator es uno de los pocos conservados tras la etapa comunista… Clic para tuitear

Salimos por otra de las puertas en dirección a la avenida de La Paz. Un paseo de famélicos pinos y hambrientas palomas nos da acceso a una de las principales calles que sale a la plaza de Gengis Khan. Tras el remanso de paz que se disfruta en el Monasterio, aquí se abre la Ulan Bator más cruda, de tráfico intenso y edificios impersonales.

Avenida de la paz en Ulan Bator

Antes de llegar, paramos en una boca calle a tomar una café en una Coffee Bean (3500 Tugriks el expreso). Habíamos leído que era más sencillo entenderse en inglés con la población que en Rusia y es cierto, hay más jóvenes en los sitios que nos entienden y entendemos. Sorprende el clima igualmente, amanece nublado y con una fina lluvia, al mediodía hace un calor considerable y nos tememos la noche como la de ayer, con bastante frío.

Llegamos finamente a la Gran Plaza de Chingiss Khaan. Terminada en 2006 para celebrar el 800 aniversario de la coronación de Gengis Khan, cuenta en el centro con una estatua de bronce del poderoso rey flanqueado por Ögedei y Kubai, hijo y nieto del monarca y defendido en la entrada por dos famosos guerreros mongoles (Boruchu y Mukhlai). En el centro otro célebre guerrero a caballo, erigida en este punto donde el caballo decidió orinar durante una famosa reunión, símbolo de buenos augurios. En los alrededores de la plaza, la Casa del Parlamento o del Gobierno y la Galería de Arte Moderno Nacional. En una de las esquinas, la Ópera del Estado y el Teatro de Ballet. La Torre Central de reciente construcción, con tiendas de lujo en su interior, se ha convertido en otro de los símbolos de la ciudad. Enfrente una estatua de bronce de Marco Polo. Probablemente la zona más cuidada de Ulan Bator.

Gran Plaza de Chingiss Khaan

La Gran Plaza de Chingiss Khaan de Ulan Bator se erigió en el 800 aniversario de su coronación… Clic para tuitear

Cruzamos la calle y nos sorprende una roca tallada con notas musicales, el no oficial himno de Mongolia y el que dicen el primer monumento dedicado a una canción.

Desde aquí al Templo de Los Lamas, Choijin Lama Temple. Aunque construido en 1904, tiene el aspecto de varios siglos de antigüedad. Cerrado en 1938 se salvó de ser destruido al convertirlo en el Museo del feudalismo. Decrépito y asfixiado por los grandes edificios colindantes, pero de gran belleza fotogénica. La entrada 3000 para estudiantes y 8000 sin el carnet. En el interior cinco templos. En uno de ellos una estatua alberga los momificados templos de uno de los maestros. Merece la pena pagar la entrada aunque nos escaqueamos de pagar por las cámaras. En el museo, el templo principal, interesantes imágenes de Buda, y los originales tronos, tapices y pinturas del siglo XIX. Desconocemos el inquietante significado de las pinturas de hombres torturados en los techos del templo, pero desde luego cuesta emplazarlos dentro de la filosofía del Tíbet. El último de los mismos, el pequeño Yadam Temple, contiene la estatua sagrada de Yadam y multitud de figuras en posiciones sexuales. Estaba prohibido para la gran mayoría por ser centro de meditación del Choijim Lama.

Templo de Los Lamas, Choijin Lama Temple

Otra de las visitas que califican de imprescindibles, el Bogd Khaan Palace Winter Museum, el Palacio de invierno, construido entre 1893 y 1906. Uno de los cuatro con que contaba la familia real y el único que se mantiene en pie. Cuenta con hasta diez templos en su interior. El último de los reyes mongoles vivió hasta 20 años con la familia real en esta localización. No lo visitamos por pura pereza al estar algo más alejado del centro, calculamos dos kilómetros y medio.

Es la hora de comer o así lo marcan nuestros estómagos y buscamos un sitio que nos acomode. Entramos en un gran centro comercial, State Department Store, lo que publicitan como un paraíso de las tiendas. Decidimos pues asomarnos… En la última planta, aunque se acabe la escalera mecánica debes seguir subiendo, una Foodcourt, un gran comedor compartido entre varias pequeñas cocinas de Mongolia y China básicamente. Buen aspecto y por unos 3-5 euros la comida. Desde esta séptima planta hay buenas vistas de la ciudad. Nos tomamos una cerveza mongola, Altan Gobi, unos noodels fritos de Mongolia y un arroz tres delicias chino. Aceptable desde luego, sobre todo si pretendes aprovechar un rato de compras después que al final es lo que hicimos.

En la última planta, la que dicen la mayor tienda de souvenirs de Mongolia, más abajo, electrónica, ropa de montaña (con muy buenos precios en botas y prendas), ropa de firmas… Desde las plantas superiores al atardecer se pueden tomar unas fotos magníficas. Al salir y cruzando la avenida, la curiosa Plaza de los Beatles.

Panorámica de Ulan Bator, capital de Mongolia

Finalmente Pura y Pablo si deciden hacer la visita del Palacio de Invierno. Un par de horas después vienen con muy buen sabor por la visita. Nos lo describen como de estética china y con falta de restauración, aunque tal vez lo mejora para disfrutarlo. Amplios espacios que permiten la mejor visualización de la estructura arquitectónica en su conjunto. En los interiores tapices y estatuas de Buda y otros dioses, mobiliario antiguo y en general nos cuentan conserva la elegancia de los años pasados.

En los tours se aconseja llevar algún presente a los propietarios de la yurta en las que te alojas. Así que entre café y café salimos a comprar algunas cosas para mañana: galletas, caramelos, lápices de colores y libretas para los críos, cepillos de dientes… además de cervezas y coca colas que por supuesto no entran en el precio del tour contratado.

Y para cenar y después de un brevísimo rato en el hostel, salimos a cenar. La energía restante da para lo justo, cruzamos la calle del hostel y cenamos algo en un irlandés al frente, Molly Malones. Probamos una Chinggis Beer muy suave. Poco tiempo después, damos por cerrado el día. Mañana saldríamos para conocer la tierra de Gengis Khan…

Molly Mallone, nuestro local favorito de Ulan Bator

1 Comentario
  1. Carmen Capdepón 3 semanas

    Imprescindible un día así en Ulan Bator antes de adentrarse en las estepas mongolianas, y en un sólo día se puede ver todo. Una ciudad peculiar que acaba gustando.

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