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Si bien teníamos preparados 15 días de viaje por libre en República Dominicana, una parte del grupo tan solo disfrutaría de la primera semana. Cuestiones de agenda… Así que planteamos esos primeros siete días para tratar de conocer lo mejor de Dominicana, sobre todo disfrutar al máximo de la península de Samaná. Y es que tras aterrizar en Punta Cana, saldríamos aquella misma tarde de sábado desde el aeropuerto hacia Bayahibe en coche de alquiler. Tras recuperarnos del sueño en la pequeña ciudad tomaríamos rumbo hacia Santo Domingo al día siguiente. En el camino, alguna buena playa en la Romana nos valdría como debut y comenzar a hacernos con el ritmo dominicano. Una noche y un día completo para conocer Santo Domingo y rumbo a las Terrenas donde disfrutar de las mejores playas y excursiones en Samaná como la ruta hasta la cascada de el Limón o el día en el parque nacional de los Haitises. Cuatro días y cinco noches en la península de Samaná antes de regresar el sábado siguiente hacia Punta Cana para la vuelta. Bueno, todos no regresábamos, como digo. Para unos cuantos todavía quedaba una semana más en el interior y el extremo oeste del Caribe dominicano, pero eso es otra historia.

Nuestros post del Road Trip en República Dominicana por libre

Recorrido y escalas de dos semanas en República Dominicana

Lo mejor de La Romana, Santo Domingo y la Península de Samaná

Lo mejor de una semana de viaje a República Dominicana

Primer día de viaje en Dominicana. Punta Cana-Bayahibe (75 km)

Algo más de ocho horas de vuelo y aterrizábamos por fin en República Dominicana. El ajuste horario de seis horas propició que a pesar de salir a las dos de la tarde de Madrid, llegáramos a las cinco de la misma tarde a Punta Cana. Pero pronto abandonaríamos el archiconocido destino de pulsera y todo incluido. No era nuestro objetivo y para nosotros resultaba más atractivo plantear el viaje por libre a República Dominicana y así lo habíamos hecho.

Una vez aterrizados y pasados los trámites de entrada en el país, solo hubo que presentar el pasaporte y la tarjeta de entrada rellenada en el avión, aceleramos el paso en busca de nuestros coches de alquiler. En estos primeros momentos es cuando ya empiezas a notar dos cosas intrínsecamente dominicanas: el calor puede ser muy húmedo y sofocante; y el ritmo caribeño te aconseja armarte de paciencia en el minuto cero.

Alquilar un coche para recorrer República Dominicana era la mejor opción y veníamos con los deberes y las reservas hechas. Como explicamos en el post sobre cómo preparar un viaje a República Dominicana por libre, elegimos Sixt para el alquiler. Dos grandes todoterrenos, un Mitsubishi Outlander y un Mitsubishi Nativa servirían para los once aquella semana de viaje. El galimatías que suponía conseguir reducir la franquicia del seguro a cero en la web, lo resolvimos allí mismo. Finalmente pagamos un total de 1300 $ por el Outlander de cinco plazas para dos semanas con conductor adicional y seguro con cobertura total sin franquicia. Además hay que abonar 300 $ como depósito reembolsable. Para él Nativa de siete plazas (que la compañía modificó por un Montero), por una semana y sin conductor adicional, en iguales condiciones de seguro, 860 $.

Las siete de la tarde y rumbo a Bayahibe. Por delante 75 km, una hora de carretera y la confirmación de que conducir de noche es muy peligroso. Pero mucho mucho. En tan solo ese corto tramo tuvimos un par de ocasiones de sufrir un accidente importante. La principal causa, la muy escasa luminosidad de las carreteras. Nuestro destino, los apartamentos Los Flamencos Beach Club. En el camino, una buena autovía de dos carriles, un par de peajes y sobre 160 pesos (3 €). A pesar del evidente peligro, para las ocho por fin conseguíamos hacer el check in. Y aunque eran las dos de la madrugada, hora española, nos lanzamos a cenar. Por suerte en el aparthotel no había nadie y no tuvieron problema en darnos de comer. Eso si, no había que tener prisa… (10 € por persona y un buen rato de espera). Nuestras primeras Presidente y a descansar a eso de las 11, cuando eran las cinco de la madrugada en España…

Segundo día de viaje en Dominicana. Bayahibe-Santo Domingo (123 km)

Para hoy recorreremos la distancia que separa Bayahibe de Santo Domingo en la región de la Romana y cruzaremos por algunas buenas playas donde tomar contacto con el Caribe. Nada programado y todo el día por delante. Trataríamos de llegar con luz de día a la capital. Después de la experiencia conduciendo la noche anterior, no queríamos entrar en la ciudad de noche.

La excursión más clásica en Bayahibe es embarcarse en un catamarán u otro tipo de embarcación rodeado de varias decenas de turistas y navegar hasta la isla Saona. Saona ofrece playas de arena blanca rodeados de palmeras, pero llegar suponía un monto de unos 50 $ por persona y lo peor, prometía una masificación de la que pretendíamos huir. Además, esas playas de arena blanca y esas palmeras se iban a cruzar en más de una ocasión en nuestro camino y los 50 $ bien valdrían para un homenaje en un restaurante más adelante. Definitivamente, Saona tendría que esperar mejor ocasión.

Las seis de la mañana y todavía amaneciendo cuando los relojes biológicos se ponen en marcha. Nos prepararemos para desayunar y salir. Por cinco euros cada uno el desayuno junto a la piscina fue completísimo: cafés, tortillas, sándwichs, frutas, jugos… ¡perfecto! Lo único malo, la hora que se llevo, pero ¿quien tiene prisa de vacaciones en República Dominicana? Por cierto contratar el desayuno en la web de Booking exigía 10 $ pp…

Nuestro primer desayuno dominicano, en Bayahibe

Playa Dominicus de Bayahibe

Para las nueve salimos a visitar la playa de Dominicus, la más cercana al hotel. 1500 metros de arenas blancas, aguas cristalinas y enormes cocoteros. Es la alternativa perfecta a Saona si te alojas en la pequeña población pesquera de Bayahibe. Lo cierto y verdad es que la pesca se ha ido abandonando y aquellos marineros hoy se dedican al turismo. Muy cerca hay buenos arrecifes coralinos donde practicar esnorquel. La playa nos pareció perfecta y eso “que era de las regulares” según los foros. Al frente veíamos pasar los catamaranes en procesión hacia la isla. En un extremo la parte privada donde hay algún pequeño resort. Caminamos hacia el fotogénico faro de uno de ellos. La intención tomar una buena cerveza disfrutando de este paraíso, pero la decepción llega en forma de negativa: “solo para clientes del hotel”. Siempre hay un plan B y, como no, en otra esquina de la misma playa encontramos lugar donde refrescar el gaznate. La Presidente pequeña (355 ml) por 130 pesos, la grande (650 ml) 170 pesos. Sobre 2-3 € tienen la culpa de ese momentazo.

Playa Dominicus en Bayahibe

Las otras playas de la zona y que quedan englobadas todas ellas en el parque nacional del Este, son: La playa de Bayahibe, playa Palmita, playa Minitas, playa Caleta e isla Catalina. En Bayahibe para los aficionados al buceo merece la pena la inmersión al barco Saint George hundido a 35 metros de profundidad en 1999 para preservar la flora y fauna marina de la zona. Pero nosotros no éramos de arriesgar bajo el agua y continuamos en busca de otra playa donde parar. La elegida de todas ellas playa Minitas, a 29 km. Antes de llegar haremos una pequeña parada en una oficina de cambio de Bayahibe. El cambio, similar al oficial: 52.50 por dólar y 57.50 por euro.

Las mejores playas en La Romana, de camino a Santo Domingo desde Punta Cana

Playa de la Caleta en la Romana

Una media hora más tarde estamos en el complejo de la Casa de Campo, la entrada a Minitas y parece que toca pagar para ingresar en la playa. Estando La Caleta más adelante, nos la saltamos y aparcamos en playa Caleta. Esta si que es auténtica, repleta de dominicanos disfrutando del domingo y con pequeños locales frente al mar con la música bachatera a todo trapo. Un baño en una de las playas moderadamente sencillas para ello, hay que ver la diferencia entre estos muchachos y nosotros al pisar las piedras de la orilla que llevan al baño… y nos quedamos a comer allí mismo.

El local, con el prometedor nombre de La Grasa, se encuentra literalmente en la playa. Pero lo del volumen de la música es realmente alarmante y optamos por otro. El que menos dañará nuestros tímpanos y en el que finalmente comemos: La Entradita. Carnes, pescados y mariscos, la media de los platos entre 600 y 900 pesos (10-18 €). La cuenta al final 13 € por persona.

La Presidente, ¡bien fría!

Son algo más de las tres cuando salimos hacia Santo Domingo. 111 kilómetros que queremos tomar pronto, es domingo y parece que la entrada por la tarde se colapsa. Finalmente llegamos con algo menos de dos horas a nuestro destino. El tráfico es mucho más denso desde luego. El Hotel Colonial es donde dormiremos. Muy bien situado en pleno casco histórico. Se trata de una casona colonial restaurada con bonitas habitaciones que dan a un patio interior con una pequeña piscina. La doble costará 114 € una vez cargados los impuestos (132 € la triple).

Check in, ducha y primer contacto con Santo Domingo. Antes de salir, nos aconsejan meter el coche en un “parqueo” vigilado y a unos 200 metros del hotel. Su precio 15 pesos por hora.

Para la noche nos hemos hecho con tres buenas recomendaciones para cenar: el restaurante Pat’e Palo (tal vez el más caro de los tres), el restaurante Jalao (buen ambiente y música en directo) y el restaurante Buche Perico. Recomendaciones de dominicanos que conocen bien la capital. Habrá que decantarse por uno…

Optamos tras el paseo por llegar a la animada plaza España y probablemente por el más caro de los tres, el Pat’e Palo. Un edificio de 1505 y que pudo ser la primera taberna de América bien valía la pena. Antes, una cerveza en uno de los bonitos locales que completan una de los laterales de la plaza. No se puede negar que hayan sabido recuperar estos edificios en elegantes bares y restaurantes, probablemente lo más de lo más en la capital. Enfrente, el Alcázar de Colon. Bueno, a lo que vamos, no tan caro y desde luego por el tamaño de los platos con productos y elaboración más que merecedora de su precio. Si a eso le unes un buen servicio y pagas por persona, tampoco fue ¡ni tan mal! 25 € por persona.

Con esto y siendo de nuevo las cinco de la mañana en nuestras cabezas… nos fuimos a dormir.

La primera taberna del nuevo mundo

Tercer día de viaje en Dominicana. Santo Domingo-Samaná (156 km)

Aprovechamos aquella mañana para visitar lo mejor del viejo Santo Domingo, lo que queda de la ciudad colonial fundada por los españoles hace más de 500 años. Declarada patrimonio de la humanidad en 1990 constituye la primera ciudad colonial construida en el nuevo mundo. Desde el hotel, caminamos por la calle Conde y una vez en la plaza Colón y un buen espreso en el antiguo café Conde nos pusimos en marcha. La calle, peatonal, une la plaza de la Independencia con plaza Colón, dos de las visitas importantes en Santo Domingo.

Lo mejor de Santo Domingo

La catedral Primada de Santo Domingo, dedicada a Santa María de la Encarnación y declarada en 1546 la primera catedral del nuevo mundo. Su exterior muestra un estilo gótico. La fachada posee tres puertas, siendo la principal la puerta norte gótica hacia plaza Colón. La puerta sur o de Geraldini también gótica se conoce como la puerta del Perdón porque, antiguamente, cuando los políticos perseguidos la cruzaban eran automáticamente perdonados. La puerta Mayor es de estilo plateresco y da a un pequeño atrio que durante la época haitiana funcionó como mercado. En la parte superior de la fachada se puede observar el escudo de Carlos V. En el interior existen numerosas obras de arte, lápidas arzobispales y ricos ornamentos de la época colonial. Pese a que su construcción fue iniciada por orden de don Diego Colón en 1514 no fue terminada hasta 1540. En una de sus 14 capillas interiores se mantuvieron los restos de Colon hasta 1992 en que se trasladaron al faro de Colon, ¿o no?. Nunca he llegado a tener claro dónde descansan los restos del pobre hombre. Junto al altar, el retablo de la Reliquia de 1615, una impresionante talla de arte religioso colombiano realizada en caoba, dorada y policromada. La catedral permanece abierta para la visita entre las las 9 y las 16:30. El precio 50 pesos (1 €). Con audioguía cuesta 70 pesos.

Catedral Primada de Santo Domingo

La catedral se abre a la plaza Colón llamada así siglos más tarde de su construcción, pues originariamente fue denominada plaza Mayor de Santo Domingo. Aquí se levantaron las primeras viviendas coloniales en el continente y hoy, además de la catedral queda en pie el antiguo ayuntamiento. En el centro destaca la escultura de Cristóbal Colón en su clásica postura en la que el índice apunta al norte.

Tras la catedral la plazoleta Padre Billini, filántropo y educador que fundó la primera casa de beneficencia. En una de las esquinas la casa de Tostado, residencia de una familia acomodada de la época. Seguimos y damos con el conocido callejón del Cura por el que se accede a la puerta trasera de la catedral.

Desde aquí salimos hacia la calle de las Damas con algunas de las casas coloniales más importantes de la época que todavía se conservan. Casas de piedra como la casa de Rodrigo de Bastidas o la casa del León. La calle fue la primera trazada en Santo Domingo y el lugar por dónde paseaba doña María de Toledo junto a las damas de su corte. La esposa, nieta e hija de los duques De Alba fue la esposa de Diego Colon y la primera figura de la nobleza española en llegar a las Américas. Toda una figura de la época. En un extremo la Fortaleza.

-La Fortaleza Ozama, construida en la desembocadura del río como fortificación militar entre 1502 y 1507 para defender la ciudad de los continuos ataques piratas. En el conjunto de aspecto medieval destaca la Torre del Homenaje, imponente con sus 18 metros de altura, y desde donde se alertaba de los estos peligros. Hoy día en la atalaya ondea la bandera dominicana. El polvorín de planta cuadrada se construyó en el siglo XVIII con muros de tres metros de espesor. Además la fortificación cuenta con dos plataformas de tiro para la defensa. Es lunes y no pudimos visitarla por ser día de mantenimiento. Muchos de los edificios principales cierran los lunes por este motivo.

Fortaleza Ozama, la primera construida en América

La calle de las Damas nos lleva hacia el siguiente punto importante de la capital, la plaza de España y el Alcázar. Antes, el panteón de la Patria, antigua iglesia de la Compañía de Jesús y hoy día completamente dedicada a la independencia del país.

El Alcázar de Colon, primer palacio fortificado del nuevo mundo, fue mandado construir como palacio virreinal de Don Diego Colon, hijo de Colon y levantado cerca de los farallones. En su construcción se utilizaron básicamente rocas coralinas, contando tras ser finalizado con 55 estancias y un total de 72 puertas y ventanas que han sido testigo de las reuniones más importantes por parte de conquistadores como Cortés, Velázquez o Balboa. Durante muchos años funcionó como hogar de la familia Colón de Toledo, quedando hoy día como museo.

El Alcázar se abre a la animada plaza de España como digo, donde luce la estatua del fundador de la ciudad Nicolás de Ovando. Justo aquí fue donde cenamos anoche y comprobamos el atractivo de la zona y los restaurantes que hoy se asientan en la zona. Más allá la calle Atarazana, los antiguos almacenes reales del siglo XVI también dedicados hoy día a espacios de ocio.

Volvemos por calle Mercedes y pasamos frente a los restos de la Iglesia y monasterio de San Francisco de Asis, la que fuera la primera orden religiosa en llegar a América, en 1493, las ruinas del hospital de San Nicolás de Bari y la iglesia de la Merced antes de volver. Fueron tres horas con su cafetito y buenas paradas.

Si buscas información sobre horarios de museos, iglesias, rutas diferentes y eventos: www.guiazonacolonialrd.com

El Alcázar de Colón en Santo Domingo

Con este buen paseo de mañana ya teníamos visitado llo más importante de Santo Domingo. La mejor opción antes de emprender el camino al norte de la isla, sería comer en la capital. Le habíamos echado el ojo a un local, el restaurante La Briciola, así que hacia allí nos dirigimos. Italiano y con una buena carta. La pasta con productos del mar 100% recomendable. El precio 25 € por persona.

Sacamos el coche de nuestro “parqueo” donde quedó a buen recaudo durante la noche. Pagamos 225 pesos (unos 4 €) por vehículo y las 12 horas que lo tuvimos. Ponemos definitivamente rumbo a las Terrenas en Samaná a las tres de la tarde.

La autovía entre Santo Domingo y las Terrenas

La primera hora de camino es una auténtica locura en la que avanzamos muy despacio. Unos 20 km en los que salir de la ciudad se convierte en toda una suerte, al menos el conseguir hacerlo sin ningún roce en el coche. No creo que vaya más allá de algún pequeño golpe en el coche o revolcón de una moto, la velocidad con la que salimos de allí no parece que pueda ser causante de males mayores. Lo conseguimos por fin y enlazamos con la autopista del nordeste. Existe una opción gratuita pero elegimos esta en la que hay que pagar los peajes. Solo un carril por sentido pero en buen estado y con poco tráfico. La suma de los peajes que atravesamos supone 1017 pesos (196+250+571), la friolera de 17 € para este país.

Para las seis y media llegábamos a las Terrenas, en la península de Samaná. Unas tres horas y media desde Santo Domingo. Allí es donde habíamos elegido nuestro pequeño capricho del viaje: una villa privada con capacidad para 16 personas, la Casa de Luz. Ocho habitaciones, nueve baños, jacuzzi, piscina privada… y a escasos 200 metros de la playa de Coson. Pagamos 3500 dólares para pasar las siguientes cinco noches allí y teníamos la intención de amortizarlos a base de buenas horas de ocio y disfrute. El precio incluía el mantenimiento y limpieza. Había que contar con un gasto extra por el consumidor eléctrico que al final no se cobró. La realidad es que salvo que estén los aires acondicionados a todo trapo, el consumo es muy bajo y no lo cargaron. No hizo falta enchufar el aire.

La casa cuenta con lavavajillas, barbacoa, un enorme salón, salita con televisión y DVD, equipo de música, menaje de todo tipo… La empresa nos ofreció la posibilidad de servicio de comidas (100 $ para el grupo por día, desayuno, comida y cena), pero por 20 $ nos hicimos con el mismo servicio de una persona de la zona. Nada como tener amigos en cualquier lugar. Y cuando llegamos, cruzamos el recinto de seguridad y por fin accedimos… ¡BRUTAL! ¡Una auténtica maravilla!

Nos instalamos, abrimos unas botellas de vino, pedimos unas pizzas por el Glovo dominicano (Komida) y… disfrutamos.

Cuarto día de viaje en Dominicana. Península de Samaná. El paraíso de playa Cosón

¡Día de cumpleaños! Y el primero de los que teníamos íntegramente dedicado a “no hacer nada”. Nada que no fuera playa, piscina, comer y beber. Para esto habíamos llegado a este rinconcito de la isla y ese era el plan. Nos salió perfecto… ¡Gracias por tan buena fiesta de cumpleaños!

Quinto día de viaje en Dominicana. Península de Samaná. El salto de El Limón

Para hoy y después del magnífico día de relax de ayer teníamos previsto la excursión a la cascada del Limón. Algo de movimiento no vendría mal y la península tiene algún rincón interesante en el interior como este salto de agua.

El Salto del Limón

Nada más y nada menos que una cascada de 40 metros de altura que cae sobre una piscina natural. El salto ocupa un área protegida de 18 km2 situada a 300 msm, un bosque húmedo semi tropical que forma el Arroyo Chico antes de desembarcar al río Limón. Y es que la sierra de Samaná es una de las zonas más lluviosas del país. Además de su gran importancia ecológica, en la zona protegida se encuentran petroglifos de la antigua cultura taína.

Desde las Terrenas conducimos los 20 km que nos separan de la población de Limón, menos de 30 minutos. Hay cuatro senderos posibles. Nosotros elegimos el Café, más bien nos eligieron ellos, los caza turistas que andaban por la carretera buscando. Es increíble como nos localizaron, ellos a la sombra de cualquier árbol junto a la carretera y sentados sobre la moto. Nosotros circulando por la carretera en un coche con los cristales tintadísimos… y aún así, nos vieron y persiguieron haciendo aspavientos hasta donde quisieron.

Una vez dejamos el coche en el parqueo que nos indicaron negociamos la caminata. Es “obligatorio” hacerla con guía y no debe llevar más de 45 minutos caminando (2.4 km). Lo de llevar guía es una manera de que los locales saquen algo de dinero. No se me ocurre que nadie se haya perdido siguiendo el sendero. En caso de que el camino no esté muy embarrado creemos que es preferible hacerlo a pie. La otra opción, a caballo, puede ser menos cansada y permite sortear los pasos del río sin mojarse pero realmente no es tan necesaria como tratan de venderte. Durante el camino cruzar alguno de los tramos del río exige mojarse más o menos hasta la altura de las rodillas, ningún grave problema. Tras negociar algo el precio inicial que pedían, conseguimos por un monto total de 3000 pesos la ruta guiada para el grupo. Eso suponían unos 5 € por persona, con el parking de los dos coches y la entrada. Por supuesto también la guía.

Lo necesario: sandalias de treking que se sequen rápido, agua (que venden el el mismo lugar donde aparcamos), repelente de mosquitos y ropa de baño.

Siguiendo el sendero de El Café hasta el Salto de El Limón en Samaná

El tomar el sendero de el Café permitirá la vista desde arriba de el salto. Los otros tres senderos te llevan a la parte baja donde tomar el baño sin disfrutar de estas vistas. Una vez arriba, hay que bajar para bañarse en la poza. Como dicen las guías, aguas realmente cristalinas. Y efectivamente, unos 45 minutos son los que nos llevan hasta el mirador. Un lugar donde los turistas que llegan a caballo abandonan sus animales para bajar a pie. Aquí arriba un pequeño bar sirve bebidas y comidas.

300 escalones para bajar hasta la poza que forma el salto y un merecido baño. A mitad camino se puede parar igualmente en unas cascadas más pequeñas. Llegar hasta aquí sin duda merece la pena.

Con la vuelta y un buen rato de baño, la ruta se llevó dos horas y media. Dificultad media y creemos que apta para todos los estados de forma.

Como llegar a el Salto de el Limón en la Península de Samaná

Playa Moron de Samaná

La una y salimos a playa Moron, dicen los del lugar que es la más bonita de la península. Desde la salida del salto unos 7 km. El camino es infernal y no es nada aconsejable circular con un vehículo normal. Nuestros 4×4 consiguen llegar a duras penas esquivando los boquetes del asfalto. La playa es francamente bonita y el pero, además del camino, es que no hay ningún lugar donde comer. El único restaurante en uno de los extremos es privado para clientes del condominio y aunque unos muchachos se ofrecen a cocinarnos pescado fresco del otro lado de la playa, no terminan de convencernos.

Finalmente emprendemos vuelta hacia las Terrenas y terminamos por comer en la playa del pueblo. Elegimos el restaurante La Yuca Caliente, justo en la playa y al lado de donde compramos ayer la langosta para la cena. ¡Ah! Que no os habíamos dicho que cenamos langosta… Para mi, el restaurante resultó caro y tal vez no tan bueno. Para muchos de el resto, caro pero bastante bueno (30 € cada uno, muchos de estos euros en cerveza).

Cae la tarde y vuelta a nuestro paraíso en Villa La Luz. Solo quedó tiempo para un baño en el jacuzzi, aprender a hacer piña colada y sentarse a cenar. Menuda vida da esto del turismo.

Sexto día de viaje en Dominicana. Península de Samaná. PN de los Haitises y Cayo Levantado

La segunda de las jornadas previstas a visitar lo mejor de Samaná, en este caso le tocaba el turno al parque nacional de los Haitises y la isla de Cayo Levantado. Una excursión que teníamos claro ocuparía todo el día y mejor aprovecharlo desde temprano.

El PN de los Haitises y Cayo Levantado

Haitises significa tierra alta o de montañas, y el nombre le viene dado por los numerosos mogotes, aquellos promontorios montañosos de escasa altitud (30-40 metros) cargados de vegetación. En la cara sur de la bahía de Samaná, es uno de los parques más impresionantes del país y al que accederemos desde la península cruzando la propia bahía. El otro punto de acceso, al sur se encuentra en Sabana de la Mar. Con sus 631 km2 constituye el refugio de la mitad de las aves que viven en el país.

Salíamos a las siete y media en dirección a la población de Samaná, en el extremo sur de la península y desde donde salían las excursiones. Llegábamos sin nada contratado, con bastante leído y con la idea de negociar un buen precio para el grupo allí. 50 km y unos 45 minutos fue lo que consumimos en llegar. Una vez cruzado el pueblo y el lugar de parar en la marina de donde salen los botes turísticos seguimos unos pocos kilómetros por la costa. Tras Cayo Lirio, una pequeña población, localizamos “el Kiosko”, un lugar junto a la carretera donde varios jóvenes te ofrecen sus embarcaciones.

El negocio comenzó el 1300 pesos por persona, cantidad que rebajamos a 1100 (20 € aproximadamente). Navegaríamos hasta el parque nacional, visitaríamos las cuevas taínas, los mogotes y los manglares antes de dirigirlos a Cayo Levantado. Tras el tiempo que decidiéramos para comer y disfrutar de la isla volveríamos al punto de origen. Desde allí vimos partir muchos locales en botes hacia estos destinos. La misma excursión costaba unos 60 $ desde la pequeña ciudad de Samaná, por lo que ahorrábamos merecía la pena llegar aquí.

Saliendo en barca hacia en PN de los Haitises

Para contratar una excursión que te lleve al PN de los Haitises y Cayo Levantado, merece la pena cruzar Samaná y conducir unos 5 km más hasta “el Kiosko”. Ahorraras unos 40 $ Clic para tuitear

Nueve de la mañana y ¡comienza la aventura! La barca, “yolas” es como las conocen aquí, nos lleva a toda prisa al extremo sur de la bahía dónde se encuentran los Haitises. Sobre 45 minutos nos costó cruzar la bahía. El mar está tranquilo hoy y permite hacerlo rápido.

La primera parada en la cueva de San Gabriel donde al igual que en otras se pueden encontrar pinturas con petroglifos de la cultura taína. La entrada nos cuesta 100 pesos. Sin llegar a ser la octava maravilla natural del mundo, tiene su que y al menos nos reímos un buen rato con un guía dominicano que da sus explicaciones en alemán caribeño a un grupo de germanos… Nuestro “guía” andaba más bien escaso de argumentos en sus explicaciones.

Seguimos navegando y entramos en una zona que permite acercarse a los manglares. Bajamos de nuevo del bote y entramos en la cueva de La Línea. En esta si vemos algunas de las viejas pinturas y en general nos gusta más. Son sencillas de acceder y no exige adentrarse demasiado. Con el tiempo y los viajes confieso que le hemos cogido algo de manía a las cuevas naturales…

Visitando las cuevas y manglares del PN de los Haitises

La barca nos lleva a nuestra próxima parada: Los Pilotillos. Lo que queda de los postes que trajeron el ferrocarril hasta aquí desde Santo Domingo. Hoy sirve de lugar de reposo para gaviotas y pelícanos. Seguimos paralelo a la costa y el parque cuando nos tropezamos con un grupo de delfines. Especial. De Enero a Marzo la bahía es famosa pues es el lugar donde acuden a refugiarse los grandes grupos de ballenas jorobadas del Atlántico norte. Más de 6000 de estos grandes mamíferos vuelven cada año. Es uno de los reclamos turísticos más potentes de la región. Tras unas dos horas de visita al PN de los Haitises ponemos rumbo a Cayo Levantado. Llegar, otros 30 minutos.

Cayo Levantado también conocida como isla Bacardi se encuentra a tres kilómetros de la costa de Samaná. En una de sus playas se rodó el famoso anuncio del trago de ron junto a la palmera. En España también resulta famosa por ser el lugar donde vivieron “los desocupados” de la primera edición de Supervivientes. Salomón, nuestro guía de hoy, alardea constantemente de que llevó en más de una ocasión en su barca a Paula Vázquez… Poco antes del mediodía desembarcamos en la isla.

Y a partir de ahí el entorno es un auténtico paraíso, mucho más en temporada baja como estamos. Como siempre un pero, nada más poner el pie en tierra, comienzan a atosigarnos tratando de vendernos, cocktails, bebidas, la comida, la foto con el loro, la explicación con la estrella de mar, que “ellos saben que no mueren al sacar del agua…” algo apabullante. Y tras dar vueltas y vueltas y mucho pelearlo, incluso valorando la opción de comer a la vuelta… sacamos el menú con pescado y cervezas por 550 pesos (10 € por persona). No fue tan fácil arreglar la cuenta al final y nos cargaron un 10% de servicio. Para hacerse una idea la piña colada por 5 €, un robo a mano armada en este país. Bueno, no hemos venido a sufrir y es cuestión de contemporizar y contar hasta 10.

Tratando de disfrutar de la buena vida en Cayo Levantado

A los precios de las cartas en restaurantes siempre tendrás que sumar un 18% de impuestos y un 10% de servicio. Eso supondrá prácticamente un 30% más sobre el precio marcado. Clic para tuitear

Así que, comemos, siesteamos, nos bañamos (la definición de aguas turquesas vino de aquí) y finalmente salimos de la isla a las cinco de la tarde, confiando en que el ansia del negocio no acabe demasiado pronto con este entorno.

Vuelta al atardecer, piscina, jacuzzi y prepararse para la cena y la velada. Maldita vida está del viajero.

Séptimo día de viaje en Dominicana. Península de Samaná. Playa Bonita y las Terrenas

Cansados hoy de coche, optamos por conocer playa Bonita, catalogada como una de las mejores del mundo y a tan solo 5 km de nuestra choza. La opción de pasar desde playa Coson a playa Bonita siguiendo la costa a pie parece complicada (aunque por la tarde comprobamos que eran un par de sencillos kilómetros con la marea baja), así que tomamos el coche para recorrer esa corta distancia. Y vaya si es bonita, a decir verdad sin mucho que mejorar a nuestra playa Coson. Así, en la playa, echamos la mañana.

Playa Bonita, entre las mejores de República Dominicana

Mediodía para un paseo corto y comida en el restaurante El Mosquito allí mismo. Ambientazo, junto a la playa y muy recomendable, tanto por los platos como por los cocktails (6 € por el mojito o la piña colada). Además y después de comer, hamacas donde echar la siesta. Pura vida dominicana. El precio de la comida con sus cervezas 1250 pesos pp (21 €).

Resto de la tarde dedicado al puro arte de perder el tiempo. Atardecer en la fabulosa playa de Coson, la más cercana a nuestra villa. Allí terminaba aquella misma noche el viaje de una semana en República Dominicana por libre. Samaná se había convertido en la escapada perfecta para esos siete días. Mañana tocaba volver para parte del grupo, el resto, todavía con una semana más de viaje, emprendíamos rumbo al norte para después cruzar el interior del país. Muchos días y aventuras por delante… ¡Si os quedáis os lo seguimos contando!

Nuestro último atardecer en grupo, en playa Cosón

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Nuestras fotos de viaje

Las playas de la Romana

Casco histórico de Santo Domingo

Villa la Luz en la Península de Samaná

Sendero el Café hasta el salto del Limón

Parque Nacional de los Haitises

Isla de Cayo Levantado (Isla Bacardi)

La Playa Bonita de Samaná

Playa Cosón

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