
Pero sin duda de las más disfrutadas fueron las Lion que compartimos en Sigiriya. Y es que ese día fue de los que dejan huella para toda una vida, no puede ser de otra manera después de haberla salvado, creedme que no exagero.
La cerveza del país, la Lion, es una lager suave que pese a lo que creíamos, costaba mas de lo normal en conseguirse. Muy restrictivos con la venta de alcohol, tuvimos grandes paréntesis ocasionalmente para aprovisionarnos de tan preciado brebaje. Nos gustaba llevar buenas provisiones en la nevera del bus…
El día en cuestión amaneció como todos, con enormes sonrisas. No era para menos, íbamos a visitar la gran roca de Sigiriya, aquella enorme colina de magma volcánico que eligió un despiadado rey como refugio siglos atrás. Con la certeza de que la visita no nos defraudaría después de lo leído salimos bien temprano.
Y es que era mucha la información que contenía la Jaume Planet como le llamábamos, la guía confeccionada por Jau con contenidos personalizados con nuestro recorrido. Para Sigiriya había una nota de periódico que pasamos todos prácticamente desapercibida acerca de un ataque de avispas meses atrás en la fortificación. ¡Un ataque de avispas! Quien iba a creer semejante cosa…
La subida a la mole de piedra fue divertida entre peculiares turistas, macacos empeñados en ponernos nerviosos y algún que otro guia mas nervioso que nosotros y que los propios monos.
Al llegar a la famosa puerta de las garras del León, no préstamos demasiada atención a las advertencias continuas respecto al silencio que era conveniente mantener. Pero nada extraño paso.
La bajada fue distinta de todas todas. Y es que el sol del mediodía apretaba como nunca cuando en plenas escaleras de descenso ya hacia la mencionada puerta, un muchacho comenzó a gritar tras la picadura de alguno de estos heminopteros. En cuestión de segundos, cientos, sino miles de sus compañeras de panal acudieron ante el alboroto, multiplicando el grito del pequeño y desatando la histeria colectiva.
Ante el pánico surgido, la mitad del grupo decidió descender rápidamente en busca de improvisado refugio, la otra mitad no tuvo más remedio que subir algún escalón y esperar…
La espera entre zumbidos, picotazos y miles de avispas excitadas y cabreadas es imposible de describir, supongo que la espera en la incertidumbre del resto también fue exasperante, pero finalmente con algunos buenos habones de mas salvamos el pellejo, si se puede usar la expresión.
Tras la descarga de adrenalina y unas buenas dosis de corticoides, lo único que queríamos era contarlo a modo de terapia de grupo. Y que mejor modo que buscando unas birras frías.
Conseguimos así que nos llevaran a un local, Machang Dambulla, y sin parar de hablar comenzamos a beber, a recordar, a llorar y al rato a reír a carcajadas. Fue un día especial que termino de la mejor de las maneras, con bailes, con risas y con abrazos, como merecen esos raros días en que vuelves a nacer…








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2 comentarios en “Despertar, reír, llorar y volver a nacer. Lion Beer Sri Lanka”
Nosotros subimos la roca con un grupo de monjes muy jóvenes con sus túnicas naranjas, que le dieron un colorido precioso al entorno y a las fotos. Y hacía un viento de mil demonios, puede que por eso las abejas estuvieran en sus quehaceres 😉 y no nos molestaran.
Guapos!