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Hace ya 4 años que estaba buscando información sobre Noruega para planificar nuestro viaje a ese destino, cuando encontré, por casualidad, la página de un mochilero que tenia varios artículos interesantes con unas impresionantes fotografías sobre las islas Lofoten, para mi desconocidas en ese momento, cuyo nombre era Cody Duncan. En estos años, Cody se ha convertido en un magnifico fotógrafo de viajes, como se puede comprobar en este enlace www.codyduncan.com, cuyo principal interés son los solitarios paisajes de las islas Lofoten. Así fue como comenzamos a planificar nuestro viaje de una semana a las islas Lofoten.

Las islas Lofoten se encuentran en Noruega a la altura del paralelo 68, a unos 150 km sobre el circulo polar ártico. Están formadas por más de 2000 islas,  islotes y simples peñascos,  comunicadas entre ellas por puentes y túneles, donde el clima es más templado que en la península debido a que sus costas son bañadas por una corriente marina cálida que sube desde el golfo de México. Las islas principales son de norte a sur, Hinnoya, Austvågøya, Gimsøya, Vestvågøy, Flakstadøya, Moskenesøya y dos más pequeñas un poco separadas, que son Værøy y Røst.

Lo que hay que saber para recorrer Lofoten en coche

Cómo llegar a las islas Lofoten

Las ciudades más grandes e importantes son Leknes y Svolvaer, las cuales tiene en sus afueras aeropuertos donde aterrizan vuelos domésticos desde Oslo, operados por la compañía Winderoe. Existe otro aeropuerto, el de Evenes, también llamado de Harstad/Narvik  porque se encuentra entre estas dos localidades, en lo que podría ser la puerta de entrada a las islas Lofoten desde el Norte. La otra opción para acceder a estas islas sería desde el sur, aterrizar en Bodø y coger un ferry  que tras 3 horas y media de travesía cruzando el Vestfjord nos dejaría en Moskenes. Hay que tener en cuenta que Moskenes no es más que un pequeño embarcadero con un par de edificios por lo que o bien se viaja con el coche de alquiler ya desde Bodø, o bien se tiene que contactar con una de las empresas locales de alquiler de coches para recogerlo en el propio embarcadero. Tras valorar todas las opciones, la que me pareció más cómoda y posiblemente más económica, fue la de volar desde Oslo a Evenes con Norwegian y allí alquilar un coche con Europcar. Lo ideal sería haber podido regresar desde Bodø, pero como siempre, el dejar el coche en otra oficina encarece mucho el alquiler, por lo que desanduvimos el camino y regresamos también desde el aeropuerto de Evenes.

Cómo recorrer las islas Lofoten

Llegamos el domingo 2 de septiembre a las islas, y tras conducir durante unas 2 horas y media por la E10 llegamos a la ciudad de Svolvaer donde habíamos reservado alojamiento para las dos primeras noches. La E10, también llamada la carretera del Rey Olav V, es una de las 18 carreteras noruegas que forman parte de las Rutas Panorámicas Nacionales que tratan de fusionar la naturaleza con la arquitectura, y tengo que reconocer que lo consiguen, dando lugar a paisajes donde el asfalto no desentona en el espectacular entorno natural. Esta recorre las islas Lofoten desde Å hasta Raftsundet en un trayecto de 230 km, formando lo que podría ser la columna vertebral de las islas, siendo necesario utilizarla para desplazarnos por ellas.

El espectacular entorno natural de las islas Lofoten

Las visitas de la isla de Slvolvaer

El día siguiente amaneció con lluvia y viento, lo cual nos fastidio las actividades planeadas para ese día y tuvimos que  rehacer el plan. Bajo la lluvia caminamos por el puerto hacia la plaza donde se encontraba la oficina de información y turismo y una vez valoradas las posibles actividades que podíamos realizar bajo la lluvia, decidimos visitar el cercano Lofoten Krigsminnemuseum. Este es un pequeño museo situado en el bajo de una casa donde la entrada cuesta unos 10 euros, y cuya temática es sobre la “Segunda Guerra Mundial”. En el interior, entre el vestíbulo y apenas cuatro habitaciones más, hay un sin fin de objetos que se emplearon durante la segunda guerra mundial, muchos de ellos muy curiosos y en muy buen estado de conservación, que pertenecieron tanto al ejercito noruego, ruso, a las tropas aliadas, y, sobretodo, al ejercito alemán.  Hay que tener en cuenta que los alemanes eligieron Narvik como punto estratégico importante en su intento para dominar el atlántico norte, además de permitir acceder y controlar la salida del hierro sueco, que necesitaban para la fabricación de armas. Llama mucho la atención la gran cantidad de uniformes, todos ellos muy bien conservados y completos, de los diferentes cuerpos de los ejércitos implicados. Si que es cierto que al ser tan pequeño los objetos están un poco apelotonados y que las explicaciones se encuentran en ingles o incluso en Noruego, pero para mi, un freak de las contiendas bélicas, visita indispensable. Tengo que añadir que a Mariola también le pareció curioso e interesante de visitar, y más aun si la meteorología no te permite hacer otras actividades al aire libre.

Por la tarde el tiempo mejoró un poco, por lo que decidimos explorar Svolvaer. Esta ciudad tiene menos de 5000 habitantes, por lo que nos llevo poco tiempo recorrer las zonas más interesantes, es decir, el puerto con sus “rorbeur” y los secaderos de bacalao. Antes de proseguir el diario creo necesario conocer un poco más sobre la historia de las islas Lofoten y su relación con el bacalao.

Las islas Lofoten y el bacalao ártico

Desde hace cientos de años el bacalao ártico también denominado en noruego “skrei”, acude a desovar entre los meses de enero a abril alrededor de las costas de las islas Lofoten. Esto atraía a numerosos pescadores del resto de Noruega durante la temporada de desove, los cuales necesitan alojamiento. La solución fue construir pequeñas cabañas de madera en la que se hospedaban varios  pescadores durante la época de desove del bacalao.  Estas cabañas, llamadas “rorbu”, eran de color rojo e interior espartano, construidas sobre pilotes en el agua y con acceso directo al mar para facilitar la descarga de los bacalaos atrapados. Hoy en día ya no existe esa masiva afluencia de pescadores, por lo que las “rorbu” han perdido su razón de existir, pero se han adaptado a los nuevos tiempos: las han reformado y reacondicionado para ser empleadas como casas de alquiler vacacional, con una cocina-salón-dormitorio y un baño, siendo una muy interesante opción dentro de la limitada oferta hotelera que disponen esta islas. Otra ventaja que ofrecen estos “apartahoteles” es que nos dan la posibilidad de cocinar, lo cual nos puede servir, tanto para reducir gastos como para no tener que buscar donde vamos a cenar. Hay que tener en cuenta que tampoco hay muchos restaurantes donde poder cenar, y que además, los precios, comparados con España, son más elevados lo que hace que se dispare el presupuesto del viaje. Una buena opción en Svolvaer es alojarse en alguno de los “rorbeur” que se encuentran en la isla de Svinøya o en sus alrededores.

La otra peculiaridad relacionada con la pesca del bacalao, es que tenían que encontrar la forma de conservar todas esas toneladas que se pescaban durante la temporada. Hay que recordar que el clima de estas islas es mas cálido y seco por la corriente del Golfo, lo que dio lugar a que la forma de conservación utilizada fue el secado al aire libre. Por ello los pequeños pueblos de estas islas están plagadas de secaderos de bacalao, que no dejan de ser armazones de madera, bien de forma triangular o cuadrada, donde se colgaban los “skrei”, para que se secasen y luego distribuirlos al resto del mundo. Como nuestra visita fue en septiembre, y al no ser temporada de pesca del bacalao, no pudimos ver este “espectáculo”, pero es curioso y recomendable recorrer la zona de los secaderos, ademas de ser muy fotogénicos.

Los secaderos de bacalao de las islas Lofoten

Tras este paseo decidimos coger el coche y acercarnos al pequeño pueblo pesquero de Kabelvåg, que se encuentra a unos 5 km de Svolvaer. Antes de llegar a el se pasa por la Vågan Kirke, también conocida como la Catedral de Lofoten, que es una iglesia del año 1898 con capacidad para 1200 personas, por lo que es una de las más grandes de Noruega construidas con madera. Nosotros no entramos a verla pero nos entretuvimos haciendo fotografías, ya que la postal, cuando baja la marea y se refleja la catedral en el agua, es de portada de revista. Kabelvåg es un pequeño pueblo de menos de 2000 habitantes, cuyo interés es que en la era vikinga fue una de las primeros y más grandes asentamientos, manteniéndose activo hasta principios del siglo XX. Hoy en día, para mi, tiene un pequeño paseo por la zona del puerto, siendo su mayor reclamo el Lofoten Museum y el acuario que hay a sus afueras, que nosotros no visitamos.

La catedral de las Lofoten en Kavelvag

El martes amaneció sin lluvia, con poco viento y con el cielo más o menos despejado, por lo que pudimos realizar la excursión al Trollfjord con avistaje de águilas de cola blanca en un pequeño bote neumático hinchable que llaman R.I.B.

Contratamos la excursión con Lofoten Explorer, pero creo que las otras dos compañías que lo ofertaban tenían más o menos el mismo precio (800 NOK) y recorrido. La duración es de unas 2 horas hasta alcanzar este pequeño y estrecho fiordo de escarpadas paredes donde en 1890 tuvo lugar una batalla por el control de la pesca. La verdad, es que después de haber visto y recorrido el Sognefjord este no deja de ser un fiordo más, donde lo interesante de la excursión son los paisajes que recorres hasta llegar a él y por supuesto lo verdaderamente espectacular es ver pescar a las águilas de cola blanca.

Noruega es el país donde se encuentra la mayor población de estas aves en Europa, y concretamente en el camino hacia el Trollfjord anidan 2 o 3 parejas, por lo que es muy fácil verlas durante la excursión. Si a esto le añadimos que el guía de la excursión lleva un cubo con pescado que va tirando al agua cuando las localiza, tenemos las condiciones ideales para sacar unas impresionantes fotos de las águilas sobrevolando el bote y recogiendo los peces del agua.

Las águilas del archipiélago en la excursión al Trollfjord

Una vez terminó la excursión, comimos algo y emprendimos camino hacia Reine, donde nos alojábamos esa noche, en el famoso y fotogénico Eliassen Rorbeur, que realmente esta en Hamnøy, pequeño acumulo de casas (no lo considero ni pueblo) a 1 km de Reine.

Reine, Å y la isla de Moskenesøya

Imprescindible subir al atardecer  al puente que comunica con Reine para tomar, como muchos de los turistas que viajan a las Lofoten, la instantánea que Lonely Planet ha elegido como portada de su guía de viaje sobre Noruega.

Reine, en el extremo sur de Lofoten

Como teníamos reservadas dos noches en el rorbu de Hamnøy, el día siguiente planeamos realizar una excursión en ferry por el Kirkefjord y terminarla en una paradisíaca pero fría playa con aguas de color turquesa. Para ello es magnífica la otra página que tiene Cody Duncan: www.68north.com. En ella se pueden encontrar rutas detalladas con mapas, recomendaciones sobre los lugares más interesantes para visitar, enlaces con los horarios de ferrys, etc. Encontramos que desde Reine hay dos playas que vale la pena visitar: una es Bunes Beach y la otra es Horseid Beach. Nos decantamos por la primera, Bunes, por la sencilla razón de que el tiempo que se tarda desde donde te deja el ferry hasta la playa es menor a Bunes (1 hora) que a Horseid (2 horas). Es importante tener en cuenta que “solo” pasa un ferry al día y si lo pierdes no hay posibilidad de volver de ninguna manera por lo que preferimos no arriesgar aun a pesar de estar más “masificada” que Horseid (en el ferry no irían más de 30 personas).

Tras un tranquilo paseo en ferry por el fiordo nos dejo en un pequeño embarcadero, Vindstad, a partir del cual comenzaba un sendero bien señalizado y sin ninguna dificultad que nos condujo a la playa de Bunes. Aunque la playa es digna de visitar, para nosotros, españoles acostumbrados a playas de muy buena calidad, aunque llenas de gente, no me pareció tan espectacular, y quizás sea más interesante desviarte antes de iniciar la bajada a la playa y subir al Helvetestind, una loma desde la que posiblemente las vistas de la playa y alrededores nos dejarían boquiabiertos.

A la vuelta el ferry nos dejo en el mismo embarcadero de Reine, por lo que aprovechamos para realizar unas panorámicas de la ciudad. Es una pena que debido a las malas condiciones del sendero no se pueda subir al Reinebringen, desde donde las vistas son mejores, pero en estos momentos esta casi prohibido porque lo están acondicionando. Una vez hechas las tomas continuamos la carrera del rey hasta su punto final, es decir hasta el pueblo de Å, recomendado en la mayoría de guías y diarios de viaje.

Este es un pequeño y pintoresco pueblo pesquero, con bastantes “rorbeur” originales bien conservados, en el que hay varios museos relacionados con la actividad pesquera en las islas Lofoten, pero que a partir del cierre de estos se convierte en un pueblo fantasma, por lo menos en Septiembre.

La playa de Kvalvika, Nusfjord y el museo vikingo de Borg

Al levantarnos el jueves emprendimos el camino de regreso hacia el aeropuerto de Evenes, que hicimos en tres etapas. En la primera teníamos reservado alojamiento en Ramberg, pero de camino íbamos a visitar otra de las playas recomendadas por Cody Duncan en su blog: Kvalvika. Para acceder a esta playa dejamos el coche en el parking del denominado “camino principal”. Más o menos en frente de él surge un camino ascendente al principio bien señalizado, pero que cuando se divisa la playa comienza a descender y se convierte en un pedregal en el que hay que extremar la precaución, si no queremos dar con nuestro culo en el suelo. El acceso a la playa nos llevó alrededor de 1 hora, pero cuando estábamos llegando vimos descender a un grupo de senderistas por nuestra derecha, por lo que en vez de bajar al agua decidimos probar ese sendero que parecía que conducía al Ryten, la cima que limitaba la playa por el norte. Una vez arriba comprobamos que existe otro acceso a esta playa, empleando el camino directo hacia el Ryten, que comenzamos a seguir, hasta que nos dimos cuenta que nos conducía lejos de donde habíamos dejado el coche. Lo bueno de Noruega es que las montañas están plagadas de sendas que se entrelazan unas con otras, por lo que pudimos alcanzar el coche realizando una ruta circular que termino a pocos metros del punto de partida. Eso si terminamos con los pies empapados porque en las montañas de las Lofoten suele haber pequeños lagos que descargan su agua por las laderas que los rodean. Aun así, las vistas y el no tener que recorrer 5 ó 6 Km de carretera, hicieron que el cambio de ruta valiese la pena.

Una de las playas recomendadas por Cody Duncan: Kvalvika

Como necesitábamos cambiarnos, paramos en Ramberg, en el Kafe Friisgarden, el B&B que habíamos reservado para esa noche. Una ducha caliente, ropa y calzado seco, y un plato de Fish&chips para coger fuerzas, y otra vez carretera para ver otro pueblecito pesquero típico de las Lofoten: Nusfjord. De camino nos entretuvimos visitando y fotografiando la iglesia de Flakstad, solitaria construcción en madera roja con una torre en forma de bulbo de 1780 y el lago Storvatnet, enmarcado por montañas que forman parte de un espectacular circo glaciar.

Iglesia de Flakstad, la más fotogénica de las Lofoten

Nusfjord, al igual que Å, es un pequeño pueblo pesquero, que conserva un puerto con encanto, con sus rojas “rorbeur” y varios edificios relacionados con la pesca del bacalao, incluso una antigua fábrica de aceite de hígado de bacalao, pero también deshabitado a partir de las 5 de la tarde.

Al día siguiente continuamos desandando el camino hacia el aeropuerto, por lo que pasamos por la localidad de Borg, donde se encuentra el Lofotr Viking Museum. En 1981 un granjero de esta localidad encontró con su tractor varios objetos que resultaron pertenecer a la era de los vikingos. Posteriores excavaciones encontraron los cimientos de la casa de un caudillo vikingo de la zona, de más de 80 metros de longitud, además de una gran cantidad de objetos de esa época, como espadas, amuletos de oro, vasijas, etc. Reconozco que después de haber visitado el Museo de los Barcos Vikingos de Oslo, el de Borg me decepcionó un poco, porque los objetos que han dejado en esta exposición son pocos, y la casa aunque esta muy bien ambientada incluso con actores,  no deja de ser una reproducción. Posiblemente lo interesante de este lugar es que, durante julio y agosto, puedes convertirte en un verdadero vikingo por unas horas, navegando en un drakkar, disparando con arco o lanzando un hacha, e incluso participando e una cena vikinga.

Tras la visita cultural nos tocaba estirar un poco las piernas, por lo que elegimos subir al Justandtinden. Esta cima de 738 metros que se encuentra en el centro de la isla de Vestvågøya, permite unas muy buenas vistas de 360º de esta isla y su entorno. Para no perdernos, en esta ocasión utilizamos la página www.rando-lofoten.net, donde hay muchas más rutas por estas islas que se complementan con las recomendadas por Cody Duncan. Entre subir, bajar, descansar y avituallarnos, tardamos unas 5 horas, con lo que el día ya estaba terminando y debíamos emprender camino hasta la denominada “Venecia del Norte”, es decir, Henningsvær.

La subida al Justandtinden

Henningsvær, la Venecia del Norte

Este grupo de pequeñas islas conectadas ente si y con la isla principal,  Austvågøya, mediante puentes, dan lugar a un pueblecito pesquero, desde mi punto de vista, más encantador que Nusfjord o Å. Puede que también haya influido que nos alojamos en él un viernes, con lo que había ambiente de fin de semana y creo que hasta un festival de música, lo que hizo que estuviese “lleno” de gente y no tan deshabitado como los otros dos. No alojamos en un apartamento en la antigua escuela municipal,  Gammelskola Apartments, desde donde teníamos una magnifica vista del fiordo, que después mejoro notablemente al aparecer, por tercera vez durante el viaje, la aurora boreal.

Henningsvaer, la Venecia de las Lofoten

Otra actividad, que ofrecen en varios puntos de las islas, es el paseo en Kayak. Como teníamos la mañana mas o menos libre contactamos con una de las empresas que realizan esta excursión desde Henningsvær, Kayak Lofoten y la reservamos, lo cual fue un acierto. Esta empresa la dirige Peter, de padre noruego pero que pasa temporadas en España, por lo que domina perfectamente el español, lo cual simplifica las cosas a la hora de reservar y preguntar las dudas sobre como se maneja el Kayak. EL punto de salida y llegada es el puerto principal de Henningsvær, y se realiza un recorrido circular, de unas 2 horas, que discurre entre las numerosas islas y peñascos que rodean la ciudad. Vas acompañado por un guía, que era mexicano, con lo cual seguimos sin tener problemas con el idioma, que aparte de enseñarnos varios lugares escondidos, nos amenizo todo el recorrido con curiosidades de las islas, leyendas, etc, por lo que se nos paso el tiempo volando. Creo bastante recomendable realizar esta actividad porque te da una perspectiva diferente de la ciudad y las montañas que la rodean desde el mar y aunque parezca una actividad exigente físicamente, se consigue finalizar sin estar tremendamente cansado.

Tras el esfuerzo nos merecíamos reponer fuerzas, por lo que recorriendo las calles encontramos una curiosa cafetería con una tienda de velas compartiendo el local, el Henningsvær Lysstøperi and Cafe, que al final fue donde paramos a tomar un bocado. Una vez repuestos y con la sensación de que el viaje se estaba terminando, nos subimos al coche y emprendimos camino hacia Harstad, punto final de nuestra aventura en las Lofoten. En esta localidad íbamos a pasar nuestra última noche, y la habíamos elegido por el simple hecho de estar situada a 1 hora del aeropuerto y ser una ciudad de dimensiones considerables con más servicios que las que la rodean. Realmente no es nada especial, con un centro pequeño y también deshabitado para ser domingo, agradable para un paseo bajo el sol ártico, y con la península de Trondenes a 15 minutos en coche donde esta el Trondenes Historical Centre, al lado de una iglesia medieval con su cementerio y los restos de un campo de concentración alemán.

Llegado al final de nuestro viaje me gustaría hacer unas recomendaciones fruto de nuestros errores o aciertos durante este viaje por las islas Lofoten:

  • En estos momentos aún no son un destino muy turístico, pero parece que se están poniendo de moda. Esto dará lugar a que la oferta hotelera y de restauración aumentará, pero también puede perder un poco su encanto si se llena de hordas de turistas.
  • Es un destino para disfrutar de los paisajes y la naturaleza. Las “ciudades” o más bien pueblecitos, son pequeños y con pocas actividades, salvo ver algún que otro museo, generalmente sobre la pesca, o galería de arte.
  • Ideal para la gente que le guste la fotografía, porque los paisajes son desde mi punto de vista impresionantes y hay la gente justa para que no estropee la foto.
  • Es necesario alquilar un coche para poder moverte por las islas. Hay zonas donde no creo que llegue el transporte público, y su frecuencia no debe ser mucha.
  • Alojarse en “rorbeur”, porque disponen de cocina, lo que te permite abaratar costes y no estar sujeto a los horarios de las cafeterías o restaurantes.
  • A partir de septiembre se pueden observar auroras boreales, por lo que recomiendo visitar la pagina www.norway-lights.com que acierta bastante a la hora de predecir su aparición.
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Nuestras fotos de las islas Lofoten en verano

Mapas de las rutas en Lofoten

Trollfjord y el avistamiento de águilas

El pueblo pesquero de Nusjford

Lofotr Viking Museum

La playa de Kvalvika

Kavelvag y la famosa catedral de las Lofoten

La ascención al Justandtinden

La fotogénica población de Reine

La playa de Horsaid cercana a Reine

Henningsvaer, la Venecia del Norte

Å, el pueblo al sur de Lofoten

Harstad, antes de volver

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