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Nuestro recorrido por Rusia cruzando gran parte del país a bordo del Transiberiano terminaba aquella mañana. El agridulce sabor de dejar aquellas divertidas e intensas horas en el tren se veía paliado con la ilusión que provocaba la segunda gran etapa del viaje: Mongolia. Es cierto que en nuestro interior andábamos con el pesar de no haber realizado la ruta completa hasta Vladivostok pero aquellas dos semanas nos dejaban grandes recuerdos tras haber conocido algunas de las imperiales ciudades rusas y haber vivido la experiencia del Transiberiano. La primera parte del Asia de ida y vuelta ya estaba escrita y ansiosa de completarse con más apasionantes capítulos.

Aquella imagen de Rusia que muchos teníamos de calles oscuras, frío invernal y gente maltratada por el alcohol y un régimen opresor, ya había sido borrada de nuestro pensamiento y de lo que en realidad habíamos podido disfrutar era de gente amable que en muchas ocasiones se esforzaba por entendernos, cuidadas ciudades que habían escapado, en ocasiones por los pelos, de la demencia de dictadores venidos a menos y un clima benigno que nos sorprendió sobremanera. Atrás quedaban muchas horas de convivencia en los estrechos pasillos del transiberiano, decenas de cafés y muchas sopas, un montón de fotos y sobre todo, un buen puñado de risas. Por delante, un país desconocido para todos, de esos que salen en los reportajes y que nunca piensas que llegaras a visitar, Mongolia nos esperaba.

Nuestro itinerario completo a bordo del Transiberiano en estos post:

El diario completo y muchas más recomendaciones, visados, presupuesto, tiempos, distancias… en nuestro libro “Asia de ida y vuelta”, de venta en Amazon.

Día 14. Domingo 11 de Septiembre. Rusia-Mongolia. Ulan Ude-Ulan Bator (Bus 12 horas)

Cruce de la frontera entre Rusia y Mongolia

Para cruzar la frontera de Mongolia y llegar hasta Ulan Bator (657 km), elegimos, aconsejados por las guías, el autobús. El circuito en tren lleva 24 horas y, a priori, era menos atractivo por las horas muertas que pasabas en el paso fronterizo, consecuencia del distinto ancho de vías entre ambos países y los cambios a los que debía someterse el convoy.

Nosotros teníamos reservados y pagados los billetes de bus entre Ulan Ude y Ulan Bator, vía PayPal. Unas semanas antes a través de Ulan Ude Travelers House donde además nos alejamos lo habíamos gestionado por mail. Su precio, 1900 rublos, unos 26 € por billete. El día anterior, con el check in en Ulan Ude, los recibimos. En unas 10-12 horas cruzábamos a Mongolia y llegábamos a su capital. El vehículo partía de una pequeña estación de autobuses a unos 1800 metros del hostel, a las 7:30 horas de la mañana. Habíamos leído que solo existe un bus diario y es más que aconsejable hacerse con ellos tiempo antes, así que nos pareció buena opción y no tuvimos problemas para conseguirlos.

Bus Ulan Ude-Ulan Bator

El autobús cuenta con 45 plazas, con espacio razonable para las piernas, sin baño a bordo, sin wifi, y sin bebidas. Hace alrededor de 6 paradas para el baño, la frontera, el almuerzo, etc.

El proceso de compra y los precios en el UU Hostel lo hicimos como sigue:

– Si los compras cuando llegues, en principio poco aconsejable por la cuestión de disponibilidad que escribíamos, cuestan 1900 rublos un billete, 1850 por persona si compras 2 billetes y 1.800 por persona si se compran más de 3 billetes.
– Si se piden en línea, debido a las comisiones bancarias, cuestan 2000 rublos 1 billete, 1950 por persona si compras 2 billetes y 1.900 por persona si se compran más de 3 billetes.

Para pedidos online, necesitan copia escaneada del pasaporte de cada viajero (la página con la foto, información sobre el nombre completo, número de pasaporte, país). Debes realizar la trasferencia del dinero a través de PayPal ya que compran los billetes solo cuando se hace el pago. La petición de compra online debe ser solicitada por lo menos 3 días antes de la salida. Para formalizar la compra se envía dinero a sobnakov@gmail.com. Y una vez hecha la compra se recogen los billetes de papel en el albergue.

Al parecer, después supimos que pueden existir dos buses en temporada alta, uno funciona con reservas y el otro se llena con la gente sin billete que hay esperando en la estación, cuestión de ir muy temprano y probarse. Una alternativa, aunque igualmente arriesgada, es tomar una mini van hasta la frontera, pagarle a alguien para que te cruce en coche, pues no es posible cruzar a pie, y coger otra mini van, del otro lado, hasta Ulan Bator.

Madrugón de nuevo, con solo una ducha en el hostel, el momento es un desastre. Pero salimos con tiempo y poco antes de las siete de la mañana ya estamos en la estación de buses.  Una máquina de café nos sirve para el desayuno. Subimos al bus, no va lleno, probablemente por ser temporada baja y arranca a llover. Rusia se despide de nosotros con tormenta…

A la hora y media de trayecto, una parada de diez minutos para el aseo. Un bus coreano y una carretera en buen estado permiten al conductor una velocidad considerable mientras esquiva las numerosas vacas que pastorean a ambos lados de la calzada. De momento la cosa no pintaba mal.

Sobre las 10:30, unas 3 horas después de salir, llegábamos a la población de Kyakhta, el paso fronterizo con Mongolia. Los trámites de pasaporte y revisión de equipaje se realizan en ambos lados, ruso y mongol. Unos kilómetros antes, un oficial sube al bus y comprueba los pasaportes. Todavía unos 10 kilómetros para el puesto de aduana y frontera, junto a la población.

En el puesto ruso, paramos aproximadamente una hora para la revisión de todos los pasajeros del bus y sus equipajes. Primero escaneo de las mochilas, las preguntas de rigor y después el paso por la ventanilla para el sello de salida. Importante conservar y presentar el papel de salida facilitado a la entrada al país. Tras cargar de nuevo las mochilas en el bus, tras unos pocos metros, el paso mongol.

Los pocos minutos de trayecto fueron aprovechables para rellenar el impreso de entrada en Mongolia que nos facilitó él conductor del bus. Lo habitual, número de pasaporte, visa (nuestro visado para Mongolia venía preparado desde España después de “algún problemilla”), días de estancia, lugar de alojamiento en Mongolia y poco más. De nuevo cargar con mochilas, pasamos por la ventanilla sin problemas y esta vez no pasan las mochilas por escáner. A algunos nos preguntan por la posesión de drogas y hacen una escasa revisión de equipaje, salvo un par de mochilas en las que deciden hacer más hincapié. ¡El jamón español sigue con nosotros! Aproximadamente tras dos horas y media en total, menos de lo que habíamos leído, posiblemente porque el bus iba prácticamente vacío, nos pusimos en marcha.

Así que la una de la tarde y ¡ya estamos en Mongolia!, aunque aquí la hora cambiaba de nuevo, una más, y ya eran siete de diferencia con España. Nos retrasó una hora una pasajera local que no tenemos claro que problema tuvo.

Cambio de dinero en la frontera de Mongolia

En aquel momento, el euro estaba a 2480 Tugriks mongoles, lo habíamos comprobado la noche antes. Queríamos cambiar los pocos rublos que nos quedaban y tal vez algo en euros para llegar a Ulan Bator. Nada más pasar la frontera, junto a la verja de salida, una horda de mujeres subieron al bus a cambiarnos. Por lo que habíamos leído no existe mucha diferencia entre cambiar aquí mismo, en la frontera, o esperar a la capital. Conseguimos cambiar el rublo entre 34 y 34.5 Tugriks y el euro entre 2200 y 2300 Tugriks. La divisa cambia su precio entre un asiento y el siguiente, un galimatías de cifras que puede hacer que pierdas unos céntimos de euro… Abajo hay varias casas de cambio que ofrecen precio similar, suponemos con escaso margen para las mujeres.

Dependiendo del conductor la parada para comer se hace en un sitio u otro, eso es igual en todos los buses del planeta, cuestión de comisiones. El nuestro paró en la frontera durante 30 minutos para comer. Comemos platos con cordero, arroz y noodels mongoles por 3.5 € cada uno con la bebida. A las 14:30 salimos hacia Ulan Bator, por delante 442 km. Una nueva parada sobre las 16:30, tras dos horas más de recorrido.

Hace ya tiempo que comenzamos a ver las tradicionales yurtas mongoles. El paisaje se convierte en monótono y curioso para nosotros, grandes planicies de pasto verde parduzco salpicado de pequeñas estribaciones en la lejanía. Unas dos horas más tarde y la que esperamos sea nuestra última parada antes de llegar. El viaje se convierte en tedioso por largo. Otro de los peros, uno de los conductores con aspecto de matón ruso y pocos modales que se empeñó en mostrarse especialmente desagradable con nosotros.

Pese a todo lo dicho, en doce horas y con un cansancio aceptable para la distancia recorrida, llegábamos a Ulan Bator a las ocho y media de la tarde. Para algunos tal vez hubiera sido mejor el viaje en tren, el doble en tiempo pero otra manera de viajar. Nunca lo sabremos…

Ulan Bator pasa por ser la ciudad más fría del planeta, pero nos sorprendía el primer día con una agradable temperatura, fruto del corto verano que disfrutaban en Septiembre, aunque la temperatura por la noche cambia considerablemente.

© www.banoa.com

En Ulan Bator, teníamos reservado con Booking el Danista Nomads Tour Hostel, 23 € por noche la habitación doble con baño privado y desayuno incluido. Se encuentra a 3 km andando de la Plaza Gengis Khan, centro neurálgico de la ciudad, lo que ayudó a que nos decantáramos por este alojamiento. Además con ellos habíamos contratado un tour de cinco días por el país, la mejor manera de recorrer las inmensas distancias y acercarse al tradicional modo de vida mongol.

Llegábamos Domingo por la tarde a la capital, aprovechábamos el Lunes completo para poder visitarla y de Martes a Sábado salíamos para un recorrido circular contratado. Tras la vuelta el Sábado dormíamos de nuevo en el Danista Nomads Tour Hostel y el Domingo volábamos a Beijing.

Así pues, llegábamos a las 20:30 a la Dragon Bus Station. En principio y gracias al tour pagado y la reserva de alojamiento nos recogerían aquí. Les habíamos dicho que la hora prevista de llegada eran las cinco o seis de la tarde pero evidentemente con el retraso sufrido no creíamos que nadie nos estuviera esperando. Pero nos equivocábamos, allí estaba un tipo que nos detectó de inmediato bajando del bus. Suponemos que están mas que acostumbrados al baile de horarios. La van con la que recorremos los aproximados seis kilómetros hasta el Danista anda con problemas. Nosotros nos entretenemos contando la bestial cantidad de karaokes que pasamos, debe ser deporte nacional.

El Danista Nomads Tour Hostel, más que razonable y el personal tan amable que incluso nos pide unas pizzas por teléfono. No estábamos para salir a buscar un lugar para cenar tras las horas que llevábamos de viaje. Prepararemos para que nos hagan la colada, 5000 Tugriks “la bolsa” y cenaremos aquí. El muchacho de la recepción nos informa de que para recibirnos nos ha traído un espectáculo musical para después de la cena, nos tememos lo peor. El precio de la cena, 4 grandes pizzas de Pizza Hut por 121000 Tugriks (6 euros cada uno). Y tras la misma, aparece un joven, estudiante de medicina, con el instrumento típico de los mongoles, una especie de chelo con dos cuerdas, llamado violín cabeza de caballo y realmente alucinamos con la manera de tocar del muchacho.

El morin juur, este chelo, es un instrumento musical de cuerda frotada tradicional de Mongolia. Es uno de los instrumentos más característicos e importantes del pueblo mongol, y es considerado un símbolo de Mongolia. La música tradicional del morin juur fue elegida dentro de las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco en 2003, convirtiéndose en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008.

Ya tras el reventón del viaje y la expectativa de una buena cama, nos fuimos a dormir.

1 Comentario
  1. ¡¡¡Qué suerte que lo escribes y lo puedo recordar ahora mismo de una forma tan real!!! Fue un día muy largo que se hizo muy corto gracias a todas esas anécdotas que nos acontecen en cada jornada de viaje…Y es que lo que importa de verdad es el viaje en sí mismo, con lo bueno, lo regular y lo malo…Lo quiero todo! Vámonos otra vez!

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