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En los últimos años las compañías low cost y sus agresivas campañas de precios nos habían llevado por estas fechas hasta atractivas ciudades europeas donde la visita era prácticamente imposible en fechas invernales. Por este motivo decidimos para esta escapada de Enero una ciudad a priori “calentita”, un destino que pensábamos gozaba de agradables temperaturas todo el año. Y nada más alejado de la realidad, en Marrakech hace frío y además llueve bastantes días, circunstancia de la que nos dimos cuenta en los días previos para elegir nuestra ropa y sobre todo en los días que estuvimos allí. Gracias además a la advertencia de nuestra viajefila Sonia en su entrada “Marrakech con niños” 

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Día 1.- Viernes, rumbo a Marrakech

Elegimos un vuelo desde Madrid con Ryanair, saliendo el Viernes a las 15 horas y con vuelta el Lunes a las 12. El precio del mismo varió en las siguientes semanas tanto hacia arriba como hacia abajo, en nuestro caso salió por aproximadamente 80 euros. Menos de dos horas de vuelo, hace que estos horarios sean razonables para un fin de semana bastante completo, pudiendo aprovechar el Sábado y el Domingo con las 3 noches de hotel. Para Barajas nos decidimos como en otras ocasiones por el Parking LaVacolla, 30 euros para los 3 días con la ventaja de que recogen tu coche en la terminal que elijas, devolviéndotelo en la misma a tu regreso. Una pena que el Servicio a nuestra vuelta dejara bastante que desear…

El alojamiento, reservado desde España, uno de los conocidos riads de la Medina. Se trata de pequeños hoteles en la zona antigua de la ciudad, que ofrecen la comodidad de alojarse cerca de la zona más visitada. Contra las ventajas de su ubicación, el hecho de que por encontrarse en el interior de la ciudad amurallada y rodeada de mezquitas, existen restricciones respecto al ocio… como por ejemplo el no existir áreas para salir por la noche como es el caso de la ciudad nueva o no poder disfrutar ni tan siquiera de una cerveza en toda esta zona.

Contratamos las 3 noches en Le Jardin d´ Abdou, de espaciosas habitaciones y trato exquisito si bien algo alejado de la famosa Plaza Jemaa el Fna, centro neurálgico de la Medina y el turisteo (unos quince minutos andando entre lúgubres callejuelas). Su precio 75 euros por noche, eso si, mejor pagar directamente en euros al salir, puesto que al cargo con Visa le añaden un 4% y nunca controlas el cambio que aplicarán. A esta cantidad hay que sumar dos euros y medio por persona y noche, una tasa para turistas obligatoria por alojarse en la Medina y que cargan en el Hotel.

Así pues, llegamos sobre las 16 horas a Marrakech (hora local, puesto que es una menos que en la península), donde conviene recordar es necesario el pasaporte para viajar… En el aeropuerto nos esperaba el transfer del hotel previamente contratado (20 euros para los seis), pero los 6 Km de distancia hasta la ciudad no justifican el precio y es mejor opción un taxi.

El aeropuerto dispone de cajeros, que por supuesto aceptan la tarjeta naranja de ING (bendita ella) y oficinas de cambio. En este momento el euro andaba por unos 11 dirhams. Y tras hacernos con algo de moneda local y los trámites de aduana para entrar en el país, en menos de 15 minutos estábamos llegando a nuestro riad.

Un paseo hasta el centro tras dejar nuestro equipaje y ya estábamos en la famosa plaza de Jemaa el Fna. La enorme extensión de la Plaza y su versatilidad la convierten en un reclamo por si misma, no en vano la Plaza y todo lo que en ella ocurre está declarada Patrimonio Oral de la Humanidad. Y es que la multitud de gente que la recorre varía entra la mañana y la noche, mezclando todos los turistas con locales que acuden allí para disfrutar del espectáculo que brinda.

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Músicos, aguadores, encantadores, cuentacuentos, boxeadores… reunidos en el mismo lugar para delicia de todos los sentidos. Allí nos decidimos por experimentar con los sabores de la cocina marroquí, y en lugar de elegir uno de los caros restaurantes que circundan la plaza desde donde el mayor de sus atractivos resulta ser las privilegiadas terrazas, nos sentamos en uno de los improvisados locales del centro de la plaza.

Todos ofrecen prácticamente similar comida y precios y el elegir uno u otro básicamente dependerá de la insistencia y simpatía de los cazadores de turistas que allí trabajan. Nos sentamos en el “número 11”, y sin esperar buenos y limpios cubiertos ni delicadas servilletas, degustamos por unos 7 euros por persona unos sabrosos pinchos (recordar solo pollo y cordero), unas verduras y unos calamares, todo ello bastante bueno y saturado de especias como corresponde. Nos llamó la atención sin llegar a probarlos los bocatas que se preparan con huevos cocidos y patatas, con muy buen aspecto desde luego y con importante aceptación entre el público local. También puedes probar los sesos y los famosos caracoles, manjares que nosotros dejaríamos para otra ocasión…

Todavía las ocho y seguimos lo que quedaba de tarde por la plaza, sus coloridos puestos de zumos de naranja, los vistosos locales ambulantes de frutos secos y las atractivas tiendas de lámparas y marroquinería multicolor. En uno de los extremos de la plaza, la Koutubia, la mayor mezquita y el edificio más venerado de Marrakech, hasta donde nos acercamos para terminar la noche. Conocer a modo de curiosidad que se asemeja a la Giralda de Sevilla y en la ciudad no está permitida ninguna construcción más alta que la torre.

Con este primer contacto con la villa, callejeamos de regreso hasta nuestro descanso.

Día 2.- La visita de la Medina de Marrakech

El día amanece nublado y solamente es un preludio de lo que llegará después…

Marrakech está dividida en dos claramente diferenciadas zonas, de un lado la antigua Medina, dentro de la ciudad amurallada y hacia fuera, la conocida como la ciudad nueva, de enorme superficie derivado de la imposibilidad de la ciudad para crecer en vertical. Dentro de la Medina se encuentran los principales reclamos turísticos de la ciudad, a excepción de los Jardines Majorette, el Palmeral y el Museo que no visitamos. La ciudad vieja y sus visitas pueden hacerse en nuestra opinión en un día siendo las distancias razonables para caminar entre ellas.

Como recomiendan la mayoría de guías empezamos la visita por el Sur de la Medina, los Palacios de Bahía y Badis. El primero de ellos se encuentra razonablemente rehabilitado y ofrece interesantes artesonados y estucos árabes de bella manufactura. La entrada al recinto, como en el resto de monumentos, 10 dirhams, prácticamente un euro. De camino visitamos una de las muchas farmacias bereberes, a modo de herboristería donde venden multitud de remedios que amablemente te presentarán en tu idioma (sea cual sea, estoy seguro de ello).

Respecto al Palacio de Badis, y sabiendo que es una opinión muy personal, tal vez no merezca la pena por su ruinoso estado. Sin embargo en vecindad puedes callejear por La Mella, el barrio judío y su caótico mercado de especias. Una parada en la Plaza des Ferblantiers y desde allí a las Tumbas Sadíes, cuya sala de las doce columnas si puede merecer la entrada.

Se acercaba la hora de comer, la lluvia arreciaba y cual turistas paramos frente las tumbas en el Rte. Kasbah café, caro en nuestra opinión pero donde probamos los principales platos de la cocina local: la harira, una sopa a base de cilantro y comino de sabor un tanto agrío y los tajines bereber una especie de estofado preparado en el típico cuenco marroquí, que puede ser vegetal, de pollo o de cordero. También ofrecen brochetas de carne y verdura y todo ello sale por unos 20 euros sin incluir postre ni café.

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Decidimos movilizarnos en dirección a la Plaza pero por culpa de la lluvia nuestro recorrido resultó poco vistoso, pues las calles que suben hacia la misma, pueden ser muy bonitas por sus tiendas y locales, pero el día no acompañaba. Así que al llegar a la plaza nos lanzamos a una pequeña incursión por el norte de la misma donde se acumulan los zocos de la ciudad, de calles estrechas y en algunos casos cubiertas. Y allí, si se le toma el auténtico pulso de la caótica ciudad, pues todo el mundo se arremolina en torno al turista para ofrecer sus productos, los cuales adquirirás tras el menospreciado regateo.

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Artículos de piel como las coloridas babuchas o los bolsos, vistosas lámparas de vívidos cristales, puestos de chilabas, ropa, música y todo tipo de souvenirs, en un enorme e intrincado complejo de callejuelas en el que no puedes pretender no perderte.

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Cansados de protegernos de la lluvia y los vendedores, a última hora de la tarde volvemos al hotel en busca de algo de tranquilidad.

Una ducha y una partida de trivial más tarde salimos en dirección a la Ciudad Nueva, donde buscamos algo del famoso ambiente nocturno de Marrakech. Solicitamos un taxi desde el hotel (cargan 1.5 euros por ello) y la carrera de unos 15 minutos nos cuesta sobre 3 euros. Cerca de la Avenida Mohamed V? encontramos un local que nos parece buena opción para cenar, el Rte. Kechmara, finalmente impersonal y de comida occidental. No andamos con muchas fuerzas y volvemos al hotel.

Día 3.- Excursión a Essaouira

En el hotel nos piden 45 euros por la excursión, ida y vuelta con la comida incluida, pero nos parece caro y además hay que salir a las 7:30, demasiado temprano. Así que salimos del hotel sobre las 10 con la idea de negociar trasporte en la Plaza hasta la costa. Por el camino “nos caza” un supuesto “no guía” que se empeña en recomendarnos la visita a las Cortidurías. A priori un vistoso lugar donde se trabaja la piel con los distintos tintes, un buen sitio para la fotografía pues.

Desde aquí denunciar la desagradable actitud de estos supuestos “amigos del turismo”. Se trata de jóvenes que caminan un rato junto a ti, detectan tu procedencia e inmediatamente con la excusa del idioma y la existencia de algún pariente en España, se aventuran a recomendarte algún cercano monumento o atractivo turístico. Caminan a distancia, insisten constantemente en que no son guías y siempre acabarán llevándote a la tienda de su primo o hermano y desde luego exigiendo una propina.

En nuestro caso tras la caminata, nuestro “amable” acompañante, que curiosamente también iba hacia donde trabajan los curtidores, nos llevó a la misma puerta donde esperaba su improvisado colega que pretendía cobrarnos por entrar y ofrecernos a la vez la ramita de menta que evita el fuerte olor de la piel. Cabreo monumental y regreso sin poder ver a los curtidores de piel. Desde luego flaco el favor que le hacen estos tipos a su ciudad.

Sobre las 11 estábamos en la Plaza y todavía no habíamos negociado nuestro trasporte. El primero que se nos acerca, ….. nos ofrece su servicio y al final salimos por un razonable precio de 15 euros cada uno sin un regateo muy agresivo. Somos 6, así que Ahmed ganará 90 euros por la ida y la vuelta hasta Essaouira, esperándonos eso si, el tiempo que nosotros estimemos.

De camino nos acercan a pesar de no pedirlo hasta una cooperativa de mujeres de las muchas existentes en las inmediaciones dedicada a la producción del aceite de argan. Razonable el tiempo dedicado, aunque no compramos nada…

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Essaouira se encuentra a unos 200 Km de Marrakech y a poco más de dos hora de trayecto, por una carretera en buenas condiciones. Se trata de una población costera que conserva el atractivo de todo pueblo pesquero y fue en tiempos reclamo para hippies. Sus angostas calles y sus pórticos azules la hacen tremendamente fotogénica y es muy buen sitio para hacerse con artesanía sin sufrir la presión de los insistentes vendedores del zoco maraqueshi.

Otro de los atractivos de la ciudad costera, además de su playa, es su comida, a base de pescado y mariscos, así que tras recorrer los puestos del puerto donde no nos terminan de convencer sus productos (te preparan por unos 6-8 euros por persona un aparentemente abundante comida a base de pescado fresco…), volvemos sobre nuestros pasos y comemos en el Rte. Bab Sbaa junto a la puerta del mismo nombre, que nos había recomendado nuestro chófer.

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El precio previamente negociado en función del pescado que exhibe en una vitrina y eliges con el consiguiente regateo fue finalmente de 15 Euros por persona, razonable con la cerveza acompañante, que dicho sea de paso, cobran a precio de oro por estos lares. Curiosamente la cerveza local “Casablanca” es de las más caras. Vuelta a eso de las seis de la tarde tras un nuevo mini paseo por la ciudad y llegada otra vez a la Plaza por antonomasia de Marrakech. De camino negociamos con Ahmed el precio para mañana hasta el aeropuerto y, finalmente, queda en 10 Euros.

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Un último paseo por las tiendas cercanas para ultimar regalos y cena en la Plaza, de nuevo en uno de los puestos del Centro. Temprano nos volvemos al Hotel para nuestro regreso al día siguiente. Finalmente y como visitas imprescindibles en nuestra opinión nos hemos dejado la Maomunia y la Madraza, pero eso será otro viaje…

Día 4.- Regreso

Previamente a pasar por el control de seguridad, debes pasar por el mostrador de Ryanair a pesar de que no quieras facturar, para obtener un sello en vuestro billete, y después rellenar el documento de salida del país… no debe llevar mucho tiempo pero es importante que lo tengáis en cuenta. Y a partir de ahí, poco más, regreso a Madrid y ¡a pensar en el siguiente!

NUESTRAS RECOMENDACIONES

• Alojarse en la antigua medina y sus atractivos riads o en la ciudad nueva plagada de grandes hoteles, suele ser una de las cuestiones difíciles de resolver. En mi opinión, tras una segunda estancia en la ciudad, elegiría uno de los grandes hoteles de la ciudad nueva, donde puedes disfrutar de las comodidades occidentales, desplazándote sin mayor problema para las visitas del casco antiguo en taxi. Normalmente los paquetes vacacionales de precios interesantes ofrecen el hotel de estas características y suelen ser de calidad.

• Yo no prestaría ni un segundo de atención a la multitud de jóvenes que pululan alrededor de los principales atractivos turísticos, pese a que no es agradable decirlo, en un alto porcentaje trataran de aprovecharse de nuestra estancia. La ciudad es totalmente segura y visitable a tu aire, no precisando de ninguna ayuda para su disfrute.

• El regateo es tradición del comercio marroquí al igual que en otros países, si quieres traer a tu regreso alguno de los bonitos souvenirs que encontrarás, deberás armarte de paciencia y en ningún caso agobiarte ni enfadarte por este hecho. Si a ti te interesa comprar a ellos les interesará vender. Ten en cuenta que Ryanair no permite concesiones respecto al equipaje.

• Imprescindible dedicarle un día al menos a Essaouira, si bien nosotros hubiéramos pernoctado al menos una noche de haber contado con más días. Hay muchos más reclamos cerca de la ciudad que no visitamos.

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5 Comentarios
  1. isabel 4 años

    Pasasteis frío en el riad? estoy pensando ir en el puente de diciembre y he leído que muchos sitios no están preparados para las bajas temperaturas.
    Enhorabuena por el diario del viaje.

    Un saludo,
    Isabel

    • Imagen de perfil de José Luis Bauset Autor

      La verdad es que nos sorprendieron las temperaturas en un país que a priori pinta caluroso… Pero de verdad que os aconsejo ropa de abrigo para esas fechas. Respecto al Riad fue super confortable y no pasamos frío, no te preocupes por eso. Muchas gracias por vuestro comentario y a la vuelta animaros a compartir vuestra experiencia!

  2. Imagen de perfil de sonia
    sonia 4 años

    Totalmente de acuerdo en… casi todo! Yo seguiría alojandome en la Medina, siempre. Eso de estar en un hotel que no te permite distinguir si estàs en Marrakech, Cancún o Mallorca… no me va.
    Yo no encontré tantos “amigos” de la ciudad como tú. De hecho, ni los recuerdo. Yo llevé peor el tema de las propinas por y para todo.
    Locamente enamorada de tus fotos, totalmente aburrida de verlas en el blog. Lo de las flechitas es un coñazo, o mis dedos son muy gordos. Sólo la paciencia que mi admiración por ellas despierta, consigue que termine de verlas.
    Besos!

  3. Imagen de perfil de José Luis Bauset Autor

    Pues la verdad y ahora que lo releeo y lo recuerdo… lo pasamos very vell!

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