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Una partida de mus con amigos puede llevar en una noche, a preguntarse porque no organizar un viaje a algún destino asiático. Y la respuesta, cuando aquella conversación se acaba tomando en serio, puede llegar de la mano de skyscanner y una oferta con KLM: Corea era una buena opción. Y así, tan sencillo como loco, acabamos en Seúl primero y en Busan unos días después.

Seúl es la segunda ciudad más poblada del planeta y a una urbe de estas proporciones le corresponde tener muchas marcas de buenas cervezas. De mi anterior estancia en Seúl, nació un artículo dedicado a unas buenas Kloud que tomamos en la Jongno Tower disfrutando de las vistas de la ciudad. Esta vez quería recordar el sabor de la Cass, y el de la Hite, otras de las clásicas rubias coreanas.

Casi siempre cerveza y comida van unidas de la mano, y en este caso conjuntaron mucho más si cabe. Las Cass acompañaron a muchas buenas barbacoas coreanas, esos momentos en los que degustar la rica carne de Corea, termina por impregnar toda tu ropa. La conciencia, de cuanta gente te rodea a partir de ahí, de que vienes de cenar en una barbacoa es inevitable. Pero qué más da, ¡si todos los que cenaron fuera olerán a barbacoa! Bueno todos no, ellas, con sus continuos retoques consiguen disimular el olor a asado…

Pero bien, a lo que íbamos. Entre kimchi y demás aderezos picantes, muy picantes, es imposible insistir en regar la garganta con mucha cerveza; al menos, tratar de mantenerla fresca, alivia el apurado deglutir. Pues ahí estuvo la Cass en muchos momentos, una suave rubia que consiguen servir razonablemente fría y que mitiga el efecto abrasador de lo comido. Suave, fresca y barata… ¡perfecta!. Eso sí, si la combinas, al modo tradicional, con una tercera parte del soju coreano, ese licor de arroz tan extendido entre los locales, tal vez pierda parte de su función y termine por quemar algo más el gaznate… Así nos fue aquella primera noche en Seúl, cerca de Hongik Station donde nos hicimos con la tradición.

Muy buenas también fueron las Hites, también suaves y de las que me vienen a la memoria, las que acompañaron la última de nuestras barbacoas, en Busan. Ciudad grande e inabarcable, fueron míticas las siestas en el metro de Busan, al igual que míticas las cervezas. En un local, en Don 92, cerca del hotel de la playa de Haeundae donde nos alojábamos, probamos una exquisita carne de ternera y una no menos buena carne de cerdo. Cierto es que aquel día nos habíamos saltado la comida en visitas y se nos había olvidado beber en todo el día. Imaginad cómo llegábamos de secos a la noche. Aquellas frías Hites llegaron y cayeron muy rápido, acompañando perfectamente a las viandas que el atento muchacho preparaba en el centro, cocinaba, cortaba y al que solo le faltó dárnoslas de comer…

Fueron la primera y la última de las barbacoas en aquella semana. La primera y la última de unas Cass y unas Hites, buenas cervezas de Corea. Benditas barbacoas coreanas y ¡benditas Cass y Hite!

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