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Escapada a CádizConseguimos librar del trabajo unos días y decidimos, tras meses de confinamiento, realizar una escapada a Cádiz. ¿Porqué Cádiz?: Porque goza de la temperatura más suave de toda Andalucía. Es accesible en coche (6 horas desde Murcia paradas incluidas). Además nos faltaba conocer la capital de esta provincia. Y ¿porqué no?

Cádiz, para algunos la ciudad más antigua de occidente, fundada por los fenicios tiene una temperatura media en julio de máximas de 28º y mínimas de 21º, por lo que esperábamos una situación climatológica agradable , teniendo en cuenta que íbamos desde Murcia.

Escapada de 5 días a Cádiz y Sevilla

Llegamos a las 14:30 horas a nuestro destino, el Parador de Cádiz, en el extremo sur de la ciudad, pegado al mar.

Tras el check-in y dejar las maletas, nos cambiamos al bañador y chanclas del verano, y nos acercamos caminando a la cercana playa de La Caleta, a tres o cuatro minutos del Parador. Se trata de una playa muy recogida, familiar, la playa de los gaditanos, flanqueada por los castillos de Santa Catalina y San Sebastián, y con una construcción central en madera blanca que se prolonga hacia la arena en dos, abrazando el mar, en lo que era el balneario La Palma, ahora reconvertido en centro de arqueología subacuática.

La verdad es que se trata de una playa que nos pareció muy bonita y coqueta, ya desde el arco de entrada a la misma.

Playa de la Caleta de Cádiz

Por la hora que era, tras una breve incursión en la arena y una exploración visual de la zona, obviamos el baño y nos sentamos en el único sitio que vimos para picar algo. Un restaurante a pie de playa pero fuera de la arena. Aunque la carta es suficientemente amplia, ese día (era martes) no tenían muchas de las cosas ofertadas: queso de oveja de la sierra de Cádiz, tortillas de camarón, chipirón frito y boquerones fritos con cerveza y fino de Jerez para beber, dos helados tipo Magnum de postre y dos cafés; 53 euros . Después de esto, tras un paseo por la playa y alrededores, volvimos al hotel con la idea de prepararnos para salir al atardecer.

La visita de la ciudad de Cádiz

El casco antiguo de Cádiz no es grande y se visita en un día. Desde la puerta principal del Parador nos adentramos en la parte antigua, por la Calle Benito Pérez Galdós que queda frente al hotel. Se pasa por la parte trasera del teatro Manuel de Falla, junto a la Facultad de Medicina, por lo que tuvimos que rodearlo para admirar su fachada principal, continuando por la misma calle pasamos la Torre Tavira, una de las múltiples torres con misión defensiva en su origen, que hay en esta ciudad. Actualmente sala de exposiciones y un mirador en la torre, además de la cámara oscura ( 7 € la entrada, aunque no entramos porque estaba a punto de cerrar, pero aseguran muy buenas vistas de la ciudad).

Continuamos caminando hacia la Plaza de las Flores, con puestos y quioscos que las venden, además de algunas terrazas para tomar algo y continuamos hasta el Ayuntamiento, pasando por el famoso barrio del Pópulo, salpicado de locales donde tapear y tomar copas. Atravesamos la plaza del Ayuntamiento entreteniéndonos en los puestos ambulantes de artesanía, hasta otra placita cercana al muelle de carga, con varios locales. Tomamos una cerveza en la terraza del “Muelle Uno”.

De aquí paseamos los alrededores y volvimos a la Plaza del Ayuntamiento para tomar la Calle Plocia repleta de restaurantes. La oferta es amplia, con locales de gastronomía gallega, vasca, argentina, andaluza,… y nos decantamos por el Atxuri, en cuyo cartel reza, cocina vasco-andaluza: anchoas del Cantábrico, morcilla de Gernika, almejas, ventresca de atún a la plancha y Goxua de postre, cerveza y vino de Rioja (76 €). Desde aquí nos dirigimos de nuevo al hotel para finalizar el día con una copa.

Conil, Vejer de la Frontera y Puerto de Santamaría

Al día siguiente, tras el desayuno, nos decidimos por la playa de la Fontanilla, en Conil, a 43 Km y media hora de coche. Playa recta y larga, con espacio suficiente a pesar de que había bastante gente. Sombrilla y 2 hamacas,16 €. Día soleado pero con un fuerte Levante que invitaba más al chiringuito que a tostarse al sol.

Tras pasar la mañana en la playa, a la hora de comer decidimos coger el coche para acercarnos a Vejer de la Frontera (a 10 Km), uno de los pueblos blancos mas bonitos de Cádiz. Desde la Plaza España, casas blancas encaladas, calles estrecha y empinadas y estupendas vistas cuando te asomas a alguno de sus miradores, ya que se encuentra en un alto sobre el valle. Junto a la Muralla sobrepasada la iglesia, tomamos un aperitivo en La Bodeguita, con su pequeña terraza a la sombra de una parra.

Callejeando por el pueblo y a la espalda de la iglesia, comimos en la terraza Casa Varo “ El Templo del atún”, (reservamos al llegar a Vejer): endivias con sardina y pistacho en salsa de roquefort, anchoas del cantábrico con tomate porque no les quedaba salmorejo, sashimi de atún, tataki de atún y tartar de atún (78 € con bebidas ).

Tras la copiosa comida y un paseo por las calles de Vejer volvimos al hotel, ducha para quitarnos la arena y nos dirigimos al Puerto de Santamaría a 25 minutos en coche, donde llegamos a tiempo de visitar las Bodegas Osborne. Hay 3 opciones de reserva estando la diferencia en la degustación final. Elegimos la opción VIP (cata de vinos con ibéricos: un fino, un oloroso, un amontillado, un vermouth y un Pedro Ximénex, todos ellos con la D.O. vino de Jerez (40 € por persona). Hay una tienda con merchandising del toro de Osborne, con productos de todo tipo. Un pequeño paseo por el pueblo con parada obligada en el Castillo de San Marcos Lustau (8 € adultos) que ahora pertenece a las bodegas Caballero (aunque no entramos porque con la visita a las bodegas Osborne tuvimos suficiente). Antes de marcharnos paseamos por las animadas calles del centro y de vuelta al hotel.

A poniente y el barrio de las Viñas de Cádiz

Al día siguiente decidimos quedarnos en la piscina del hotel, ya que teníamos reserva para comer en A Poniente y nos habían citado a las 13:15 horas. ¿Qué decir de A Poniente?: “ Sorprendente y espectacular”. Menú largo con maridaje (el precio os lo imaginaréis. No es barato pero merece la pena).

Restaurante A Poniente, Cadiz

Como el espectáculo culinario comienza temprano, se finaliza a tiempo de hacer algo más por la tarde, en nuestro caso, volvimos al hotel para disfrutar de otro rato de piscina y sol.

Por la noche salimos nuevamente por la parte antigua de Cádiz, en esta ocasión por el barrio de las Viñas. Unas cervezas en Casa Manteca, un local con mucha solera (recomendado por el personal del hotel) y ambiente taurino, que data de 1953. Imposible ocupar los barriles de la terraza sin reserva, por lo que optamos por la barra interior: quisquilla y lomo ibérico con alguna cerveza y fino de Jerez (económico, aunque no recuerdo exactamente el precio).

En la misma calle San Félix nos habían recomendado el restaurante El Faro que dispone de opción restaurante y opción tapeo en barra en un local contiguo, imposible ambas, por no tener reserva en el restaurante y por la larga cola de espera en la barra. Paseamos el citado barrio de Las Viñas donde dimos con una calle cercana llena de terrazas (Calle Virgen de la Palma) que termina en la Iglesia del mismo nombre. Nos decidimos por un local, que también tenía barriles en la terraza y donde la espera era menor. La Tabernita: albóndigas de choco en su tinta, setas, queso viejo al pimentón y pollo al tío Pepe (30 € con bebida). Ya sólo faltaba la última copa en el hotel antes de dormir.

Sanlúcar de Barrameda y ruta a Sevilla

La mañana de nuestro último día en Cádiz, tras el desayuno y hacer el chek-out, dejamos el equipaje en el coche y nos dirigimos a Sanlúcar de Barrameda (45 minutos dirección Sevilla, que era nuestro próximo destino). Al llegar aparcamos en el barrio Bajo de Guía donde se encuentra la playa de la desembocadura del Guadalquivir famosa por las carreras de caballos que se celebran en esa localidad. Sombrilla y 2 hamacas (12 €).

Entre paseo por la orilla (con mascarilla), tomar el sol y el aperitivo, se nos hizo la hora de comer para lo cual nos dirigimos al centro, a la Plaza del Cabildo, al conocido Casa Balbino (después de intentar reservar en Casa Bigote, en la zona de la playa, donde fue imposible). Cuando llegas a la Plaza, Casa Balbino es fácilmente reconocible por su terraza repleta de gente. Nos acomodamos en una mesa alta con taburetes, del interior y tomamos el famoso langostino de Sanlúcar, coquinas, más atún (esta vez al ajillo) y el plato estrella del local: tortitas de camarón (42 € con cerveza y por supuesto, manzanilla).

Sanlúcar de Barrameda

Café en la Heladería Ibense (desde 1892) y continuamos ruta hasta Sevilla. Llegamos a la capital hispalense a las 19h con los termómetros más cercanos a 40º que a 30º. Habíamos elegido un hotel bien situado, en el Paseo de Colon, el Hotel Kivir, un pequeño cuatro estrellas en un un edificio remodelado la fachada del edificio original. Moderno por dentro, minimalista y con una terraza y piscina en la azotea y vistas al Guadalquivir y barrio de Triana. Tras acomodarnos en la habitación y cuando el calor comenzaba a descender, salimos a dar un paseo por los alrededores y en no más de 500 metros a la redonda, te encuentras con la Real Maestranza de Sevilla, la Torre del Oro, el Palacio de San Telmo, El hotel Alfonso XIII, la plaza del Triunfo, flanqueada por el Archivo de Indias, Los Reales Alcázares y La Catedral de Sevilla con su Giralda y 200 metros más allá, el Ayuntamiento de la ciudad.

Nos acercamos al hotel EME, en el lateral del patio de los naranjos de la catedral, a probar suerte y en esta ocasión nos encontraron acomodo en su famosa terraza de la azotea, con vistas espectaculares a la Giralda que a esas horas comenzaba a ser iluminada por sus focos. La verdad es que merece la pena tomarse algo aquí, eso sí, la cerveza 6 € y el Apperol Spritz 15 €.

Desde aquí, queríamos tomar algo para picar en la cercana calle Mateos Gago, a espaldas de la Catedral, pero estaba totalmente levantada por obras y los restaurantes cerrados (nos explicaron que entre la pandemia y su confinamiento y que es temporada baja en Sevilla, habían decidido que era una buena fecha para cerrar y acometer las obras). Tampoco había reabierto desde el confinamiento el mercado gourmet (El Barranco) una pena, así que decidimos volver al hotel, una zona animada de este tramo del Paseo de Colon con numerosas terrazas de bares de copas: Bribón, Colón 5, Pinzón, Boga, llenos de gente treintañera a partir de las 22-23h. Nosotros tomamos una cerveza a la vuelta, en la calle Adriano , en un bar Irlandés, O´Neils y a dormir.

Sevilla de noche

La visita de Sevilla en Julio

Por la mañana del día siguiente, tras desayunar en la terraza del hotel, salimos antes de que el sol diera lo máximo, y en 10 minutos caminando llegamos a la Catedral donde alquilamos un paseo en calesa que nos acercó a ver otros monumentos de la ciudad por el “módico” precio de 48 € (te explican que es muy caro mantener el caballo). El paseo, de unos 45 minutos, te lleva hasta el parque de María Luisa y Plaza de España, con regreso al punto de partida, con la pertinente explicación de los monumentos y edificios que surgen en el recorrido, que lo haces sentado y a la sombra, evidentemente. Estuvo bien, sin más.

Un vez de vuelta en la Catedral, paseamos por las cales del centro, que salen desde el ayuntamiento, calles Tetuán y Sierpes, llegando hasta la Plaza de la Encarnación, donde se encuentran las conocidas “Setas” de Sevilla, una construcción elevada, en madera que recuerda en su forma a unas setas , que alberga un mercado y el Museo Arqueológico y con un mirador en la azotea.

Vistas de Sevilla desde el Guadalquivir

Como se nos hacía la hora del aperitivo, retrocedimos al centro por la calle Cuna hasta la plaza del Salvador, menos animada que en otras ocasiones , con obra pública en el centro de la misma (parece que en Sevilla aprovechan Julio y Agosto para hacer sus obras) , pero que aún así pudimos tomar algo en la terraza de La Antigua Bodeguita: coquinas y calamar a la andaluza con cervezas y vermouth 25 €.

Tras el descanso y la charla en la terraza, se nos fue abriendo el apetito y decidimos, en lugar de continuar allí, probar en el Eslava, que toma el nombre de la calle donde se encuentra en el barrio de San Lorenzo. Tiene la opción de restaurante de mantel de hilo (se come muy bien) y de bar de tapas en el local contiguo.

Así que paramos un taxi y nos dirigimos hacia allí. Tuvimos suerte y después de decirnos que sin reserva imposible sentarse, mientras esperábamos al taxi de regreso, nos llamaron por una anulación que habían tenido y pudimos picar algo en el bar de tapas: micuit de foie, huevo sobre bizcocho de Boletus, un Cigarro para Becquer, bacalao negro, helado de queso viejo y Sokoa con cerveza, fino y cafés 53,90 €. Genial.

Tras la comida, tocaba descansar en el hotel mientras pasaban las horas más calurosas del día, así que un taxi y hacia la siesta.

Cerca del anochecer y tras una nueva ducha salimos del hotel y cruzamos el puente de Triana hacia la siempre animada calle Betis, aunque en estas fechas creo que algo menos que de costumbre. Tomamos una cerveza en la terraza de un local llamado La Prensa de Triana, caña 1.50 y doble caña 3 €.

Continuamos después el paseo y como se hacía tarde tomamos un taxi para llegar a un local con encanto del que nos habían hablado El Rinconcillo que tiene el honor de ser el bar más antiguo de Sevilla, desde 1670. La realidad muy apto para nostálgicos y donde lo vintage parece nuevo. Puedes acomodarte en barra o en mesa. Nosotros probamos ambas, mientras esperábamos la segunda y tomamos jamón ibérico, tartar de tomate, queso curado , bacalao con tomate ( al parecer el plato estrella del local) y chuletillas de cordero con cervezas, vino y un café 61 €.

Tras esto, vuelta al hotel con parada en el cercano O´Neils para tomar una copa y a dormir.

Sevilla y la vuelta

Al días siguiente era el de regreso pero nos resistíamos a abandonar las minivacaciones, por lo que en vista de que no pudimos visitar la Catedral porque nos suspendieron la cita reservada (puta pandemia), decidimos ir a visitar el palacio de Las Dueñas, residencia de la Casa de Alba, en la calle Dueñas, muy cerca de la calle Gerona, donde se encuentra el Rinconcillo, en el que habíamos cenado, en pleno centro de Sevilla.

Se trata de una construcción nobiliaria de la época, donde curiosamente nació Antonio Machado, y donde se pueden visitar los jardines y estancias de la planta baja, repletas de recuerdos y regalos sobre todo de Cayetana y su hijo Carlos quien ha heredado la marca Casa de Alba y es el presidente del proyecto y museo. Las dependencias superiores aún hoy son utilizadas ellos. La entrada son 7 € con audioguía y la visita se realiza en poco tiempo, una hora aproximadamente. Curiosidad satisfecha. Y tras la visita, al coche que habíamos dejado en un parking cercano y de regreso a Murcia.

Comentar que durante el regreso descubrimos un lugar para comer nada más pasar Granada, en Alfacar, llamado Ruta de Lorca, que es muy recomendable y después de numerosísimas veces circulando por la carretera de Andalucía no sabíamos de él y por casualidad y caprichos de mi vejiga conocimos en este viaje y está muy bien.

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1 Comentario
  1. Pedazo de festival gastronómico que os pegasteis! Por ahí me preguntan como fuisteis a cenar después de la comida en A Poniente… Gracias por compartirlo por aquí! Deseando volver a Cádiz a probarlo todo!

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