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Este año les dábamos a los niños en nuestro viaje de verano una concesión: Port Aventura. Así que partiendo de aquí, lo siguiente fue empezar a buscar información en la red sobre Tarragona con niños, para ver qué otras cosas podíamos hacer por los alrededores. ¡Pues no sabéis la cantidad de ofertas para niños que hay en Tarragona! Ante esos resultados de búsqueda tan interesantes, el destino estaba totalmente decidido, sin duda. Este verano el viaje quedaba así: Tarragona con niños.

La provincia de Tarragona nos ofrece una gran variedad de actividades que mezcla bien urbes, con campo, mar y monte. Los 8 días de los que disponíamos se nos quedaban cortos, así que había que organizarse bien y elegir las opciones más interesantes. Finalmente nos quedamos con el Delta del Ebro, pueblos medievales y baño en sus pozas, la ciudad de Tarragona y sus restos romanos, los monasterios del Císter, playas y varias actividades para el deleite de los niños, pero que finalmente también lo fueron para los mayores: Port Aventura, las Cuevas de l´Espluga, baño con los grandes atunes y el mundo de las abejas en Mel Muriá.

Ahí van todas las etapas, etapas que hemos dividido en dos artículos para hacer más amena la lectura de nuestro diario de viaje por Tarragona con niños:

Parte I

  • PRIMER DÍA. EL VIAJE.
  • DÍA DOS. MONASTERIO DEL POBLET. COVES DE L´ESPLUGA.
  • DÍA TRES. TARRAGONA.
  • DÍA CUATRO. DELTA DEL EBRO, BAÑO ENTRE ATUNES. L´ALMETLLA DEL MAR.

Parte II

  • DÍA CINCO. MONASTERIO DE SANTES CREUS. CAMBRILS.
  • DÍA SEIS. PORT AVENTURA.
  • DÍA SIETE. MEL MURIÁ.
  • DÍA OCHO. SIURANA.
  • RESUMEN

Una vez que tuvimos claro el destino, lo siguiente siempre es buscar el alojamiento: algo bonito, en lo que cupiésemos bien los ocho que somos (dos familias, con los niños este año entre los 12 y los 9), y más o menos bien ubicado entre todas las cosas que tenemos que visitar, que viene a ser casi la provincia entera…

Diferentes páginas web te ofrecen las más variadas opciones de alojamiento en Tarragona. Alguna de las webs más interesantes para encontrar lo que buscábamos: Casas Rurales. Pero esta vez fue esta vez a través de Airbnb, que encontramos la casa que estaba, claramente, destinada a nosotros. Cal Camilo se encuentra en un pueblecillo de montaña al este de Tarragona ciudad. En el interior de la provincia, en la comarca del Bajo Campo, y tras una carretera sinuosa llena de curvas, se llega a Duesaigües (200 habitantes), una aldea preciosa, de piedra, enclavada en un monte y a pie del pantano de Ruydecanyes. Está rodeada por dos grandes puentes, en actualidad usados para el paso de trenes, y uno de ellos declarado Patrimonio Industrial de Cataluña. En la calle la Font nº 27 de este encantador pueblo y de su maravilloso paraje, se encuentra Cal Camilo. Cristina y Jordi, sus anfitriones, son una encantadora pareja que intenta que tu estancia sea lo más placentera posible. Además viven a 20 metros, por lo que para cualquier cosa los tienes al lado. Jordi se dedica a la agricultura ecológica (Fruti i Verdura Collita Própia).

La casa se asienta sobre un antiguo edificio de pisos rehabilitado. Lo que antiguamente era una pequeña y humilde vivienda familiar, ahora es una habitación. De manera que queda así: una única estancia que es cocina americana con comedor y salón, por donde se entra y se sale a un agradable patio lleno de plantas; un pequeño aseo, y un diminuto recibidor del que parten las escaleras, en la planta baja. En la primera planta no hay nada. En la segunda cada uno de los antiguos pisos es ahora una habitación de matrimonio con baño propio y una especie de antesala, es decir, dos hermosas habitaciones. Y en el tercero está la última habitación, con cuatro camas y nuevo baño completo. Además una puerta da a una zona aún sin rehabilitar, donde ahora se encuentra la lavadora. Todo está decorado con mucho gusto, manteniendo los matices de antigüedad (los muebles son del abuelo de Jordi), pero mezclado con las comodidades actuales. Y el resultado es una casa preciosa, la verdad.

Para ponerte en contacto con Jordi o Cristina, además de localizarles en Airbnb y en Booking (Cal Camilo, Desaigües): jordi@calmestre.cat, tlf: 606 750 662. cristina@calmestre.cat, tlf: 635 844 118. www.calmestre.cat.

Así pues, ¡empiezan las vacaciones!

PRIMER DÍA. EL VIAJE.

El primer día, como siempre, se va en recorrer los kilómetros que nos separan del destino. Y una vez que llegamos, toca acomodarse y una primera exploración.

Son 480 km desde Murcia, que llevan más de cinco horas, pues paramos a comer en un bar de carretera, además de la parada técnica intermedia de pis y gasolina.

Llegando ya, llamamos a Cristina, que nos indicó la manera más directa de llegar a la casa. Y ¡menos mal! Porque no es pueblo para andar callejeando con el coche sin conocerlo… Una vez instalados, con Jordi haciendo de maestro de ceremonias, decidimos explorar un poco la que iba a ser nuestra aldea “sede”, y visitar su tienda de ultramarinos para abastecernos de lo indispensable para la cena y el desayuno de la mañana. Pero nos encontramos con que la tienda es muy básica. Aunque puedes encargar cosas, incluido el pan, para el día siguiente, no tiene demasiada oferta. No está mal si sabes a qué te atienes, pero nosotros nos descubrimos que el desayuno nos iba a tocar hacerlo fuera. Y eso fue otra dificultad, porque el bar del pueblo no estaba abierto por la mañana (abre a las 12) y el club social, que pone cafés y bebidas (aunque tampoco comidas), menos aún. No pasa nada, desayunaremos en el pueblo grande por el que pasamos para salir de la comarca, Montbrió del Camp.

Por lo demás, el paseo fue súper agradable, porque el pueblo en sí lo es. Chiquitito y rodeado de monte verde. Hay que decir, que Duesaigües tiene una piscina municipal muy apañada. Y también, que en la casa nos encontramos un programa de fiestas municipales, con las que íbamos a coincidir… Y lo más interesante de todo, una marcha nocturna por los alrededores… ¡Uy! Empecé a indagar en ese mismo momento…

DÍA DOS. MONASTERIO DEL POBLET. COVES DE L´ESPLUGA.

Empieza ya lo bueno de verdad, aunque hasta ahora todo lo ha sido… Lo primero en lo que hincamos el diente es La Ruta del Císter. Se trata de una zona de las comarcas del Alt Camp, Conca de Barberà y Urgell, que tiene su gancho turístico en los monasterios cistercienses de Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges. Aunque ellos reclaman ser un territorio rico en cultura, patrimonio, naturaleza, vinos  y  cavas,  fiestas  y  tradiciones,  artesanía… y no sólo la monumentalidad de los monasterios, con lo cual podéis hacer vuestra visita a esta zona tan larga como queráis. En su página web (https://www.larutadelcister.info/es), encontraréis toda la información necesaria para exprimir esta bonita comarca de Tarragona (planos, guías, rutas, visitas guiadas, etc…).

Nosotros nos centramos en esta ocasión en el monasterio de Poblet. Fundado y patrocinado por Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, que lo entregó a los monjes bernardos en 1149. Alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV, y su total decadencia y abandono en 1835, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal. En 1930 se inició su restauración, de forma que pronto la iglesia pudo dedicarse nuevamente al culto, y en 1940 retornaban a su abadía algunos monjes, que permanecen hasta nuestros días. En 1991 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Es por tanto esta maravilla, un monasterio de monjes cistercienses que siguen la Regla de San Benito, y que mezcla elementos tanto románicos como góticos. Y precisamente lo curioso de esta visita lo hace el hecho de que allí siguen viviendo en la actualidad estos monjes (27 profesos, 1 oblato regular y 1 donado). Y es esta actividad monástica la que condiciona la visita turística, sus recorridos y sus horarios, que, aunque en un principio están previamente establecidos, pueden verse sometidos a modificaciones. La vida de los monjes es la que no debe verse alterada por los visitantes. Intentan cruzarse lo mínimo con nosotros, aunque dicen que algunas veces se les puede ver, quedando totalmente prohibido en estos casos, fotografiarles.

La verdad es que es un monasterio imponente. Muy bien conservado en unas ocasiones y muy bien rehabilitado en otras. Los monjes se ocupan de su mantenimiento, además de sus rezos, estudios, reuniones, misas, cocinarse y otras actividades que ocupan su día a día. Hay horarios de visitas en castellano y catalán, por lo que hay que informarse bien antes.

Dentro del recinto del monasterio hay una hospedería y un restaurante de nueva construcción y muy reciente. El pago conjunto de entrada y menú, hace que la primera se abarate de 10 a 5,5 euros. El menú infantil son 12,5 euros (carísimo para el plato combinado que ponen). El de los adultos es 18, sin embrago, de comida muy rica e interesante. Una buena elección en este caso. Hay que reservar mesa antes llamando directamente al restaurante.

En la hospedería puedes pasar la noche o alojarte los días que quieras, funciona como un hotel normal y corriente.

Después de comer hicimos la visita a las Cuevas de la Espluga, en el pueblo de L`Espluga de Francolí, a 2,5 km del monasterio. Es muy fácil encontrarlas. Se encuentran en la misma carretera que une el monasterio con el pueblo, y en este sentido, a mano izquierda, a la entrada del mismo.

Se trata de la mayor cueva del mundo en roca de conglomerado (más de 3 km conocidos). Desde el principio de los tiempos, el hombre utilizó esta caverna para diferentes fines, incluyendo los más modernos, cuando era privada, y se cultivaban los champiñones y se guardaba el cava. Tras el paso de tantas civilizaciones y moradores, la cueva sufrió un derrumbamiento, quedando dividida en dos. La parte más externa, es la que siempre ha sido conocida. Pero la más interna se redescubrió hace unos 100 años, y como suele ocurrir siempre, por casualidad. Aún siguen investigando su trayecto…

En el recorrido turístico que se hace, las explicaciones abarcan desde el Paleolítico hasta los Íberos. Combinan audiovisuales, con simulación de situaciones con maniquís, las explicaciones verbales de un guía, o los clásicos paneles de museo tradicional al final, lo que hace que la visita sea realmente interesante y muy amena. La cueva está todo el año a 14-16ºC, por lo que aunque al principio el fresco se agradece en esta ola de calor que asola el país entero, luego puede hacer fresquete. La visita dura aproximadamente 1 hora. A la salida, un pequeño museo al aire libre para mostrarnos las cabañas de los primeros poblados prehistóricos.

También se puede realizar otro tipo de visita totalmente diferente para los más mayores y atrevidos. Se trata de hacer espeleología. Unas 3 horas y media inmerso en el mundo subterráneo de la cueva. Tras las explicaciones básicas, y vestidos con neopreno, se hace el recorrido en su parte bañada por el río Francolí, en la zona del nacimiento subterráneo de éste.

Toda la información en: http://www.covesdelespluga.info

Y para terminar el día y de camino a casa, decidimos dar un paseíllo por otra maravilla medieval: el pueblo de Montblanc, capital de la comarca Conca de Barberà. También declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, se trata de un precioso pueblo medieval de piedra. Rodeado de una muralla con varias puertas, su interior alberga todo un conjunto de barrios plagados de lugares de interés tanto civiles como religiosos. Un lugar ideal para perderse y descubrir. Aunque, si quieres profundizar más, también hay diferentes ofertas, como visitas guiadas, visitas a unas pinturas rupestres que se encuentran en el municipio, recorridos por los alrededores… https://www.montblancmedieval.cat

Nosotros tras el paseo y quedándonos con el gustito en la boca, visitamos su Mercadona…

DÍA TRES. TARRAGONA.

Hoy toca la monumental Tarragona. Romana en su mayor parte, medieval después. Nos dejamos en el bolsillo la Tarragona pescadora, la modernista, la playa, el puerto… Pero es que Tarragona tiene mucho que decir al mundo, no en vano, es también Patrimonio de la Humanidad.

A ver si la ola de calor nos da tregua, porque el día está cargado de interés… Si no morimos en el intento, queremos llegar a pasear y cenar el pescaíto recién salido del mar en el barrio del Serrallo. Y de postre, una de las cosas que más nos apetecen: ver los entrenamientos de los castellers. En Tarragona tienen su sede varias collas (grupos). Y ya que en estos días no coincidimos en nuestro recorrido con ninguna actuación, cosa que sería lo más interesante, nos conformamos con verlos entrenar. En sus páginas web tienen publicados calendarios de eventos y horarios de entrenamientos. Además responden a los correos con gran simpatía.

Lo nuestro fue un recorrido completo por la ciudad alta. Como leímos en diferentes lugares en la red, dejamos el coche en el parking Saavedra (localizado en Google Maps), para entrar por la puerta del Roser directamente a la plaza del Pallol, y así centrarnos en el mundo romano gracias a su gran maqueta de Tarraco en el siglo II (en la Antigua Audiencia, entrada gratuita), momento de máximo esplendor de la ciudad, capital en ese momento de la Hispania Citerior, la provincia más grande del Imperio Romano.

Después volvimos a salir por la misma puerta para iniciar el Paseo Arqueológico, un recorrido por fuera de la muralla, junto a ésta, rodeando gran parte de la ciudad antigua. Al inicio del mismo, hay una taquilla donde sacamos ya las entradas conjuntas para todos los monumentos romanos de la ciudad (el Foro, el Circo, el Anfiteatro, el Paseo). Los niños entran gratis, los profesores también.

Después del paseo por la muralla, volvimos a entrar en la ciudad por el Portal de san Antoni. Desde allí sí que seguimos todo un recorrido interno por el casco, previamente diseñado en la ya tradicional gymcana sobre la principal ciudad de nuestro viaje. De esta manera callejeamos hasta caer rendidos, pero siguiendo objetivos, instrucciones y algunas pruebas que pretendían hacer más amena la visita. El problema fue el calor tan intenso, que no nos dio la más mínima tregua, a pesar de haber leído que las calles estrechas, la cercanía al mar, la pequeña altura del casco, hacían de éste un lugar fresco.

Dentro de esta ciudad antigua, no podéis dejar de pasar por la catedral de Santa Tecla, las plazas del Rei, del Foro, dels Sedassos, de la Font… Las calles Mayor, de Comte, dels Cavallers…

La realidad es que la ciudad es muy bonita y agradable. Pero de verdad, qué lástima ese sofocante calor que ahogaba.

El Anfiteatro y el Circo comunicado con el Pretorio, son muy interesantes. Están bastante bien conservados.

El Balcón del Mediterráneo, al que se llega por el paseo de las Palmeras, una encantadora alameda paralela a la costa pero a cierta altura, desde donde se ve la playa, el puerto, las vías y los trenes, es un mirador al mar.

Comimos en una terracita en la Rambla Nova, en el Miracles, un agradable barecillo con menú a 12 euros, bastante apañado.

Se nos quedaron en el tintero el Acueducto (a las afueras de la ciudad) y el más alejado del centro, el Forum. Finalmente tampoco llegamos al Serrallo. Y menos aún a los entrenamientos de los castellers a las diez de la noche. Esta ola de calor que ha mermado tanto nuestras energías…

Pero Tarragona merece” muy mucho” la pena. El día entero se echa con toda tranquilidad. Una verdadera maravilla. Volvimos agotados y sucios de tanto sudor, tristes por lo que dejábamos pendiente, pero contentos por nuestra visita.



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DÍA CUATRO. DELTA DEL EBRO, BAÑO ENTRE ATUNES. L´ALMETLLA DEL MAR.

Probablemente, “una de las mejores aventuras de tu vida”, como reza el eslogan de Tuna Tours. Por un lado, recomendado por unos amigos. Por otro, encontrado en la red entre las recomendaciones de Tarragona con niños. Así que, no lo pensamos. La expectación era grande, ¡imaginaos! Miedo, excitación, nervios, intriga… había de todo y para todos.

El pueblo donde se realiza este baño con atunes es L´Almetlla de Mar. Aunque lo venden como actividad del delta del Ebro, en realidad no está en el delta propiamente dicho, sino en lo que se llama el Bajo Ebro. L´Almetlla es un pueblo pesquero, en el que el turismo tiene también importante peso en su economía. Como podéis encontrar en su página web, ofrece diferentes opciones de visita. http://www.ametllamar.cat.

La historia de los atunes es muy interesante. El atún rojo no es un pez autóctono del Mediterráneo. Sino que pertenece al Atlántico y al Pacífico. Pero cada año regresa al mar que lo vio nacer para reproducirse y desovar. Esa conducta de fidelidad, da lugar a la aparición de bancadas enormes de atunes en las costas mediterráneas. Lo que facilita su pesca con el arte de la almadraba, que no es sino rodear y poner paredes de redes a los atunes, formando un cerco. Una vez que los tienen atrapados, los pasan a otro sistema de redes similares para su transporte; y a 2,5 millas de la costa de L´Almetlla, pasan a su cerco definitivo. Allí se les mantiene y alimenta. Según va habiendo solicitudes de compra, se produce la captura de los ejemplares, que son escogidos uno a uno por un buceador en apnea que los pesca con arpón. De esta manera se puede atender a lo largo del año toda la demanda del mercado.

Para vivir tu propia aventura con estos gigantes del mar, que pueden llegar a pesar más de 500 kg, tienes que reservar previamente en internet, en la página web de Tuna Tours. El día de la cita, nos dirigimos a la Almetlla, al puerto. Allí fácilmente se identifica la caseta de la empresa. Una mujer muy simpática, nos hace las explicaciones, nos pone nuestras pulseras, y nos hace una foto familiar. Llegada la hora, con la dosis doble de biodramina ya absorbida (soy cabra de monte y no pez de mar…), y el protector solar bien untado, nos subimos al braco.

En la cubierta principal del catamarán, con dos pantallas, y con una en la cubierta superior, se inician las explicaciones del arte de pesca del atún rojo con almadraba, con un vídeo informativo. Una manera entretenida de llegar hasta las 2,5 millas mar adentro en la que nos esperan los pececillos… Tras una nueva y breve explicación, iniciamos el baño. Uno a uno nos vamos metiendo en las piscinas, sin tirarse al agua, sino bajando las escaleras. Y en cuanto empiezan a echar las sardinas, empiezan a salir a la superficie los majestuosos atunes para zampárselas.

La verdad es que siendo un espectáculo verlos (si no tienes gafas de bucear, te las proporcionan en el barco), y distinguiéndose perfectamente los atunes en el mar, lo que se dice miedo, el baño, no causa mucho. Yo me imaginé nadando literalmente entre ellos, notándolos entre mis piernas. Y los pobres están más asustados que tú, con tanto movimiento en el agua. Cuando la sardina está por debajo ya de tus pies, aparece rápidamente, se la zampa y desaparece de nuevo en la oscuridad de la profundidad. Por supuesto que ni te rozan. Ahora, verlos, se ven perfectamente; se distingue la cresta amarilla que tienen, con total claridad. En fin, a los niños, les chifló. Ellos sí que se emocionaron de verdad. Y la verdad es que, a lo mejor, gracias a que nadaban profundo, todo nuestro grupo se atrevió al baño, ya que había serias dudas de que todos fuésemos a meternos en el agua…

Durante el viaje de vuelta y con el subidón, degustación de atún (eliges precio con o sin ella al reservarlo en internet). Los niños no tienen esa opción, pero compartimos entre todos. De todos modos en el catamarán puedes comprar bebidas y aperitivos, e incluso la misma degustación si previamente no lo habías reservado. El barco también tiene baño, ducha con agua dulce y cambiador.

Llegamos a tierra ya a la hora de comer, encontrando todos los restaurantes cerca del puerto llenos, claro. Precios muy similares en todos, con menús entre 18 y 20 euros (es fin de semana de agosto). Así que nos sentamos en el primero que nos dejó hueco, La Cova: raciones de mala calidad a precio de oro y sin menú. Un gran fiasco, pero lo único que había.

Menos mal que enfrente, un poco más arriba, en la misma calle Major, nos deleitamos con los postres dulces: helados, cafés, granizados, gofres, crepes. Cada uno lo suyo. Crême de la Crême Helados &Crêpes. Totalmente compensada la comida. Ya estamos contentos de nuevo. Exquisito todo.

Y con la panza llena, elegimos pasar la tarde en alguna playa por allí cerca. Una del pueblo. Así llegamos a Cala Forn. Oye, ¡vaya acierto! Una calita preciosa, recogida, de aguas cristalinas, y rodeada de paredes de rocas con pinos que llegan casi hasta el agua. Una pasada. Muy recomendable. Con un parking gratuito en una pinada, en lo alto de la colina que forma uno de sus lados. Y a esta hora, pese a ser sábado, con gente, pero muy aceptable. La verdad es que, genial. Totalmente recomendable.

Tras refrescarnos, sestear y volver a nadar en esas aguas limpias y transparentes, tuvimos que recoger porque había que pasar por el súper de nuevo. Además, la mitad del grupo teníamos esa noche una cita pendiente: la marcha nocturna que vimos en el programa de fiestas de Desaigües.

Había dos modalidades, una versión larga y con más pendiente y dificultad, y el recorrido que elegimos nosotros, el corto, con 8 km de distancia y tan sólo 200 metros de desnivel. La salida era en La Argentera, la aldea de al lado. Por lo visto se van turnando entre los pueblecillos de la comarca el estatus de ser sede de la marcha. Y la organización corre a cargo de una asociación senderista local. Así que los cuatro que la íbamos a hacer conseguimos estar puntuales en el puesto de salida (muy bien organizado, con un parking a la entrada del pueblo para los senderistas). Empezamos aún de día y poco a poco fue cayendo la noche y el cielo se fue llenando de estrellas. Pero ya a oscuras, la luz de las mismas no fue suficiente para iluminar el camino… Unos iban con el móvil y los otros aprovechando la luz de las linternas de los que se acercaban a nosotras. Cuando el alcalde de nuestro pueblo, Duesaigües, nos adelantó (nos lo habían presentado en la salida, pues éramos los únicos NO locales…), nos prestó un frontal que nos sacó del apuro. A mitad de camino, y dividiendo ya los dos recorridos, un puesto con avituallamiento muy generoso. Un paseo súperagradable, aunque los 200 metros de desnivel supusieron una primera parte toda cuesta arriba, intensa. De vuelta de nuevo a La Argentera, más fruta, chocolate y bizcocho. Y para deleite final, ¡una camiseta! Una noche genial, de verdad, mezclados con los parroquianos de la sierra, que es lo que me gusta… ¡Y bajo el protectorado del alcalde, ni más ni menos! La inscripción nos costó, para los no socios, 10 euros los adultos y 6 euros hasta los 12.

Continuará…

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