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Una escapada de cuatro días a Suiza dependía de una buena oferta de vuelo y para nosotros que volábamos desde Alicante llegó de la mano de Vueling. Comprado con unos tres meses de antelación supuso tan solo 75 € y los horarios, saliendo el Jueves por la tarde a buena hora y volviendo el Lunes por la mañana sin tener que madrugar, lo convertían en una opción muy buena. Así que nos lanzamos y compramos aquel vuelo para pasar un par de días en Interlaken y conocer la ciudad de Zurich en unas horas, el Domingo de vuelta.

El fiasco llegó pocos días antes de nuestra partida, y es que Vueling, sin avisarnos previamente decidió modificar el plan de vuelo y nos obligó a una escala en Barcelona. Uno de los inconvenientes de volar con compañías lowcost, expuestos a cambios de última hora. Los precios, la mayoría de las veces merecen la pena correr el riesgo. No variaba en gran manera nuestros planes de viaje en Suiza, pero si los horarios, que nos obligaron a volar a horas más intempestivas.

El índice con la información para recorrer Interlaken y Zurich

Nuestros próximos días y gastos generales de viaje en Suiza vinieron como sigue:

  • Día 1: Vuelos entre Alicante y Zurich (75 € por persona a los que añadimos 25 € para conseguir el embarque prioritario y no tener problemas con nuestro equipaje de mano en bodega). Coche de alquiler para nuestros dos días en Interlaken (unos 70 € por persona compartiendo cinco un buen vehículo con seguro a todo riesgo y depósito lleno. Aproximadamente unas dos horas de coche lleva recorrer la distancia entre Zurich e Interlaken).
  • Día 2: Visita de la población de Lauterbrunnen y ascenso hasta Murren ( unos 20 € por persona) y su pequeña estación de esquí desde donde disfrutar de un buen paseo y las fabulosas vistas de los picos de Jungfrau, la cima de Europa.
  • Día 3: Visita de Grindelwald y ascenso hasta las pistas para disfrutar de un buen día de trineos en una de las más bonitas pistas de Suiza. El forfait de subida costó 32 € para cada uno y aprovechable toda la jornada; el alquiler del equipo (trineo y casco) ascendió 21 €. La actividad bien puede llevar toda la mañana para comer en las pistas. Nuestro plan de la tarde de conocer la antigua ciudad de Thum se malogró por falta de tiempo y dimos un paseo por Interlaken antes de la cena.
  • Día 4: Vuelta a Zurich y visita de la ciudad. Para la última noche reservamos en Booking habitaciones dobles con baño compartido en un barrio muy cercano al centro de la ciudad. La habitación cuesta 75 € por pareja y es ideal para un grupo de seis personas que podrán disfrutar de todo el apartamento, cocina incluida, para el grupo.
  • Día 5: Retorno

Alicante-Zurich-Interlaken

A las nueve de la mañana nos poníamos en marcha hacia el aeropuerto de Alicante. El parking de larga estancia cobraba unos 31 € por los días de viaje y nos parecía razonable compartiendo gastos entre los 8 que emprendíamos aquel viajazo desde España. Desde aquí a Zurich un vuelo cómodo y sin contratiempos salvo la escala no prevista en Barcelona que nos sirvió para hacer acopio de bebida para los días en Suiza. Este país no resulta especialmente barato como otras veces hemos comprobado y algunas botellas de buen vino ayudarían a disfrutar más de las veladas en las gélidas noches del invierno suizo. A propósito de precios, un buen consejo antes de viajar a Suiza, no olvides contratar un seguro de viaje si no quieres arruinar el recuerdo de tus vacaciones. Y si estás pensando en calzarte los esquís, procura que el seguro cubra este u otro tipo de deportes de nieve. Tratar una enfermedad o accidente en Suiza puede salir muy caro.

Para las ocho de la noche aterrizábamos en Zurich. Nuestro amigo Javi nos esperaba en el aeropuerto. Junto con Marta, un par de buenos amigos que ya llevaban algunos años viviendo en la ciudad suiza y que nos servirían de anfritiones y guía. Teníamos reservados con Budget dos grandes vehículos, aptos para cinco personas cada uno con capacidad para el equipaje con los que viajar hasta Interlaken esa misma noche. Sobre unas dos horas más tarde estábamos en nuestro destino, una gran casa para 16 personas en plenos Alpes suizos. Poco a poco y durante el fin de semana se incorporarían más amigos.

La casa, tampoco un chollo pero a los precios habituales en Suiza, era un laberinto de habitaciones con un par de cocinas y un par de baños a la que le hubiera venido bien una mano de rehabilitación pero con un amplísimo salón y una mesa grande donde montar buenas cenas y disfrutar del grupo. Por noche estimamos que pagaríamos unos 45 €. No era ninguna barbaridad por disfrutar de la nieve en Interlaken, una de las mejores zonas de esquí en Europa.



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Aquella primera noche, aprovechamos los “productos ibéricos” que fueron apareciendo en nuestras maletas de mano para preparar una mesa que bien podía ser la envidia de todos nuestros vecinos… En realidad, una única vecina de la que tuvimos constancia aquella noche. La pobre mujer tuvo que aguantarnos hasta la madrugada, y es que teníamos muchas ganas, me temo, de disfrutar de todo ese momento y la opción de dormir quedó poco a poco aparcándose hasta demasiado tarde.

Interlaken. La jornada en Lauterbrunnen y Murren

Tras la paliza del día de ayer, el vuelo fue solo la excusa para no madrugar, salíamos de la casa al mediodía. La calidad de la comida y la bebida disfrutada la noche anterior no hizo mella en nuestro espíritu viajero y nos pusimos en marcha hacia la población de Lauterbrunnen. Unos 30 minutos conduciendo por fabulosas carreteras rodeados de cumbres nevadas, bellos riachuelos cargados de caudal y pequeñas cascadas congeladas en casos y formando fotogénicos carámbanos nos llevó hasta uno de los numerosos parkings habilitados en la pequeña ciudad. Aparcar suponía 10 € por el día y no se nos ocurre manera de evitarlos, así que los coches quedaron a buen recaudo en las afueras de la población.

El paseo hasta el teleférico por el centro de la población es una gozada. Las típicas casas suizas de madera convertidas en hoteles, restaurantes y cafeterías, la bella iglesia cuyo entorno da para muchas fotografías, el río cruzando el núcleo urbano… y todo en perfecta armonía y un cuidado exquisito como corresponde a todo el país.

Así, entre foto y foto, llegamos hasta el teleférico que nos llevaría a Murren. Subir supone 20 € y unos 45 minutos, entre el primer tramo en el propio teleférico y el recorrido final en un tren que brinda maravillosas vistas de la cordillera. Murren es una pequeña estación de esquí en la que uno se encuentra inmerso en la típica película de Domingo tarde, muy de “Amor en los Alpes”.

Estación de esquí de Murren en Interlaken

Todo es perfecto y la gran nevada de los días y semanas previas convierte el lugar en un decorado ideal para cualquier toma. La suerte quiso acompañarnos con el clima y, a pesar del frío propio de la altura a la que nos encontrábamos, más allá de los 2000 msm, el sol lucía con fuerza y permitió un perfecto paseo, una buena lucha con bolas de nieve e incluso un rato de navegación con el dron.

La hora de comer llegaba y optamos por una buena cerveza y una sopa caliente en un local con tremendas vistas allí mismo. Espero que las fotos hagan justicia a la belleza del lugar. Con la mañana echada y el sol cayendo, emprendimos el descenso. Poco más allá de las cinco atardece y la temperatura comienza a bajar vertiginosamente. Condujimos hasta un Lidl en Interlaken e hicimos nuevo acopio de bebida y comida para la cena. Marta y más amigos se unían aquella noche y quisimos disfrutar de una buena mesa para la noche. Y así fue. El tiempo dio para preparar una estupenda mesa y gozar de una entretenida velada entre charlas, risas y divertidas presentaciones de los comensales, ahora ya buenos amigos.

Día de trineos en Grindewald

Para hoy las opciones en la zona eran múltiples, pero antes de decidirnos esperaríamos a ver como amanecía el día. Rutas por la nieve, raquetas, esquí… cualquier actividad incluida en los deportes de invierno nos servía. Finalmente optamos por visitar Grindewald y alquilar unos trineos para descender las pistas de la estación. Aparcar fue una suerte en Grindewald, se notaba que era Sábado y que el buen tiempo había animado a mucha gente a aprovechar el fantástico clima y el inmejorable estado de las pistas.

Finalmente conseguimos aparcar en un subterráneo en la entrada de la población. Unos 12 € tuvieron la culpa para todo el día. Acceder a las pistas en los telecabinas costó 32 €. Como en todas las estaciones esto suponía disfrutar de todo un día para disfrutar de cuantas subidas y bajadas fuesen apetecibles. Para nosotros el destino final, la cima en First la última parada y la más elevada como no podía ser de otra manera.

Alquilamos el equipo allí mismo, en una pequeña tienda de Inter Sport que permitía tomar allí trineo y casco por 21 € para hacer la devolución de todo abajo en Grindewald. La misma tienda se encontraba a escasos metros de la salida del telecabina y es perfecta para subir sin la carga y hacer el retorno allí.

Un rato subidos en los telecabinas y ya estábamos dispuestos a lanzarnos por las pistas. Con algo de tensión en el cuerpo, era la primera vez, que nos subíamos en estos bolidos de la nieve, preguntamos por el recorrido más sencillo. Consistía en tomar la pista 53 y enlazar con la 55 como hicimos, hasta la estación de Bort.

El descenso si bien cómodo, llevó un tiempo de adaptación al trineo, tiempo en el que, entre pequeños accidentes sin importancia y muchas risas, pudimos disfrutar del maravilloso entorno de esta cara de la cordillera. Algo más de una hora llevó la ruta y para el mediodía, cansados y hambrientos, ya estábamos en el destino. Comimos un sabrosa salchicha y una sopa en la estación. De nuevo unas envidiables vistas y un sol resplandeciente convirtieron el momento en mágico. Tratando de apurar la emoción una parte de grupo emprendió de nuevo la subida y el descenso en trineo, mientras otra parte optamos por bajar, devolver los trineos y un buen café caliente.

La jornada jugando con los trineos en las suaves pendientes de Grindewald resultó divertidísima y por suerte terminó sin accidentes de gravedad. He de decir, que no daba ni un franco por ello…

De nuevo con la caída del sol persiguiendo nuestro viaje y con una hora de coche hasta Thum, preferimos modificar los planes y dejar esta prometedora visita para otra ocasión. Mejor opción, visitar Interlaken, dar un paseo por la acomodada ciudad, plagada de chinos de alto poder adquisitivo y de tiendas de relojes con prohibitivos precios. Nuestras compras fueron algunas cervezas en el Coop de la ciudad y lo necesario para preparar una sabrosa pasta en la casa alquilada. Llevar de viaje un cocinero italiano es una oportunidad que no se debe despreciar.

Así que, con Sergio Valentino a los fogones, para las nueve ya estábamos todos sentados a la mesa y de nuevo dispuestos a disfrutar de una fantástica velada.

Que ver en Zurich en un día

Hinchados de nieve e increíbles paisaje naturales, para el Domingo teníamos previsto volver hacia Zurich, devolver los coches de alquiler y dejar el resto del día para conocer la capital y así lo hicimos. Las dos horas de vuelta, esta vez disfrutando de las horas de luz de la mañana, nos encandilaron totalmente, más todavía si se puede. Las curvas cerradas se abrían a cimas y valles de un blanco infinito y el perfecto estado de la calzada, convirtió el retorno en toda una ruta paisajística por las clásicas estampas de los Alpes suizos.

Para las 12 del mediodía devolvíamos los coches en el aeropuerto. Budget cuenta con oficina en la ciudad pero los domingos no la abrían y tuvimos que llegar hasta el aeropuerto para la devolución. Tampoco fue un gran contratiempo, y volver al centro histórico no suponía más de 20 minutos en transporte público. Por delante, unas cinco horas para conocer lo mejor de Zurich que supimos aprovechar gracias a Marta y Javi, nuestros guías para la ocasión.

Para aquella última noche en Suiza, habíamos reservado un apartamento en Zurich. El nombre Homestay Zurich CityMuy bien situado y perfecto para un grupo de 6 personas. Zurich es una ciudad tremendamente cara y la opción de alojarse aquí fue la mejor que encontramos.



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Desde la estación central de Zurich donde aprovechamos para un rápido tentempié en Nordsee (ideal para comer algo rico, rápido y sano en Zurich), paseamos por la milla de oro, la calle Bahnhofstrasse, hasta el río. Los imponentes edificios y las caras tiendas de sus bajos, nos daban una idea de porque el acrónimo otorgado a la avenida. Una vez en la orilla del lago, cruzamos el puente hasta la Ópera, epicentro cultural del bel canto en Zurich y cuya fachada merece la pena el paseo.

Desde la Ópera de Zurich

La vuelta, por este lado del río te transporta al casco histórico de Zurich con la catedral de la ciudad y sus dos torres a las cuales se permite el acceso, no en Domingo. Las callejuelas, plagadas de cafeterías, dan para un buen paseo. A mitad camino, cruzamos del nuevo el río y subimos al mirador de Lindenhof sin lugar a dudas el mejor sitio de Zurich desde donde obtener las más bellas panorámicas de la ciudad.

Descendiendo del mirador, el plan era disfrutar de una cerveza desde la novena planta de un viejo edificio en el que ya estuvimos en nuestra anterior visita a Zurich, pero coger sitio en el Jules Verne, que es como se llama en pequeño bar circular de la torre, no es, ni mucho menos sencillo. De todos modos, accedimos al lugar y pudimos contemplar la ciudad desde las alturas, empequeñecida por este motivo.

Pero nuestra idea de subir a lo más alto de Zurich y disfrutar una cerveza con las vistas seguía adelante, así que nos subimos en el tranvía y llegamos hasta el barrio de Langstrasse donde, esta vez si, se encuentra un moderno edificio que goza del récord de ser el más alto de Zurich. Aún sin reserva subimos hasta el piso 35, al Clouds, un elegante local de moda donde, por fin, disfrutamos del momento con una buena birra. Los 10 francos por pinta merecieron la pena.

Para terminar el día y darnos un atracón de buena comida helvética, reservamos para aquella noche mesa en el Zeughauskeller, un tradicional restaurante en Zurich, donde es obligatoria una parada si visitas la ciudad. Eso si, no te presentes sin reserva… Y es que si quieres disfrutar de los más ricos platos suizos en el antiguo arsenal de la ciudad, construido en 1487, no olvides reservar. Enormes salchichas, platos de carnes empanadas, codillos, hígados… todo de muy buena calidad e imborrables sabores, regado en cerveza por unos 40 francos por persona. Difícil encontrar estos precios por tan contundentes platos en el centro de Zurich.

El día y el viaje daban a su fin y aquella noche no quedaron fuerzas más que para volver a nuestro alojamiento y prepararse para la vuelta al día siguiente.

Zurich-Alicante

Un bono de tranvía combinado con el tren hasta el aeropuerto para todo un día costaba unos 13 € y no es difícil de adquirir en cualquier parada. Así los hicimos y en unos 30 minutos llegábamos al aeropuerto de Zurich para la vuelta, un aeropuerto que sin ser grande, exige unas dos horas de adelanto para ir tranquilos. Embarque sin incidencias y vuelta a la fatigosa rutina… ¡Hasta el próximo!

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