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Éste es un viaje que llevaba tiempo rondando nuestras cabezas y lo decidimos a raíz de escuchar una conversación de nuestros hijos sobre la existencia de los Reyes Magos, Papa Noel y El Ratoncito Pérez.

Así que con el miedo del descubrimiento de la realidad y de perder esa magia que rodea la Navidad, nos aventuramos a buscar un viaje acorde a nuestras expectativas y días disponibles.

Preguntamos en diversas mayoristas, pero la que cuadraba por el itinerario, no cuadraba fechas, y el que cuadraba fechas, no cuadraba los precios. Después de leer mucho, Laponia finlandesa está más que explotada y nosotros buscábamos algo diferente, una experiencia única y llena de magia y acercándonos al último vestigio de naturaleza salvaje de toda Europa ¡Laponia Sueca!

El mejor viaje a la Laponia sueca con niños para conocer a Papa Noel

Buscando por foros de internet encontramos una página de unas jóvenes murcianas que se dedican a organizar viajes adaptados para familias: “Fabulist travel”. Un viaje en grupo, único y especial en un entorno envidiable. Al finalizar el viaje nos dimos cuenta de la gran elección que habíamos hecho.

Sabíamos que este viaje era una ocasión especial para compartir con nuestros hijos.

La Laponia Sueca es uno de los mejores lugares para vislumbrar las auroras boreares gracias a la ausencia de contaminación lumínica y a los vientos que empujan las nubes. Y ¿cómo no? También para conocer al auténtico Papa Noel, recorrer frondosos bosques en trineos tirados por perros y motos de nieve, hacer pesca en el hielo o conocer la fauna autóctona en primera persona: renos, alces, corzos, ciervos, lobos, zorros…

Cuando terminéis de leer nuestra entrada veréis como este viaje en grupo ha sido único y especial en un entorno envidiable. Porque conocer al bonachón más aclamado a nivel internacional desde un punto de vista tradicional pensando en todo momento en los niños era un sueño de pequeños y mayores.

Miércoles 5 de Diciembre: Vuelo y llegada a Skelleftea

Nuestra aventura comienza saliendo de casa con las maletas repletas de ropa térmica, botas de nieve y complementos de todos los modelos y colores para adentrarnos en Laponia y los -10º/-15º grados esperados, camino al aeropuerto de Valencia.

Días antes habíamos reservado un hueco en el parking cubierto de larga estancia del aeropuerto, desde el cual se accede directamente, a través de un túnel cubierto, a la zona de salidas del aeropuerto.

Nuestro vuelo no era un vuelo directo a Skelleftea (Laponia, Suecia), sino que había una escala en Estocolmo. Una escala con poco tiempo, el justo para recoger las maletas y vuelta a pasar por el control y tomar algo rápido de merendar.

A las 20 llegamos al aeropuerto de Skelleftea. Nuestro colaborador local nos recibió y nos trasladamos en autobús privado al hotel. La duración del trayecto fue de aproximadamente 20 minutos. Realizamos el check-in en Quality Hotel Skellefteå Stadshotell. Este Hotel se encuentra situado en el corazón de Skelleftea, cerca de todas las actividades de entretenimiento. Había sido recientemente reformado y tiene habitaciones con dimensiones de 16 a 23 metros cuadrados, incluyendo una habitación familiar para 2 adultos y 2 niños, todas ellas muy confortables y con una excelente iluminación, en la cual nos encontramos como en casa. Allí nos ofrecieron una bebida caliente, refrescos, sándwiches y algún snack.

Como sabréis por otras entradas de mis viajes, siempre me gusta viajar con lago de comida y mi inseparable calienta biberones que siempre nos saca de un apuro para calentar un vasito de leche para los niños; aunque en este viaje no nos hizo falta, ya en la habitación había un calentador de agua para una gran variedad de infusiones, el cual aprovechamos para hacer un chocolate para los chicos. Tras una ducha de agua calentita, nos fuimos a la cama agotados y con las imágenes de la nieve acumulada en los árboles, algo que para los niños era la primera vez.

Jueves 6 de Diciembre: Visitar a Santa Claus y safari en trineo tirado por motos de nieve

Aún no había amanecido cuando nuestro despertador nos levantaba, y no porque madrugásemos mucho, sino porque en aquel lugar amanecía a las 9 de la mañana. Nos pusimos ropa térmica y bajamos al desayuno del hotel tipo buffet escandinavo. Un desayuno variado con todo tipo de bollería y panes del cual salimos más que repletos.

En el salón del hotel nos esperaba la guía, italiana de nacionalidad, pero con la cual nos comunicábamos en inglés. Allí esperaban nuestros compañeros de viaje, 4 familias más con niños de las edades similares a nuestros hijos. El plan para hoy era visitar a Santa Claus y safari en trineo tirado por motos de nieve.

Subidos en las motos de nieve y listos para visitar a Papa Noel

Tras pasar lista, para comprobar que estamos todos, a las 9 de la mañana partimos en un autobús privado hacia Svansele. De camino a Svansele divisamos bosques subárticos, paisajes de tundra y pequeños pueblos encantadores cubiertos de nieve y ya adornados de todo tipo de artilugios y luces de Navidad. La duración del trayecto fue aproximadamente de una hora; una hora en la que los niños comenzaron a conocerse y a establecer relaciones que compartirían durante todo el viaje.

Al llegar al lugar de salida nos ofrecieron un café calentito y a los niños un chocolate con galletas típicas suecas para darnos la bienvenida. Es aquí donde nos entregaron la ropa contratada (monos, chaquetas, pantalones térmicos, las cuales iban incluidas en el precio del viaje menos las botas).

Cuando ya estábamos provistos de la ropa adecuada comenzó nuestra visita a Santa Claus. Los guías nos contaron una historia sobre los renos, para meternos en ambiente y tras ello salimos en trineo hacia la aldea escondida de Santa Claus. Eran trineos dirigidos por motos de nieve las cuales eran conducidas por los guías, y David y yo, con nuestro espíritu aventurero nos atrevimos a hacer el recorrido con una moto conducida por nosotros. Fue una sensación nueva y espectacular, aunque no os podéis ni imagina el frío que llegamos a pasar.

En medio del recorrido tuvimos la suerte de poder observar como una manada de renos cruzaba por delante de nosotros, imágenes que grabamos con nuestra GoPro HERO (comprada días antes de este viaje y para este viaje) que habíamos instalado previamente en el casco de la moto.

Anécdota: realizamos una parada a mitad de recorrido (fue aproximadamente de 90 minutos) para admirar la inmensa belleza de un lago helado. Pues cuando estábamos allí, mi hijo pequeño, de 5 años me dijo: ¿Mamá, puede alguien morir de frío?, a lo cual contesté: ¡Claro que si cariño!. Y seguidamente se encogió y me chilló: ¡Pues me estoy muriendo de frío!

Las fabulosas estampas del Ártico en Laponia

Tras experimentar la conducción de las motos de nieve, llegamos a la entrada de la cabaña de Santa Claus. Una cabaña en medio del bosque nevado donde encontramos a un Papá Noel muy gentil que nos invitó a entrar a su cabaña y refugiarnos del frío. Allí nos ofreció la típica sopa de Papá Noel que se compone de una sopa de verduras con carne y pan. A esto le añadió tan tostado al fuego con mantequilla, algo que gustó bastante a los niños. Gentilmente les regaló, haciendo un poco de show, unos peluches, unas linternas y a los adultos un trinchador, que hizo que los niños pasaran le rato entretenidos y jugando.

En la cabaña de Papa Noel

Tras unas fotos, volvimos a las motos para volver a deshacer el camino realizado y una vez en el punto de encuentro nos volvieron a ofrecer bebidas calientes y galletas típicas de la zona junto con alguna chuche para los niños. Cuando ya habíamos entrado en calor, realizamos una visita en un pequeño museo donde se cuenta la historia de los lugareños y la fauna autóctona de Laponia.

Cuando salimos ya había anochecido (a las 13:30 se pone el sol) y nos montamos en el autobús para volver a los Hoteles. Toda la jornada estuvo organizada por una agencia sueca de actividades, la cual podéis consultar sus servicios en www.svansele.se

Tengo que reconocer que este papa Noel no era el esperado, mas delgado y con una barba falsa que cantaba a impostor. Los niños no paraban de comentar la verdadera autenticidad así que los adultos nos inventamos una prueba: a lo largo del viaje serían muchos Papas Noeles impostores y nuestro objetivo sería encontrar la verdadero.

Los adultos aprovechamos para revisar nuestras cámaras y los niños para sentarse en los sillones provistos de mesa en el autobús para jugar al ajedrez.

La guía nos dejo en la puerta del hotel y programamos vernos a las 19 para ir a cenar. Teníamos mucho frío y decidimos preguntar en recepción por la entrada al Spa y nos dieron la tarjeta con la que podíamos bajar con provistos de gorro y bañador, y allí encontraríamos toallas en el vestuario. Cuando entrábamos el Spa contaba con dos saunas y vestuarios, diferenciados para hombres y mujeres y una zona central con el jacuzzi común. Cual sería nuestra sorpresa, cuando además de encontrar el calor después de una jornada de frío, encontramos un serpentin de cerveza donde podíamos servirnos ilimitadamente, ¡¡¡espectacular forma de entrar aun mas en calor!!! Otra experiencia más al bolsillo, disfrutar del calor del jacuzzi mientras degustas una buena cerveza sueca.

A las 19 estábamos ya vestidos y muy muy relajados para seguir disfrutando de nuestro viaje y la gastronomía sueca. Nos llevaron a unos de los restaurantes más típico de la zona, el complejo hotel-restaurante Stiftsgården. El restaurante está ubicado en una antigua casa de vicarios cerca de la antigua iglesia del país. Para esta, noche reservaron una zona del restaurante privada, exclusiva e íntima para todo el grupo, que se encontraba abajo, un hermoso sótano del siglo XVII, llamado la bodega Pehr, construida con techo abovedado en ladrillos hechos a mano. Aquí pudimos disfrutar de la cena en un ambiente atmosférico y único, con un entorno diferente.

La bodega de Pehr lleva el nombre del pastor de la iglesia Pehr Högström (1714-1784). Högström era pastor de la iglesia en la congregación, pero también presidente de la Real Academia de Ciencias. Por sacarle algún inconveniente a la noche, decir que era tipo buffet, pero la comida estaba a la subida de las escaleras, algo preocupante cuando juntas escaleras niños y comida, pero la noche terminó perfecta.

Al terminar y salir del restaurante intentamos ir a ver auroras boreales… pero el día estaba cerrado y los expertos nos dijeron que sería posible verlas. Volvimos al hotel, y tras una ducha nos relajamos en nuestras cómodas camas hasta el día siguiente a las 8, ya que habíamos quedado a las 9 y una hora para vestirnos y desayunar era más que suficiente.

Viernes 7 de Diciembre: Safari con trineos tirados por perros en Kåge. Tour con raquetas de nieve

A las 9, cuando el sol aún no había salido, ya estábamos preparados. A las 9:15 amanecía y se despertaba un día nevoso, donde los termómetros no subían de -10 grados. Tras el desayuno buffet escandinavo, nos equiparamos de la ropa adecuada para pasar una jornada blanca de frío bajo la nieve.

Nuestro autobús privado estaba preparado para trasladarnos a Kåge para realiza un safari con trineos tirados por perros.

Kåge es una pequeña localidad del municipio Skellefteå, ubicado a 14 km al norte de la ciudad de Skellefteå, en la desembocadura del río Kåge sobre la bahía de Botnia. El traslado desde el hotel era de 45 minutos que se alargó un poco por las condiciones meteorológicas de nieve y niebla. Al llegar y bajar del autobús, estábamos en un sitio encantador, un llano del bosque donde encontramos unas casitas encantadoras donde en su interior entrabas una acogedora fogata donde refugiarte del frio y la nieve; los perros huskies nos estaban esperando y la vernos comenzaron a ladrar impacientes, imagino, para darnos un paseo. Estuvimos un rato jugando con ellos y fotografiando el entorno. Los encargados del safari nos invitaron a entrar en la casa principal para invitarnos a una bebida caliente ya que no paraba de nevar y los termómetros alcanzaban -15º.

Una vez cambiados nos dirigimos al jardín donde nos esperaban los ansiosos perros. Al ver el trineo se abalanzaron sobre nosotros con unas ganas terribles de cabalgar sobre la nieve. Son una raza de perros muy inteligente y cariñosa. Me pasé un buen rato jugando con ellos hasta que llegó el turno de subirme al trineo y realizar unas vueltas por un extenso campo rodeado de árboles y cubierto de nieve.

El instructor lleva las riendas y tú te sientas en el mismo trineo y disfrutas del espectáculo. La velocidad que llegan a agarrar los perros es asombrosa. Los árboles se suceden vertiginosamente ante nuestra atónita mirada y el correteo de los huskies parece incansable.  Fue una sensación increíble.

Disfrutamos de sensacionales vueltas que duraron unos 15 minutos y pasaron más deprisa de lo esperábamos. Absolutamente todos quedamos fascinados.

La ruta con trineos tirados por perros en Laponia

Durante esta jornada una de las actividades era hacer nuestro propio agujero en el hielo e intentar pescar, algo que no fue posible. Nos comentaron los guías que este año había tardado en nevar, de hecho, comenzó a nevar la semana antes a nuestra llegada y ponernos sobre el río helado no era seguro porque la capa no contenía el grosor necesario para realiza la actividad. Ante esta adversidad los guías nos propusieron otra actividad, que consistía en realizar un tour con raquetas de nieve con guía. Experimentar la verdadera esencia del ártico en los bosques nórdicos. Una aventura con raquetas de nieve atravesando un paisaje nevado muy pintoresco. Algo que resultó ser una experiencia inigualable. Fue una hora y media en la que los guías nos iban contando curiosidades del bosque, de sus aldeas, de su forma de movilizarse en los meses invernales donde todo está nevado, la forma de conseguir alimentos en días nevosos y las curiosidades de sus habitantes. Mientras los adultos realizábamos el tour de raquetas los niños se quedaron con los monitores jugando alrededor de la fogata, trinchando nueves de chuches y calentándolas al fuego de la fogata junto con un chocolate caliente fue una actividad que los entretuvo mientras volvimos a la acogedora casa de campo.

Allí nos esperaba otra sorpresa más, la llegada inesperada de Papa Noel con un trineo tirado por un caballo de pelaje negro precioso.

El caballo del norte de Suecia es muy robusto, famoso por su longevidad y resistencia. Es de complexión fuerte y resistente a la mayoría de enfermedades equinas. Se emplea para todo tipo de trabajos de tiro, tanto en labores agrícolas como en el ejército. Se crían principalmente por su docilidad y su capacidad de trabajo.

La tarde culminó con un paseo por el bosque en el trineo de Papá Noel a los niños.

Al final de la tarde, volvimos en autobús privado a Skelleftea. Los niños aprovecharon para jugar unas partidas al ajedrez y ver un rato la tablet con los amiguitos.

Tiempo justo para una ducha y ponernos elegantes ya que hoy nos tocaba cenar en el mismo restaurante del día anterior, pero en vez de en el sótano-bodega, en los salones del restaurante Stiftsgarden, donde esa noche servían cena sueca típica de Navidad. Era tipo buffet donde cada tipo de comida se encontraba en una habitación diferente, es decir, en una entrantes, otra primeros y segundo y en otra los postes y la bebida te la servían en mesa.

Tras la cena, teníamos la ilusión de poder ver auroras boreales…pero esta noche tampoco había previsión y volvimos al hotel a descansar hasta el día siguiente a la misma hora.

Sábado 8 de Diciembre: Zoo “Djupark” en Lychesele y visita de la cabaña de Papa Noel

Al amanecer terminábamos nuestro desayuno buffet escandinavo y nos decidíamos a pasar un día de muchísimo frio y nieve en el zoo “Djupark” en Lychesele, un jardín zoológico ubicado en la ciudad de Lycksele, en el norte de Suecia. El zoológico fue fundado por Holger Lithner en 1959 y exhibe 25 especies de animales escandinavos. Algo que nos aconsejaron era asegurarnos de que no nos perdiéramos los tiempos de alimentación, ya que tenían un montón de diversión para ver comer a los animales y la lucha por la comida, sobre todo los lobos depredadores y las focas.

Los recintos están diseñados para parecerse lo más posible al hábitat natural de los animales. Aquí puedes encontrar muchos animales emocionantes como lobos, linces, bueyes almizcleros, osos, glotones y jabalíes. También hay especies más comunes como alces, corzos, renos y ciervos.

El zoológico se convierte en un zoológico navideño en el mes de diciembre, y allí estábamos nosotros para disfrutarlo. Definitivamente recomendamos visitar los animales en esta época del año. Están en su mejor momento en sus abrigos de invierno.

Los niños pueden disfrutar de su tiempo haciendo sus propias decoraciones navideñas en Pysselstugan y, por supuesto, también visitar al propio Santa Claus en su cabaña para ver cómo vive.

El día estaba nevoso y comenzamos a dar nuestro paseo (los cuenta pies nos dijeron que realizamos más de 10km) baja una gran nevada donde el frío no era nuestro mejor aliado, ya que el viento y la nieve algunas veces hacía difícil ver a los animales, aunque la búsqueda del animal escondido era un juego gratificante para los niños cuando lo encontraban.

En el zoológico de Laponia

El almuerzo lo realizamos en el restaurante del recinto del zoo, Djurparksrestaurangen. Como las veces anteriores también era tipo buffet donde encontramos por primera vez pasta, algo que los niños agradecieron repitiendo.

Tras llenar los estómagos nos esperaba la mejor atracción del día, o mejor dicho del viaje, conocer en persona al verdadero papá Noel.

Nos dirigieron por un camino el lateral del parque todo decorado con luces navideñas, y tras cruzar por un pequeño puente un lago helado, divisamos en la cima de la montaña una pequeña casa de madera y cuyo camino iba iluminado desde el puente hasta la misma puerta con lucecitas. Al llegar a la puerta la magia del momento nos envolvió a todos. Los más pequeños dudaban de si habíamos encontrado al verdadero, pero al entrar la guía ya se había encargado de la emoción del momento fuese inolvidables. El actor engañó perfectamente a todos los niños del grupo. En todo momento les hablaba en inglés y la guía se hacía de traductora en lo que su ingle no llegaba a entender. Les pregunto de donde venia, como se llamaban, sus edades y cuales eran sus deseosos regalos. Cuando Pablo, mi hijo mayor se acerco a Papá Noel para hacerle una foto, su mirada se iluminó y comenzó a decirme en voz baja: “MAMÁ, MAMÁ ÉSTE SÍ, ¡¡ÉSTE SÍ ES!! Como podéis imaginar en este momento habíamos logrado uno de los objetivos de este viaje, continuar con la magia de la Navidad.

En la cabaña del verdadero Papa Noel

Emocionados y agradecidos abandonamos la cabaña de Papá Noel y contentos nos dirigimos a nuestro autobús privado que nos dirigiría a nuestro hotel.

Antes de las 19 horas estábamos en el hotel y antes de ducharnos decidimos probar una cerveza típica sueca, una Eriksberg Original, una pilsner fabricada por Carlsberg en Suecia.

La cerveza Eriksberg Original es una cerveza rica y redondeada con un sabor a pan y a malta duradero, que equilibra el amargor al final, con aroma a pan con notas de hierbas, heno, pino y cítricos.

Tras una ducha rápida la guía nos esperaba en la recepción del hotel para dirigirnos a cenar a un local de moda del pueblo, al Bryggargatan Restaurang & Bar. Se encontraba a 5 minutos caminando que se hicieron algo largos ya que lloviznaba y el hielo de la nieve se deshacía a nuestro paso. El lugar de este restaurante es estratégico con unas vistas encantadora al rio Skellefteå, pero la noche estaba cerrada y no las pudimos disfrutar con claridad. El restaurante presta una imagen nueva, fresca, con nuevas ideas y experiencias gastronómicas de muy altos estándares, algo que los lugareños añoraban en la zona. Destacar de su carta el salmón que estaba delicioso. Durante la cena degustamos 2 tipos distintos de cerveza, ambas suecas regionales. Una “Backens Brrggeri Skelleftea Lager” una cerveza local que se siente ligera, saludable y con un tono a miel débil. Se sirve a 8-10º. Posee 4,7% de alcohol. Su sabor afrutado con toques de pan, albaricoque, almíbar ligero la hacen muy placentera al paladar.

La otra fue una “Kallholm Bryggeri Levander Larger Skelleftea” también una cerveza local con sabor a malta con toque de miel. Albaricoque y piel de naranja. También se recomienza servir entre 8-10º y como acompañante de platos de carne de cerdo, cordero y ternera. Posee un nivel del alcohol de 4,7% y reconocer que nos gustó mucho.

Tras un servicio excelente terminamos la cena y volvimos tranquilamente hacia el hotel.

Ésta era nuestra ultima noche, así que aprovechamos para hacer las maletas y dejarlo todo preparado para no perder ni un segundo la mañana siguiente.

Domingo 9 de Diciembre: Mercado navideño y museo de la ciudad

Como días anteriores tras levantarnos y vestirnos bajamos al restaurante a por nuestro desayuno buffet escandinavo. Tras terminar subimos a la habitación y dejamos las maletas recogidas y dejamos las maletas en la consigna del hotel teniendo en cuenta de dejar a mano una muda para cambiarnos antes de irnos al aeropuerto ya que la mañana la pasaríamos visitando el mercado navideño de la ciudad y recordad que hoy había amanecido el día lluvioso y con temperaturas de -5º.

Salimos caminando y la guía nos llevó a la zona del mercado, pero como llovía y el hielo derretido hacia un poco desagradable la visita, optamos por entrar al museo de la cuidad y pasar un par de horas hasta que dejase de llover.

El edificio principal del museo de Skellefteå es una casa construida en el estilo sueco de mansión de 1916. El edificio contiene el museo, galería de arte, el museo Anna Nordlander Art Gallery y la colección de Meijer. En su interior hay también una bonita cafetería. El museo es gratis.

El museo presenta la historia de la ciudad y ofrece un montón de bonitos artefactos, así como reconstrucciones de varios edificios. La exposición arqueológica es bastante amplia desde la Edad de Piedra hasta la actualidad.

Cuando lo visitamos estaba expuesta una exposición de ciencias algo que entretuvo durante horas a los niños y no tan niños construyendo presas, juego de electricidad…

Museo Anna Nordlander Art Gallery

Cuando dejó de llover salimos a visitar el mercado de navidad el cual no tenía mucho encanto porque íbamos más pendientes de no resbalar y terminar en el suelo que en disfrutar de la magia de estos mercados encierran. Tuvimos el tiempo justo de hacernos con unos souvenirs y volver al hotel, donde nos recogería el autobús para llevarnos al aeropuerto.

El aeropuerto de Skellefteå es muy pequeño con una sola sala de espera donde había una cafetería/restaurante donde nos tomamos unas hamburguesas y unos cafés, ya que el día sería muy largo todavía. Tras una escala de 30minutos (lo suficiente para comprar unos cuantos más souvenirs) en Estocolmo, cogimos rumbo a el aeropuerto de Valencia donde terminaría nuestro gran viaje. Decir que este vuelo llevaba incluida la cena, algo que agradecimos porque en la escala no nos dio tiempo a comer nada.

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Nuestras fotos del viaje a Laponia

1 Comentario
  1. Me imagino la emoción que debe sentir un peque de la edad e ilusiones de los tuyos al plantarse delante de un personaje de “tal envergadura”. Más que seguro de que lo disfrutó toda la familia. ¡Gracias por compartirlo con todos nosotros!

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