Las verdades de un viaje de tres días a Paris con adolescentes

La escapada a Paris con adolescentes en tres días

Pues después de tanto avatar mundial y con mis hijas ya en plena adolescencia, con todos y cada uno de los caracteres típicos de la misma, es más, probablemente con alguno más, me embarco en el mayor reto al que me he enfrentado en años: ir de viaje con ellas.

París, eterno París, puede ser muy buena idea para el desafío. Más, contando con que lo han propuesto ellas. Genial, destino elegido: París con adolescentes. Solo falta acertar con como hacer que disfruten del viaje.

Disponemos de nuevo de las vacaciones de octubre. Tenemos que acoplarnos a los gustos de todos. ¿Qué ver y qué hacer en Paris con adolescentes?. Ellas lo primero que piden es que el viaje no incluya fin de semana. Así que vamos lunes temprano para aprovechar bien el día y volvemos jueves a comer en Murcia.

Los consejos de un viaje a Paris con adolescentes

Los vuelos a Paris: Volar “con lo justo”

Por un error de hace unos meses, soy “premium de eDreams”, así que me aprovecho. Vamos con Vueling saliendo de Alicante muy temprano por la mañana (6.30am), llegando al aeropuerto de Charles de Gaulle. Volvemos desde Orly saliendo a las 10.40h con Transavia France. Los billetes para las tres, 235e.

He de reconocer que mis hijas hicieron un esfuerzo sobrehumano para ellas, porque Vueling sólo admite ya con la tarifa básica, una mochila debajo del asiento delantero. Para ellas condensar 3 outfits completos diferentes en una bolsa de semejante tamaño fue un sacrificio descomunal. Pero lo lograron. Es más, de verdad fueron capaces de llevar 3 modelitos distintos para cada día…

Selfie de una escapada a Paris con adolescentes
Selfie de una escapada a Paris con adolescentes. ¿Quién dijo miedo?

El alojamiento en Paris: ¿Cuántas habitaciones?

Tras mucho buscar, pues París es muuuy caro, me decanto por apartamento. Con las edades de las niñas no me dejan estar las tres en una sola habitación en los hoteles; y al tener que reservar dos, el precio se dispara.

Escojo Airbnb tras navegar por otros buscadores. Y encuentro un estudio mini, muy bonito, nuevo, bien decorado, práctico, limpio, pequeño y muy bien situado. Está en el distrito 2 (Bourse) limitando con el 3 y el 10, junto a dos estaciones de metro, con dos y tres líneas diferentes (Bonne Nouvelle, líneas 8 y 9 y Strasbourg Saint-Denis, líneas 4, 8 y 9). Y el pequeño barrio está lleno de vida con tiendas comestibles y de todo tipo, 2 Carrefour expres, bares, restaurantes, etc… Es decir, todos los servicios y hasta dos “arcos del triunfo” (puerta de Saint Denis y puerta de Saint Martin), que lo hacen súper chulo.

Un buen alojamiento para un viaje a Paris con adolescentes: Que tenga buena wifi
Un buen alojamiento para un viaje a Paris con adolescentes: Que tenga buena wifi

El primer día en Paris con adolescentes: Algo de tiendas

Madrugón pues salimos de casa a las 4.30am. En el aeropuerto dejamos el coche en OpenParking, como venimos haciendo desde hace casi 20 años. Llegada a París y salida del aeropuerto en tren hasta la Gare du Nord. Toda la información para los transportes desde y hacia los aeropuertos viene muy clara en muchísimos blogs. También tras leer en la red, decido comprar packs de 10 viajes de metro. Las otras tarjetas-bono salen rentables si vas a coger el metro más de 5 veces al día. Yo calculé que no, así que el único descuento del que me puedo beneficiar es el de los 10 viajes (aunque literalmente te dan 10 billetes, no un bono con 10).

La única pega que puedo poner al estudio donde nos alojamos es el fueron rígidos con el check in, que es a partir de las 15h. Yo sólo quería descargar las bolsas, pero no me dejaron. Así que usamos las consignas de la gare.

La consigna de Gard du Nord solo admite el pago con monedas, nada de tarjeta u otros medios de pago. Así que recuerda llevar unas monedas para el pago.

Y de ahí, rumbo a la conquista de París.

Este primer día un poco agotador por el madrugón, decidí regalárselo a las niñas. Así que partimos hacia el Arco del Triunfo para pasear por los Campos Elíseos y que disfruten con todas las tiendas de súpermarcas, que les mola tanto.

El Arco es impresionante. Realmente es imponente lo grande que es. Me llevo una gran sorpresa. No subimos a verlo. Ni a ningún otro monumento. Ha sido un viaje de exploración.

Los campos son también muy amplios y grandiosos. Pasamos por todas las primeras marcas. Entramos en la Nike Factory, que es la caña. Mola muchísimo. Y sin llegar al final, cogemos hacia la derecha, la avenida de Montaigne. Aquí seguimos viendo marcazas, pero además entramos en algunas tiendas en las que no hay cola: Versace, Valentino…

Seguimos paseando hasta llegar al río. Ahí torcemos a la izquierda siguiendo su ribera. Oteamos la Torre Eiffel, vemos los puentes, llegamos hasta la plaza de la Concordia. Pero el cansancio se va notando. Nos queda volver a la gare a por el equipaje y llegar a casa. Tras duchas y relax, salimos a explorar el barrio y cenar.

Comemos en la calle Franklin Delano Roosevelt en un restaurantillo que vemos.

El segundo día: Nada de museos

Frescas y habiendo desayunado en el barrio, partimos hacia el Trocadero (línea directa de metro desde casa). Impresionante la Torre Eiffel. Nos acercamos y la rodeamos para fotografiarnos desde todos los puntos.

Y allí mismo, en el embarcadero, sacamos los billetes para el BatoBus: un barquito transporte que nos lleva por el río Sena, con 9 paradas en los sitios turísticos. Sacamos los billetes para un día (literalmente 24 horas desde el momento del primer uso). Y así nos embarcamos tranquilamente hacia Notre Dame. Nos defrauda un poco por estar en obras, sin disimular sus andamios con alguna tela bonita. Además, apenas se puede rodear por las vallas, con lo que no permite en absoluto disfrutarla.

Caminamos un poco. Pasamos por delante de Sainte Chapelle, pero hay una larga cola. Compramos algo para comer y lo hacemos en las escaleras de un puente. Nos embarcamos de nuevo y nos bajamos en el Hôtel de Ville. Espectacular. Además paseando vemos la iglesia de Saint Gervais. Y la siguiente parada, el Louvre. Mil fotos otra vez, siempre por fuera.

Se nos hace de noche, con lo que volvemos a la Torre Eiffel, que queremos ver iluminada. No sólo eso, sino que desde el barco pillamos el momento justo en que se encienden las luces. Y estando de nuevo allí, tenemos también la suerte de apreciar los cinco minutos en que la llenan de lucecitas blancas parpadeantes a las en punto de cada hora. Día completo. Volvemos al barrio. Compramos cena en el Carrefour para tomarla en casa.

El tercer día: ¿Mucho caminar?

La mañana la dedicamos a pasear por el barrio Latino. Callejeamos en busca de la impresionante librería Shakespeare. Antigua con olor y ruido de suelos de madera. Podrías quedarte horas. De hecho, se puede. Emociona vérselas con la Sorbona. Estudiaría de nuevo todas las carreras en ella.

Sorpresón con el Panteón. Ubicado en una preciosa plaza, custodiado por el ayuntamiento del distrito 5 a un lado y la Facultad de Derecho de la Sorbona al otro. A la espalda, la iglesia de Saint Etienne du Mont. Impresiona saberse rodeado de los más grandes hombres de la historia de Francia (los Curie, Rousseau, Voltaire, André Malraux…).

Comemos por ahí y damos el salto a Montmartre. Callejear, ver el ambiente, los músicos, los pintores. Incluido retrato bastante logrado de Candela. Y foto de “Leonardo con la Mona Lisa”, como pidió el artista. El muro del amor, que pillamos por los pelos porque estaban cerrando el parque. Y el colofón final, el Moulin Rouge. Bestial.

Nuevo picoteo-capricho y de vuelta a casa a recoger.

El muro del Amor de Paris. ¿Una visita necesaria en una escapada a Paris con adolescentes?
El muro del Amor de Paris. ¿Una visita necesaria en una escapada a Paris con adolescentes?

El cuarto día. La exitosa vuelta

Tempranito en la mañana vamos hacia el aeropuerto. Decido ir en taxi por no arriesgarme con los tiempos, y ya que somos tres, la diferencia no es grande. Decir que una odisea coger taxi. No se puede reservar con antelación. Así que llamé al levantarnos. Tardó tanto, que me impacienté. Bajamos a la calle. No pasaba ninguno, y los pocos que lo hacían, ocupados. La parada de taxi del barrio, vacía. El dispositivo para llamar (parece que es algo moderno que han puesto en París recientemente, las paradas hay como un timbre para poder llamarlos) no funcionaba. Allí nadie contestaba. Por fin vimos uno y fuimos al asalto. No sé si hubiera sufrido menos en metro y tren como al llegar…

Pues ya estaría...

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