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Cuatro días ya disfrutando Tarragona con niños y todavía otros tanto para seguir visitando lo mejor de Tarragona y pasarlo bien con los peques. Ahí van todas las etapas, etapas que hemos dividido en dos artículos para hacer más amena la lectura de nuestro diario de viaje por Tarragona con niños:

Parte I

  • PRIMER DÍA. EL VIAJE.
  • DÍA DOS. MONASTERIO DEL POBLET. COVES DE L´ESPLUGA.
  • DÍA TRES. TARRAGONA.
  • DÍA CUATRO. DELTA DEL EBRO, BAÑO ENTRE ATUNES. L´ALMETLLA DEL MAR.

Parte II

  • DÍA CINCO. MONASTERIO DE SANTES CREUS. CAMBRILS.
  • DÍA SEIS. PORT AVENTURA.
  • DÍA SIETE. MEL MURIÁ.
  • DÍA OCHO. SIURANA.
  • RESUMEN

DÍA CINCO. MONASTERIO DE SANTES CREUS. CAMBRILS.

Hoy nos levantamos tranquilamente. Toca el monasterio de Santes Creus, el segundo que visitamos de la Ruta del Císter. Llevamos leído que las visitas teatralizadas merecen mucho la pena yendo con niños, pero no coincidimos con sus horarios (son el último sábado de cada mes, a las 11 am. Para mayores de 8 años. 3 euros los adultos y 2 euros los niños.

Se requiere reserva previa en el 977 63 83 29 o en reservesmonuments.acdpc@gencat.cat. O en el ayuntamiento, tlf: 977 638301, fax: 977 63 93 00, ajuntament@aiguamurcia.cat. La página donde puedes obtener información es www.larutadelcister.info (Mr. Stone y el Misterio de las Tumbas de Santes Creus, una actividad para familias).

A pesar de lo de la visita guiada, tiene audioguías y audiovisuales.

La llegada ya es impresionante. Un pueblo creado alrededor del monasterio, formando una gran plaza. Es precioso. ¡Lo que tuvo que ser esto en su tiempo! La abadía es cisterciense, del siglo XII. A raíz del deseo de Pedro III de Aragón de ser enterrado aquí en el siglo XIII, su hijo Jaime II y otros nobles también fueron sepultados en el panteón real, haciendo que éste adquiriese gran esplendor y grandeza. Fue Pedro el Ceremonioso, en el siglo XIV, quien decidió llevarse al monasterio del Poblet el panteón real. La desamortización de Mendizábal también llegó a este rincón, siendo el monasterio abandonado en 1835. Fue ya en el siglo XX (1921) cuando fue declarado monumento nacional. Es el único de la Ruta del Císter que no tiene vida monacal.

Llegamos a las taquillas y nos encontramos con que los audiovisuales hoy justo están rotos… Nos quedan nada más que las audioguías. Comenzamos la visita.

El monasterio tiene dos claustros. El de los monjes propiamente dicho, que pronto abandonó los principios benedictinos de austeridad, para adornarse tal y como ha llegado a nuestros días. Y el de los monjes legos, que se conserva peor, pero que sí mantuvo las características de la orden. La verdad es que es una auténtica maravilla. Una visita que merece la pena. El Poblet es también muy bonito, pero éste es, como más imponente. El tercero en cuestión, el monasterio de Vallona, nos vamos a quedar sin verlo… Aunque dicen que es el menos impresionante.

Cuando acabamos la visita de esta beldad, son ya pasadas las dos de la tarde. Hay por allí varios restaurantes y algunos con muy buena pinta. Pero los menús se ven muy caros (20e + IVA). Así que avanzamos un poco más calle abajo, y finalmente nos metemos en un barecillo pequeño, el Bar del Mig. Bueno, pues podemos considerarlo un acierto. Comimos muy bien, sin menú, cosas caseras y a buen precio. Así que tomad nota. (Carrer de Pere el Gran, 9, 43815 Santes Creus, Tarragona. Tlf: 977 63 83 17).

A la salida del mismo, el calor sigue siendo insoportable (todo el viaje nos pilló con la ola de calor terrible). Habíamos pensado visitar Valls por la tarde. Pero la verdad es que parece imposible ir a ningún lado, moverse es un suplicio. Así que la solución es probar una playa de nuevo.

Cambrils nos pilla de paso. Hablan bien de este pueblo de costa. Así que, ¡allá vamos! Nos encontramos con una playa larga y ancha, llena de gente de domingo. Un paseo marítimo. Un pueblo grande, que cerca de la playa es el típico costero. Nada especial, la verdad. Pero hay un hueco para nosotros en la playa, agua limpia, arena fina. Y para ser el día que es, la verdad es que no se está mal. Y hace muuucho calor.

Después de unas horas de remojo, damos un paseíllo comiéndonos un helado. Nada que no hayamos hecho nosotros hace años con nuestros padres, siendo de la misma edad que ahora nuestro hijos. Empieza a atardecer. La mejor luz para las fotos desaparece. Nos vamos a casa.

DÍA SEIS. PORT AVENTURA.

¡Y llegó el día! ¡Vaya nervios! El despertador suena temprano y NADIE pone pegas… Nos recomendaron sacar las entradas por internet para evitar colas, pero vemos que hay que llevarlas impresas; en principio, según la página web, no vale con los dispositivos electrónicos. Así que, como lo hemos dejado para cuando ya estamos allí, nos encontramos con que no tenemos impresora. Nos toca madrugar y esperar pacientemente la que seguro es la primera de todas nuestras colas del día… Y por cierto, preparad los bolsillos: os podéis gastar lo mínimo (en entradas y comida, que no te dejan pasar y hay que comprar allí), o podéis empezar a gastar dinero comprando todo tipo de recuerdos, fotos de cada montaña rusa (a 13 ó 14 euros cada una), en atracciones “de pago” (como el circuito de conducción de los pequeños), caprichos, tentempiés, express pass, trencitas para el pelo (a 50 euros), tatuajes, etc… Así, justo llegando al recinto, la entrada en coche en concepto de parking, son 12 euracos. Hay posibilidad de un aparcamiento VIP, más cerca del acceso al parque propiamente dicho, por 14,5 e.

La verdad es que las dimensiones son enormes. Tras esta primera barrera se sigue un buen trecho en coche, durante el que van apareciendo carteles avisadores de parking norte y parking sur. En nuestra ignorancia y con ese tráfico de vehículos, nos dejamos llevar, siguiendo a “Vicente, que es donde va la gente”, acabando así en el sur. Imagino que los dos están más o menos igual de cerca, pero lo ignoro. Y después de dejar el coche, seguimos escoltando a todos esos que parecían saber más que nosotros, llegando de este modo a las taquillas. La verdad es que no había cola…

Y con las entradas en la mano, pasamos la barrera, con un poco más de follón y ¡ya estamos dentro!

Ahora hay que organizarse. Nos debatimos entre dos teorías: una, que lo mejor es empezar por lo fuerte, pues es donde antes se forman las colas y al estar al principio, habrá menos gente. La otra, que no, que mejor empezar por las cosas más suaves, porque la gente iría en masa a lo grande primero. El caso es que en general tuvimos mucha suerte ese día.

Como recuento final, podemos decir que montamos en todo lo grande, y en muchas otras cosas menos intensas, pero igual de divertidas. La cola más larga fue la del Shambhala (más de una hora), siendo la de Baco parecida, pero más pesada, por el calor atroz que hacía bajo el techado con los ventiladores parados. A ultimísima hora sólo nos quedaba la Dragon Khan, y cuando quisimos montar, pasamos directos (pura casualidad, fue el colofón del día). Una gran sorpresa por lo muy muy divertido que fue, el Tutuki. Además súper-adecuado para el calor que hizo. Entramos a ver el Bang Bag Show, una tontería muy graciosa que te arranca unas buenas risas. Algunos quisieron pasar ese miedo disfrutón en el Texas Horror House, pagando 5 euros aparte.

En todos los baños hay fuentes de agua para beber y rellenar botellas. No está helada, pero tampoco ardiendo.

Express Pass: hay varias modalidades. Aunque en resumen, son unos pases especiales que puedes adquirir en todo el parque en máquinas expendedoras, a 20-30 euros, con los que accedes a una cola rápida en las atracciones. He de decir, que aunque es verdad que te dan pase más rápido, la cola siempre quedaba al sol… No sé si merece la pena.

En fin, un día desde luego inolvidable, aunque caro (aún si quieres gastar lo mínimo). Un día lleno de adrenalina, y desde luego, de sudor (no olvidemos que estamos en ola de calor…). Un día que los niños no olvidarán, y algunos adultos, tampoco…



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DÍA SIETE. MEL MURIÁ.

En nuestra familia, el tema de la miel nos es muy interesante. ¡Aunque sólo sea por las cantidades que consumimos! Así que, aunque nos pillaba algo alejado, el plan nos apetecía muuuucho. Nos toca madrugar de nuevo para llegar puntuales al pueblo del Perelló, en el Delta del Ebro. Allí tenemos cita, previamente reservada por teléfono, para visitar el Centro de Interpretación Apícola Muria. http://www.melmuria.com. Avinguda Catalunya, 23, 43519, El Perelló. Tarragona (España). Tel. +34 977490034. Fax. +34 977490494

A las 10 comienza la visita. Conseguimos llegar a tiempo, tras la paliza de ayer. Nos reciben muy bien, y tras pagar (13 e los adultos y 9 e los niños), comenzamos la ruta por el museo. Se trata de un pequeño espacio muy didáctico e interactivo, aunque vamos de la mano de una mujer que inicia las explicaciones. Parece que no tiene mucha experiencia en el campo, por las respuestas esquivas que da a todas nuestras preguntas. Y hemos dicho que nos encanta la miel, así que no paramos de querer saber cosas. Allí aprendemos sobre la anatomía de las abejas, sus costumbres, fisiología y producción. También puedes conocer en el museo las diferentes tradiciones sobre la apicultura, que empezó ya en la Prehistoria.

La familia Muriel lleva 6 generaciones dedicadas a la miel, en un pueblo, Perelló, en el que hay mucha tradición en este arte. Son varias las empresas, familiares, las que se dedican a ello.

Acabada la visita por el museo, bajamos a la zona donde ellos realmente trabajan. A través de cristaleras nos enseñan la maquinaria vigente que utilizan en la actualidad, para la manipulación de las colmenas, separando y depurando cera de miel, y después envasando la misma.

Y es allí donde conocemos a nuestro apicultor-guía en el campo. Esa 6ª generación Muriel. Nos sacan de un armario unas escafandras impolutas, con los guantes y todo lo demás. Dice que en invierno se visten allí mismo, pero al ser verano, lo haremos en el campo para no pasar tanto calor. Salimos y cogemos los coches, siguiendo a la furgo del apicultor, que sí va ya vestido. Llegamos al lugar donde tienen las cajas. Se trata sólo de una muestra, pues en esta época del año, como no hay ya floración, se las llevan al Pirineo, por encima de los 1500 metros de altura, donde sí se da aún la floración de los árboles autóctonos, formándose así la miel de montaña.

Pasamos a vestirnos. Nos da tiempo para las fotos. Exploramos el terreno, comentándonos la flora que allí se encuentra. Seguimos con explicaciones. ¡Cuántas preguntas! Pero como éste sí que sabe y lo contesta todo con esa alegría… Y ¡por fin! Abre una caja y empieza a sacar los paneles. Primero uno donde podemos ver las celdas con miel, cubiertas ya de una fina capa de cera para protegerla. Un segundo lleno de larvas y cubierta de miles de abejas obreras, que son las que trabajan para cuidarlas. Las larvas más jóvenes se ven perfectamente en sus celdas, y las más viejas, están ya tapadas, con una capa más tosca de cera, esperando convertirse en nuevas abejas para romperla y salir, y así ponerse inmediatamente después de su nacimiento ya a trabajar. Primero en labores más sencillas como alimentar a las nuevas larvas y más tarde ya, saliendo del panel, polinizando.

Bueno, la experiencia es increíble. ¡Qué mundo más interesante!¡Cuántas cosas estamos aprendiendo! Y vivirlo y verlo in situ, hace que sea todo más fácil de comprender, y desde luego, más excitante.

Tras responder a todas nuestras preguntas, damos por finalizada la visita. Nos quitamos la escafandra, y volvemos al centro. Allí hacemos degustación de mieles expuestas, pero nos cuesta mucho decidirnos por cuáles comprar. Nos despedimos con mucha pena…

Tras pasar por un Spar para reponer nuestra despensa, seguimos las indicaciones de la chica que estaba ahora en la tienda de Mel Muriá para llegar a un bar muy recomendado para comer, el Ambigú. Pero parece que los martes está todo cerrado… Damos un par de vueltas y acabamos en un barecillo de tapas sin pena ni gloria, aunque no está mal.

Por la tarde y dado donde estamos, junto al Delta del Ebro, decidimos acercarnos al Punto de Información de la Ampolla, junto a la playa del Arenal, a ver qué nos sugieren, pues no acabamos de decidirnos. Se encuentra en un pequeño complejo que cuenta con restaurante, baños, columpios, incluso una pequeña tienda que es donde realmente atienden. Todo esto está junto a la laguna de les Olles, que da mucho juego. Las lagunas del Delta están conectadas directamente con el mar, y rodeadas de campos de arroz, lo que les hace ser un ecosistema singular.

En el centro de información, una chica muy simpática nos da varias opciones. Salen diferentes rutas desde este punto, circulares y lineales, que incluso puedes interconectar entre ellas. Se pueden hacer a pie o con bicis, que alquilas allí mismo. También hay otras posibilidades, como las actividades acuáticas (pádel surf, kayak, etc…). La tarde está nublada, apetece pasear. Las rutas de las que nos habla, son una serie de itinerarios, conectados, con lo que puedes saltar de uno a otro. Están muy bien indicadas con colores. También se puede ir andando al faro. O en bici. Pero no tenemos tiempo, pues está más alejado (17 km de ida y otros tantos de vuelta). Para visitar el faro, también se puede ir en coche hasta un parking y luego caminar sólo un recorrido de 3 km de ida y 3 de vuelta.

Nosotros elegimos pasear por una combinación de las rutas de colores, que suponen unos 5 km. Primero entre arrozales (¡me encanta ese verde!) y acabando en la playa, paralelos al litoral. Es un paseo fácil y agradable. Llano. Se nos hace muy rápido. Al llegar al mar, paramos para un bañito en unas aguas nada claras y poco profundas, con una arena oscura y tosca, pero lleno de conchas enormes y preciosas.

En esta zona del paseo, se da la circunstancia de tener a un lado el mar Mediterráneo y al otro el agua salada de la laguna. Una pasada, ¿no? Por lo menos, curioso. Playa, bahía y laguna juntas. Esto es el Delta del Ebro, aunque no sea la desembocadura propiamente dicho. Muy buena tarde.

A medida que nos acercamos de vuelta al punto de información, más afluencia de gente paseando y en la playa. Y claro, la huella que dejamos siempre: todas esas mascotas que nos gusta pasear y cuya mierda no limpiamos… Perros bañándose en el mar y pasando luego a tu lado con ese olor a pelo mojado tan asqueroso y característico…

DÍA OCHO. SIURANA.

Y entrando por el Priorato, ya puedes empezar a admirar la belleza del paisaje… Pero a medida que te vas adentrando más y más, es imposible de verdad, no admirarte.

El camino a Ciurana (Siurana) es una auténtica maravilla. Bueno, maravilla es donde se encuentra enclavado este pueblo, y maravilla es el mismo pueblo. En lo alto de un pico montañoso, rodeado de macizos verdes de vegetación, con muchas paredes rocosas, gozo de los aficionados a la escalada, se vislumbra el pueblo medieval de Ciurana, el último de toda Cataluña en ser conquistado por los cristianos a los musulmanes. Y no es de extrañar. Si los 45 km que lo separan de nuestro pueblo Duesaigües, hoy en día, con los súper coches que tenemos y las súper carreteras por las que vamos, nos llevan más de una hora… ¿cómo sería en otros tiempos en que se movían a pie, o a caballo como máximo lujo? Está claro que la única manera de hacerse con esta villa, es la que fue: el asedio.

400 metros antes de llegar, nos desvían a un parking 2: dos euros. El parking 1, entendemos que más cerca, está lleno a estas horas nuestras.

El pueblecillo, es eso, una pequeña pero preciosa aldea de piedra, en la que es fácil dejarse llevar por la imaginación. Hoy en día sigue manteniéndose fiel al estilo y encanto medieval. Incluso hay alguna construcción reciente, pero totalmente mimetizada con las demás. Tiene un castillo medio derruído, que estaba cerrado el día de nuestra visita. Y una iglesia románica, nada desdeñable para el tamaño del pueblo, aunque tampoco la vimos por dentro. Y miradores naturales vayas donde vayas, por doquier. Pues al estar el pueblo en un alto, todo lo que hay alrededor son vistas impresionantes de montes, caídas, paredes y picos. Y en uno de sus lados, el pantano de Siurana, verde turquesa, aunque este año, con un nivel bajísimo de agua.

Cuando llegamos, a la hora del aperitivo, estaban todos los bares llenos hasta los topes, por lo que tuvimos a bien reservar para comer en uno, ya que siendo 8, tampoco es fácil si todo está lleno. El elegido (Refugio Ciriac Bonet, Pla de la Torre Alta, 1. Tlf: 676 88 37 52), a pie de roca, tiene una terraza-mirador colgante. Nos hicieron dejar 10 euros como reserva. Después de patearnos bien el pueblo y sus balcones naturales, se nos hizo la hora de comer. Y ¡oh! Sorpresa: el restaurante ahora está vacío… Bueno, es que la hora que es… Ocupamos nuestra mesa en la pequeña plataforma de madera que hace de terraza, y nos dispusimos a disfrutar al máximo de la calidad mediana de lo que nos ofrecían. Lo mejor, aparte de las vistas: los espaguetis carbonara y la bollería de postre: napolitanas de chocolate y cruasanes, exquisitos. Las croquetas tampoco estuvieron mal.

Con las panzas llenas, nos preparamos para pasear hasta las famosas pozas formadas por el río Ciurana. Desde el parking 1, a la izquierda, sale perfectamente señalizado, un camino a Gora/gorg (poza en catalán). El inicio es un camino sin dificultad, ancho, pero una gran prueba para los que tiene vértigo, pues discurre por el borde de la montaña, con los cortados y las caídas por el lado libre y la roca por el otro. Muy bonito (imaginaos las vistas), cómodo y casi plano al inicio (el río está en lo profundo de la garganta, claro). Al ratito empieza el descenso. Una bajada que luego es subida, evidentemente… Muy empinado. En un punto en el que el suelo es una gran superficie lisa de roca, con caída, el grupo se divide. Algunos dan media vuelta, y otros seguimos al río. Y cuando lo alcanzas, al final de la bajada, empieza una pista forestal paralela al cauce, que te lleva a las grandes pozas soñadas (hacia la izquierda), con cascadas y todo, a una hora más de camino. Con nuestro ritmo y horarios, nosotros decidimos hacer el baño sin caminar mucho más, pues se hacía tarde. ¡Ni un alma! El río entero para nosotros. ¡Cómo disfrutamos a pesar de no ser la gran Gora! La vuelta, ya fresquitos y sin el calor de primera hora, no se hace tan pesada.

Siurana ofrece muchas posibilidades de turismo además de lo que nosotros hicimos, que puedes investigar en www.turismesiurana.org/es. www.turismepriorat.org.

Y después de este día tan bonito, toca recoger y despedirnos. Ahora, viajamos separados porque cada uno lleva un destino diferente. ¡Qué pena! Y ¡qué corto! Han faltado tantos días para completar bien esta preciosa, sorprendente, discreta y desconocida provincia.

RESUMEN

Tarragona provincia ofrece multitud de posibilidades turísticas, a cual más atractiva. Desde un turismo urbano encabezado por la misma ciudad de Tarragona y otras villas grandes. Hasta un turismo rural repleto de pueblos más pequeños, sierras y montes llenos de rutas que recorrer. ¡Me muero por caminarlas todas! Los paisajes no hacen más que invitar a salir a andar. ¡Y hay tantos caminos y senderos por todas partes! Desde nuestra pequeña aldea, Duesaigües, parten varias rutas con diferente longitud, dificultad y desniveles. Por el Priorato, entre viñedos. Por ríos y pozas. (Red de caminos de Tarragona).

Nos han quedado muchas cosas que ver y hacer. Lo que más nos duele, son las Collas de Castillets. En Tarragona, así como por ejemplo en Valls, hay collas que se pueden visitar durante los entrenamientos, aunque lo ideal es verlos realmente en acción en alguna actuación. A través de sus páginas web, puedes contactar con ellos. A mí me han respondido muy amablemente todas mis inquietudes sobre horarios, demostraciones, entrenamientos, etc…

Más cosas pendientes:

Para los pequeños, en Tarragona hay una Escuela de Sirenas.

Mini Tarraco, en Catllar. Monumentos de Tarragona en miniatura. https://www.minitarraco.com

Castillo y visitas guiadas en Hostalric.

Castillo de Tamarit (pueblo medieval).

En todas partes sale el Karting Tarraco, aunque un karting es un karting en cualquier lado.

Hay mucha más oferta de playas de las que nosotros hemos visitado. En los foros hablan de la de Capellanes, el Miracle, Arrabassada, playa del Fangar (en el Faro del Fangar), Cap Roig, Santa Lucía.

Museo del Cristal en Vimbodí.

En San Carles de la Rápita, puedes salir en un barco con un pescador de verdad a la Bahía de los Alfaques, y vivir una experiencia pesquera auténtica (Oficina de Turismo de Sant Carles).

Centro de Picasso en la Horta de san Joan, un pueblo muy bonito, donde pasaba temporadas el pintor.

Piscinas naturales de la Fontcalda.

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