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Postal-Ricon-PirineosNunca había estado en los Pirineos españoles y la verdad es que la gente habla maravillas de ellos, por lo que este verano pasado me acople a un grupillo de montañeros amigos que tenían pensado hacer una escapada de 5 días al Pirineo Oscense. El viaje consistía en perderse por el valle del Tena, un valle de origen glaciar que no tiene nada que envidiar a su vecino y famoso valle de Ordesa. Para situaros, en él están las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa y es fronterizo con el valle francés de Ossau.

Alquilamos una furgoneta, ya que eramos 5 y necesitamos un gran maletero para llevar nuestras maletas y mochilas, y tras unas 7 horas de viaje llegamos a Salent de Gallego. A partir de ahí una estrecha carretera de montaña nos llevo hasta el embalse de La Sarra, en el cual hay un aparcamiento gratuito y desde donde empieza el sendero que se interna en los Pirineos. Nuestra primera caminata consistía en llegar antes de las 8 de la tarde al refugio de Respomuso, ya que si llegábamos más tarde nos quedábamos sin cenar.

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Tras cargar y coger las mochilas para pasar 4 días apartados de la civilización, comenzamos el ascenso por un cómodo sendero, muy bien señalizado, que atravesaba un apacible hayedo, hasta que llegamos al paso del Onso, donde el camino se volvía mas abrupto aunque fácil de seguir. Este sendero sigue el curso del río Aguas Limpias, hasta llegar a la presa de hormigón de Respomuso, donde se encontraba el refugio del mismo nombre. Tardamos unas tres horas en realizar el ascenso, por lo que llegamos a tiempo de cenar.

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Menos mal que el cerebro organizador del viaje había reservado, porque no creo que sobrasen muchos huecos para dormir siendo inicios de Agosto, y si no hay sitio en el refugio te toca dormir en tienda de campaña, que no llevábamos. El refugio está bastante bien, sin lujos ni grandes comodidades, pero visto lo visto, dan cena caliente, dos platos, eso sí, sin poder elegir, desayuno y si lo pides te puedes llevar una bolsa con un picnic. Para dormir nos toco una “estantería de cemento” en una habitación de por lo menos 15 personas, pero como estábamos cansados del viaje en furgoneta y de la caminata, nos quedamos dormidos enseguida.

A la mañana siguiente era domingo día 3 de Agosto, tras desayunar en el refugio y rehacer la mochila, nos pusimos en marcha. El objetivo de ese día era subir a la cima de la Gran Facha, un tres mil situado en la misma frontera entre Francia y España (3005 mtr). Nos dirigimos en dirección este atravesando el barranco de Campoplano, por un camino bastante bien señalizado de fácil acceso, hasta que llegamos a los pies de la Gran Facha. Nuestra intención era subir por la cara sur y bajar por la norte, para que el recorrido fuese un poco circular. Lo malo es que el camino por la cara sur no estaba muy bien señalizado y en ocasiones ni había camino, por lo que teníamos que ir consultando el mapa para no perdernos y atravesando palas de nieve y campos de piedras enormes.

Al final de la mañana, y tras almorzar en la orilla de un pequeño ibon parcialmente helado, comenzamos la trepada a la cumbre de la montaña. Desde abajo no parecía muy difícil, pero una vez estabas a mitad de camino y se te ocurría pararte a contemplar el paisaje y mirar hacia abajo, si que impresionaba. El ascenso por esta cara (y creo que también por la otra) no es nada fácil y tienes que ayudarte de la manos todo el rato, por lo que no es que sea considerado difícil por los montañeros, pero para los senderistas como yo, sí que me resulto muy complicado y con fases de pensar “que coño se me ha perdido a mi aquí arriba”. Menos mal que las vistas impresionantes de los Pirineos franceses y españoles desde la cumbre hacen que te olvides del sufrimiento y miedo pasado.

Descendimos por la cara opuesta, la norte, por un camino que se intuía mejor, quizás más fácil que el de subida, pero cada vez más cansados hasta que en su base nos paramos para comer. Ya solo nos quedaba volver al barranco de Campoplano, eso sí, tras atravesar con crampones un par de palas de nieve, y a eso de las 6 de la tarde llegamos al refugio de Respomuso donde íbamos a pasar otra noche. Por supuesto, tras más de 8 horas caminando, la cena de esa noche nos pareció mejor que la del día anterior y la cama aun mejor.

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El tercer día abandonamos el embalse de Respomuso, desandando el camino hasta donde estaba la presa, para, bordeando el pico de la Frondella, llegar a los embalses del Arriel. El sendero no es malo y bastante bien señalizado hasta llegar al embalse del Arriel alto, desde donde se puede ver el pico del Palas (2974 mtrs) en todo su esplendor. Una vez allí teníamos dos opciones: el camino mejor señalizado, bordeando la orilla oeste del embalse, cruzando la frontera francesa por el cuello de Arremoulit, o bordear la orilla este del lago y subir hasta el cuello del Palas. Como el grupo con el que iba eran buenos montañeros y uno de sus objetivos era subir a la cumbre del Palas, elegimos la segunda opción, lo que nos obligo a ponernos los crampones para subir una pala de nieve de una inclinación mayor del 15%, cuyo fin, si te resbalabas era el lago del Arriel alto.

Superado este escollo, nos dividimos en dos grupos: uno de ellos, los montañeros, que subieron a la cumbre del Palas, y el otro, los senderistas, que continuamos el camino hasta alcanzar el refugio de Arremoulit, que era donde teníamos reservada una litera en una tienda de campaña militar para poder dormir. Al lado de este refugio, Respomuso era un 5 estrellas, ya que en la tienda de campaña hacia más frío, aparte de la comida ser un poco peor (no entiendo cómo se pueden hacer unas lentejas tan malas: será el estilo francés). Eso sí, el entorno es espectacular, ahí perdido en medio de los Pirineos, rodeado de altas montañas, con un lago cristalino donde se reflejan las montañas salpicadas de palas de nieve. Impresionante.

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En nuestro último día sin contactar con la civilización, nuestro objetivo era regresar al embalse de la Sarra, donde teníamos la furgoneta. Para ello tuvimos que atravesar el complicado paso de Orteig, donde nos aseguramos al cable de acero que hay en la pared, y después continuamos el camino hasta el collado de Soba, para cruzar la frontera y regresar a los Pirineos españoles. Descendimos por el barranco de Soba, al no quedarnos ganas de subir a la cumbre del pico Arriel, hasta el paso del Onso y allí empalmar con el camino de ascenso al embalse de Respomuso, que habíamos realizado el primer día. Tras refrescarnos un poco en el río Aguas Limpias antes del embalse de La Sarra, nos deshicimos de las mochilas y en el primer pueblo que encontramos un restaurante con buena pinta, Escarrilla, nos pegamos un homenaje culinario. Nos lo merecíamos.

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Esa noche dormimos en un hostal de montaña que conocían mis compañeros, “El Ultimo Bucardo”, que se encuentra en un pequeño pueblecillo de camino hacia el valle de Ordesa, llamado Linas de Broto. Amador es el montañero que lo regenta, y ofrece salidas guiadas tanto a la montaña como a barrancos o vías ferratas. De hecho, al día siguiente hicimos el descenso por el barranco de las Gloces por la mañana y por la tarde la vía ferrata del Sorrosal, en el mismo Broto, para terminar con nuestra aventura por los Pirineos.

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Totalmente recomendable perderse en los Pirineos, pero eso sí, hay que tener mucho respeto a la montaña e ir acompañado de gente que tenga experiencia en alta montaña. En ocasiones es duro, y no un viaje de placer, pero creo que ha valido la pena.

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3 Comentarios
  1. Jose 2 años

    ¡Chulo artículo! Los Pirineos son un estupendo regalo que la naturaleza ha otorgado a nuestro país. Paisajes de cuento como Villanua, Sallent de Gállego, la comarca de Jacetania o las prestigiosas pistas de esquí son un claro ejemplo de que el Pirineo Aragonés tiene mucho que ofrecer a cualquiera que desee descubrir su magia.

  2. sonia 3 años

    Uauuuu! Me vuelvo loca con vuestros viajes! No conozco esa parte de Pirineos, y cualquier viaje de montaña me llena de envidia y recuerdos…
    Habrá que pensar en algo así para antes de mi Nepal 2020 con las niñas, para que sirva de entrenamiento.
    Una pasada de fotos, que envidia esos crampones. Solo verlos oigo el sonido del hielo al pisarlo. Y macutos para cuatro días! me encanta!
    Para la próxima os recomiendo un buen saco de plumas y un vivac bajo las estrellas, os podéis morir!
    Gracias
    Besos

  3. José luis 3 años

    Gracias Ricón por compartir! Me costo horrores elegir entre tus fotos… Son tremendas! Esperando nuevos relatos vuestros.

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