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Hoy seguíamos nuestro viaje por Tíbet siguiendo la carretera de la Amistad y llegábamos hasta la ciudad de Shigatse. Amanecíamos en Gyantse y con suficiente tiempo para desayunar y prepararnos tranquilamente después del duro día de ayer. Norbu tenía que hacer unas gestiones en la policía para continuar nuestro viaje por Tíbet, pero los servicios administrativos no eran los más madrugadores del país. Al cambiar de provincia necesitábamos más sellos, más papeles y pagar más dinero… Todos los permisos y los trámites hubieran sido imposibles conseguirlos por nuestra cuenta, de hecho no era posible viajar a Tíbet por libre. La agencia que habíamos elegido para organizarlo, Youlan Tours, e Irene que se encargó de montarlo, estaban cumpliendo su cometido perfectamente.

Todos los datos de interés de nuestro viaje y la ruta y escalas de nuestro recorrido por Tíbet:

Miércoles 19 de Septiembre de 2018

En el camino hasta Shigatse y nuestro alojamiento, para hoy teníamos dos visitas: los monasterios de Shalu y Tashilumpho. A las 10 de la mañana nos poníamos en marcha. Por delante unos 90 km. No tuvimos fuerza para madrugar y acercarnos a visitar el Kumbum de Gyantse, la mayor estupa de Tíbet, construida por orden del primer Panchen Lama. Aún así, antes de salir de la ciudad, hicimos una parada donde pudimos apreciar la silueta de los dos grandes edificios de Gyantse: el Kumbum y el Fuerte.

Recorrido de 16 días a través del Tíbet, la distancia entre Lhasa y Katmandú con Youlan Tours

Una media hora de camino, y la primera y hasta el momento la única mala práctica desde nuestro punto de vista de nuestro guía, Norbu. Parada para ver un molino de tsampa, la harina molida que constituye el alimento básico de los tibetanos; y de paso la invitación a comprar la artesanía tibetana que vende en señor… Valga decir que no tuvimos ningún otro problema con nuestros guías, si así podemos calificar esto como tal. ¡Chapeau por ellos!

En fin, no compramos nada, ponemos cara de “haba” y seguimos camino. Poco antes de las 12 llegábamos al monasterio de Shalu.

Monasterio de Shalu

Situado en la carretera entre Gyantse y Shigatse, en el conocido valle de Shalu. Un lugar muy importante en la historia de Tíbet y el budismo tibetano. Construido en el siglo XI, aunque su importancia comenzó en el siglo XIV, momento en que se reconstruyó tras un terremoto con la ayuda de chinos y mongoles y el maestro Buton Rinchen Drup se dedicó a la recopilación y traducción de textos sánscritos. La parte reconstruida fue respetada durante la revolución cultural dados los rasgos chinos en su arquitectura y conserva sus murales originales del siglo XI y XIV.

A las puertas del monasterio de Shalu

Al entrar se accede a un patio abierto. Al frente, el edificio de estilo chino reconstruido en el siglo XIV y conservado hoy día como decimos. De los 7000 monjes que llegaron a vivir en sus orígenes, solo viven 70 en el momento actual. La primera capilla que visitamos, es la de los protectores del templo, como en otros lugares que venimos visitando con la cara tapada “para no dar miedo”. Es el primer lugar donde se puede apreciar una manifestación protectora de Buda conocida como “el poder” en que aparece más amenazante con una especie de maza en una de sus manos. Algo de miedito si pueden dar…

Tras ello entramos en la sala principal de oración, totalmente original y donde la luz entra desde arriba en ese momento dándole un aspecto místico muy especial. Como algunas otras que hemos visto, la sala de oración resulta fabulosa aunque las fotos están prohibidas y nos tenemos que traer el recuerdo en nuestras retinas. Las antiguas columnas de madera, los tronos de los monjes, las tallas de los capiteles, las alfombras y thangkas multicolores, el olor a la mantequilla de yak quemándose en las ofrendas… en un ambiente de paz, silencio y espiritualidad envidiable, un conjunto profundamente bello. En su pared posterior el fundador del templo con sus dos discípulos y una figura más, la del cuarto Panchen Lama, muy importante por ser tutor del Quinto Dalai.

En un lateral, la capilla Kagyur donde se guardan las 108 escrituras originales del Buda del presente, Sakyamuni. Increíble el valor que pueden tener estos sutras (840.000 sentencias de Buda, referidas al deseo, la ignorancia y el odio). En la pared, un mural original con cinco Budas pintados hace 800 años.

Otra pequeña capilla aparece con sus paredes esculpidas con miles de pequeñas estatuas de Buda. Igualmente con antiguas escrituras y figuras todas originales. Uno de los mayores secretos que esconde el monasterio: una piedra en la que brota un relieve con el discurso de Buda, con los seis reinos del sufrimiento que rezan repetidamente. Junto a ello el cuerpo del Buda, también original y la mente de Buda. Son los tres símbolos de Buda, que en su creencia son naturales, no habiendo sido manipulados por el hombre.

La tercera de las capillas, esconde grandes esculturas originales con distintas manifestaciones de Buda y ocho Bothishavas.

Y justo cuando íbamos a salir, el maestro del monasterio que se empieza a interesar por nuestra procedencia y nuestra religión. En pocos minutos y en inglés, entendemos que nos permite realizar fotos de la sala de oración. Solo debemos respetar los murales. ¿En serio?. Una sala con 1000 años de antigüedad y cargada de motivos para la tentación. Sin preguntar nada más tiranos unas 1000 fotos. Momentazo. Tan a gusto estaba el maestro con nosotros y nosotros con él, que terminó por invitarnos a un té con mantequilla de yak. Todavía no se como escapamos a la invitación…

Salimos de Shalu casi sin respiración y está vez por algo más que la altura. La emoción de poder traer estas maravillosas estampas de aquel templo de siglos de antigüedad mereció con creces el esfuerzo del camino. Nos ponemos rumbo a Shigatse y en unos 30 minutos llegamos a otro de los lugares más anhelados de nuestro viaje a Tíbet: el monasterio de Tashilumpho. Menuda experiencia nos ha regalado el maestro de Shalu.

Eran más o menos las dos de la tarde cuando llegábamos a las inmediaciones del monasterio. Primero un descanso para comer. Comemos en el restaurante El Tercer Ojo. Comida india-nepalí y donde llegan todos los guías con sus grupos. Pedimos un par de platos con arroz, el clásico nam indio y dos Colas. El precio 114 yuanes (14 €) y muy recomendable.

Monasterio de Tashilumpho 

El mayor y mejor conservado centro religioso tibetano en activo gracias a que no sufrió en demasía la destrucción de la revolución cultural. Uno de los grandes centros de la secta geluppa. Fundado en 1447, por el que fue años más tarde nombrado primer Dalai Lama una vez muerto. En la era del Quinto Dalai, se convirtió en la sede de los Panchen Lamas, lo que catapultó definitivamente su supremacía en el difícil tablero del poder en Tíbet.

El gran complejo que abarca 70000 metros cuadrados incluye las tumbas de los antiguos Panchen Lamas. Releyendo alguna cosa más sobre la jerarquía tibetana y la actual situación política del Tíbet se te pueden poner los pelos de punta. Evidentemente todo tendrá muchas lecturas y un análisis más profundo es necesario si se quiere conocer la realidad Chino-Tibetana.

La cuestión es que los Panchen son los segundos Lamas en importancia en Tíbet y participan activamente en la elección de la reencarnación del Dalai al igual que el Dalai lo hace en la elección del Panchen. De ahí la importancia del monasterio que nos ocupa. En 1951 los chinos lograron “colarse” en la elección del nuevo Panchen Lama, el décimo, que llegó a Tashilumpho ese mismo año. Un candidato de su conveniencia fue colocado como segunda autoridad tibetana en una jugada, a priori, perfecta. Con los años, el nuevo Panchen Lama se fue alejando de las doctrinas socialistas y fue en el año 1959, tras las revueltas populares y la dura represión china que provocó el exilio del Dalai, que el Panchen se puso claramente del lado de su pueblo. Por este motivo fue encarcelado y torturado durante 14 años y su liberación no terminó con la oleada de denuncias por parte del mismo. En 1989 murió en Tíbet.

Ante este vacío de poder, el Dalai identificó en 1995 al sucesor del Panchen, un niño de seis años que fue arrestado de inmediato. El gobierno chino, en connivencia con los Lamas de Tashilumpho, eligió su propio candidato, el hijo de un miembro del partido comunista. Su ascenso al puesto se celebró por todo lo alto. Hoy día, mantiene su cargo, de gran importancia estratégica pues participará en la elección del nuevo Dalai. Mientras tanto, aquel niño de seis años, con más de 20 años hoy día, hoy sigue detenido en paradero desconocido. En fin, como para al menos, informarse más al respecto.

La imponente entrada al monasterio de Tashilumpo

Pero a lo que veníamos, visitaremos Tashilumpho. Vamos caminando desde el restaurante. Una vez pagada la entrada, un gran patio desde donde se disfruta de todo el complejo. Cuatro edificios destacan sobre el resto. El de más a la izquierda el del gran Buda dorado. El segundo el lugar donde están los restos del décimo Panchen Lama. El tercero es original y es la tumba del cuarto Panchen, mientras que el cuarto alberga las estupas del Quinto al noveno. Comenzamos a caminar en el monasterio y la primera impresión por el tamaño es de que realmente, más que un simple monasterio, es un pueblo al completo.

Nos dirigimos al primero de los edificios. La gran capilla de Maitreya. En su interior, la estatua dorada de Buda más grande del mundo, un enorme Buda del futuro de 26.2 metros de altura revestida por unos 279 kg de oro de unos 100 años de antigüedad. Entramos en el templo, por desgracia, siguiendo a un nutrido grupo de turistas chinos que se entretienen tocando la campana de entrada. Toda la enorme base está hecha en cobre. El interior del Buda es hueco y se rellena de escrituras secretas y estupas. Una vez rellena la estructura, se inicia su decoración. Por último siempre se pintan los ojos.

Nos dirigimos al segundo de los edificios importantes, la tumba estupa del décimo Panchen Lama, terminada en 1995. Una gran estupa dorada en cuyo interior se encuentra el cuerpo del Panchen. El mural de un lateral con un figura de mil caras, mil ojos, mil manos y mil pies es una maravilla. En estas estancias se pueden tomar fotografías por 125 yuanes, me temo que esa cantidad por cada uno de los edificios.

El tercer edifico, todavía conservado data de 1662. En su interior, la estupa y restos del cuarto Panchen Lama, el famoso maestro del Quinto Dalai y uno de los más venerados. Junto al mismo, las estancias del actual Panchen Lama, el onceavo, cuya residencia habitual está en Beijing pero viene al monasterio dos o tres veces al año.

El cuarto y último edificio fue construido por el décimo Panchen Lama. Terminado en 1989 para albergar a sus predecesores en el cargo, del quinto al noveno Panchens. Una vez terminado y a su muerte se le hizo la estupa para sus restos que hemos visitado en segundo lugar.

Salimos por una puerta donde un nuevo patio da a una pared de ladrillo encalado enorme donde se cuelgan grandes thangkas durante las festividades. De nuevo adentro para visitar parte del monasterio original donde se encuentra la sala de oración y reuniones. Por 150 yuanes se pueden hacer fotos. En el centro de la sala el trono del Panchen Lama. Las columnas de madera dan una idea de los años del lugar. Una pequeña capilla en un lateral con figuras de los principales maestros, Dalais y Panchen Lamas. En otra capilla en la que Norbu da la vuelta agachándose bajo unas estanterías de sutras, nuevas estatuas sagradas. Estas son las dos capillas originales.

El patio por donde se sale, deja un momento y fotos inolvidables.

Con la visita del templo de los Panchen hecha, le damos la tarde libre a Norbu y Dawa. Le pedimos que haga el checkin en nuestro hotel y nos perdemos un rato por Shigatse.

Ciudad Shigatse

La segunda en importancia y tamaño del Tíbet, capital de la provincia de Tsang. Actualmente 180000 habitantes con un 60% de población tibetana. Compitió durante siglos la hegemonía y el poder a Lhasa. La ciudad alberga pues la segunda autoridad del Tíbet: el Panchen Lama y gira por completo en torno al imponente monasterio de Tashilumpho. Pero no menos imponente resulta el fuerte de Shigatse que en la lejanía recuerda al viejo Potala, el gran Tsong de Shigatse.

Pero uno de los grandes atractivos a nuestros ojos, ya visitado Tashilumpho y a estas alturas de viaje: el antiguo mercado de Shigatse. Y es que como habíamos leído en otros foros, parece un lugar más conveniente para comprar alguna cosa de artesanía que llevar de recuerdo. Así que hacia allá nos dirigimos.

En el camino, unos 800 metros desde el monasterio, nos tropezamos con una moderna cafetería, 32 yuanes (4 €) por el café pero no podemos resistirlo. Exquisito.

Algo mas preparados, nos metemos en el mercado. Aquí el regateo es un arte, pero no saben con quien se la juegan… Pero además de duros, venden artesanías “demasiado chinas” en nuestra opinión que no acaban de enamorarnos. Terminamos pronto así y nos arrancamos al casco antiguo, a la falda del fuerte y siguiendo el Kora del templo, eso si, en sentido contrario.

Un montón de cilindros de oración que rodean abrazando la colina y ofrecen espectaculares vistas de la ciudad y el fuerte en este lado, el final teórico. Aún a pesar de los malos augurios de realziar el Kora en sentido antihorario, emprendemos un tramo hasta alcanzar las mejores vistas del otro lado, en el monasterio. Muchos peregrinos se muestran sorprendidos del “sentido de nuestro Kora” y tratan de corregirnos. Nunca muestran una mala actitud ni escatiman una sonrisa. Una lección de civismo, simplemente. Al final, se nos acaba la luz y ante la insistencia de muchos de ellos, damos la vuelta y acortamos la bajada hacia la ciudad.

Las vistas de Shigatse y el fuerte de la ciudad

No deberías dejar de hacer en una visita a Shigatse, el Kora que rodea Tashilumpho hasta el fuerte. Eso si, siguiendo el sentido horario. #ViajefilosenTibet Clic para tuitear

Y así, sin saber como y tras al menos tres horas pateando Shigatse, acabamos de nuevo en la puerta del monasterio de Tashilumpho.

Sacamos dinero en un cajero del Banco de China con nuestra N26 e incluso damos una vuelta por la calle comercial de la ciudad y nos metemos en un gran centro donde nos hacemos con alguna provisión más para el campamento base. Aquello del papel higiénico, unas galletas… Todavía somos capaces de meternos en el Burger King y cenar. No se puede decir que no estiramos el día.

Un taxi nos llevará al hotel. Nos alojamos en el Gesar Hotel, a unos tres kilómetros de donde nos encontramos. Por la carrera pagamos 10 yuanes. ¡La verdad es que no tuvimos tiempo de más!.

Jueves 20 de Septiembre de 2018

Con unos 290 km de viaje por delante, hoy saldríamos temprano. Entre Shigatse y nuestro destino para esta noche, Shegar, hay unos 240 km nos dice Norbu. Pero a mitad de camino nos desviaremos de la carretera para visitar Sakya, el gran monasterio de los Sakyapas. Eso supone alrededor de 25 km de Ida y vuelta.

Tras unas dos horas de viaje llegamos a un paso de montaña a 4500 metros de altitud y al poco de iniciado el descenso, el desvío hacia el monasterio de Sakya. Al mediodía llegamos a una enorme puerta que reza en su parte superior: “Antigua ciudad de Sakya”.

Monasterio de Sakya

Construido en el siglo XIII a modo de fortaleza, Sakya, la “tierra pálida o tierra gris” del tibetano, es uno de los mayores templos de Tibet y sin lugar a dudas, uno de los que ha gozado mayor importancia histórica. La orden Sakyapa surgió en el siglo XI y en poco tiempo se hizo con la hegemonía religiosa del Tíbet. Tal fue el prestigio que alcanzó que en el siglo XIII, ante la inminente invasión mongola, el máximo representante Sakyapa, Sakya Pandita, negoció una tregua con el poderoso imperio del norte que permitió el primer gobierno del Tíbet con un Lama como jefe del estado. Aquí comenzaba el poder de la antigua orden Sakyapa, la antigua u orden no renovada, en la que los mandos, los cargos de grandes maestros rojos, que dirigían políticamente la secta, eran heredados de generación en generación de padres a hijos. Nada de reencarnaciones como en otras sectas del budismo o de prestigio y conocimientos como en los geluppa, si bien si hay un gran maestro rojo elegido entre los mejores por los monjes.

A punto de visitar el monasterio de Sakya y su biblioteca…

A medida que nos acercamos llama la atención el color de sus edificios, un gris que combina el blanco y el rojo en franjas, combinación característica de la secta sakiapa. La enorme extensión del monasterio viene dada de que en realidad se trata de dos complejos monásticos, uno al norte y otro al sur. Al norte quedan mas de 180 capillas, la mayoría destruidas y que no visitamos. Al sur la fortaleza, defendida por elevados muros y cuatro atalayas guardan las esquinas del monasterio.

Una vez pasadas las murallas, la gran plaza de recepción que a través de un profundo y, aparentemente bien defendido túnel nos lleva al patio de reunión de los grandes maestros. Entramos en un edificio colindante donde tras pasar por la capilla de los Budas protectores, accedemos a una nueva capilla con preciosas figuras de Buda, en opinión de Norbu, mucho más humanas que las que se ven en los monasterios de Lhasa, “más dioses”.

Pasamos a otra sala, la sala de reuniones de los profesores rojos con enormes techos de gran altura. Las grandes figuras que cubren las paredes incluyen dos de los grandes maestros que fueron rojos y tres de ellos que fueron blancos. No es posible describir la magnitud de la sala y las estatuas. Por supuesto las fotos estaban prohibidas.

La siguiente sala es la sala de reuniones de los maestros blancos. Esta resulta una de las estancias más impresionantes, con techos elevados más allá de los 16 metros de altura. Sus enormes columnas talladas con árboles de diversas procedencias son famosas  y veneradas por todo el pueblo tibetano. Cuatro de las grandes columnas tienen sus propias leyendas. De uno de los árboles que la forman brotó sangre al ser tallado, otro lo trajeron desde la India yaks salvajes… En la misma sala y tras las imponentes figuras, multitud de escrituras originales.

Pero la auténtica sorpresa está en una sala que escondió hasta hace algunos años tras uno de sus muros una grandiosa colección de textos que fueron escondidos allí. Decenas de miles de sutras apilados en estanterías que recogen toda la historia del Tíbet y decenas de materias, no sólo religiosas. Una de las cosas más impresionantes de nuestras dos semanas de viaje en Tíbet. Una de las salas de mayor prestigio a nivel mundial, la biblioteca del monasterio de Sakya.

Recorrida la alargada biblioteca, salimos de nuevo a la sala de reuniones. Hubiera pagado lo que fuera por poder utilizar la cámara. Un maestro hace sonar una caracola de mar. La misma que quiso un monje y cuya leyenda oímos hace unos días. No la consiguió y se le contestó “algún día la tendrás en un monasterio mucho mayor que esté…”. Con la misma caracola, el maestro bendice a algunos de los peregrinos y fieles, incluido a Norbu que se acerca. Además tronos originales de los grandes maestros, entre otros, el del actual, que se encuentra en India.

Un lateral, con dos grandes estatuas de Buda. Uno de ellos coronado, la corona que le pidió ponerse Tsong Khapa para que permaneciera en Tíbet reinando. El Buda sin corona, viaja por todo el mundo. Increíbles las dos estatuas.

Salimos, totalmente asombrados por una de las salas de reuniones más bonitas que hemos disfrutado y pasamos a otra capilla junto al patio con estupas de los principales maestros de la orden. Las mayores y que representan los grandes hitos de la vida de Buda están apartadas y rodeadas por los murales originales con los mandalas más importantes para explicar la historia del budismo tibetano.

Deshacemos el camino, salimos al patio inicial y subimos a las murallas desde donde tomamos fotos del interior del monasterio y de los alrededores, tras recorrer toda la misma.

Casi dos horas se nos va en la visita. Al salir del monasterio, hora de comer. Allí mismo, comemos en el restaurante de las monjas del convento que al frente se alza en la colina. Un par de sopas de noodels y yak con Coca-Cola por 35 yuanes (4 €). Difícil plantearse volver a comer allí. Seguimos pensando que tal vez pagamos más que ellos, solo tal vez.

Bueno, seguimos hacia Shegar. Algunos kilómetros más adelante y habiendo recuperado la carretera de la Amistad, los paisajes se vuelven tierras fértiles llenas de campesinos afanados en recoger el cultivo. La escena se reproduce hasta el punto donde la calzada se bifurca, pidiendo tomar camino hacia el famoso monte Kaliash. Nosotros seguiremos recto. Aquí, un nuevo control de pasaportes y comenzamos a subir siguiendo el curso de un río serpenteante en la pronunciada garganta montañosa. Vemos algunas tiendas de pastores nómadas, pero ¿como pueden vivir aquí?.

Las montañas de van quedando desnudas a medida que ganamos altura. Van mostrando las cicatrices que dejan los torrentes de agua que buscan el fondo de la garganta. La temperatura se descuelga, aún así, el sol aprieta aún más, cuanto más cerca estamos. Llegamos hasta el paso de Gyatso La a 5200 msm. Allí comienza la reserva natural del Monte Everest, Qomalangma, “la madre del Universo” en tibetano. Bajamos del coche y nos hacemos un montón de fotos, en el cartel donde marca la altura, donde se nombra la reserva, con las banderas de oración y las cumbres nevadas al fondo… reconozco cierta ansiedad en el momento…

La entrada al parque nacional del Monte Everest

Y de nuevo hacia abajo. Y de nuevo espectaculares paisajes. Pastos que limpian los yaks y corderos lanudos, los únicos supervivientes junto algunos pocos héroes a este lugar. Un nuevo mirador donde queremos intuir el Everest. Norbu nos baja los pies al suelo, a este suelo de cinco mil metros de altitud y nos dice que hoy, algo nublado, no se ve. Una leyenda tallada en la roca recuerda que en la reserva natural de Monte Everest, hasta cinco picos superan los ochomil y diez los sietemil.

Son las seis de la tarde cuando llegamos a Shegar, más de nueve horas se llevó la emocionante jornada. Shegar, famoso por el conocido como Fuerte de Cristal y por servir de lugar donde pernoctar el día previo a acometer el campamento base. Para nosotros no hubo necesidad de ninguna visita más ese día…

Dormimos en el Shegar Rooftop the World Grand Hotel, un local con solo un año de construcción lo que garantiza las instalaciones. Buena habitación, limpia, amplia y con un restaurante con buenos comentarios en los foros.

Después de instalarnos, bajamos por la carretera y calle principal de Shegar. Creo que no fueron más allá de cinco minutos de paseo. Mucho tiene que crecer ese pueblo para llegar a ofrecer algún atractivo. Al menos en el hotel, ¡sirven cerveza y pizza! Bueno, eso creíamos, no tenían pan y no podían hacer pizzas ese día. Así que hartos de comida local, nos buscamos la vida con los restos de nuestras mochilas…

Dormiremos cruzando los dedos para que mañana amanezca el día más despejado de todo el año en el Tíbet…

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