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Hoy teníamos el gran reto de nuestro viaje al Tíbet y seguramente uno de los grandes retos de todo viajero: llegaríamos al campamento base del Everest desde donde contemplar el techo del mundo, el pico más elevado del planeta, el monte Everest, Qomalangma. Alcanzar sus 8850 metros de altitud estaba reservado solo para algunos intrépidos montañeros y ese no era nuestro caso. Pero si que es verdad que aquella tarde llegaríamos a la cara septentrional de la poderosa montaña y, si el tiempo lo permitía, disfrutaríamos esa tarde y a la mañana siguiente de las mejoras vistas de la misma, mucho mejores que desde el lado nepalés. Eso habíamos leído, y no íbamos a poder comparar. Hasta ese momento nuestras dos semanas iban sobre ruedas. La agencia Youlan Tours con la que habíamos contratado todos los servicios desde España, no había fallado en nada y sin duda, había sido la mejor elección.

Es cierto que para nosotros, no era la primera vez que alcanzaba tales altitudes. En Perú fueron las grandes cordilleras andinas las que cruzamos en más de una ocasión y en Bolivia había llegado a vivir un tiempo en comunidad con los quechuas en torno a los 5000 metros, en los hermosos valles de Laraty y Sapanani. Pero esta vez, tendríamos frente a nosotros al monte Everest y eso eran palabras mayores. A los lados del coloso, los picos que junto a el separan Tíbet de Nepal: Lhotse (8516 msm), Walalu (8463 msm), Cho Oyu (8201 msm) y Xixiabangma (8012 msm).

Recordaba el post que Emi escribió para viajefilos sobre su experiencia de trekking en el lado nepalí y de los esfuerzos que imaginaba había realizado para llegar al campamento base sur del Everest. Pero en nuestro caso, el campamento base norte, el tibetano, era accesible hasta los 5200 metros en vehículos. Para los montañeros que seguían camino les esperaban un campamento de alta montaña cercano a los 5500.

Todos los datos de interés de nuestro viaje y la ruta y escalas de nuestro recorrido por Tíbet:

Recorrido de 16 días a través del Tíbet, la distancia entre Lhasa y Katmandú con Youlan Tours

Viernes 21 de Septiembre de 2018

Pero antes de vivir todas esas emociones, queríamos visitar el fuerte de Shegar. De momento amanecía nublado. Seguíamos confiando en los continuos cambios meteorológicos de todos los días anteriores. El camino hasta el campamento base serían unas dos horas, unos 95 km y teníamos tiempo más que suficiente para llegar y, esperábamos, que el tiempo mejorara.

A unos 7 km de donde nos encontrábamos, primero cruzamos la nueva ciudad, New Tingri, cuyo desmesurado crecimiento hace pensar que será irreconocible en unos años. La política del gobierno está tratando de concentrar la población rural nómada en lugares como este y parece que sus ideas van tomando forma. De un lado del río la parte vieja, las antiguas construcciones tibetanas. En sus tejados pugnan por la hegemonía, las multicolores banderas de oración con las rojas del estado chino. Del otro lado los nuevos edificios chinos, unos iguales a otros. Norbu se muestra sorprendido del rápido cambio de la ciudad.

Ciudad de New Tingri, a los pies de la fortaleza de Shegar

Shegar o New Tingri y la Fortaleza

La fortaleza de Shegar tuvo su importancia en la defensa contra los guerreros nepalíes, aunque recientemente no resistió la furia de los chinos y fue destruida totalmente durante la revolución cultural. Junto a este fuerte se construyeron otros 12 fuertes en la época del ascenso al poder de los sakyias. Subimos la montaña por la nueva calzada que conduce al lugar. Arriba quedan las ruinas del antiguo fuerte. En su interior el antiguo monasterio de Shegar Choede de 1269, también restaurado en el momento actual.

Un monje acude a abrirlo para nuestra visita. Estamos totalmente solos. Parte del tejado de la sala de reuniones se ha ido al suelo con las últimas lluvias y parte de la estructura del monasterio peligra. La sorpresa nos la llevamos al abrir el portón de una capilla y tropezarnos con un enorme Buda Sakyamuni, la mayor estatua del Buda del presente de todo Tíbet. Damos un paseo alrededor de tan venerada imagen y emprendemos el retorno. La visita da para poco más pero mereció la pena.

Sobre las 10:30 enfilamos la ruta hacia el Everest. Unos mínimos claros que se abren en el cielo nos animan. A escasos kilómetros de Shegar, el principal punto de control del ejército chino. En este lugar bajamos todos del vehículo y pasamos con los pasaportes como si un control de aduanas se tratara. La cercanía de la frontera con Nepal así lo exige. Tenemos suerte y prácticamente no pillamos gente esperando. En pocos minutos pasamos. Norbu nos dice que en otras ocasiones se puede perder mucho más tiempo.

Otros cinco kilómetros y el desvío hacia Tingri que tomaremos mañana. Hoy, tomamos la entrada hacia la reserva del Monte Qomolangma. Paramos para que el guía compre los tickets. El camino comienza a ascender a partir de aquí hasta el alto de montaña en una espectacular carretera zigzagueante. Este tramo hasta el campamento se encuentra asfaltado hace tan solo 4 años y es previsible que lo recorramos en unas 2 horas.

Llegamos al paso Pang La (5198 metros). Desee aquí deberíamos ver las majestuosas cumbres de los ochomiles, el Everest y el Cho Oyu, pero la visibilidad no es suficiente hoy. Seguiremos camino igualmente, mañana tendremos una nueva oportunidad en este punto por donde volveremos. A pesar de todo las vistas son de impresión.

Paso Pang La, camino del campamento base del Everest

De nuevo hacia abajo, hacia el valle de Dzaka. Pasamos por un par de fotogénicos pueblos y no perdemos la oportunidad. Lo que iban a ser un par de horas se convierten en tres al final. Las nubes no han dado tregua pero tampoco ha empeorado y algunos tímidos rayos solares consiguen colarse entre la capa de nubes. Un último control militar junto al nuevo monasterio Rongphu y pocos kilómetros más hasta el campamento.

Son prácticamente las dos de la tarde cuando estamos en el campamento base norte del Everest, por delante, unas 16 horas de oportunidades para que mejore el tiempo. Mientras tanto, comeremos. El campamento es un pequeño claro junto al río y la garganta que forman las enormes montañas a ambos lados, en torno a la cual se han montado tiendas donde se puede comer y dormir. También se puede pernoctar en una Guesthouse del monasterio. Nosotros preferimos quedarnos en una de las tiendas.

Después de comer (60 yuanes dos ricos platos de arroz con vegetales) y acomodarnos, básicamente colocarnos alguna capa más, salimos a dar una vuelta por el espacio por el que se permite deambular en el campo base. El campamento base del Everest fue utilizado inicialmente por los británicos a principios del siglo XX. Más adelante las ruinas del antiguo monasterio. Poco a poco se levanta un viento infernal que empeora la sensación térmica pero que puede que arrastre las nubes que cubren el monte Everest. Ojalá…

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Monasterio de Rongphu

Situado a unos 4900 metros se trata del monasterio budista en Tíbet a mayor altura y por ende del mundo. Si bien es el primero es relativamente joven, de 1902, se han llevado a cabo importantes acciones de restauración en el mismo. Sin embargos nosotros llegamos al antiguo monasterio Rongphu, situado al límite donde ya no puedes seguir a no ser que cuentes con un permiso de montañismo. Situado sobre una gran roca permite fotos increíbles, una pena que en gran monte se siga resistiendo.

Aprovechamos el esfuerzo para colgar unas banderas de oración, pidiendo para todos nuestros amigos y, que vamos a pedir, ¡pues muchos viajes!.

Volvemos a la tienda donde preparamos un café. Son tiendas grandes con cómodos catres, todo lo cómodo que se puede aquí. Camas corridas y a dormir con quien te toque, creemos que un grupo de turistas chinos que acaban de llegar y ya se han enchufado el oxígeno… El lugar no es para nada incómodo.

Tras un rato descansando un nuevo paseo hacia el monasterio, de nuevo sin suerte. No hace frío, el sol está sobre nuestras cabezas pero no sobre el Everest que sigue resistiéndose. De todos modos la luz sobre las montañas circundantes es de impresión. Más fotos y vuelta a la tienda. El sol comienza a esconderse y nosotros también.

Norbu nos ayuda a preparar unos noodels instantáneos para cenar. Nos vamos a la cama muy pronto, no hay mucho más que hacer allí. Mañana tal vez tengamos suerte.

Por cierto, comer allí arriba no es barato. Pagar 15 yuanes por el tarro de noodels y otros 15 por la cerveza puede parecer abusivo pero sólo imaginar las condiciones de trabajo y vida de esta gente, mitigará el cabreo.

Sábado 22 de Septiembre de 2018

En mi caso, si hay algo que ha ido regular con la altura en este viaje, ha sido el insomnio. Matemáticamente y no más allá de las seis o siete horas, se producía el encendido. Todos pensaremos que son suficientes, pero si te vas a “la cama” sobre las diez y despiertas a las cinco de la mañana en una tienda llena de chinos… La noche fue agradable, nada de frío con las megamantas tibetanas y en general un civismo que no esperábamos. De cualquier manera no había solución, así que me vestí como pude y me asomé a la calle para no dar mucho follón.

Sin ser mucho el frío, en el exterior si se notaba a pesar de la ropa térmica y varias capas. Aún así, parar un rato y contemplar el cielo repleto de estrellas mitigó cualquier mala sensación. Brutal, imaginad a 5000 metros, sin contaminación lumínica y una noche despejada. Aún así, daba la sensación de que nuestro objetivo, el Everest, seguía cautelosamente escondido. Veríamos en un par de horas, cuando amaneciera.

Y entre esto, un paseo, un trato de dormir otra vez, la maldita red que no va… se hicieron las siete y la hora de salir a ver amanecer, que aún no siendo fan de estos eventos hay sitios donde no se pueden perdonar. Y como los críos el día de reyes, esperando a abrir los regalos, y allí estaba, limpio de nubes y dándonos una de las mejores alegrías de nuestras vidas. Creo q echamos a correr, grave error a esta altura pero parecía que se lo iban a llevar…

Amanecer en Monte Everest

Pero al final, algo más de 30 minutos subidos al monasterio donde disfrutamos como niños. Nos mostró aunque sólo fuera por media hora toda su grandeza. Ya hacia la tienda, se despidió de nosotros y se volvió a esconder.

Un café y a las nueve nos poníamos en marcha.

Hoy era de esos días poco agradables de los viajes, “de transición”. Ni más ni menos que tocaba darnos una paliza de kilómetros hasta la frontera con Nepal. Sobre 390 km nos aguardaban. Una vez allí, en Qyirong, prepararse para al día siguiente poner rumbo a Katmandú. Probablemente los dos días de viaje más duros en cuanto a horas de carretera, pero, eso también formaba parte del viaje al fin y al cabo.

Pero, Dawa decide una ruta alternativa con la que ahorrar distancia hasta Tingri, primera escala. Distancia puede que dudó que tiempo, pues se mete de lleno en la alta meseta tibetana y nos regala, sin saberlo, unas vistas increíbles. Tierras de nómadas, de yaks y de inmensos picos de nieves perpetuas. Y los pastores y los pequeños que sólo saben sonreír a nuestro paso. Sonrisas inocentes que no esperan nada a cambio, pero tal vez, seamos lo más emocionante de esta semana. Hemos leído que esta ruta es posible realizarla a pie, entre Tingri y el campamento base en tres días. Sin lugar a dudas los paisajes que atravesamos y los miradores en los que nos detenemos, dan la razón a los que se embarcan en este trekking.

Camino de la frontera con Nepal

Sobre dos horas y media nos llevó llegar a Tingri, escala habitual de los que vienen o van hacia Katmandú. Esta ciudad tenía mayor relevancia cuando el paso fronterizo utilizado era el de Zhangmu, pero a raíz del terremoto del 2015, ls carretera sueco muy dañada y hoy todavía permanece cerrado. Aunque más alejado, a día de hoy el paso natural está en Qyirong, hacia donde nos dirigíamos.

Antes de la una paramos en noseque pueblo a comer. Dudo que haya mucha diferencia en parar en uno u otro, el menú tiene poca variedad y en general se puede comer. Dos platos de noodels pero está ver troceados con muy poquitos trozos de carne y verduras por 50 yuanes. De nuevo nos engordan los precios…

Y más carreteras imposibles, y más lagos turquesas, y más pasos a 5000 metros de altitud, y más montañas nevadas, y más caudalosos ríos… Todas las veces que te asomes a la ventanilla te dejará boquiabierto. Casi ocho horas estuvimos ese día mirando por la ventanilla… Los últimos kilómetros el paisaje cambiaba totalmente respecto a lo que veníamos viendo todos los días atrás. Una cerrada garganta por la que se abría paso un río iba dando protagonismo a un tupido bosque de coníferas. Un paisaje más propio de cualquier otro país, donde la neblina se entremetía entre las copas de los árboles al modo de aquellos bosques húmedos que tanto hemos disfrutado en otros viajes.

Para las cinco de la tarde llegábamos por fin a Qyirong. La verdad es que la ciudad nos sorprende, esperábamos una ciudad fronteriza cutre y nos encontramos con una ciudad con hoteles, restaurantes, comercios… Tampoco es que fuéramos a hacer mucha cosa, la idea organizar las mochilas para mañana y dar una vuelta. Aunque llueve “aquí abajo”, veremos…

Check in en el Phuntox Rabsal Guesthouse. Algo pequeña la habitación, pero muy bien situada y limpia. Quedamos con Norbu tras una merecida ducha y visitamos el monasterio, tan solo a tres minutos del hotel donde nos alojamos. Algo saturados tal vez de templos, hoy no nos dice gran cosa. Seguro que tiene su atractivo. Una vez visto el monasterio, lo que queda de tarde lo tomamos con calma. Creo que con esto dábamos por terminado nuestro viaje a Tíbet…

Epílogo

Tibet no dejó de sorprendernos ni un solo momento de los que viajamos por su territorio. Dos semanas pudieron parecer muchas si echas una mano de los habituales catálogos de las grandes agencias de viajes, pero mirando el mapa solo nos llevamos un pequeño mordisco de las provincias del sur. Nos traemos mucho más conocimientos sobre una cultura y una religión milenaria que tan atrayente resulta a muchos occidentales y ahora comenzamos a saber el porqué. Nos cobramos cientos, sino miles de fotos, de monasterios construidos en lugares imposibles, de lagos de aguas y azules inimaginables, de montañas enormes y de grandes sonrisas. Nos sorprenderemos y porque no, nos indignamos, por tanto como se ha sido capaz de destruir en unos pocos años de “revolución cultural “, curioso el apellido que le colocaron los chinos a sus estragos en el patrimonio de esta gente. Además nos formamos una opinión, una más consciente opinión sobre la que seguramente seguirá siendo una difícil relación. Esa nos la guardamos para nosotros.

Pedir disculpas por todos los errores de transcripción que hay en nuestros artículos, en nuestros diarios de viaje. En muchos casos fruto de apresuradas transcripciones de cuanto Norbu trataba de transmitirnos con desmesurada pasión y, en otros, consecuencia de lo poco que supone una aproximación de dos semanas a una cultura de una entidad y complejidad como esta.

Agradecer a Norbu, para nosotros un tibetano que se nota conoce, ama y siente a su país como ninguno, a pesar de que no siempre y más que seguro se deje llevar por la emoción. Realmente es una enciclopedia andante en lo que se refiere a historia y cultura tibetana y, ni que decir tiene, un activo prácticamente de la fe budista que conoce todos y cada uno de los maestros, dioses y lugares importantes para su religión. Y como no, agradecer a Dawa, nuestro simpático conductor que se dio unas importantes palizas de coche siempre con una sonrisa y que siempre cenó mediante videollamada con su mujer durante el viaje, ¡todo un romántico!. Agradecer a todos los tibetanos con que tropezamos sus gestos de simpatía, ni uno solo en dos semanas que nos trasmitiera lo contrario… Y por supuesto agradecer a Irene de Youlan Tours por presentarnos todo esto.

Si necesitáis opinión, consejos, recomendaciones… será un placer contestar a vuestros comentarios. Y tu ¿con ganas de cumplir este sueño?

¡Mañana mismo, rumbo a Nepal!

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